Pensamiento Crítico

Beppino Englaro y la decisión de dejar morir a su hija

Por Bernardita Pérez–Cotapos D. | La Nación Domingo, Chile. | 09 Febrero 2009
Por primera vez da una entrevista a un medio de comunicación para defender una posición que le ha costado insultos y descalificaciones. En conversación con La Nación Domingo (LND) cuestiona a la Iglesia Católica y las ideologías que han tratado de imponer en una historia que él ha vivido con más dolor que cualquiera. Esta es la versión de Beppino Englaro. Aquí puedes enviar tu comentario acerca de la noticia que estas leyendo El viernes comenzó la cuenta regresiva para Eluana Englaro. Ese día partió el cese gradual de su alimentación e hidratación con una terapia paralela de sedantes hasta que muera de paro cardíaco. Tardará entre quince días y un mes en hacerlo. Aunque el debate del caso comenzó en 1997, año en que el padre de Eluana inició la batalla judicial para desconectarla, la polémica saltó al mundo luego que después de 12 años la justicia diera curso a los deseos de la familia de la mujer que tiene 38 años y que ha pasado 17 de estos últimos conectada e hidratada artificialmente. El Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, comunicó el viernes que el Presidente de la República, Giorgio Napolitano, no firmó el decreto de ley que paralizaba la desconexión de Eluana. Fue ahí cuando Il Cavaliere lo desafió con cambiar la Constitución pidiéndole a la Cámara que aprobara un diseño de ley en tres días, atacando además al padre de Eluana: "Su hija aún puede tener hijos". En su casa de Udine, en Italia, el padre de la joven, Beppino Englaro, sigue con rabia y angustia el debate. Sólo él recuerda cuando unas semanas antes de su accidente y asombrada por la historia similar de un amigo, Eluana, ignorante del accidente automovilístico que la dejaría en coma profundo, les dijo qué debían hacer con ella en un caso parecido: "No a mí, recuérdenlo". "Le provocaba horror estos casos al punto de decir que ella no lo aceptaría jamás", dice Beppino Englaro. Como buen cárnico –de la Carnia, región alpina del Friuli– tiene una voz seria y proceder seco. Estos últimos días han sido duros. Las opiniones de los conservadores y las últimas declaraciones de Berlusconi lo habían hecho desistir de esta entrevista, la primera que da en el mundo desde que comenzó el debate. Sin embargo, accedió a conversar con LND los detalles más íntimos de este caso. Ésta es su propia cuenta regresiva. –¿Cómo ha sido esta la larga espera y qué significa tener un ser querido en esas condiciones durante 17 años? –Si me permite terminar su pregunta: "¿Qué significa tener a una persona querida en estas condiciones por 17 años después de que ella dijera tantas veces no querer permanecer en ese estado? Es este el tema y es terrible. Ver a Eluana continuamente invadida por manos ajenas, contra su voluntad y sus valores y asistir a una forma cruel de imposición, de violencia. –¿Cómo se llega a tomar una decisión de esta naturaleza? –Decidió Eluana: este es el punto. Eluana le había pedido a mi esposa y a mí ser protegida en el caso de que le sucediera algo análogo a lo que luego realmente sucedió. Conocía lo que puede suceder después de un accidente de tránsito: había visto a algunos amigos que habían sido sometidos a protocolos de reanimación de urgencia para sobrevivir en condiciones de total privación, inconscientes sin estar en grado de moverse voluntariamente, enchufados a máquinas sin las cuales no podían sobrevivir. Quedó horrorizada de este tipo de sobrevivencia, aún más por el hecho de que en esa condición podía mantenerse por largo tiempo, y había dicho más de una vez –a nosotros sus parientes, pero también a sus amigas más queridas– que hubiese preferido morir antes que continuar viviendo en condiciones que ella consideraba, por el propio modo de ser, insoportables. "¡No a mí, recuérdenlo!" nos decía y nosotros, sus padres, le prometimos que habríamos intervenido para hacer respetar su voluntad. Cuando esto le sucedió justo a ella, era la cosa más natural del mundo que interviniéramos. Les pedimos a los médicos dejarla ir desde el principio, desde que cinco días después del accidente quisieron practicarle una traqueotomía para enchufarla al respirador. En las condiciones gravísimas en que estaba me pareció, ya entonces, que la sometieran a la violencia de sus protocolos estándar. Me informaron que habrían procedido con o sin nuestro consentimiento informado, y así lo hicieron. Hemos pedido siempre sólo el respeto por la voluntad de Eluana y su manera de ser. No hemos hecho nada más que darle voz. Los defensores de la vida –¿Cuál es su posición respecto a la Iglesia Católica? –Yo creo que la Iglesia Católica Romana, como cualquier otra, tiene el derecho de existir y expresarse respecto a las elecciones morales de los cristianos católicos o de sus feligreses. Sólo no debería pretender imponer sus creencias y sus valores que derivan de la fe a toda la comunidad, que está compuesta por creyentes de diferentes religiones y por no creyentes. –¿Cree que el caso de Eluana y la batalla que usted está conduciendo, al margen del drama personal, servirá para crear nuevas leyes que regulen la materia? –Eluana ciertamente ha suscitado un problema con el cual la futura ley sobre el testamento biológico deberá confrontarse. Nosotros esperamos que se le deje al individuo, que ha quedado incapaz, la posibilidad de rechazar o suspender cualquier terapia –derecho ya garantizado a la persona capaz de entender y de querer–. De lo contrario, se configura una forma inconstitucional de discriminación entre pacientes capaces y pacientes incapaces. –¿Y qué se siente ser el pionero? –Si por pioneros se entiende el hecho de que la familia Englaro fue la primera en exponer en Italia el problema de la libertad de tratamiento para el paciente que quedó inhabilitado, entonces somos pioneros. Al principio nos sentimos solos, "como un perro que ladra a la luna", es una expresión que describe bien la situación inicial. –¿Se siente de algún modo abandonado por el Estado? –No, porque en el Estado democrático subsiste una tripartición de los poderes, al menos del jurídico, me siento muy orgulloso: nuestros jueces nos hicieron entender que estamos viviendo en un estado de derecho. Dieron respuestas a las cuestiones por las cuales los interrogamos, de altísimo nivel, se expresaron en sentencias que, como dice Stefano Rodot , son un monumento de inteligencia y de rigor jurídico. Estoy muy orgulloso de nuestra magistratura y también del Presidente de la República, Giorgio Napolitano. –¿Qué piensa de quienes han hecho de todo para impedir su decisión? –Quizás la diferencia entre nosotros es que yo no me permito juzgar lo que eligen los demás respecto al final de su propia vida ni los valores que los mueven. Desde este punto de vista, me parece que muchos no saben qué cosa es el respeto. –Con toda esta dolorosa situación, ¿qué piensa usted sobre la vida y la muerte? –Yo pienso como Eluana: la muerte es parte integrante de la vida y la vida debe poder ser, antes que todo, libertad. Libertad de elegir, de opinión, de palabra, de ser como uno es. Yo por ejemplo, estoy asustado por la "desnaturalización" de la muerte, quisiera que a la vida se le dejara la posibilidad de tener su curso natural. No olvidemos que la condición de Eluana en la naturaleza casi no existe: es el logro no buscado de una eficaz intervención de reanimación. La medicina ha creado esta prolongación de la posibilidad de vivir de Eluana sin tener más conciencia, sin podernos relacionar, obligada en todo y por todo, contra su voluntad. Luego de haber caído en esta situación, hemos entendido cómo funcionan y cómo son aplicados los protocolos de reanimación. Aquellos que luego continúan hasta el infinito y no permiten más al paciente dejarlo ir. Propiamente porque los conocía de cerca, no quisiera entrar en mecanismos que la medicina crea pero que no sabe dominar. Al menos en ese punto fundamental que es cómo tratar la voluntad del paciente. Justamente por la necesidad de no encontrarse al descubierto en una situación análoga a la que le sucedió a mi hija, decidí nombrar un apoderado especial que tutele mis intereses más importantes –los valores que comparto con mi familia– y mi voluntad, cuando no esté más en capacidad de hacerlo solo. La desconexión de Eluana En toda Italia no se habla de otra cosa y en las afueras de La Quiete, el centro hospitalario de Udine que aloja desde la madrugada del 3 de febrero el cuerpo vegetal de Eluana Englaro, se concentra en gritos y pancartas la visión que tienen de esta historia los italianos. En el lugar, como si fuera una olla de grillos, se juntan periodistas, camarógrafos, policías, transeúntes, curiosos, adherentes y detractores. Abundan las pancartas de todo tipo y los camiones de la televisión se estacionan pegados uno al otro en las estrechas calles de la ciudad. La casa que da justo al frente de la entrada de la clínica tiene puesto en su ventana un letrero que dice: "3 de febrero 2009, Señor Jesús, ¡perdónalos porque no saben lo que hacen! Y como tú, sabemos que quien en realidad perderá la vida, esa eterna, será su pobre papá. Recemos por él". Las palabras "perdónalos" y "esa eterna" están escritas en rojo. Mientras sacamos fotografías, una señora que pasa nos dice "déjenla en paz, raza de inhumanos" y sigue caminando impertérrita. Son los sentimientos encontrados que causa la situación de Eluana en una sociedad democrática, pero al mismo tiempo muy conservadora. Adentro, en una habitación aislada, se encuentra Eluana, ajena a la polémica y con un guardia jurado que vigila desde la puerta de su habitación. El traslado de Eluana desde la clínica de Lecco fue el martes 3 de febrero a la 1:30 de la madrugada. En la puerta de la clínica aguardaba bajo la lluvia un pequeño grupo de activistas con pancartas contra la eutanasia ocupando un estilo visceral: "Sólo los asesinos y los ladrones actúan de noche", decía una de ellas. Algunos se arrojaron contra la ambulancia para impedirle el paso. Una de sus líderes, Antonella Vian, del movimiento Ayuda a la Vida, sostenía en las manos una botella de agua y un pan diciendo: "Es todo lo que necesita para vivir". La marcha de la ambulancia fue saludada con un último grito surrealista: "¡Eluana, despiértate!". Entre los manifestantes había varios políticos locales y regionales de centro–derecha. El padre de Eluana se limitó a guardar silencio en su BMW gris. Ella llegó a las 6 de la mañana a La Quiete y diez horas más tarde llegó Beppino para firmar los últimos papeles. Luego de la polémica de Berlusconi, las afueras de La Quiete se llenaron de pétalos de rosas blancas con letreros que decían: "Libertad de decisión".