Pensamiento Crítico

El Grupo de los Ocho

Por Tomás Lukin | Suplemento Cash, Diario Página/12, Argentina. | 18 Febrero 2009
Tras el fracaso del primer plan de rescate para los bancos impulsado por la administración Bush, el gobierno de Estados Unidos decidió "desplegar todo nuestro arsenal para atacar la crisis crediticia en todos sus frentes", según se precisó en la presentación oficial realizada por el Departamento del Tesoro. Y con esa introducción se lanzó un nuevo y billonario plan para el sector financiero. Mientras que Barack Obama y su secretario del Tesoro, Timothy Geithner, se preparan para volver a inyectar liquidez al sistema, el miércoles pasado ocho de los banqueros más importantes de Wall Street fueron interpelados por el Comité de Servicios Financieros del Congreso para que expliquen a dónde fueron a parar los 171 mil millones de dólares que recibieron desde octubre del "Programa de Alivio para los Activos en Problemas" (TARP, en sus siglas en inglés). El miércoles 11 de febrero, ocho de los banqueros más importantes de Wall Street fueron interpelados por el Comité de Servicios Financieros del Congreso. Son los más poderosos banqueros de Estados Unidos, principales responsables de la debacle económica de la principal potencia mundial y de la dispersión de la crisis al resto del planeta. Tuvieron que explicar adónde fueron a parar los 171 mil millones de dólares que recibieron desde octubre con el plan de rescate de Bush. Los ocho CEO que testificaron en la audiencia fueron Kenneth D. Lewis del Bank of America, Vickam Pandit del Citigroup, John Mack del Morgan Stanley, Lloyd C. Blankfein del Goldman Sachs, Jamie Dimon del JP Morgan Chase, John G. Stumpf del Wells Fargo, Robert P. Kelly del Bank of New York Mellon y Ronald E. Louge del State Street. Los banqueros más poderosos de Estados Unidos se sentaron en el banquillo de los acusados. Ocho fueron interpelados por el Comité de Servicios Financieros del Congreso el miércoles pasado. Se trata de los principales responsables de la debacle económica de la principal potencia mundial y de la dispersión de la crisis al resto del planeta. Los congresistas que conforman el Comité se hicieron un festín. Expresaron "el enojo del pueblo norteamericano que se convirtió en accionista de los bancos contra su voluntad". También les señalaron "la falta de confianza y credibilidad que tienen". Les preguntaron por los multimillonarios bonos (bonus) que recibieron durante la crisis y sus aviones corporativos. Los congresistas que conforman el Comité se hicieron un festín y aprovecharon la oportunidad para expresarles "el enojo del pueblo norteamericano que se convirtió en accionista de los bancos contra su voluntad" y hacerles saber "la falta de confianza y credibilidad que tienen". Además del destino de los fondos, les preguntaron por los multimillonarios bonos (bonus) que recibieron durante la crisis y sus aviones corporativos. Algunos (republicanos) defendieron el TARP, otros se animaron pedirles consejos sobre cómo resolver la crisis y también les pidieron que frenen las ejecuciones hipotecarias. "Hasta que no puedan demostrar con éxito al pueblo norteamericano que están usando el dinero de forma razonable, no necesitan pedir más, porque no lo tendrán", disparó Barney Frank, congresista demócrata y director del Comité. Los ejecutivos (CEO) se mostraron serios y preocupados. En sus respuestas aseguraron que los fondos se estaban usando para reactivar el crédito, aunque hasta ahora no se hayan visto los resultados. Los principales diarios de Estados Unidos pronosticaban que se trataría de un azote público por parte de los representantes. Y en parte lo fue. La sección del The New York Times que sigue los temas financieros siguió en vivo la audiencia y publicó en su blog DealBook (Libro de Negocios/Operaciones) algunos de los momentos más jugosos de la interpelación a los más poderosos banqueros de Estados Unidos, principales responsables de la debacle económica de la principal potencia mundial y de la dispersión de la crisis al resto del planeta. Los siguientes son los contrapuntos que se produjeron con los banqueros sentados en el banquillo: ¿A dónde fue a parar la plata? Esa fue una de las preguntas más repetidas durante la interpelación. "¿Qué hicieron con los fondos del salvataje, no parece que los estuvieran prestando?", interrogaron los legisladores. Las respuestas de todos los banqueros fueron parecidas y aseguraron que estaban prestando más plata. Pero el representante de Carolina del Sur los cruzó diciendo que "mis muchachos no ven que la plata que les dieron esté funcionando o mejorando sus vidas". Los congresistas les preguntaron a los banqueros cuánta de su plata invirtieron en sus empresas en los últimos seis meses de crisis. El CEO del JP Morgan Chase, Jamie Dimon, puso 12 millones de dólares, el del Bank of America, Kenneth Lewis, dijo que compró 400 mil acciones de su banco, el directivo del Citi, Vickam Pandit aseguró que desembolsó 8,4 millones de dólares y el resto dijo que no había puesto ni un dólar nuevo. "Estamos frente a una situación económica negativa", afirmó el congresista Frank. "Ustedes son los receptores del beneficio colateral, pero tienen que entender cuánto enoja eso a la gente", agregó. "La gente no les cree que hayan aprendido de sus errores", apuntó otro congresista. "Alimenten a las tropas antes de que empiecen a alimentarse por su cuenta", les advirtió el representante de Indiana sobre los riesgos desbordes sociales. "Todos ustedes están metidos en alguna de las cosas que nos llevaron a esta crisis, no puedo creer que nadie los haya procesado por eso", acusó un congresista que los describió como ladrones arrepentidos. El congresista demócrata de Michigan preguntó si su estado era un lugar donde los bancos no querían prestar. Los ejecutivos de JP Morgan y del Bank of America respondieron que querían prestar pero como ese Estado tiene la mayor tasa de desempleo del país no harían tantos negocios en esa zona. "Si no recibieran bonus, ¿qué es lo que no harían? ¿Se tomarían más tiempo para almorzar, se irían más temprano los miércoles? ¿Por qué necesitan sobornos para que sus intereses estén alineados con los de la compañía? La percepción de que necesitan un incentivo especial para hacer las cosas bien inquieta a la gente", arremetió el congresista Frank. La respuesta del CEO de Morgan Stanley, John Mack, fue: "Amamos lo que hacemos, si no nos dieran bonus seguiríamos acá". El salario anual de Pandit, del Citi, alcanza el millón de dólares pero el banquero remarcó con tono heroico que "le dije a mi directorio que mi salario debería ser de 1 dólar por año sin bonus hasta que volvamos a ser rentables". ¿Y la fuga de cerebros? Hace dos semanas el gobierno de Obama fijó un techo de 500 mil dólares para el salario y los bonus de los ejecutivos de las compañías que rescató (y sigue rescatando). Esta limitación, sobre remuneraciones que superaron los 25 millones de dólares en 2007, "podría estimular la salida de talentosos ejecutivos y analistas que los bancos necesitan para recuperarse", afirmaron algunos analistas. El CEO de Morgan Stanley dijo que en las esferas más altas de su empresa no está preocupado por la posible fuga, pero señaló que debajo de esos niveles ya registraron algunas deserciones hacia competidores europeos. Justo antes de que el banco de inversión Merrill Lynch fuera vendido al Bank of America sus empleados jerárquicos recibieron 3600 millones de dólares en concepto de bonus pese a las gigantescas pérdidas. "¿Cómo pueden justificar el pago de estos bonus a ejecutivos que dejaron a la empresa tan por el piso que tuvieron que venderla?", preguntó una congresista. El directivo del Bank of America se escudó diciendo que él no estuvo involucrado y remarcó que su empresa le advirtió a Merrill que redujera substancialmente los bonus. Pero agregó que su compañía no tenía autoridad para forzar a que Merrill hiciera nada antes de la fusión. Con cierta insistencia un congresista preguntaba sobre el pago de dividendos que hicieron las empresas después de que recibieron los fondos estatales. "El dinero es fungible, no insulten nuestra inteligencia", les dijo antes de exhortar a los banqueros a que adopten una política para prohibir el pago de dividendos. Después les preguntó quiénes alquilan o son dueños de un jet privado. Todos menos el de Goldman Sachs levantaron sus manos. El congresista les sugirió que se deshagan de sus aviones corporativos. Les preguntaron sobre la fusión de los gigantes farmacéuticas Pfizer y Wyeth que fue financiada con miles de millones de dólares por algunos de los bancos que estaban en la audiencia. Las empresas dijeron que recortarían costos por 4 mil millones de dólares al año. Los recortes llegarán en forma de despidos: 19.500 puestos de trabajo. Nadie respondió. ¿Qué se necesita? Consultados sobre cuáles son los pasos que debe tomar el gobierno, los banqueros dieron sus brillantes y novedosas recetas: estabilizar el sector hipotecario, crear puestos de trabajo, estímulos fiscales. Mientras que remarcaron la importancia de mantener los niveles de empleo, los bancos financian la destrucción de puestos para la preservación de ganancias. El directivo de JP Morgan ofreció una respuesta sacada de una película de Hollywood. "Vamos a derrotar a esta crisis. Estamos golpeados y maltrechos, pero seguimos de pie y creo que América (en referencia a Estados Unidos) hará lo que siempre hace y solucionaremos el problema." Cuando le preguntaron si sus bancos eran "demasiado grandes para caer", Dimon apuntó que "ser grande no es un problema en sí mismo" y recordó el tamaño del ejército norteamericano. El CEO del Bank of America sostuvo que la verdadera pregunta no es sobre el tamaño sino "si uno tiene relevancia sistémica". Cuando les preguntaron si iban a necesitar más plata casi todos dijeron que no y afirmaron que esperaban devolver todo el dinero al Estado. El Citi, el banco que más fondos recibió, fue el único que reconoció que no se podía comprometer a no solicitar más fondos al gobierno porque podrían ser beneficiosos para sus accionistas. Una de las principales dificultades para implementar los diferentes rescates es la tarea de ponerle precio a los diferentes instrumentos financieros ilíquidos que tienen los bancos en sus balances sin que el gobierno pague de más por ellos. "Que el gobierno les ponga precio y nos mande la cuenta", aventuró el ejecutivo del Citi. Hicieron millones aprovechando todas las grietas de los controles, todas las posibilidades de eludir las legislaciones, pero ahora para el CEO de Morgan Stanley la idea de crear un regulador de riesgo sistémico es crucial. Elogió la idea de combinar diferentes organismos existentes y de mayor coordinación global. "Necesitamos un súper regulador", afirmó. El republicano Spenser Bachus salió a defender el rescate de Bush. Para él ese salvataje fue una muy buena inversión para los contribuyentes estadounidenses. Hasta alabó a los bancos por sus esfuerzos para reducir el riesgo y apalancamiento. "Me shockeó que los préstamos no hayan caído 15 ó 20 por ciento", apuntó y le preguntó a los banqueros si podían evitar forzar a los buenos prestamistas a hacer los pagos principales. Además defendió a los bancos ya que algunos no querían los fondos y por eso sostuvo que sería un error si la gente veía a los ocho ejecutivos como un mismo grupo. El conservador Jeb Hensarling de Texas consideró que las fuertes críticas y acusaciones que recibieron los ocho banqueros durante la audiencia se las merecían pero agregó que el gobierno debe hacerse cargo de su responsabilidad. El primero en recibir los fondos del TARP fue el Citi. A finales de octubre el banco recibió una inyección por 50 mil millones de dólares. El Bank of America obtuvo 45 mil millones en dos pagos, 25 mil millones en octubre y 20 mil más en enero. Wells Fargo y JP Morgan se adjudicaron 25 mil millones cada uno. Por su parte, Morgan Stanley y Goldman Sachs tomaron 10 mil millones por entidad. El Bank of New Cork Mellon y el State Street pidieron cada uno entre 2 mil y 3 mil millones. Estos ocho bancos concentraron más de la mitad de la primera parte del plan lanzado por el ex presidente Bush que en total ascendía hasta los 700 mil millones de dólares.

El poder del dólar

Por Alejandro Fiorito La ortodoxia, además de mantener causalidades desde la oferta para explicar el crecimiento real de la economía, manifiesta respecto del dinero una creencia que no es pertinente con la realidad: la de que cada pieza de papel o moneda fundamenta su valor en una mercancía (oro, etc.) sin diferencias con la teoría metalista elaborada por Hume en el siglo XIX. El dinero representa en realidad el poder del Estado y no tiene un vínculo necesario con una mercancía para obtener su valor de cambio. Históricamente los Estados eligieron el medio con que cobrar sus impuestos. Los bancos se plegaron a este poder desde los inicios del capitalismo conformando la existencia del dinero como una deuda: los créditos generan los depósitos. La población ciudadana en cada nación tuvo ventajas y no opciones para aceptarlo y naturalizarlo luego. Esta causalidad es en general anulada del análisis tradicional, que basada en dinero-mercancía, justifica los ajustes ortodoxos en los países normales y adquiere ribetes de total incomprensión ante el caso singular de Estados Unidos con su dinero singular, mundial: el dólar inconvertible aceptado por el resto del mundo. En efecto, desde 1971, Estados Unidos declara que no convertirá cada dólar en algún valor con respaldo en oro. Con la reciente crisis, se ha dicho de todo, y en general sin dejar de ver a Estados Unidos como un país más. El plan de apoyo fiscal de Obama vuelve a resucitar el tema sin ver las asimetrías que permiten a Estados Unidos sostener un patrón dólar flexible por más tiempo que el patrón dólar-oro de Bretton Woods. Rápidamente se repiten ecuménicamente esquemas de pensamiento ortodoxo: a causa de la merma de valor del dólar los gobiernos y los privados en el mundo comenzarán a vender sus activos en dólares, generando suba de tasa de interés e inflación en Estados Unidos y una fuga hacia otra moneda mundial. Sólo con su monopolio de fabricar dólares se pueden resaltar las asimetrías que posee Estados Unidos y que ningún analista económico toma en cuenta a la hora de pronosticar osadamente "colapsos" y "aterrizajes duros" del dólar: 1. Prácticamente todos los pasivos e importaciones de Estados Unidos están nominados en dólares y con cada desvalorización del dólar, la deuda externa norteamericana y el valor de las importaciones caen también, siendo perjudicados los países acreedores y no Estados Unidos. 2. El 60 por ciento de los activos de Estados Unidos se encuentra nominado en otras monedas. 3. No existe una paridad fija del dólar con otra moneda o metal, es flexible. 4. Estados Unidos controla la tasa de interés de su propia deuda externa, configurando una verdadera banca central mundial. 5. El déficit de la balanza comercial de Estados Unidos tiene un comportamiento que, dentro de este patrón monetario, hace que sus importaciones no respondan a las variaciones de su tipo de cambio y sí al crecimiento de su Producto. De 1985 a 1995 y de 2002 a 2008 el dólar se desvalorizó y sin embargo de 1985 a 1991 se reduce a cero el déficit y crece luego de esa fecha hasta 2006. De 1995 a 2001 se valorizó el tipo de cambio. 6. Las exportaciones sí responden a las variaciones del tipo de cambio, aumentando con la desvalorización, desplazando otras producciones. 7. La importación de petróleo de Estados Unidos no es afectada inmediatamente por la desvalorización del dólar, dado que su precio es fijado en dólares. 8. No existe relación sistemática de la desvalorización del dólar y la tendencia del tipo de interés de largo plazo. Si a estas asimetrías agregamos que desde la administración Reagan toda puja redistributiva por parte del salario ha sido eliminada, los impactos inflacionarios dentro de Estados Unidos por una desvalorización del dólar también son limitados, absorbiéndose la suba de los costos, bien por los salarios reales y/o las empresas que no desean perder una porción del mercado norteamericano. Si por la desvalorización se produjese una venta masiva de tenedores internacionales de títulos públicos de largo plazo –como dicen los analistas–, haría que sus precios bajaran y sus tasas de interés subieran, pero con poca probabilidad de que esa situación dure mucho, dado que el arbitraje con el mercado de corto que paga baja tasa harían comprar los títulos de largo, cayendo las tasas de largo nuevamente. Ya sucedió esto en la historia reciente: 1985-1995 donde hubo una desvalorización, y más recientemente desde 2002 las tasas de interés de largo plazo no subían o lo hicieron muy poco, estabilizándose por debajo de las de corto plazo hacia 2007. Sólo en el caso de subas de tasas de corto plazo –reguladas directamente por la FED– harían subir permanentemente a las de largo plazo. A esto, un sorprendido Greenspan lo ha llamado conundrum (enigma). Por lo visto, el destino de la ortodoxia neoclásica es coleccionar "enigmas" y "puzzles", pero no explicaciones coherentes de la economía. Una desvalorización del dólar, lejos de perjudicar a Estados Unidos, lo beneficia, bajando el peso de su deuda, haciendo crecer sus exportaciones, no haciendo subir sus tasas de interés ni su inflación, aumentando el valor de muchos activos americanos en el exterior y haciendo crecer su Producto y el empleo.
(***) Investigador y docente universitario.