Pensamiento Crítico

Un pueblo que llegó a ser Goliat

Por Numa Molina | Radio Nacional de Venezuela. | 18 Febrero 2009
"Esta fue una campaña donde se enfrentó David contra Goliat y ganó Goliat" así respondió un conocido dirigente de la oposición al preguntársele por el triunfo del SI. Creo que la alusión a este pasaje bíblico para referirse a lo sucedido, aun cuando lo haya dicho en sentido negativo, me da una clave para mirar con calma el proceso de un pueblo que ha ido creciendo hasta convertirse en gigante. En el episodio bíblico cuando David vence a Goliat aquel no es más que un humilde pastor de ovejas y Goliat un gigante. Pero tampoco es menos cierto que David no se queda como pastor de ovejas sino que llegará a ser el rey más próspero de Israel. Ese es el camino recorrido por nuestro pueblo. En el 99 cuando por primera vez se sacudió el yugo del bipartidismo, era solo un pastor de ovejas que con los mínimos recursos que tenía y una organización casi improvisada, se reveló ante lo que parecía hasta ese momento incambiable. Pero lo importante de aquel primer enfrentamiento con el gigante es que, como David, se dio cuenta que sí había posibilidades de triunfo, que el gigante no era tan invencible como parecía (1 Sam. 17,33). También hubo un momento en que nuestro pueblo perdió el miedo y comenzó un camino de emancipación y de empoderamiento que lo sacó de esa condición de indigencia y desestima, hasta valorarse y sentirse capaz de ser protagonista de un proyecto socio-político sin precedentes. De la desestima pasó a ser protagonista de un camino de liberación en el que busca alcanzar su señorío. Claro está, para lograr esa liberación el pueblo ha tenido que hacer una travesía larga, la andadura no ha sido fácil, los obstáculos del camino han sido muchos y tortuosos. Estamos conscientes que aun queda mucho trecho por caminar, pero lo importante es que quienes en 1998 lo subestimaban como pastor de ovejas, hoy afirman que es Goliat, o sea un gigante. En el exterior los diarios pretenden hacer creer, por las versiones que salen de los medios nacionales, que "el triunfo del SI se debió a un ventajismo gubernamental ya que a nivel mediático el canal del Estado transmitía propaganda las 24 horas a favor del si". Y, ¿dónde dejamos el poder mediático de los canales privados que transmitían casi en cadena, junto a los grandes periódicos de circulación nacional, una propaganda agresivamente envenenada de mentira a favor del no?. Yo creo que si en algún lugar del planeta hay materia para los investigadores de la comunicación de masas es en Venezuela. ¿Qué pasó que un pueblo bombardeado mediáticamente por los cuatro costados no se dejó convencer de todo aquel arsenal de mensajes subliminales y explícitos que buscaban a todas luces confundirlo? ¿Qué proceso de aprendizaje ha habido en la población que la ha hecho inmune a la mentira mediática y señor de lo que cree y piensa? ¿Cómo fue que el venezolano llegó a tal grado de percepción crítica ante los medios? Esas son preguntas que nos tenemos que hacer, independientemente de nuestras posturas políticas. Este no es ya el pueblo pastoril de 1998. Era más fácil optar por la campaña del NO porque no daba trabajo de reflexión, bastaba aquella famosa frase de niño malcriado "no es no". Le preguntabas a cualquiera las razones de porque votaba NO y te respondía algo carente de la más mínima inteligencia: porque "no es no" El pueblo pudo haber optado por lo más sencillo, por la ley del menor esfuerzo que nos enseña el mundo del bienestar y no fue así, algo que no le obligara a dar razones. Ciertamente hubo mucha gente que cayó en las redes de la mediocridad del "no es no" pero realmente lo que intuyo es que no tuvo venta. Los ideólogos de ese eslogan creían al pueblo un consumidor de McDonald, de ideas chatarra y eso no aconteció. Por favor no usen como argumento el ventajismo del gobierno, que ustedes la oposición tienen en este país desde hace mucho rato todos los recursos mediáticos a nivel de radio, TV y prensa escrita y además el apoyo económico externo. Dediquen mejor un examen serio de consciencia sobre sus errores y pongan desde ya las bases para una oposición de altura, digna de un pueblo que hace rato despertó y ya no se chupa el dedo. No olvidemos que hubo un momento en el cual una porción de la población venezolana, compuesta mayoritariamente por las clases mas humildes, se empoderó y comenzó a convertirse en Goliat. Aquel inicio estuvo marcado por la elaboración de una nueva Constitución que fuera hechura colectiva, y la votó, y la eligió como su carta de navegación. Un segundo momento lo constituyen las misiones, el pueblo aprendió a leer y a escribir, se graduó de bachiller y fue a la universidad, comenzó a hacerse amigo de los libros, el estado le ofreció literatura comenzando por los granes clásicos como el Quijote o novelas venezolanas como Doña Bárbara. El pueblo conoció la salud en su comunidad porque llegaron los médicos de Barrio Adentro, y conoció las políticas de vivienda que, aunque no han dado los mejores resultados, si fue diferente a lo que antes había en el país. El pueblo recuperó su autoestima porque ahora podía entrar a Miraflores o al Teresa Carreño para disfrutar de un concierto o admirar una exposición. Los artistas populares tuvieron espacio y atención en aquellas salas donde antes solo exponía una clase privilegiada. E instalaron su radio comunitaria o su televisora y se atrevieron a hacer periodismo comunitario y hasta seguimiento a los magnates de medios privados. Y creyó que si era posible la propuesta del Presidente de darle más poder al pueblo, organizándose en Consejos Comunales y Cooperativas. Y nació un deseo de participación que no tuvo antes parangón en la historia venezolana. El pueblo aprendió a organizarse y descubrió que podía tener un banco comunal, y que podía gerenciar la construcción de su propia escuela y de su propio ambulatorio, y pavimentar sus calles, y construir su sistema de aguas servidas etc. Esa organización al mismo tiempo hizo que las comunidades se encontraran y se conocieran y comenzaran a interactuar, pero sobretodo a pensar en voz alta y en común. Hay que meterse barrio adentro y estar en una reunión de un Consejo Comunal para percatarse de esto, eso no se logra haciendo conjeturas desde un escritorio bien instalado en un centro empresarial. Ese pueblo amigos, ese es el David que se agigantó como Goliat, y a quien hoy le temen y lo reconocen quienes lo adversan. Pero ese pueblo se tiene que convencer cada día que la andadura apenas comienza. Tiene que apostar por el fortalecimiento de una dimensión que en todo proceso revolucionario no se puede subestimar y es la dimensión espiritual. Porque antes de cualquier hecho genuinamente revolucionario y novedoso, capaz de generar cambios, debe darse en lo profundo de quien lo ha generado un cambio de paradigma, un movimiento de las entrañas, una revolución interior del corazón que es la única capaz de eternizar en el tiempo un proyecto. Al hombre o mujer convencidos de que "otro mundo es posible", se les conoce porque son capaces de dar su propia vida por aquello de lo que espiritualmente están convencidos. Ante ellos todas las seducciones de los medios se caen ya que miran más allá. Cuando, con el dedo les señalan la luna, no se quedan mirando el dedo. Las grandes transformaciones las han dado en la humanidad aquellas y aquellos que, como diría el escritor Bertolt Brecht, "han luchado toda la vida, esos son los imprescindibles". Ante un sujeto con esa convicción se caen todas las teorías de la percepción o los mensajes subliminales, nada ni nadie le podrá vender como genuino lo que es basura. Cuando me encontré con jóvenes procedentes de sectores muy pobres o de familias humildes, que estoy seguro han sido beneficiadas por alguno de los programas de las misiones ellos o sus familias, y me decían "no es no" sentí compasión. No había pasado nada en su espíritu y habían sido víctima del huracán mediático diseñado precisamente para los que no gastan neuronas debatiendo ideas, para quienes aún no han cimentado desde dentro su conciencia de servir sin esperar nada a cambio. Es tiempo de comenzar una revolución desde el espíritu.
(***) Numa Molina es sacerdote y periodista.