Pensamiento Crítico

El periodista y su compromiso

Por Pedro Estacio | Radio Nacional de Venezuela | 18 Febrero 2009
Independientemente de que la dirigencia política tenga su vinculación, relación con los ciudadanos, no cabe duda de que los periodistas, particularmente quienes han venido pateando la calle por años, siempre han estado cara a cara con las personas. Los curas confesarán y darán misa y cuando más hablarán un rato con algunas personas; los dirigentes políticos tienen algo más de contacto, pero quien siempre ha tenido esa relación directa, diaria, con la ciudadanía son los periodistas. Son ellos quienes tienen una estrecha comunicación, que van con los bomberos en una situación de desastre y de repente se convierten en voluntarios y ponen el hombro para apoyar esa tarea y si no hay muertes, conversan con los que han padecido una situación como esa. Son de los que van a las funerarias y aprecian ese ajeno desgarrador dolor de los familiares de alguna víctima. Si se trata de ir a las cárceles, pues van y escuchan a los presos Y si bien no es nada fácil, cuando se dan los casos, algunos colegas logran hablar con aquellos que se han involucrado en actividades ilícitas; pero también visitan a las escuelas y establecen diálogos con los escolares, las maestras y directivos. Otros suelen reseñar a los deportistas, ganen o pierdan, en boxeo, futbol, béisbol u otra disciplina deportiva. El periodista habla con el diputado y de igual modo lo hace con el ciudadano de la tercera edad o juventud prolongada, como suelen decir algunos. Y de igual manera suele reseñar las inscripciones en escuelas, liceos, institutos y universidades; pero no se le escapan los días festivos y vacacionales y los días de la navidad y la semana santa, al punto que a veces escucha las llamadas siete (7) palabras. Pero el periodista, por supuesto, debe ir más allá y estar identificado con el compromiso ciudadano, con la sociedad, porque como señaló el profesor Federico Álvarez (*) hace más de 30 años, el periodista tiene su vida en la calle, todo el día con la gente. El respetado y reconocido docente hablaba que las escuelas debían formar "…un profesional que esté dotado de un nivel de preparación técnica muy elevado; pero que, al mismo tiempo, llene otros cuatro requisitos, fundamentales a nuestro juicio: una sólida formación cultural, que le permita distinguir con claridad cuáles son los verdaderos valores de la humanidad contemporánea, en un tiempo de enormes confusiones; una amplia formación ideológica que lo capacite para conocer cuáles son las corrientes de pensamiento que se mueven en el mundo actual y que lo aleje de sectarismos dogmáticos, porque un periodista debe ser un hombre abierto a todas las ideas, hombre respetuoso de todas las creencias; una acrisolada conciencia nacional que lo lleve a defender con pasión, con racionalidad , los intereses del país, sin incurrir en chovinismos; y por último, una categórica definición gremial, que el periodista sepa que es un asalariado, que no es ese ente intelectual sin vinculaciones clasistas a lo que quieren reducir los patronos para someterlo con mayor facilidad a sus designios". Álvarez decía en la oportunidad que pronunció las palabras de orden, a propósito del Día del Periodista, en el Municipio Simón Rodríguez, en El Tigre, el 22 de Junio de 1976, que "…habrá que librar una lucha muy larga, muy dura, para crear las condiciones indispensables para la formación de este tipo de periodista. Lucha que no tiene por qué limitarse a las universidades, sino que debe extenderse a todas las estructuras del país, porque nada ganarían las escuelas universitarias con la formación de un profesional ideal, si luego va a ser asfixiado por la atmósfera contaminada de la calle. Con esto les quiero decir que, a lado de las justas reclamaciones para la transformación de las Escuelas de Periodismo, los periodistas actuantes tenemos la obligación de cambiar el ambiente en que trabajamos y vivimos. La universidad no está en el limbo. Sobre ella inciden las tentaciones y los pecados de la calle creando tensiones difícilmente controlables por el solo poder moral que la cátedra puede ejercer". Basta revisar su discurso para comprobar que Federico Álvarez parecía adivinar, hace más de tres décadas atrás, lo que estamos viviendo con el periodismo.