Pensamiento Crítico

Barack Obama se enfrenta a la política real

Por Elizabeth Subercaseaux | Diario La Nación Domingo, Chile. | 23 Febrero 2009
Atrás quedó la utopía de un país encolumnado detrás de su nuevo Presidente. La batalla por aprobar un nuevo plan de rescate económico dejó en claro al titular de la Casa Blanca que será muy difícil contar con el partido de Bush para llevar adelante su programa y sacar al país de la crisis. "Esta no es la hora de partidismos", declaró el senador republicano Judd Gregg el día en que aceptó la nominación como secretario de Comercio en la administración Obama. Pero, una semana después, el mismo senador trataba de explicar en conferencia de prensa sus "irreconciliables diferencias con el Presidente Obama" que lo habían llevado a echar pie atrás y no aceptar un cargo para el cual él mismo se había ofrecido. ¿Qué había pasado? Trascendió que las presiones del establishment republicano fueron tan fuertes que a Gregg no le quedó otro camino que renunciar aun antes de haber sido ratificado por el Congreso. Muchos gobiernos, en muchos países, suelen verse obligados a entenderse con un frente opositor que ha hecho de su estrategia negarle "la sal y el agua" al partido gobernante. Independientemente de si esta eterna batalla ideológica le sirve de algo a los pueblos, ésta parece ser la manera de hacer política en casi todas partes. Y Estados Unidos no sólo no es una excepción, sino que los republicanos han dado lecciones magistrales de cómo se torpedea a un gobierno, como se le impide legislar y cómo se construye un muro de oposición sin importar cuáles sean las circunstancias por las que atraviesa el país. Basta recordar cómo lo hicieron, por ejemplo, durante el primer mandato de Bill Clinton. Lo sorprendente es que, en este caso, y ahora, los republicanos le estén negando la sal y el agua a Obama en medio de la crisis económica más fenomenal que recuerda la historia de Estados Unidos y el mundo. Cualquiera hubiese dicho que éste no era el momento para oponerse a un programa de rescate que intenta salvar al país de la catástrofe total. Sin embargo, el GOP (Grand Old Party) no parece haberlo entendido o no le importa. El último plan de rescate de la economía (878 mil millones de dólares) se aprobó sin el voto de uno solo de ellos en la Cámara de Representantes, y con el apoyo de solamente tres republicanos en el Senado. El argumento del GOP para oponerse al plan es que éste consiste en "gastar, gastar, gastar y no reactivar la economía", como explicó el congresista por Ohio John Bohener, quien llegó a tirar las hojas del plan al suelo en medio de un show de protesta en contra del paquete que hizo en el Congreso. La idea republicana de reactivación empieza recortando aún más los impuestos y disminuyendo al máximo el gasto en programas de salud, educación e infraestructura, "porque ninguno de esos proyectos va a reactivar la economía en el corto plazo", según afirmó Bohener. Y John McCain, declaró por su parte que el paquete de rescate "no es ni más ni menos que un robo generacional". Al referirse a estos conceptos vertidos por Bohener, McCain y otros líderes republicanos en el Congreso, David Axelrod, consejero político y mano derecha de Obama, dijo al programa "Meet the Press" que muchos republicanos no han aprendido las lecciones de la última elección, en la cual el pueblo norteamericano rechazó de plano las políticas de George Bush, las mismas que crearon la situación caótica en que hoy se encuentra el país y, por extensión, el resto del mundo . "Si usted hace un referéndum hoy y le pregunta al pueblo si quiere seguir con las políticas de Bush, le aseguro que los republicanos perderían por inmensa mayoría. Eso es lo que ellos proponen, pero nosotros no lo vamos a hacer". La ilusión de Obama Ya desde los primeros días de su campaña electoral, Barack Obama hablaba de la importancia de terminar con el "partidismo" en Washington. Parte importante del cambio al cual se refería tenía que ver con su idea, cada vez más parecida a una ingenua ilusión, de que podría trabajar en conjunto con los republicanos. De hecho, en cuanto asumió lo primero que hizo fue nombrar a tres republicanos para diferentes cargos en su gobierno, y a la hora de presentar su plan de rescate al Congreso invitó a los líderes del partido a la Casa Blanca, para dialogar con ellos. Luego asistió personalmente al Capitolio, donde intentó llegar a acuerdos y obtener su apoyo. Pero los republicanos ya habían tomado su decisión de oponerse al paquete, aun antes de la visita del Presidente y antes de escuchar sus razones. La política es decirle que no a Obama, haga lo que haga, ofrezca lo que ofrezca. El precio de esta ceguera está por verse. Si el plan de Obama efectivamente ayuda a rescatar la economía del colapso total, los republicanos pueden ir despidiéndose de la esfera pública. Pero, si no resulta, no faltarán los que se regocijarán por el fracaso del gobierno y esperarán que el electorado le pase la cuenta al Presidente. El propio Obama dijo en Fort Myers, dos días antes de que se aprobara el plan, que si éste no resultaba y la economía no se estimulaba, él se haría responsable "y los norteamericanos tendrán un nuevo presidente". Lamentablemente, la actitud de los republicanos está afectando a los mercados. Desde que se aprobó el plan, en medio de fuertes críticas del GOP, el Dow Jones no ha hecho otra cosa que caer, aunque no es justo atribuir toda la culpa a la oposición: la mayor caída se produjo luego de que el nuevo secretario del Tesoro, Tim Geithner, anunciara su plan de rescate a los bancos de manera tan vaga e imprecisa que produjo una ola de escepticismo en Wall Street. Entre esas paredes se consideró impreciso el plan de rescate a los bancos e insuficiente el paquete de estímulo a la economía. Respecto a la reacción de los mercados, Obama dijo: "Yo no estoy basándome en la reacción diaria de los mercados a la hora de hacer los planes necesarios para salvar la economía. De hecho, puede decirse que gran parte de los problemas en que nos encontramos ahora se deben a que todo el mundo estaba planeando en base a la reacción de los mercados y nadie estaba mirando a largo plazo. Mi trabajo es ayudar al país a mirar a largo plazo, asegurarnos no sólo de que vamos a salir de este lío sino de que no vamos a repetir el ciclo de la burbuja y su reventón una y otra vez". Y, sobre si aún le quedan ganas de intentar hacer política en conjunto con los republicanos, después de que éstos le hubiesen dado vuelta la espalda de manera tan rotunda, explicó: "De aquí en adelante, cada vez que nosotros tengamos una iniciativa voy a consultarla tanto con los demócratas en el Congreso como con los republicanos. Voy a decirles: este es mi mejor argumento de por qué debemos hacer esto. Quiero escuchar su respuesta, sus argumentos en contra. Si tienen una idea mejor, preséntenmela, porque vamos a incorporarla en cualquier plan que hagamos y también estamos dispuestos a llegar a acuerdos en temas importantes para uno y otro lado, de manera de que las cosas se hagan de la mejor forma posible". Sin embargo, y antes de que el periodista alcanzara a preguntarle si su actitud no era un exceso de optimismo y buena onda, el Presidente Obama añadió: "Déjeme decirle que, dado el hecho de que los republicanos estuvieron conduciendo el show por largo tiempo antes de que yo llegara, y que sus teorías fueron probadas una y otra vez, y que esas mismas teorías nos han dejado con una deuda de un trillón de dólares y en la peor situación económica desde la Gran Depresión, yo creo que mi argumento en términos económicos es mejor que el de ellos. Seré un eterno optimista, pero no un idiota". Nada de timidez Lo cierto es que los republicanos, que hoy se niegan a reconocer que el país se encuentra donde se encuentra gracias a la filosofía que aplicaron durante los últimos ocho años, no representan a la mayoría. No son la gente que está perdiendo sus empleos día a día. No son las fábricas que están cerrando. Ni son la clase media de Estados Unidos, que ha sido ferozmente afectada por la crisis. Y desde esa óptica nadie entiende que se hayan dado el lujo de montar un show opositor, cuando lo único que se necesita, según coinciden prácticamente todos los observadores, es que todos trabajen unidos y de acuerdo. "Algo nada divertido ha estado ocurriendo en las últimas dos semanas escribió Paul Krugman en el "New York Times" . Lo que debió haber sido un debate serio respecto de cómo salvar una economía en estado calamitoso se convirtió en un teatro político, con los republicanos escupiendo sus viejos clichés acerca de los innecesarios gastos gubernamentales y las maravillas de la reducción de impuestos. Como si el desastre económico de los últimos ocho años no hubiera ocurrido. Washington ha perdido todo sentido de lo que pasa en el país y en el mundo". Una vez aprobado el plan, Frank Rich, tal vez el columnista más respetado y seguido en Estados Unidos, apoyó la iniciativa. "Este plan de estímulo es sólo el primer paso de un camino difícil. El mayor error que podría hacer Obama ahora es ser demasiado tímido. Este país requiere un New Deal [por el plan de rescate de Franklin D. Roosevelt en los años treinta] que incluya la salud y la energía, no un New Deal suave. La batalla por aprobar este plan ha demostrado que Obama tiene el capital político para hacerlo, para llevar a cabo la agenda que prometió durante su campaña". El plan, dijo, es un buen primer paso. "Quizás se afirmó porque el público fue lo suficientemente hábil como para creer que el Gobierno no puede crear trabajo sin gastar dinero y que los republicanos de la era de Bush no tienen ninguna autoridad moral para dar lecciones acerca de gastos y déficit". Al firmar la histórica ley que convertirá su plan en realidad, Obama dijo: "Este no es el final de la crisis, pero es el comienzo del fin". Que Dios lo escuche, dijeron los creyentes. Y que el diablo no siga metiendo su cola.