Pensamiento Crítico

Adán y Eva insurgentes

None | 04 Febrero 2006

Utopía necesaria como el pan de cada día

Por Dom Pedro Casaldáliga, Ex-obispo da Prelatura de São Felix de Araguaia. São Félix do Araguaia, MT, Brasil Enero 2006. Cortesía de Revista ReLat/Koinonía - http://servicioskoinonia.org/pedro

"Poesía necesaria como el pan de cada día" dice el poeta. Poesía y utopía riman bien, y ambas nos son totalmente indispensables para atravesar el túnel. No aceptamos esa sociedad oficial que reduce la vida humana a mercado o, en el mejor de los casos, se propone el objetivo, siempre aplazado, de reducir el hambre a la mitad….

Estamos indignados y perplejos. Muchas voces, desde muchos ángulos, confiesan que estamos en crisis. Y que, así las cosas, no le va ni a Dios ni al Mundo.

Estar en crisis, sin embargo, no es necesariamente una desgracia. La crisis es la fiebre del espíritu. Donde hay fiebre hay vida. Los muertos no tienen fiebre.

No se trata de ignorar la realidad. Más aún: hay que asumirla y transformarla, radicalmente. Ahora ya no nos conformamos con proclamar que "otro mundo es posible"; proclamamos que es factible y lo hacemos. La Agenda Latinoamericana Mundial que estamos preparando para 2007 se titula precisamente "Exigimos y hacemos otra democracia". "Abajo -con el pueblo- y a la izquierda", definen los zapatistas en "la otra campaña". Y ya se ha anunciado que vamos "hacia el socialismo del Siglo XXI", con "la Humanidad como sujeto" del cambio.

La utopía es necesaria porque la desigualdad entre ricos y pobres aumenta, según la ONU, incluso en países del Primer Mundo. Nuestra América, según la OEA, es la región más injusta, por esa desigualdad sistemática. Hay más riqueza en la Tierra, pero hay más injusticia. África ha sido llamada «el calabozo del mundo», una "Shoá" continental. 2.500 millones de personas sobreviven en la Tierra con menos de 2 euros al día y 25.000 personas mueren diariamente de hambre, según la FAO. La desertificación amenaza la vida de 1.200 millones de personas en un centenar de países. A los emigrantes les es negada la fraternidad, el suelo bajo los pies. EEUU construye un muro de 1.500 quilómetros contra América Latina; y Europa, al sur de España, levanta una valla contra África. Todo lo cual, además de inicuo, es programado. Un inmigrante africano, en una estremecedora carta, escrita «tras los muros de separación», advierte: «les ruego que no piensen que es normal que vivamos así, porque de hecho es el resultado de una injusticia establecida y sostenida por sistemas inhumanos que matan y empobrecen…No apoyen este sistema con su silencio…».

Pero la Humanidad «se mueve»; y está dando un giro hacia la verdad y hacia la justicia. Hay mucha utopía y mucho compromiso en este planeta desencantado. Alguien ha recordado que el siglo XX "ha sido un inmenso cementerio de imperios: el británico, el francés, el portugués, el holandés, el alemán, el japonés y el ruso". Queda, tambaleándose, el imperio estadounidense, que caerá también. "América Latina se aleja de la tutela de Estados Unidos" y Asia ha dado también la espalda a los Estados Unidos, en la primera cumbre, organizada por la ASEAN. La UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad la Diversidad Cultural. El Siglo XXI -que ya sabemos que será un siglo místico- será también el siglo del Medio Ambiente. El diálogo ecuménico y el diálogo interreligioso crecen en varios niveles, como un nuevo paradigma de la fe religiosa y de la paz mundial. Las Iglesias, las Religiones, se van a encontrar necesariamente y habrán de ponerse en paz para la paz del mundo. En la Iglesia Católica, dentro de una monótona continuidad oficial, que ya era de esperar, muchas comunidades y muchos colectivos de reflexión teológica y de pastoral saben ser simultáneamente fieles y libres. Vamos aprendiendo a ser Iglesia adulta, una y plural. Si rechazamos la dictadura del relativismo, también rechazamos la dictadura del dogmatismo. No permitiremos que el Concilio Vaticano II sea un "futuro olvidado"; y hasta urgimos el proceso de preparación de un nuevo Concilio, verdaderamente ecuménico, que aporte desde la fe cristiana a la tarea mayor de humanizar la Humanidad. En Nuestra América se está preparando la V Conferencia Episcopal, llamada "CELAM V". Un primer texto, de consulta, resulta muy poco estimulante, como escrito "por teólogos que ya están en el cielo" ironiza un viejo teólogo. Nos tocará suplir alternativamente y no permitir que ese CELAM V olvide Medellín. Hay prioridades socio-pastorales, en Nuestra América, que nos exigen realismo y utopía, coherencia y compromiso, sin posible aplazamiento.

Aquí, en casa, en la Prelatura de São Félix do Araguaia, seguimos caminando, ahora con el obispo Don Leonardo. No nos faltan desafíos. Continúan sin solución el acampamiento frente a la Hacienda Bordolândia, ya desapropiada; la Gleba Liberdade, de acampados también, cerca de 3 años a la espera; y la aldea Xavante Marawatsede con 13 años de tensión. (Las políticas agraria e indigenista de nuestro Brasil están atascadas, por "respeto" al latifundio, al agronegocio y a la élite político-rural). En la Asamblea Pastoral de este año hemos reafirmado las tres prioridades de nuestra Iglesia particular: formación, autonomía, pastoral socio-política. Nos estamos preparando para la gran Romería de los Mártires de la Caminada, en Ribeirao Casacalheira, los días 15 y 16 de julio, con ocasión del 30º Aniversario del martirio del Padre João Bosco Penido Burnier. Con nuestro P. João Bosco hacemos memoria también de todos aquellos y aquellas que van dando su vida por el Reino, particularmente en Nuestra América. El lema de la Romería es "Vidas por el Reino de la Vida". Entre tantas memorias destacamos la figura del patriarca de la causa indígena, Sepé Tiarajú, en el 250 aniversario de su heróica muerte.

Hacer memoria del martirio es vital para cada pueblo, vital para la Iglesia de Jesús. Si perdemos la memoria de los mártires, perdemos el futuro de los pobres.

Yo sigo en mi sosiego de jubilado, experimentando "la pobreza biológica" con sus limitaciones. En compensación he podido editar algunos libros, como hijos de la vejez. ¿Se permite publicidad comercial?: "Murais da Libertação", con Cerezo Barredo, ed. Loyola; "Orações da Caminhada", ed. Verus; "Cuando los dias dan que pensar", ed. PPC; "Cartas marcadas", ed. Paulus/Brasil; "Con Jesús, el de Nazaret", con José Luis Cortés, ed. PPC; "Los ojos de los pobres", con Juan Guerrero, en castellano y en catalán, ed. Ediciones 62.

Sigamos editando utopía, compromiso, transparencia, vida. Y recordemos que la utopía debe ser verificada en la praxis diaria, que "la esperanza sólo se justifica en los que caminan" y que "nos es dada para servir a los desesperanzados". Para este servicio pienso que hoy se nos pide, sobretodo, un testimonio coherente, una proximidad samaritana, una presencia profética.

A todos, a cada uno y a cada una a quien debo amistad, gratitud y carta, un entrañable abrazo en la paz militante del Evangelio.

Volver a pensar a partir del mito del Génesis

Apelando a Elie Wiesel, el autor revisita el mito de Adán y Eva, quienes "enfrentados con la muerte, la combatieron dando un sentido a la vida". Con ellos, "nos sentimos unidos en la angustia y el desafío que los elevó por encima del paraíso en el que nunca entraremos".

Por Carlos D. Pérez, sicoanalista. Diario Página/12, Buenos Aires

En una sesión de análisis, el paciente había entrado en el difícil tema de la trasgresión y puso como ejemplo paradigmático el atrevimiento de Adán al probar el fruto prohibido. Advertido del modo en que la culpa enredaba su intimidad, intervine para distinguir lo que llamé seudotrasgresión, que, aparentando vencer una prohibición, termina consolidando la posición anterior: en el caso de Adán, el Bien como paraíso perdido y el Mal como pecado y culpa. Entonces recordó haber leído un libro escrito por Elie Wiesel, en el que se ocupa de Adán de un modo que le resultaba afín a mi interpretación. "Quién diría, resultar hermanado con el primer hombre", dijo, y quedó flotando la referencia a Wiesel. Cuando, en la sesión siguiente, me trajo en préstamo su ejemplar de este autor, yo había hecho mi propia investigación: Celebración bíblica, publicado en 1988 por Mila Editor, ya no se encuentra en librerías, pero en la AMIA conseguí el único ejemplar disponible. El primer capítulo se llama "Adán o el misterio del principio".

Elie Wiesel nació en 1928 en Sighet, Rumania; durante la Segunda Guerra fue deportado con su familia a Auschwitz y luego a otros campos donde murieron sus padres y su pequeña hermana. Liberado luego de la guerra, en 1948 viajó a París. Estudió en la Sorbonne y se dedicó a escribir sobre el Holocausto. En 1986 recibió el Premio Nobel de la Paz. En su discurso de aceptación, dijo: "Lo contrario del pasado no es el futuro, sino la ausencia de futuro; lo contrario del futuro no es el pasado, sino la ausencia de éste. La pérdida de uno equivale al sacrificio del otro".

No sólo del horrendo pasado de la guerra se ocupó Wiesel. En lo que nos concierne, se trata del tiempo remoto de las leyendas bíblicas. Según el Talmud, no hay hombre que se parezca a su prójimo pero todos nos reconocemos en Adán; en él están prefigurados nuestros deseos, rasgos y gestos. No obstante, Wiesel señala una diferencia crucial entre aquel hombre y sus descendientes: nosotros tenemos un pasado pero Adán no, porque nació adulto; prisionero de su presente, no tuvo la alternativa de refugiarse en fantasías o temores infantiles. "El ser humano más miserable se encuentra en posesión de imágenes, de recuerdos, nostalgias, referencias, pero Adán carecía de todo ello", dice Wiesel. Tremendo sino el de Adán; si, con Shakespeare y luego con Freud, podemos afirmar que estamos hechos de la sustancia de nuestros sueños, Adán resulta del sueño de Dios.

Adán, sin el rodeo por el pasado, debió sostenerse directamente en el designio del Otro, como un inconsciente sujetado al puro presente. Wiesel cuenta que cierta vez un filósofo, dirigiéndose a Rabán Gamaliel, le dijo que Dios concibió a Adán con material de excepcional calidad: fuego, viento, polvo, a los que sumó caos, abismo y oscuridad. Por eso Adán fue impulsivo, voluble como el viento, caóticamente imprevisible, y padeció la agonía de perpetuos remordimientos, de los que sólo su Hacedor hubiese podido consolarlo pero éste, estratégicamente, se negó.

Al Génesis bíblico le bastan cuarenta versículos para narrar una vida que se habría extendido por 930 años. Wiesel se mantiene atento a los Midrás que, según explica, son "en su sentido más amplio, interpretación, ilustración, imaginación creadora". Entre las fuentes de su Celebración bíblica ubica el Midrás Rabba, el Midrás Tanjuma, el Midrás Tejilim, como también el Talmud babilónico y el palestino. "Como de costumbre, el Midrás teje sus parábolas y, sobre la austera trama de la narración bíblica, desdobla la semblanza y provoca al entendimiento y al corazón. Adán: la primera contradicción humana."

A la inversa de la mayoría de los personajes mitológicos, Adán no aspiraba a la gloria, no se impuso como conductor de hombres ni dictó la ley a su arbitrio, sino que desempeñó un papel secundario en su propia historia. Tentado casi sin tentación, no supo resistirse; nadie como él recibió tanto para perderlo bruscamente, todo le pertenecía salvo su voluntad, y fue veleta de Dios y de su mujer. "Pobre hombre –concluye Wiesel con fina ironía–, lo castigaron por nada y ni siquiera era judío."

No hay más que seguir la secuencia del Génesis: en el sexto día de su prolífica Creación, Dios se dijo: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra". ¿Tiene imagen, Dios? ¿De qué clase era esa semejanza? ¿Qué quiso decir con "nuestra imagen", de qué especie es ese plural proferido por el hasta entonces solitario de los solitarios? Y no sólo eso: "Creó, pues, Dios, al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó". Aquí el Hacedor vuelve a ser singular, pero el texto vacila entre "lo creó" y "macho y hembra los creó". Tal vez en este trámite autoerótico Dios mismo haya sido macho y hembra, ya que se trata de su propia imagen, pero a continuación de "los creó" sólo se habla de Adán. No es difícil intuir la presencia de Lilith, la maléfica mujer que, desairando a la Diosadánica pareja, se fue a copular con los demonios, ganándose la censura bíblica. Pero ésa es harina de otro costal.

Hasta aquí, tenemos a Adán paseándose con el Supremo por el Edén, entretenido en poner nombres a las criaturas. Entre tanto, "Dios impuso al hombre este mandamiento: ‘De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio’". Y continúa el Génesis: "Dijo luego Yahveh Dios: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada’". Ya teníamos macho y hembra, pero Dios quiso que fuese otra, no tan trasgresora como Lilith pero mujer al fin: le aplicó a Adán anestesia total, le sacó la famosa costilla y dio curso a Eva.

Tengo la sospecha, luego de la aseveración de Wiesel sobre la pasividad de Adán, de que Dios habrá pensado: "¿Es éste acaso mi Obra Maestra? ¿Qué clase de semejanza puede tener Conmigo, que desoí a mi Eterna Madre, la Nada, para Crear el Universo, cuando este pelmazo no se atreve a probar del fruto que se me antojó prohibido?". Y Dios necesitó de mayor habilidad y arrojo, necesitó de la mujer, sobre todo teniendo en cuenta al Midrás, donde consta que, antes de crearla, Dios se habría dicho en su fuero interno (hay que tener valor para meterse con el Fuero Interno Divino): "No formaré a Eva de la cabeza de Adán porque caminaría con la frente levantada, haciendo gala de gran arrogancia; tampoco de los ojos la formaré, porque sería curiosa, demasiado curiosa, llena de codicia; ni de las orejas, porque escucharía tras las puertas, ni de la nuca, porque tendría la cerviz dura y el porte insolente, ni de la boca, porque sería una charlatana, ni del corazón porque enfermaría de envidia, ni de la mano, porque se metería en lo que no le importa". "No –decidió Dios–, la formaré de la parte más casta del cuerpo de Adán, de su costilla." Y el Midrás agrega, con feroz humor masculino: "A pesar de tantas precauciones, la mujer ostenta todos esos defectos".

Wiesel apunta que en la tradición judía no hay lugar para el pecado original, ya que los pecados no forman parte de herencia alguna, la culpa es intransmisible. Si algo nos liga a Adán es el sino de la muerte, no su pecado. Y aquí se revela que lo propio de Adán no es una parábola moral sino una condición trágica.

Es preciso detenerse en el nudo de la historia, el del fatídico fruto. Ingresada a la escena, Eva se quedó con el papel protagónico, en tanto Adán resultó un marido débil, resignado. "Increíble pero cierto –señala Wiesel–: el hombre, al que Dios considera su obra maestra, coronación de su proyecto, no sabe sino seguir a su esposa y dejarla decidir por él, por los dos." Llegamos a la escena de Eva con la serpiente y la tentación de probar el fruto prohibido, que dicho sea de paso no era una manzana. La Biblia no establece de qué se trataba; según el Midrás sería un cítrico (aunque es difícil imaginar a Eva pelando una naranja antes de comerla), un racimo de uvas o un higo.

Serpiente de buena labia, sus argumentos fueron subiendo de tono hasta que llegó a: "Dios sabe muy bien que, el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses". Mujer al fin y desde el principio, lo de ser una diosa venció cualquier resistencia y Eva se dejó llevar.

Tomó el fruto en sus manos; durante un largo momento admiró su turgencia, su belleza; lo llevó a la boca; saboreó la piel, sin hacer aún mella en la pulpa; así estuvo hasta que un impulso le hizo hincar el diente y mordió un pequeño trozo. Se sintió desfallecer, en la gozosa pequeña muerte, y de inmediato supo que moriría del todo.

Dios mantendría su palabra; no obstante, Eva hizo suya la astucia de la serpiente y atrajo a su marido a la trampa mortal. Había cometido la falta y quiso que Adán se asociara. El Midrás hace una curiosa interpretación: Eva actuó como una mujer celosa; la idea de que Adán la sobreviviera y estuviese luego con otras mujeres le resultó insoportable. Ya que iba a morir, no lo haría sola (sospecho que el Midrás no ha de tener clientela femenina).

Con Adán, el procedimiento fue distinto: Eva le tendió el fruto y él mordió, precipitándose sobre la oferta sin pregunta alguna. Ignorante del dislate, no comprendió su significado hasta más tarde, en que, advertidos de sus desnudeces, escondieron sus vergüenzas con hojas de higuera –no de parra, esto sí lo precisa la Biblia– y, avergonzados, corrieron a esconderse ellos mismos. Al momento sonó una voz atronadora:

–¿Dónde estás?

A Dios le importaba Adán. Y la pregunta era retórica, porque El lo ve todo.

–Te oí andar por el jardín y tuve miedo –respondió el miedoso Adán.

–¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol que te prohibí comer?

Dios lo estaba gozando.

–La mujer que me diste por compañera me dio del árbol y comí. –Adán mandó al frente a Eva, y la siguiente pregunta de Dios fue para ella:

–¿Por qué lo has hecho?

–La serpiente me sedujo y comí. –Eva mandó al frente a la serpiente.

Entonces vino la condena de parir con dolor para Eva y el polvo al polvo para Adán.

Según el Midrás, Adán y Eva habían gozado de una engañosa libertad, ya que el destino estaba calculado por el sublime estratega: debían renegar de El para que sus descendientes lo glorificasen.

A Wiesel le preocupa el porqué del castigo y señala dos posibilidades. Una fue apuntada por el Midrás: la condena no se debió a sus pecados sino a que Adán y Eva mintieron inventando excusas: él que era cosa de ella; ella, que de la serpiente. Otra alternativa, menos simplista, es inferir que en esta historia se pone en evidencia una condición trágica de lo humano: el hombre carga sobre sí su carencia de libertad; hasta cuando desobedece a Dios y es castigado, no hace otra cosa que cumplir su designio.

Y Wiesel pregunta: "¿Es ése el motivo por el que Adán y Eva pecaron con tal desparpajo? ¿Para protestar de esa iniquidad? Para decirle a Dios: ‘Ya que no podemos sino cometer esa falta, la cometeremos libremente, conscientemente e incluso deliberadamente’. ¿Aprovecharon la ocasión para proclamar su rebelión frente a las leyes incomprensibles de Aquel que es el Padre y Juez de los hombres?"

El caso es que fueron condenados a muerte, y con ellos sus descendientes, los huérfanos de Adán. Según el Zohar, cada persona que muere se encuentra con Adán y le increpa que por su pecado le toque morir. Y eso es lo que Adán más temía. Se cuenta que, cuando alguien le reprocha su culpa, Adán responde que él cometió sólo un pecado y el muriente muchos. Cada uno es responsable de su propia muerte. Pero, en eterno retorno, Adán muere sin morir en cada muerte, como Prometeo –Prometeo, como él–. Wiesel concluye con palabras conmovedoras: "Al ser expulsados del paraíso, Adán y Eva no se limitaron a resignarse. Enfrentados con la muerte, decidieron combatirla dando la vida y dando un sentido a la vida. Después de la caída se pusieron a trabajar, a construir el futuro y le dieron un rostro humano. Sus hijos morirían, y qué: si un instante de vida contiene la eternidad, un instante de vida vale por la eternidad. El hombre vuelve a comenzar cada vez que decide ponerse junto a los vivos y justificar así el antiguo proyecto del más antiguo de los hombres, Adán, con el que nos sentimos unidos a través de la angustia que lo oprimió y del desafío que lo elevó por encima del paraíso en el que nunca entraremos".

¿Lo supo Adán al probar sin preguntas el fruto prohibido? Lo ignoramos, es arte de la narrativa dejarnos en la incertidumbre. Sea como fuere, Adán y Eva cambiaron el eterno, soso paraíso por un instante de goce. Si Proust dijo que los únicos verdaderos paraísos son los paraísos perdidos, ellos podrían responder que el único verdadero goce es el del paraíso perdido.

"El Éxodo no existió", afirma el arqueólogo Israel Finkelstein

Por Luisa Corradini, La Nación de Buenos Aires

Sus investigaciones han revolucionado la disciplina de la arqueología bíblica cuando afirmó que la saga histórica relatada en los cinco libros que conforman el Pentateuco de los cristianos y la Torá de los judíos no responde a ninguna revelación divina. Dijo que, por el contrario, esa gesta es un brillante producto de la imaginación humana y que muchos de sus episodios nunca existieron.

Israel Finkelstein es un hombre de suerte: aunque sus trabajos de arqueología cuestionan el origen divino de los primeros libros del Antiguo Testamento, judíos y católicos acogen sus hipótesis con auténtico interés y, curiosamente, no lo estigmatizan. Este «enfant» terrible de la ciencia revolucionó la nueva arqueología bíblica cuando afirmó que la saga histórica relatada en los cinco libros que conforman el Pentateuco de los cristianos y la Torá de los judíos no responde a ninguna revelación divina. Dijo que, por el contrario, esa gesta es un brillante producto de la imaginación humana y que muchos de sus episodios nunca existieron.

El Pentateuco "es una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío, realizada 1500 años después de lo que siempre creímos", sostiene Finkelstein, de 57 años, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv. Añade que esos textos bíblicos son una compilación iniciada durante la monarquía de Josías, rey de Judá, en el siglo VII a.C. En aquel momento, ese reino israelita del Sur comenzó a surgir como potencia regional, en una época en la cual Israel (reino israelita del Norte) había caído bajo control del imperio asirio.

El principal objetivo de esa obra era crear una nación unificada, que pudiera cimentarse en una nueva religión. El proyecto, que marcó el nacimiento de la idea monoteísta, era constituir un solo pueblo judío, guiado por un solo Dios, gobernado por un solo rey, con una sola capital, Jerusalén, y un solo templo, el de Salomón. En sus trabajos, que han marcado a generaciones de la nueva escuela de la arqueología bíblica, Finkelstein establece una coherencia entre los cinco libros del Pentateuco: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. Los siglos nos han traído esos episodios que relatan la creación del hombre, la vida del patriarca Abraham y su familia -fundadores de la nación judía-, el éxodo de Egipto, la instalación en la tierra prometida y la época de los Reyes. Según Finkelstein, esos relatos fueron embellecidos para servir al proyecto del rey Josías de reconciliar a los dos reinos israelitas (Israel y Judá) e imponerse frente a los grandes imperios regionales: Asiria, Egipto y Mesopotamia. El arqueólogo recibió a LA NACION en la Universidad de Tel Aviv.

-Durante más de veinte siglos, los hombres creyeron que Dios había dictado las Escrituras a un cierto número de sabios, profetas y grandes sacerdotes israelitas.

-Así es. Para las autoridades religiosas, judías y cristianas, Moisés era el autor del Pentateuco. Según el Deuteronomio, el profeta lo escribió poco antes de su muerte, en el monte Nebo. Los libros de Josué, de los Jueces y de Samuel eran archivos sagrados, obtenidos y conservados por el profeta Samuel en el santuario de Silo, y los libros de los Reyes venían de la pluma del profeta Jeremías. Así también, David era el autor de los Salmos y Salomón, el de los Proverbios y el del Cantar de los Cantares.

-¿Y sin embargo?

-Desde el siglo XVII, los expertos comenzaron a preguntarse quién había escrito la Biblia. Moisés fue la primera víctima de los avances de la investigación científica, que planteó cantidad de contradicciones. ¿Cómo es posible -preguntaron los especialistas- que haya sido el autor del Pentateuco cuando el Deuteronomio, el último de los cinco libros, describe el momento y las circunstancias de su propia muerte?

-Usted afirma que el Pentateuco fue escrito en una época mucho más reciente.

-La arqueología moderna nos permite asegurar que el núcleo histórico del Pentateuco y de la historia deuteronómica fue compuesto durante el siglo VII antes de Cristo. El Pentateuco fue una creación de la monarquía tardía del reino de Judá, destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese reino. Creo que la historia deuteronómica fue compilada, durante el reino de Josías, a fin de servir de fundamento ideológico a ambiciones políticas y reformas religiosas particulares.

-Según la Biblia, primero fue el viaje del patriarca Abraham de la Mesopotamia a Canaán. El relato bíblico abunda en informaciones cronológicas precisas.

-Es verdad. La Biblia libra una cantidad de informaciones que deberían permitir saber cuándo vivieron los patriarcas. En ese relato, la historia de los comienzos de Israel se desarrolla en secuencias bien ordenadas: los Patriarcas, el Éxodo, la travesía del desierto, la conquista de Canaán, el reino de los Jueces, el establecimiento de la monarquía. Haciendo cálculos, Abraham debería de haber partido hacia Canaán unos 2100 años antes de Cristo.

-¿Y no es así?

-No. En dos siglos de investigación científica, la búsqueda de los patriarcas nunca dio resultados positivos. La supuesta migración hacia el Oeste de tribus provenientes de la Mesopotamia, con destino a Canaán, se reveló ilusoria. La arqueología ha probado que en esa época no se produjo ningún movimiento masivo de población. El texto bíblico da indicios que permiten precisar el momento de la composición final del libro de los Patriarcas. Por ejemplo, la historia de los patriarcas está llena de camellos. Sin embargo, la arqueología revela que el dromedario sólo fue domesticado cuando se acababa el segundo milenio anterior a la era cristiana y que comenzó a ser utilizado como animal de carga en Medio Oriente mucho después del año 1000 a.C. La historia de José dice que la caravana de camellos transporta "goma tragacanto, bálsamo y láudano". Esa inscripción corresponde al comercio realizado por los mercaderes árabes bajo control del imperio asirio en los siglos VIII y VII a.C. Otro hecho anacrónico es la primera aparición de los filisteos en el relato, cuando Isaac encuentra a Abimelech, rey de los filisteos. Esos filisteos -grupo migratorio proveniente del mar Egeo o de Asia Menor- se establecieron en la llanura litoral de Canaán a partir de 1200 a.C. Esos y otros detalles prueban que esos textos fueron escritos entre los siglos VIII y VII a.C.

-El heroísmo de Moisés frente a la tiranía del faraón, las diez plagas de Egipto y el éxodo masivo de israelitas hacia Canaán son algunos de los episodios más dramáticos de la Biblia. ¿También eso es leyenda?

-Según la Biblia, los descendientes del patriarca Jacob permanecieron 430 años en Egipto antes de iniciar el éxodo hacia la Tierra Prometida, guiados por Moisés, a mediados del siglo XV a.C. Otra posibilidad es que ese viaje se haya producido dos siglos después. Los textos sagrados afirman que 600.000 hebreos cruzaron el Mar Rojo y que erraron durante 40 años por el desierto antes de llegar al monte Sinaí, donde Moisés selló la alianza de su pueblo con Dios. Sin embargo, los archivos egipcios, que consignaban todos los acontecimientos administrativos del reino faraónico, no conservaron ningún rastro de una presencia judía durante más de cuatro siglos en su territorio. Tampoco existían, en esas fechas, muchos sitios mencionados en el relato. Las ciudades de Pitom y Ramsés, que habrían sido construidas por los hebreos esclavos antes de partir, no existían en el siglo XV a.C. En cuanto al Éxodo, desde el punto de vista científico no resiste el análisis.

-¿Por qué?

-Porque, desde el siglo XVI a.C., Egipto había construido en toda la región una serie de fuertes militares, perfectamente administrados y equipados. Nada, desde el litoral oriental del Nilo hasta el más alejado de los pueblos de Canaán, escapaba a su control. Casi dos millones de israelitas que hubieran huido por el desierto durante 40 años tendrían que haber llamado la atención de esas tropas. Sin embargo, ni una estela de la época hace referencia a esa gente. Tampoco existieron las grandes batallas mencionadas en los textos sagrados. La orgullosa Jericó, cuyos muros se desplomaron con el sonar de las trompetas de los hebreos, era entonces un pobre caserío. Tampoco existían otros sitios célebres, como Bersheba o Edom. No había ningún rey en Edom para enfrentar a los israelitas. Esos sitios existieron, pero mucho tiempo después del Éxodo, mucho después de la emergencia del reino de Judá. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en su peregrinación de 40 años. Hemos sido capaces de hallar rastros de minúsculos caseríos de 40 o 50 personas. A menos que esa multitud nunca se haya detenido a dormir, comer o descansar: no existe el menor indicio de su paso por el desierto.

-En resumen, los hebreos nunca conquistaron Palestina.

-Nunca. Porque ya estaban allí. Los primeros israelitas eran pastores nómadas de Canaán que se instalaron en las regiones montañosas en el siglo XII a.C. Allí, unas 250 comunidades muy reducidas vivieron de la agricultura, aisladas unas de otras, sin administración ni organización política. Todas las excavaciones en la región exhumaron vestigios de poblados con silos para cereales, pero también de corrales rudimentarios. Esto nos lleva a pensar que esos individuos habían sido nómadas que se convirtieron en agricultores. Pero ésa fue la tercera ola de instalación sedentaria registrada en la región desde el 3500 a.C. Esos pobladores pasaban alternativamente del sedentarismo al nomadismo pastoral con mucha facilidad.

-¿Por qué?

-Ese tipo de fluctuación era muy frecuente en Medio Oriente. Los pueblos autóctonos siempre supieron operar una rápida transición de la actividad agrícola a la pastoral en función de las condiciones políticas, económicas o climáticas. En este caso, en épocas de nomadismo, esos grupos intercambiaban la carne de sus manadas por cereales con las ricas ciudades cananeas del litoral. Pero cuando éstas eran víctimas de invasiones, crisis económicas o sequías, esos pastores se veían forzados a procurarse los granos necesarios para su subsistencia y se instalaban a cultivar en las colinas. Ese proceso es el opuesto al que relata la Biblia: la emergencia de Israel fue el resultado, no la causa, del derrumbe de la cultura cananea.

-Pero entonces, si esos primeros israelitas eran también originarios de Canaán, ¿cómo identificarlos?

-Los pueblos disponen de todo tipo de medios para afirmar su etnicidad: la lengua, la religión, la indumentaria, los ritos funerarios, los tabúes alimentarios. En este caso, la cultura material no propone ningún indicio revelador en cuanto a dialectos, ritos religiosos, formas de vestirse o de enterrar a los muertos. Hay un detalle muy interesante sobre sus costumbres alimentarias: nunca, en ningún poblado israelita, fueron exhumados huesos de cerdo. En esa época, los primeros israelitas eran el único pueblo de esa región que no comía cerdo.

-¿Cuál es la razón?

-No lo sabemos. Quizá los protoisraelitas dejaron de comer cerdo porque sus adversarios lo hacían en profusión y ellos querían ser diferentes. El monoteísmo, los relatos del Éxodo y la alianza establecida por los hebreos con Dios hicieron su aparición mucho más tarde en la historia, 500 años después. Cuando los judíos actuales observan esa prohibición, no hacen más que perpetuar la práctica más antigua de la cultura de su pueblo verificada por la arqueología.

-En el siglo X a.C. las tribus de Israel formaron una monarquía unificada -el reino de Judá- bajo la égida del rey David. David y su hijo, Salomón, servirán de modelo a las monarquías de Occidente. ¿Tampoco ellos fueron lo que siempre se creyó?

-Tampoco en este caso la arqueología ha sido capaz de encontrar pruebas del imperio que nos legó la Biblia: ni en los archivos egipcios ni en el subsuelo palestino. David, sucesor del primer rey, Saúl, probablemente existió entre 1010 y 970 a.C. Una única estela encontrada en el santuario de Tel Dan, en el norte de Palestina, menciona "la casa de David". Pero nada prueba que se haya tratado del conquistador que evocan las Escrituras, capaz de derrotar a Goliat. Es improbable que David haya sido capaz de conquistas militares a más de un día de marcha de Judá. La Jerusalén de entonces, escogida por el soberano como su capital, era un pequeño poblado, rodeado de aldeas poco habitadas. ¿Dónde el más carismático de los reyes hubiera podido reclutar los soldados y reunir el armamento necesarios para conquistar y conservar un imperio que se extendía desde el Mar Rojo, al Sur, hasta Siria, al Norte? Salomón, constructor del Templo y del palacio de Samaria, probablemente tampoco haya sido el personaje glorioso que nos legó la Biblia.

-¿Y de dónde salieron sus fabulosos establos para 400.000 caballos, cuyos vestigios sí se han encontrado?

-Fueron criaderos instalados en el Sur por el reino de Israel varios decenios más tarde. A la muerte de Salomón, alrededor del 933 a.C., las tribus del norte de Palestina se separaron del reino unificado de Judá y constituyeron el reino de Israel. Un reino que, contrariamente a lo que afirma la Biblia, se desarrolló rápido, económica y políticamente. Los textos sagrados nos describen las tribus del Norte como bandas de fracasados y pusilánimes, inclinados al pecado y a la idolatría. Sin embargo, la arqueología nos da buenas razones para creer que, de las dos entidades existentes, la meridional (Judá) fue siempre más pobre, menos poblada, más rústica y menos influyente. Hasta el día en que alcanzó una prosperidad espectacular. Esto se produjo después de la caída del reino nórdico de Israel, ocupado por el poderoso imperio asirio, que no sólo deportó hacia Babilonia a los israelitas, sino que además instaló a su propia gente en esas fértiles tierras.

-¿Fue, entonces, durante el reino de Josías en Judá cuando surgió la idea de ese texto que se transformaría en fundamento de nuestra civilización occidental y origen del monoteísmo?

-Hacia fines del siglo VII a.C. hubo en Judá un fermento espiritual sin precedente y una intensa agitación política. Una coalición heteróclita de funcionarios de la corte sería responsable de la confección de una saga épica compuesta por una colección de relatos históricos, recuerdos, leyendas, cuentos populares, anécdotas, predicciones y poemas antiguos. Esa obra maestra de la literatura -mitad composición original, mitad adaptación de versiones anteriores- pasó por ajustes y mejoras antes de servir de fundamento espiritual a los descendientes del pueblo de Judá y a innumerables comunidades en todo el mundo.

-El núcleo del Pentateuco fue concebido, entonces, quince siglos después de lo que creíamos. ¿Sólo por razones políticas? ¿Con el fin de unificar los dos reinos israelitas?

-El objetivo fue religioso. Los dirigentes de Jerusalén lanzaron un anatema contra la más mínima expresión de veneración de deidades extranjeras, acusadas de ser el origen de los infortunios que padecía el pueblo judío. Pusieron en marcha una campaña de purificación religiosa, ordenando la destrucción de los santuarios locales. A partir de ese momento, el templo que dominaba Jerusalén debía ser reconocido como único sitio de culto legítimo por el conjunto del pueblo de Israel. El monoteísmo moderno nació de esa innovación.

La paz de Isaías

Por León Ferrari, diario Página/12, Buenos Aires

Entre las singulares características de la Biblia se cuenta la vecindad en sus páginas de la bondad y de la maldad. Es así que derechas e izquierdas cristianas pueden elegir entre "ama a tu prójimo como a ti mismo" o amenazar al prójimo con el fuego eterno; bendecir a los enemigos o destruir sus templos y convertirlos en letrinas; multiplicar los panes para alimentar a los hambrientos, o castigarlos con una hambre tal, que las madres se comerán a los hijos que les estén naciendo, a escondidas de sus maridos para no compartirlos (Dt 28,53).

Los cristianos progresistas pueden elegir "Bienaventurados los que ahora tenéis hambre porque seréis saciados" (Lc 6,21), mientras los capellanes de la ESMA, para confortar a los marinos que volvían preocupados luego de arrojar gente al mar, preferían otras palabras evangélicas: les decían que no se perturbaran, pues estaban haciendo lo que Jesús dijo que haría al volver: separar los yuyos del trigo –los malos de los buenos– para quemarlos (Mt 13,37).

En algunos casos, no sólo se eligen versículos, sino que se callan otros vecinos que completan su significado, como lo hace Frei Betto en una nota en Página del 24/1/06 donde cita de Isaías "la paz es obra de la justicia" (Is 32, 17), versículo recordado entre otros, por Paulo VI y por Nixon durante la invasión a Vietnam y que el Concilio Vaticano II citó en la Constitución Gaudium et spes como una síntesis del concepto cristiano de la paz. Pero lo que en realidad pensaba Isaías, y lo que sería el concepto cristiano de la paz, sólo se comprende cuando se lee Is 48,22: "No hay paz para los malos", o Is 57,19: "Mas los impíos son como la mar en tempestad, que no puede estarse quieta, y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos".

En su nota, titulada La paz de mis sueños, Betto opina que "Isaías apunta el camino de la paz" y "nos enseña a convivir con quien no es como nosotros, ni piensa como pensamos nosotros y, sin embargo, posee la misma dignidad humana". Pero olvida lo que piensa el profeta sobre los que no son como ‘nosotros’ cuando revela el destino reservado a los impíos anunciando que Dios destruirá a las gentes malas y "entregaralas al matadero, y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor, y los montes se desleirán por la sangre de ellas" (Is 34, 2). La paz de Isaías, que el Concilio hizo suya, es similar a la que anunció la paloma luego del diluvio: es la paz que logran los creyentes –y la que quiere alcanzar el cristiano Bush en Irak– luego de haber exterminado a infieles, malos e impíos.

Vinculado con la paz hay otro versículo de Isaías, "De sus espadas harán rejas de arado y hoces de sus lanzas. Las naciones no levantarán ya más la espada una contra otra y jamás se llevará a cabo la guerra" (Is 2,4). Este versículo, que se cita callando las ideas del profeta, sobre otras cosas que se pueden hacer con las espadas ("llena está de sangre la espada de Jehová", Is 34,6), fue mencionado por Harry Truman, predicando en una iglesia metodista, quien, quizás recordando que con sus espadas no sólo hacía arados, citó también un versículo de Joel, que nos ilustra en cambio, sobre lo que se puede hacer con arados y hoces: "Haced espadas de vuestras rejas de arado y lanzas de vuestras hoces" (Joel 3,10). Truman, tan religioso como Videla, Menem, De la Rúa y ahora Bush, citaba siempre a la Biblia asociándola a su gobierno y recomendaba su lectura, pues "el Viejo y el Nuevo Testamento os mostrarán un camino de vida". Frei Betto piensa algo parecido: "Quizás la meditación de los textos de Isaías nos ayude a recorrer un camino señalado en la geografía bíblica hace 2800 años. Sólo nos queda grabarlo en las entrañas del corazón".

Betto cita otros versículos en los que Isaías critica a la "hijas de Sion" porque andan orgullosas, con ojos provocativos, llenas de joyas y adornos, que Dios arrancará junto a sus vestidos y las castigará llenándoles de sarna su cabeza. Dice que el profeta se refiere a las damas de la elite (cosa que no se deduce del texto bíblico) y calla el final donde el Señor anuncia que sus "varones caerán a cuchillo" (Is 3,25). El autor parece compartir con el profeta la idea de que las chicas que caminaban cubiertas de adornos y perfumes merecían ser castigadas con sarna en la cabeza, pero parece haber pensado que matar a sus parejas era un castigo excesivo y lo calló. Sin embargo, estas crueldades se encuentran frecuentemente en los libros sagrados. Cuando los israelitas se acostaron con las aborígenes moabitas, antes de entrar a Canaan, dios los castigó matando a 24.000. Cuando los seguidores de Moisés en el desierto se lamentaron por la falta de carne añorando el "pescado que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos" y se quejaron del "insípido maná llovido del cielo", fueron diezmados en Kibroth–Hattaavah por "serpientes ardientes que mordían al pueblo".

¿Será que el autor piensa que el "camino de la paz" que nos enseñaría Isaías –que es la paz de sus sueños– es la misma paz que alcanzó Noé en el arca, o Sodoma con el incendio, o los egipcios luego del exterminio de los primogénitos, o la Humanidad cuando vuelva Cristo con los ángeles a concretar sus anuncios apocalípticos?

Los desatinos bíblicos no son inofensivos: su crueldad inhumana ensangrentó milenios y originó intolerancias y discriminaciones que sobreviven, entre ellas, el antisemitismo cristiano, responsable directo de los campos nazis.

Los otros caminos del cristianismo

Por Olivier Pauchard, SWISSINFO. Traducción, Marcela Águila Rubín

Un equipo internacional de investigadores saca de la sombra textos cristianos apócrifos. Esos científicos laboran bajo la dirección del suizo Jean-Daniel Kaestli. Un segundo volumen de esos textos acaba de ser publicado en la prestigiosa Biblioteca de la Pléiade.

La historia del gallo que cantó tres veces cuando Pedro negó a Jesús es bien conocida por los cristianos. En cambio existe otra historia que generalmente ignoran: Cristo habría resucitado a un gallo previsto para la Última Cena y le habría encargado espiar las artimañas de Judas, el apóstol felón.

Si la primera historia es conocida, es porque se encuentra en el Nuevo Testamento. La segunda, en cambio, no figura en la Biblia. La relata el "Libro del gallo", un texto apócrifo de los cristianos de Etiopía.

Los textos apócrifos son textos que fueron redactados durante los primeros siglos de nuestra era por diferentes comunidades cristianas, pero que la Iglesia no ha integrado en el canon bíblico, sea porque se alejaban del dogma sea porque invocaban demasiado lo maravilloso.

Para los lectores francófonos, esos diferentes textos están ahora disponibles en dos volúmenes de la prestigiosa Biblioteca de la Pléiade, ediciones Gallimard. El primer volumen, editado en 1977, fue vendido en cerca de 30.000 ejemplares y el segundo, publicado a finales de septiembre, a más de 5.000.

Esos textos fueron reunidos bajo la dirección del Instituto de Ciencias Bíblicas de la Suiza de expresión francesa, en Lausana, común a las tres Facultades de Teología Protestante (Lausana, Neuchâtel y Ginebra). SWISSINFO conversó con su director, Jean-Daniel Kaestli.

SWISSINFO: ¿Cuál ha sido exactamente su papel y el de su Instituto en esta aventura?

Jean-Daniel Kaestli: El proyecto de colaboración con las ediciones Gallimard inició en 1989. Al principio, nuestro Instituto y la Escuela Práctica de Altos Estudios de París representaban los dos polos de ese proyecto. Pero las colaboraciones se prolongaron al filo de los años.

Nuestro proyecto lo lleva ahora una asociación internacional que reagrupa a más de 60 investigadores de una docena de nacionalidades. Sin embargo, a escala institucional, el Instituto que dirijo, y como consecuencia, la Universidad de Lausana, se mantiene como el centro de este proyecto internacional.

SWISSINFO: Cuando se habla de escrito apócrifo, ¿de qué se habla exactamente?

J-D.K: La palabra apócrifo viene del griego y significa oculto, secreto. En el origen, es un título que se dio a otras obras que aparecieron más o menos al mismo tiempo que las otras obras del Nuevo Testamento. Apócrifo indica que tienen un sentido oculto. En este caso, se trata de un sentido positivo de la palabra. De esa manera es utilizado, en particular, en el título del Evangelio de Tomás, que contiene una colección de palabras de Jesús.

Pero a partir del siglo IV, cuando fue integrado el canon de 27 libros del Nuevo Testamento, la palabra apócrifo sirvió para designar textos que no tenían un lugar en esa colección canónica. A partir de ese momento, un texto apócrifo ha sido considerado como algo que hay que rechazar y del que hay que desconfiar por su contenido de ideas heréticas.

SWISSINFO: Pero en nuestros días, ¿cuál es la posición de las Iglesias, tanto de las protestantes como las católicas en relación con esos textos?

J-D.K.: Hay grandes diferencias en esta masa que nosotros llamamos escritos apócrifos cristianos. Hay textos que circulaban entre grupos cristianos marginales condenados por la Iglesia. Sus textos fueron prohibidos o destruidos y se ignoraba su existencia. Pero nosotros hemos encontrado algunos, por ejemplo, en jarras enterradas en las arenas de Egipto.

Pero también hay apócrifos que nunca fueron condenados por la Iglesia. El ejemplo más conocido es el Protevangelio de Santiago, que narra el nacimiento de María. Se trata, en efecto, de un texto apócrifo, pero que está perfectamente integrado en la tradición de la Iglesia.

SWISSINFO: ¿Su grupo de investigadores ha aportado nuevos conocimientos?

J-D. K.: En el segundo volumen reunimos textos que no forman parte de la colección clásica de los textos apócrifos cristianos. Provienen de comunidades cristianas situadas al margen de los imperios romano y bizantino: las comunidades copta, armenia y etíope.

La mayor parte de esos textos son traducidos por primera vez en francés. Y hay, en todo caso, tres que no habían sido traducidos a una lengua moderna. Para conocerlas había que saber armenio, sirio o etíope, o sino formar parte de las Iglesias de la periferia.

Esos textos, que son traducidos por primera vez, no eran conocidos a fondo más que por algunos pocos especialistas.

SWISSINFO: Esos dos volúmenes publicados en la Biblioteca de la Pléiade conocen un verdadero éxito de librería. ¿No es sorprendente?

J-D.K.: Cuando conocimos las cifras de venta de esos volúmenes nos sorprendimos, pero creo que es explicable, puesto que esos textos gravitan en torno a la Biblia y hay un público que sigue interesado en todo lo que toca a la Biblia.

Existe también una tendencia que se advierte claramente en el éxito de novelas como el código Da Vinci de Dan Brown. Una parte del éxito procede también de esa curiosidad de una parte del público por las tradiciones esotéricas.

Empero, pienso que los lectores que compraran los volúmenes bajo esa óptica quedarían un poco desilusionados. Hay ciertos elementos que pueden sorprender, pero no hay realmente una revelación que sacudiría totalmente la imagen del cristianismo y la comprensión de la Biblia.

SWISSINFO: ¿Como teólogo, qué consejo daría usted al lector para entender esos textos?

J-D.K.: Cada uno va a abrir esos libros con las preguntas y los intereses que le son propios.

Pienso que hay un aspecto que puede interesar a un amplio público. Se trata de comprender mejor cómo han vivido la Biblia los cristianos de diferentes regiones del mundo en el curso de los siglos, cómo la han prolongado, embellecido y completado. Hay todo un aspecto histórico.

Además, conocer mejor esos textos es también conocer mejor la cultura y la Fe de las personas que vivían en las Iglesias que conocemos mucho menos bien que la Iglesia en la que crecimos. En fin, hay también un aspecto literario. Se trata de historias que puede ser apasionante descubrir.

Pero, en lo que me concierne, no considero que esos textos tengan el mismo estatuto o puedan pretender la misma autoridad que los textos del Nuevo Testamento.

Datos clave

- Los textos reunidos en ambos volúmenes reagrupan diferentes géneros bíblicos: evangelios, epístolas, Hechos de los Apóstoles, Apocalipsis.

- El segundo volumen se interesa más especialmente en escritos que provienen de Iglesias cristianas periféricas de los imperios romano y bizantino (Etiopía, Egipto, Armenia, etc.).

- Encontramos allí particularmente el Evangelio según María, que inspiró en parte la trama del Código Da Vinci, de Dan Brown.

- Con esos dos volúmenes, los lectores francófonos disponen ahora de cerca de 80 textos cristianos apócrifos. En comparación, el Nuevo Testamento contiene sólo 27.

- Algunos relatos contenidos en los escritos cristianos apócrifos son conocidos por el público.

- En esos textos se encuentra, por ejemplo, la imagen de Jesús recién nacido en un belén, entre un asno y un buey. Esa escena no es descrita en ninguna parte del Nuevo Testamento.

- La adoración de los tres magos, transformados más tarde en tres reyes, encuentra también su origen en escritos apócrifos.