Pensamiento Crítico

El Salvador: compadrazgo y TLC

None | 28 Febrero 2006

Por José Ma. Tojeira, Diario Co-Latino

El sistema de compadrazgo, basado en el intercambio de favores, y por cierto estudiado por el Padre Segundo Montes en su momento, sigue teniendo vigencia en El Salvador en el campo político. En efecto, recientemente hemos visto, en la campaña de propaganda electorera, al Sr. Presidente condicionando ayudas que son imparcialmente obligatorias, al voto que la ciudadanía dé en favor de determinado alcalde. Tu me das alcaldes de mi partido y yo te doy carreteras y otros favores discrecionales, afirma el discurso presidencial según los medios. Remigio y Gumersindo son los nombres de los alcaldes afortunados con esta especie de compadrazgo del Sr. Presidente. Como buen presidente de un partido nacionalista, al menos ha elegido nombres de alcaldes que son de clara tradición criolla, en vez de los cada vez más abundantes Geovanny, Braian y otras hierbas.

Pero no son sólo los alcaldes del propio partido los que parecen haber llegado al grado de compadres. Las maras, ese fenómeno social que en muchos aspectos no es más que un síntoma de la enfermedad profunda de nuestra sociedad, se acercan también al fenómeno del compadrazgo. En publicidad partidaria hemos visto miembros de maras acusando a otra mara de estar en connivencia con el partido principal de oposición. Las maras, que tanto insulto se han llevado de parte del partido en el gobierno, se convierten ahora en una especie de compadre hablado arenero para acusar al oponente.

Y como el compadrazgo da para mucho, no es extraño que los directores de la campaña arenera pongan a la mara 18 acusando a la MS de ser del Frente, mientras el jefe de la Policía descubra simultáneamente que la 18 está aliada con el Frente para provocar disturbios. Los compadres confiables para ARENA resulta que no son confiables para el Jefe de la Policía, también del mismo partido. ¿Será que el antiguo Atila es miembro infiltrado de la MS en la PNC y por eso acusa a la 18? La lógica no importa, señores, lo fundamental es el sistema del compadrazgo. Y si Ud. lo critica se convertirá en una persona antisistema, que como ya se ha dicho por activa y por pasiva, es lo peor que le puede pasar a un ciudadano.

Menos mal que estamos protegidos contra los partidarios del antisistema por nuestro complejo sistema de alianzas internas e internacionales, garantía total de desarrollo y futuro democrático. En el interior del país los grandes medios de comunicación se ocupan de tenernos tranquilos. Si en época electorera una encuesta dice con seriedad que el FMLN le aventaja con seis puntos a ARENA en la capital, simplemente se la elimina como posible noticia. Los jefes de los medios pertenece a esta compleja red de compadres que nos defiende no sólo contra quienes piensan diferente, sino contra cualquier noticia que inquiete a los del sistema.

En el campo internacional el señor Bush es nuestro amigo, el expresidente Flores nos llevó a la amistad con él, y ahora parece haber caído en el sistema salvadoreño de compadrazgo. Y dentro de poco la OTAN se enriquecerá con nuestra ayuda, al convertirnos en socio estratégico (no táctico, fijémonos bien, sino estratégico). Al ser femenina habrá que llamarla comadre, pero la estrategia es también femenina de modo que todo cuadra.

¿Y el TLC? El tratado no puede ser compadre porque los compadrazgos son entre personas, pero sí puede tener algo de relación. Negociado con muy poca transparencia, anunciado con una publicidad parecida a la electorera y aprobado en un clásico madrugón sin debate, todo tiene relación con otro tipo de compadrazgo, llamémosle, más estructural. El gobierno empresarial autoritario ha firmado un tratado que asegure más ganancias para quienes siguen teniendo ganancias económicas aunque el país apenas crezca y se desarrolle. El modelo económico de El Salvador, agotado o mal administrado, no me meto en la discusión, no ha sido óbice ni obstáculo para que unas minorías sigan ganado dinero a espuertas. La riqueza se sigue acumulando en grandes cantidades en muy pocas manos, mientras el país renquea en el crecimiento económico y fracasa en una redistribución justa de la riqueza que entre todos producimos. Los que no pertenecemos a ésta élite voraz, que sigue ganando dinero mientras la gente tiene que marcharse del país por falta de oportunidades, no sabemos si el TLC nos va a ayudar o no. De hecho no hemos sido invitados a debatir ni se nos ha informado adecuadamente. Definir al Gobierno como empresarial y autoritario no es otra cosa que recordar su compadrazgo con unos pequeños grupos privilegiados, los únicos que hasta ahora están convencidos plenamente de que el TLC es positivo para ellos.

La pregunta básica que queda es si este sistema de compadrazgo, con todos los signos de atraso, corrupción e injusticia que entraña, es compatible con el desarrollo justo. El hecho de que el compadrazgo presidencial sea incompatible con la legislación electoral no causa problemas, ni judicialmente ni en el campo de los medios, a la vida democrática del país. Porque los compadres, aunque a veces se critiquen, se aman profundamente entre ellos. Pero el sistema de compadrazgo económico en favor de quienes tienen más, crea siempre tensiones, dificultades, atraso en el campo del desarrollo. Disfrazado de una retórica cada vez menos brillante, y más llena de contradicciones, este tipo de compadrazgo en el campo de la justicia, de los negocios, del control de los grandes medios, se une ahora a un TLC en el que los competidores son de ligas mayores. El temor es que acostumbrados a este tipo de compadrazgo, nuestro liderazgo económico se conforme con utilizar el TLC para seguir concentrando la riqueza, sin preocuparse por la redistribución de la misma. Y ahora fortalecidos por socios internacionales. Y por supuesto por el gran compadre: el Gobierno empresarial autoritario.