Pensamiento Crítico

Mujica quiere que Uruguay logre su desarrollo a partir de la agricultura

Por Víctor Carrato. | 15 Junio 2009
Por Víctor Carrato. Diario La República, Uruguay. El sábado a las 9.30 José Mujica, precandidato del centro-izquierdista Frente Amplio, recibió a este diario en su pequeña chacra de Rincón del Cerro. En una larga entrevista no sólo planteó su proyecto estratégico, sino que además mostró sus aptitudes de estadista, saliendo por fuera del magro debate electoral. –Probablemente hay pocos políticos en esta campaña que hayan estado en dos gobiernos, el actual y el del Partido Nacional de 1958. ¿Usted era el secretario del ministro de Industrias, Enrique Erro? –Yo era secretario general de la juventud de Erro. Este tuvo una serie de conflictos muy duros, entre ellos con la Comisión Honoraria del Azúcar, por el precio del azúcar lo quisieron coimear. Erro metió preso a un personaje de aquella época. Era una de las tantas crisis que empezaban a insinuarse en los partidos tradicionales. Cosa curiosa porque, fíjese usted que nosotros antes de ayer fuimos a un lugar llamado El Parao, una rinconada imponente, con tierra llena de piedra y granito. Había un hombre viejo que me dijo: “Usted es el segundo presidenciable que viene acá. Hace 50 años vino Benito Nardone. Después no vino más nadie”. El tipo lo tenía registrado. –¿Cuánta gente vive en esa localidad? –Deben ser unas 80 o 100 personas. En el Uruguay profundo quedan unas seis o siete mil familias sin luz. ¿Qué época vivimos? A mi juicio, no sé si el hombre que va a venir será más feliz o menos, pero a ojos vista entramos en la civilización del conocimiento, donde la principal forma de propiedad, no la única pero la principal, es la propiedad del conocimiento. Uruguay tiene un conjunto de problemas de corte estratégico, que son muy importantes para dentro de 25 años. Uno, el Uruguay está ubicado casi en el centro de la última reserva agrícola que le queda a la humanidad. El mundo dispone de apenas 1500 millones de hectáreas agrícolas. Allí están los límites biológicos elementales para producir comida. Y de aquí al 2030 se necesita el doble de comida, para seguir comiendo mal y desigual como hoy, por el crecimiento de la población mundial. Después, probablemente, cambie la curva demográfica del mundo, porque el área emergente va a ir mermando su natalidad. Pero hasta ahí se va a dar una tensión en la demanda de alimentos. Eso significaría que habría que duplicar, por lo menos, en estos años, la producción global. No es fácil, no es sencillo, porque existen barreras biológicas. Por ejemplo, usted no puede poner el doble de fertilizante en una hectárea porque si no se agrede al medio ambiente. Existen elementos positivos como las biotecnologías, que pueden ayudar. –Cuando todavía no se había terminado de hablar de Chile como modelo en medio de esta crisis, se dio a conocer que ese país entró en recesión. ¿Cómo lo ve? –El cobre es lo que lo ha mantenido a Chile viento en popa, con todo lo demás que dijeron y que es real, pero el cobre, por momentos, había subido, en proporción, mucho más que el petróleo. La crisis mundial ha tirado abajo la demanda. Seguramente que lo está sintiendo. Pero me da la impresión de que, por un tiempo, vamos a seguir asistiendo a un relativo enfriamiento de la financiación de las exportaciones desde el mundo rico hacia el pobre, donde adquiere gran importancia el uso de los recursos propios y su inventiva y el no abandono del valor que tiene el mercado interno, a pesar de ser muy pequeño, en países como el nuestro. Se están notando en el mundo central signos de proteccionismo que, inequívocamente, nos van a afectar. Entonces vamos a tener que tomar cuidado de impulsar una política de paliativos. Si Chile, que se ha dicho que ha hecho las cosas tan bien y ha suscrito tratados de libre comercio a troche y moche, por lo visto, no hay tanto libre comercio en el mundo. (Risas.) De estas cosas hay que aprender el valor que tiene la región y nosotros tenemos que ser precavidos. Me parece que el comercio exterior va a estar complicadito, aunque no tanto para el Uruguay. Algunos de nuestros productos siguen valiendo. Lástima que no tenemos mucho. Uno de ellos es la carne que se sigue vendiendo bien. Pero nadie sabe si esto dura dos años o tres. –En cuanto a las políticas estratégicas que usted plantea, ¿se puede dejar de discutir la chiquita y encarar acuerdos de largo plazo? –Yo planteé un esquema que podría resumirse en esto: un país que utilice todos los caminos posibles que contribuyan a especializarlo, no únicamente, pero una fuerte especialización, en el desarrollo de recursos que rodean la biología agropecuaria, como motor principal de una hipótesis de desarrollo de futuro. ¿Atrás de qué? De la necesidad de vender inteligencia, productos calificados. Ello no significa abandonar las otras ramas, significa marcar eso. Lo hago en función de interpretar lo que va a devenir en la región, pero acepto que otros puedan discrepar. Lo que me cuesta aceptar es que el país no necesite una definición central de rumbo. –Llegar a un acuerdo en que el déficit fiscal tiene que ser el menor posible o que no tiene que haber es relativamente fácil, porque todo el mundo piensa eso. –Ya es un lugar común. –Pero, ¿no hay capacidad en los partidos políticos uruguayos para acordar en pensar el país con visión estratégica? –Estamos en una etapa previa, no es que no haya capacidad, eso sobra en todas partes. Es que no está planteada la necesidad. Acepto que me digan: “Estás loco. Especialización en la biología, no”. Lo que no acepto es que me den otra hipótesis de rumbo, porque andamos como una hoja al viento. –¿Es posible mejorar las relaciones con Argentina? –Hay que pelearlo, yo creo que sí. El corte del puente se va a terminar, no da para mucho más. Empieza a haber mucha resistencia allá mismo, empieza a haber cansancio. Para nosotros es estratégica la relación con Argentina. Las repercusiones de la Argentina acá, desde el punto de vista de la economía, son fundamentales. Tienen razón los que luchan por el turismo. Es una bruta actividad. Hay cantidad de uruguayos que se ganan la vida con eso. Vamos a ser coherentes: el 80 por ciento del turismo es de Buenos Aires. No se puede vivir de espaldas a eso. Y tenemos entre 300 mil y 400 mil uruguayos viviendo allá. No es poca cosa. –¿Qué tipo de integración podemos tener con nuestros vecinos en el Mercosur en ese sentido? –Creo que ellos van a ser un mercado demandante, ya lo son. Las importaciones de Argentina en estos terrenos son gigantescas y de Brasil no te digo nada. Porque si fuéramos un país como China o como Brasil, no tendríamos que tener estas discusiones. Por el solo devenir del mercado sus especialidades son prácticamente todo, pero nosotros somos un pequeño país. No podemos ser especialistas en todo, estamos locos. Tenemos que ser brillantes en algo. Por ejemplo, los finlandeses, que son pequeños como nosotros, han construido un modelo de nación a partir de explotar lo único que tenían, que era la madera, en un lugar muy frío. Se aburrieron de que los suecos la llevaran a trabajar ellos, agarraron la celulosa, el papel, se fueron calificando, pero nunca abandonaron los troncos. Se hicieron capos en eso, pero de allí sacaron elementos para el desarrollo de la electrónica. Hoy Nokia es capo. Eso lo financiaron los troncos. En alguna medida, lo que estoy planteando es eso. Seamos un país agropecuario, usémosla como banco de pruebas y de desarrollo, pero no sólo para vender pulpa. No, sino para vender conocimiento en la región.