Pensamiento Crítico

La república «bananera» de Nueva York

Por Ricard González, diario El Mundo, España | 18 Junio 2009
Por Ricard González, diario El Mundo, España La ciudad de los rascacielos puede ser la capital financiera del mundo -aunque tal como están las cosas no sabemos por cuánto tiempo-, y el faro cultural del globo, con sus diseñadores, restaurantes y clubes nocturnos tan "cool" que marcan tendencias que otros copian. Pero a nivel político, parece más bien la capital de una república "bananera". Y es que los detalles de la batalla política que libran los senadores demócratas y republicanos del Estado de Nueva York parecen sacadas de un vodevil, o una de las obras del esperpento de Valle-Inclán. Woody Allen, uno de los cineastas más vinculados a la "Gran Manzana", debería plantearse relatarlo en su próximo largometraje. Material cómico no le faltaría. Todo empezó el lunes pasado, cuando los republicanos de la cámara alta del Estado de Nueva York pidieron una votación para sustituir al líder de mayoría parlamentaria. Los demócratas creyeron que se trataba de un brindis al Sol, un intento de golpe de efecto en este teatro que es a menudo la política, pues desde las elecciones del pasado noviembre tenían una mayoría de 32 a 30 senadores. No obstante, al contar rutinariamente los votos de los dos bloques políticos, el presidente demócrata del Senado comprobó estupefacto que el resultado era el inverso al esperado: los republicanos vencían por 32 a 30. La confusión no cegó sus instintos partidistas, por lo que en lugar de proclamar el cambio de liderazgo en la cámara, decidió suspender la sesión de forma cautelar. Los republicanos montaron en cólera, pues la votación había cumplido todos los requisitos legales. Entre la algarabía republicana, los demócratas decidieron abandonar la sala. Pero dos permanecieron en sus escaños: Pedro Espada, e Hiram Monserrate, los dos tránsfugas. Entonces, para evitar que se repitiera la votación, al salir de la sala los demócratas apagaron las luces del hemiciclo. Sin embargo, a oscuras, los 32 senadores presentes consiguieron elegir un nuevo líder de la mayoría, y al propio Espada presidente del Senado. Obviamente, la elección no fue reconocida por los demócratas, que presentaron una demanda judicial. Además, cerraron el Senado a cal y canto, y se negaron a entregar las llaves. Espada y Monserrate son dos "perlas" de la política local neoyorquina. Ambos tienen problemas judiciales, el primero por corrupción, y el segundo por violencia doméstica. Según informaba The New York Times, Espada está siendo investigado por la fiscalía por enviar fondos públicos a la empresa Soundview HealthCare, que no sólo fundó él mismo, sino que es aún su director ejecutivo. Por lo que parece, además, el dinero podría haberse utilizado para actividades fraudulentas. En cuanto a Moserrate, fue arrestado en diciembre por haber realizado un corte en la cara a su pareja, Karla Giraldo, con el cristal de un vaso roto durante una acalorada discusión en su apartamento. Monserrate ha sido procesado, y afronta una pena de siete años de cárcel. Sin embargo, es muy posible que sea absuelto, pues Giraldo ha cambiado su declaración porque "se equivocó" al contar los hechos, y ahora asegura que el corte "fue sólo un accidente". Este lunes, una semana después de la bochornosa votación y solucionado el problema de las llaves, se han presentado a la cámara 31 senadores, los treinta republicanos elegidos en las urnas más Espada. La sesión fue breve, pues la institución no contaba con el "quórum" de 32 representantes necesario para funcionar. La pregunta era, ¿y dónde está Monserrate? Pues resulta que ahora ha decidido volver al redil demócrata. "Necesitamos recuperar el Senado", dijo a los medios insistiendo en su renovado amor el programa y colores del Partido Demócrata. Total, que la institución se encuentra paralizada con un empate a 31 votos. Ni los demócratas pueden recuperar el control de la Cámara, ni los republicanos disfrutar de su liderazgo para aprobar nuevas leyes por falta de "quórum". En esta circunstancia, lo ideal sería que el gobernador, David Patterson ejerciera de árbitro. El problema es que su apoyo y legitimidad se encuentran por los suelos. Patterson se convirtió en gobernador del Estado sin pasar por las urnas, después de que su predecesor, Eliot Spitzer, tuviera que dimitir al ser procesado por frecuentar de un prostíbulo ilegal de Washington. Todo parece indicar que no se acaba aquí espectáculo bananero. Continuará...