Pensamiento Crítico

México: ¿está negada la vía electoral?

None | 06 Septiembre 2005

Está visto que por medio de las elecciones no se ha logrado alcanzar la transformación económica, política y social del país. El mejor ejemplo de ello es el fracaso del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, el cual fue aniquilado por un sangriento golpe militar y la imposición de una dictadura que combatió hasta sus últimos días a quienes simpatizaron o militaron en ese esfuerzo popular. Así hemos visto caer a lo largo del continente a muchos gobiernos democráticos acompañados por la mayoría de la población, como en los casos del gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala o del FSLN en Nicaragua, derrotado en las urnas por la derecha contrarrevolucionaria sostenida por los Estados Unidos.

A pesar de esas circunstancias, una vez que las dictaduras dejaron el escenario en el cono sur, el pueblo organizado empujó hacia la lucha electoral en un marco de cambios profundos en los medios, instrumentos y relaciones de producción, que modificaron la geopolítica y las formas de organización social de la producción, debilitando la organización sindical y los derechos humanos, perdidos en las limitaciones y debilidades de los estados nacionales, suplantados por los nuevos centros de poder supranacionales.

Esta situación se generó ante la extraordinaria cantidad de trabajadores expulsados de las fábricas y de un creciente ejército de desempleados cuyas potencialidades eran y son negadas por la especialización y las necesidades de un mercado cada vez más inhumano. La debilidad organizativa fue evidente ante la avalancha de una serie de elementos nuevos en la producción y su casi clandestina e inexistente vida, producto de años de persecución o proscripción en los países con gobiernos de facto; pero sobre todo, ante la caída de los regímenes de Europa Oriental que provocó en los capitalistas una eufórica y agresiva ofensiva sin precedentes en contra del trabajo.

En estos años han sido evidentes las derrotas de los trabajadores a manos de los capitalistas neoliberales, quienes ante la falta de condiciones para enfrentar las difíciles circunstancias, se trazaron la ruta de la participación electoral, como única vía legal que alejaba de la represión sus protestas. Así, organizaciones sindicales de varios países del continente iniciaron su participación electoral, ante la imposibilidad de levantar otras opciones de respuesta frontal. Sin embargo, la vía electoral se fue debilitando prácticamente en los primeros años de democracia limitada y las expectativas se fueron diluyendo por la cooptación, en muchos casos, de cuadros sindicales y populares importantes y porque la opción electoral ha caminado siempre en el marco del Estado y su clase dominante, la cual por este medio legitima su oferta y mantiene sus estructuras de dominación.

Pero es necesario mencionar que en ese paso de riesgo de las organizaciones populares, también se comenzó a generar una nueva discusión en torno a la lucha de clases y las formas que ésta debía tomar desde la perspectiva de los trabajadores. Sin duda, dos elementos de singular importancia fueron, por una parte, la claridad y resistencia del pueblo cubano como opción popular y, por otra, la resistencia de diversos movimientos reivindicativos de la «sociedad civil» que nutrieron el campo popular ante la ausencia de protagonistas de clase y que se desarrollaron fuera del marco de sus respectivos países.

Fue en ese espacio cuando hace su aparición el EZLN como un nuevo movimiento armado con una proclama de guerra contra el gobierno y su ejército hasta su derrota y la instauración de una nueva sociedad que diera cumplimiento a sus famosos once puntos de la Primera Declaración de la Selva Lacandona en 1994.

La irrupción del EZLN y todo lo que ha implicado su conducta revolucionó la discusión y el debate por la disputa del futuro y las formas de lucha que tendrían que adoptarse en las nuevas circunstancias por el campo popular. La visión de este grupo armado dimensionó la correlación de fuerzas y motivó nuevos mecanismos y la creación de nuevas conceptualizaciones que nutrieron a los movimientos y fortalecieron la resistencia.

Pero la opción electoral no fue abandonada aún y se mantuvo en prácticamente todos los países del continente, en donde han jugado un papel erosionador de las «virtudes» del régimen de partidos en el marco del capital. Por esa vía, movimientos populares arribaron a los gobiernos locales y a los parlamentos, desde donde denunciaron y alimentaron la insurrección social que, como el caso de Ecuador, Bolivia y Perú, acabaron con la caída de los presidentes neoliberales.

Ha sido el marco legal neoliberal venezolano el que permitió el ascenso del presidente Hugo Chávez Frías y la generación de un nuevo constituyente que elaboró la Constitución que hoy los rige. El gobierno de Venezuela mantiene hasta el momento el régimen de partidos y posibilita la participación electoral, pero al mismo tiempo construye con el pueblo las condiciones para establecer un Estado de nuevo tipo, de carácter popular.

Los caminos del pueblo para construir sus contrapoderes son diversos y surgen de circunstancias específicas y momentos concretos. Pero, además, es producto de sus propias organizaciones, de la capacidad que éstas han desarrollado y de la claridad con que se plantean sus objetivos y la táctica de cada momento. Es ahí donde subyace su radicalidad y no sólo en posiciones estridentes que poco aportan a la unidad y que, en muchos casos alejan a importantes sectores del pueblo. Peor será, si en su afán por imponer su visión desarrollan una política de señalamientos y descalificaciones que, en el pasado inmediato, sirvió para implantar una política interna de terror entre diversas tendencias. Esto puede llevar a conflictos que debiliten el objetivo táctico y alejen los planteamientos estratégicos; cuestión que se resuelve atendiendo la crítica y la autocrítica de manera responsable, de tal forma que este ejercicio conduzca a la definición de las condiciones específicas y concretas del entorno y al método con que se atenderán las contradicciones en el seno del propio movimiento. Hacerlo así implica atender la unidad y la diversidad de posiciones que el espectro popular presenta.

Lo anterior en referencia a las circunstancias actuales en donde el movimiento popular se mueve entre la Sexta Declaración de la Selva emitida por el EZLN y la coyuntura electoral, en donde un vasto sector se asume por la candidatura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Esto obliga al movimiento a discutir sobre tales hechos y a asumir de manera responsable la táctica más adecuada para fortalecer la unidad y cerrarle el paso a la división. En lo particular, creo que esta discusión no se ha dado y está apenas comenzando, por lo que es necesario abundar en ella y, por lo pronto, abandonar cualquier actitud que apunte hacia la profundización de las diferencias que en materia de táctica se mantengan. La historia nos ha demostrado que la verdad es siempre relativa y que quién ose poseerla en definitiva topará con el fracaso y se inscribirá en la relación de los absolutistas.

No es un asunto menor, porque al menos hasta el momento AMLO concentra una alta popularidad con respecto a sus adversarios políticos en ese terreno; lo que significa (como se ha visto y corroborado) que una gran cantidad de personas está en la intención de participar en la elección de 2006 con él, a pesar de los comentarios de Marcos y de Cárdenas. Habría que determinar si una cosa niega a la otra.