Pensamiento Crítico

Samaranch, franquista, fascista, repulsivo

Varios autores | Revista Sin Permiso | 02 Mayo 2010
Juan Antonio Samaranch se murió el 21 de abril. Reproducimos dos artículos que aportan algunos datos biográficos de este personaje. El primero fue publicado meses después de la muerte del autor, el periodista Huertas Clavería (el 4 de marzo de 2007), por La Veu del Carrer, la revista editada por la Federació d’Associacions de Veïns de Barcelona en 2008 y esta semana ha sido recogido por el semanario Directa. El segundo, escrito por Carles Muntaner y Joan Benach, es una demoledora crítica de Samaranch.

Esbozo biográfico de un fascista

Por Huertas Claverfía, Semanario «Directa», n.º 181, 28 abril 2010. Traducción: Daniel Escribano, SinPermiso. "Joan, mañana cuando os levantéis yo ya me habré ido y no pienso volver", le dijo Juan Antonio Samaranch al escritor Joan Llarch en la Curullada, un pueblecito en la Segarra (Lleida) donde ambos estaban destinados en 1938 como soldados de la 60ª división republicana bajo el mando del dirigente comunista José del Barrio. Y es que Samaranch, algunas veces, ha tenido una irresistible tendencia a huir cuando caen chuzos de punta, como también sucedió en 1977. Fracasado el partido Concòrdia Catalana[1] en su intento de sacar algún diputado en las primeras elecciones democráticas, consiguió ser nombrado embajador en Moscú y puso tierra de por medio. Juan Antonio Samaranch nació en Barcelona el 17 de julio de 1920, un día que siempre consideró providencial. Dieciséis años después, Franco se sublevaba contra la República; el 17 de julio de 1973 sería nombrado presidente de la Diputación de Barcelona y, exactamente cuatro años más tarde, dejaría el cargo para ir como embajador a la entonces URSS. Y el 16 de julio de 1980 fue nombrado presidente del Comité Olímpico Internacional (COI). El padre de Juan Antonio Samaranch era un industrial textil que tenía la empresa en Molins de Rei (Barcelona), que haría agua durante la crisis de los años 70. El joven estudió lo que a la sazón se llamaba Comercio y se convirtió en profesor mercantil. Le llamaron para servir de soldado a los dieciocho años, pero huyó y se pasó al bando franquista. En 1946 cayó enfermo de tuberculosis, pero se curó y se dedicó más al deporte que a los estudios. Hizo de boxeador alguna vez, pero donde realmente se hizo un nombre fue como jugador de un deporte poco conocido, el jockey sobre patines, del que se convirtió en seleccionador nacional en Barcelona. Con sus amigos Juan Vilà Reyes y Federico Gallo tenía tres cosas en común: hablaban siempre en castellano, querían hacer carrera dentro del régimen franquista y eran del Español. Además, Samaranch tenía fama de faldero. En 1955 fue nombrado concejal del Ayuntamiento de Barcelona, pero al tomar posesión del cargo, el gobernador civil del momento, Felipe Acedo, le dijo: "joven, a mí los concejales me gustan casados" y, siempre obediente al poder, el 1 de diciembre de ese mismo año se casó con María Teresa Salisachs en la catedral de Barcelona. Empezó a valorar mucho la información y se rodeó de un grupo de periodistas, además de alternar con los círculos de Madrid, donde se hizo amigo del marqués de Villaverde, el yerno de Franco, hasta el punto de que el dictador le nombró delegado nacional de Deportes en 1966. Deporte y política siempre han sido una buena combinación en la vida de Samaranch. En 1967 ya era procurador en las Cortes, mientras se dedicaba a participar en empresas inmobiliarias con un toque de especulación, desde la construcción del barrio de Ciutat Meridiana hasta el abortado proyecto de una ciudad de vacaciones en el Prat, donde tenía intereses el banquero Jaume Castell. En 1973, Samaranch se convirtió en presidente de la Diputación de Barcelona, cargo que ocupó cuatro años, durante cuyo ejercicio le sorprendió la muerte de Franco ("soy franquista ciento por ciento", dijo en aquel momento). Listo como el hambre, vio que un futuro político no era posible y se fue a la URSS a labrarse un futuro paradeportivo y lograr los votos imprescindibles de los países a la sazón comunistas para ser nombrado presidente del COI. Como han dicho algunos, su pasado fascista parece que se borró cuando, otro día 17, pero de octubre y de 1986, anunció que los Juegos Olímpicos de 1992 se celebrarían en Barcelona. Dicen que llevaba una castaña en el bolsillo, una costumbre habitual en él, tan supersticioso, como la de intentar que los hechos importantes de su vida cayeran en 17 de julio. Irse del COI lo hizo un día antes, el 16 de julio de 2001. Cuatro meses antes, el Ayuntamiento de Lausana, la ciudad del COI, se opuso a una petición de que fuera declarado ciudadano de honor, por su pasado franquista. Años antes, en cambio, el Ayuntamiento de Barcelona le había concedido la medalla de honor de la ciudad. Nota del traductor (1) Coalición formada por el Partit Conservador de Catalunya (Juan Antonio Samaranch), Catalònia, Partit Polític Català y Partido Social Regionalista (Unión Institucional), que se retiró de la contienda electoral después de que el presidente del segundo gobierno de la monarquía y ministro secretario general del Movimiento del primero, Adolfo Suárez, anunciara su presentación como candidato de la Unión de Centro Democrático, donde se integró gran parte de los miembros de Concòrdia Catalana. Datos extraídos de Andreu Mayayo: La ruptura catalana. Les eleccions del 15-J del 1977, Catarroja: Afers, 2002, p. 263. (***) Josep Maria Huertas Claveria fue periodista y activo luchador antifranquista. Conoció las cárceles franquistas y fue sometido a un consejo de guerra por un artículo periodístico en que informaba de los burdeles regentados por viudas de militares. Este texto formaba parte de una biografía sobre Samaranch encargada por Edicions 62 i la Enciclopèdia Catalana, cuya inclusión fue rehusada alegando que éste constituía "un prohombre de Cataluña".

En la muerte de un fascista catalán

Por Carles Muntaner y Joan Benach Aunque a la mayoría de catalanes les gusta pensar que su sociedad es de centro- izquierda, cualquier historiador sabe que la burguesía catalana fue cómplice del fascismo apoyando, explícita o implícitamente, a Franco. Uno de los fascistas catalanes más infames ha sido el recientemente fallecido Juan Antonio Samaranch, nombrado Marqués por el rey Juan Carlos, otro de los protegidos de Franco. Cuando éramos niños en los años sesenta en las grises calles del Eixample en Barcelona, algunos nos reíamos de sus carteles que con frecuencia aparecían durante las "elecciones". Obviamente, subestimábamos el permanente privilegio de clase, la obsesión de poder y la pura adulación que llevaría a Samaranch a la notoriedad internacional. Su apoyo sin miramientos al dictador y su régimen fascista, junto con su proyección internacional gracias a los múltiples cargos políticos conseguidos merced a su ambición, oportunismo, y obsesión de poder, y las serviles y amnésicas valoraciones realizadas tras su muerte, lo hace particularmente ofensivo y deben hacernos reflexionar. Samaranch nació en una familia burguesa de la industria textil, mostrando desde el principio su admiración por el fascismo y en contra de los trabajadores. Enric Llorens, militante socialista, ha recordado recientemente como su padre, amigo de escuela de Samaranch, contaba como éste llevaba una insignia nazi. Cuando le preguntaba por qué la llevaba, Samaranch contestaba que "aquello (el nazismo) era el futuro y que siempre había que estar con los ganadores". El golpe de Estado de 1936 de Franco con el apoyo de los militares, los bancos, la iglesia y los grandes terratenientes le sorprendió en la zona republicana por lo que huyó a Francia para más tarde regresar y unirse a la Falange (el partido fascista que hasta nuestros días acosa a españoles con la persecución del juez Baltasar Garzón, fiscal de los delitos cometidos durante el régimen de Franco desde 1936 hasta 1977). Samaranch estudió en la Escuela de Negocios IESE, conocida por sus vínculos con el Opus Dei, una organización católica ultraconservadora, y trabajó como periodista deportivo lo que le permitió iniciar una carrera política donde, ya desde los años 50, acumuló una retahíla de cargos: Concejal de Deportes en Barcelona (1955), miembro del Comité Olímpico español (1956), Delegado de Deportes de Cataluña (1962), Procurador en las Cortes Españolas (1964), Delegado Nacional de Deportes (1967) (equivalente a Ministro de Deportes), y Presidente de la Diputación de Barcelona (1973). En 1966 fue elegido miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), y en 1970 de su comité ejecutivo. Ya con la democracia, se convirtió en embajador en Moscú, cargo que utilizó para ser elegido en 1980 como presidente del COI. Adulador sin límites desde sus días de amistad con la hija de Franco, elogió sin cesar a Avery Brundage, su predecesor en el COI, como medio para promover su propio nombramiento. En sus últimos años se convirtió en presidente de "La Caixa", la mayor de las instituciones de ahorros españolas. (En la fotografía se observa como, aún en 1974 (ver imagen), Samaranch exhibía con orgullo su alianza a un régimen que envió más de un millón al exilio y asesinó a cientos de miles de civiles durante y después de la guerra. Con el brazo derecho fascista al aire, Samaranch rinde homenaje al 38 aniversario del golpe de estado fascista de Franco. A la muerte del dictador, fue entrevistado sobre el fascismo de Franco señalando que fue "... uno de los más brillantes periodos de la historia de España, sin duda alguna". Samaranch añadió: "Yo conocí al jefe del estado, a Francisco Franco, lo he visitado en numerosas ocasiones, pero muy especialmente cuando tuve el honor de estar al frente del deporte español y entonces me di cuenta de su singular inteligencia al percatarse del enorme valor social que tenía el deporte en nuestro siglo y la enorme arma que era el deporte para la educación y formación de nuestra juventud. O sea, que todos los españoles lloramos la desaparición de Franco, pero yo creo que los deportistas españoles aún la tenemos que llorar más".) Las fechorías de Samaranch como miembro del COI han sido bien documentadas (ver "Los Señores de los Anillos" por Andrew Jennings, quien terminó en la cárcel por exasperar a Samaranch añadió: "Yo conocí al jefe del estado, a Francisco Franco, lo he visitado en numerosas ocasiones, pero muy especialmente cuando tuve el honor de estar al frente del deporte español y entonces me di cuenta de su singular inteligencia al percatarse del enorme valor social que tenía el deporte en nuestro siglo y la enorme arma que era el deporte para la educación y formación de nuestra juventud. O sea, que todos los españoles lloramos la desaparición de Franco, pero yo creo que los deportistas españoles aún la tenemos que llorar más." Samaranch y sus compinches). Samaranch pidió enfermizamente el derecho a ser tratado como Marqués (título otorgado por el Rey en 1991), a ser llamado "excelencia", dirigiendo el COI en forma autocrática (obsesionado como estaba con la necesidad de una "sagrada unidad", una cultura de obediencia que él aprendió de la visión totalitaria del fascismo del mundo militar, la iglesia, el gobierno, las relaciones laborales y la monarquía). Adulador sin límites desde sus días de amistad con la hija de Franco, insistió en elogiar a Avery Brundage, su predecesor en el COI, con múltiples cartas no solicitadas como medio para promover su propio nombramiento. Transformó los Juegos Olímpicos en una gigantesca franquicia que mercantilizó numerosas ciudades (Atlanta 1996, Los Angeles 1984) lo que provocó enormes deudas (Atenas 2004; Sydney 2000), un mercado laboral contrario a los trabajadores e inmigrantes (Barcelona 1992), un desplazamiento masivo de residentes (Beijing 2008), o la destrucción del medio ambiente (Vancouver 2010). Lejos quedan los días del espíritu olímpico cuando dio la bienvenida a la profesionalización de los deportes y la obligada venta de ciudades enteras en beneficio de las corporaciones globales. Esto dio lugar a la postergación y el abandono de las necesidades más urgentes de las ciudades (vivienda asequible, empleos dignos, espacios verdes, atención sanitaria, por nombrar sólo unas pocas). La cultura de la componenda y amiguismo que promovió en el COI le atrapó en 1998 en la designación de Salt Lake City con denuncias de corrupción que comportaron una investigación interna. Aunque quedó absuelto de toda culpa, fue él quién había elegido a la mayoría de miembros del COI (incluida Francis Nyangweso, ex-ministra de defensa del Dictador de Uganda Idi Amin), no olvidemos el carácter antidemocrático de esa institución. Cuando en una ocasión se le adujo que el COI era un organismo no democrático, Juan Antonio Saramanch apuntó: "yo diría que es elegido democráticamente, elegido democráticamente entre nosotros". Convencido de la importancia de su control personal, al explicar cómo se consiguieron los Juegos de Barcelona lo dijo redondamente: "si tú tienes el poder lo tienes todo". Apegado hasta el límite a su cargo, cuando finalmente lo tuvo que dejar señaló: "Me voy porque me tengo que ir, no porque me quiera ir. No me queda más remedio". Desde entonces, fue presidente honorario vitalicio del COI. Desafortunada, pero previsiblemente, los políticos y poderosos y la gran mayoría de medios de comunicación de la prensa oficial española e internacional han decidido ignorar el pasado de Samaranch y los hechos que jalonan su biografía para centrarse en su „visionaria concepción‟ del deporte en el caso de España, o en su „catalanidad‟ en el caso de Cataluña. Desde las loas del Rey al señalarlo como "promotor ejemplar de los valores olímpicos y del entendimiento entre los pueblos", hasta la incongruente alabanza del vicepresidente de la Generalitat, Josep Lluís Carod-Rovira, uno de los líderes de Izquierda Republicana, el partido nacionalista liberal que detentó el poder en Cataluña antes del golpe de Franco: "El catalán más importante en el mundo del deporte", a la predecible desinformación de El País y otros medios al reproducir el elogio del arzobispo de Barcelona: "hoy decimos adiós a un verdadero catalán... que trabajó para la mejora de la comunidad internacional...". Incluso el apocado presidente del gobierno español, cuyo abuelo fue victima de Franco, dignificó a Samaranch en un acto oficial. Sin olvidar los honores al fascista otorgados por el President Montilla, cuya Generalitat fue otra victima institucional del Franquismo, que ya en 1985 le había otorgado la medalla de oro, o del humillante y casi completo silencio exhibido por la Izquierda dentro del tripartido catalán. El funeral de estado de Samaranch, al que apenas asistieron unos pocos miles de personas, mostró el "quien es quien" de los partidarios del régimen: el Rey Juan Carlos, el príncipe de Asturias Don Felipe de Borbón, la Iglesia católica, la cínica burguesía catalana que tan bien le fue tanto con Franco como con la democracia (Pasqual Maragall), y las celebridades modernas de derechas del mundo del deporte (Rafael Nadal, Emilio Sánchez Vicario, Joan Laporta, el presidente del FC Barcelona). Las referencias al pasado fascista de Samaranch durante el asesino régimen de Franco han quedado vergonzosamente ausentes. ¿Debe alabarse a un personaje por el nivel de poder que ha adquirido, o por los favores hechos y recibidos, y dejar de lado su auténtica biografía y personalidad? Pocas dictaduras fascistas como la franquista han producido un efecto tan violento y duradero: campos de concentración, ejecuciones sumariales, tribunales especiales, trabajos forzosos, raptos en las cárceles, torturas y continúas violaciones de los derechos humanos. Pero sus terribles consecuencias no solo fueron los asesinatos y suicidios, la tortura y el terror, el hambre y la desnutrición, la enfermedad y la muerte, sino también la pérdida de derechos, el inmenso sentimiento de humillación, pérdida y miedo y, tras la muerte de Franco, la imposición del silencio y el olvido. ¿Podemos olvidar la historia? Tras el premeditado silencio y ocultación de la memoria de un régimen criminal como el franquista impulsado durante la transición de la dictadura a la democracia, décadas después permanece en su plenitud el vergonzoso silencio de los fascistas que lo hicieron posible. Una vez más, un fascista catalán y español muere en paz en un cómodo hospital privado, y es tratado con honor y elogios por quienes quieren robar nuestra memoria. Como señaló el historiador Jacques Le Goff: "apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan en cada sociedad." (***) Carles Muntaner es un profesor de salud pública barcelonés que trabaja en la Universidad De Toronto. Joan Benach es un profesor de salud pública barcelonés que trabaja en la UPF.