Pensamiento Crítico

¿Qué pasa en Costa de Marfil?

Por Dizdira Zalakain | http://dizdira.blogspot.com/ | 13 Abril 2011
Mientras aviones franceses bombardean a la población libia, otro contingente de su ejército masacra a una parte de la población de Costa de Marfil. El objetivo final de ambos ataques militares es el mismo: facilitar el expolio de los bienes naturales de ambas regiones a manos de las transnacionales. En ambos casos, estos crímenes de guerra se realizan no solo con el beneplácito, sino también con el impulso de la llamada "comunidad internacional". "Ahora mismo me encuentro en la ciudad de Agnibilékrou y estoy impactado por lo que me ha tocado ver. Como sabéis, mi ciudad, Boundoukou, está bajo asedio. Otras ciudades, como Tanda, Agnibilékrou, Abengourou, etc. están sufriendo la misma suerte. (...) (...) Al igual que en Libia, donde las fuerzas occidentales destruyen el ejército del país para permitir el avance de los rebeldes, la ONU y las tropas francesas de la Licorne están también apoyando aquí a los rebeldes marfileños. Desde hace una semana, ambas fuerzas extranjeras están bombardeando posiciones de las FDS mediante helicópteros Mi-24, creando así un corredor para que los rebeldes no encuentren la menor dificultad para tomar las ciudades. (...) En Daloa, durante la jornada de ayer, según me cuentan los habitantes, los rebeldes se instalaron en la base de la ONU (...) y ahora desfilan en los 4X4 y los carros de combate de Naciones Unidas. Desde luego, las cosas se han precipitado dramáticamente en las últimas 24 horas, desde que Francia, la UE y las grandes empresas chocolateras se niegan a pagar al gobierno marfileño el D.U.S., el impuesto prefijado para la salida de los cargamentos de cacao de los puertos del país". Analizadas descarnadamente y en sus líneas más generales, Libia y Costa de Marfil son, pues, la misma historia. Analizadas en detalle, sin embargo, las diferencias son muy notables. Comprender estas diferencias sirve para satisfacer una legítima curiosidad pero también nos dotará de patrones para entender los tristes sucesos que seguramente están por venir en todo el mundo. De Libia se ha hablado y se sigue hablando en otros muchos sitios independientes de Internet. Ofreceremos un contexto histórico, algunos datos y también alguna hipótesis sobre lo que pasa en Costa de Marfil. Que el resultado de las investigaciones independientes y mayoritariamente amateur sobre el tema sea tan radicalmente opuesto al que ofrecen los grandes medios no debe extrañar. Es evidente que una estructura tan costosa y compleja como los mass media no se crea y mantiene con el generoso afán de informar, sino para manipular a la población en beneficio de los dueños de esos medios. Si hubiera alguien tan generoso como para gastar tanto dinero en algo que no le beneficiase, enseguida esa misma generosidad le habría dejado sin dinero. Que los grandes medios no solo ocurre que a veces mienten, sino que estructuralmente se han creado para mentir no es una idea conspiranoica, es un razonamiento elemental. Tan elemental como que una tienda no se abre para que la gente adquiera cosas, sino para ganar dinero vendiéndolas. Historia reciente de Costa de Marfil 1880-1945 África: el genocidio que nunca cuenta Hollywood A partir del último cuarto del siglo XIX comienza una carrera entre las principales potencias europeas para apropiarse de África. El objetivo principal era el robo de las inmensas riquezas naturales del continente. Con la superior tecnología militar europea, el objetivo resultaba fácil de lograr. Los pequeños pero letales ejércitos europeos provocan masacres indiscriminadas en su afán por barrer cualquier atisbo de resistencia a la invasión. El caso más conocido de esta época es el de Bélgica, que asesinó entre 5 y 10 millones de personas sólo en el Congo. Pero en el resto de países, la tónica no fue muy distinta. Se estima que entre 1880 y 1930 un tercio de la población total de África fue asesinada. (SURVIE: La France coloniale d’hier et d’aujourd’hui p.12) ¿Cómo es que los ciudadanos europeos de fines del siglo XIX, esos que lloraban con las novelas de Dickens y adoraban al niño Jesús, toleraban que sus hombres de negocios organizasen un exterminio de seres humanos de tal magnitud sin inmutarse? Pues el mecanismo no funcionaba de manera muy distinta a lo que hoy estamos viendo con Afganistán, Libia o Costa de Marfil. Por una parte, los periódicos de cualquier ideología -salvo los panfletos radicales de los malvados comunistas- a estas masacres ya las llamaban por entonces "Guerras de pacificación". Por otra parte, los políticos de izquierdas y los gurús de la intelectualidad progresista elaboraban bellos discursos para justificar la noble labor de la colonización. Jules Ferry, ilustre político republicano y progresista, impulsor de la escuela pública y gratuita, así como del laicismo pronunció en el Parlamento un bello discurso en defensa de la colonización. Consideraba Ferry que la colonización aportaba beneficios económicos, humanitarios y políticos. Al referirse a los humanitarios dijo lo siguiente: "Señores: hay un segundo punto, un segundo orden de ideas que debo igualmente abordar. Les aseguro que seré breve. Se trata del aspecto humanitario y civilizador de la cuestión (...) Las razas superiores tienen no solo el derecho sino el deber de civilizar a las inferiores. (...) ¿Es que alguien puede negar que ahora hay más justicia, un mayor orden moral y material, más igualdad, más virtudes sociales en África del Norte tras su conquista por parte de Francia? ¿Acaso cuando fuimos a Argel para combatir la piratería y garantizar así el libre comercio en el Mediterráneo estábamos actuando como delincuentes, como conquistadores, como destructores? ¿Puede acaso negarse que para estas desgraciadas gentes del África Ecuatorial es una suerte caer bajo la protección de la nación francesa o la nación inglesa? ¿Acaso nuestro primer deber(...) no es combatir la trata de negros, ese horrible tráfico y la esclavitud, esa infamia?" El escritor francés más exitoso del momento, considerado como un intelectual progresista, Victor Hugo, dio la razón a Jules Ferry. Para el autor de Los Miserables, el colonialismo era una situación pasajera, como lo es la educación para los niños. Había que ayudar a esos pobres africanos hasta que supieran valerse por sí mismos. Prescindiendo del tema de la superioridad racial, que hoy está muy mal visto, ¿no existe un exacto paralelismo entre este discurso de Ferry y los de nuestros políticos, también de los de izquierda? ¿No se aprecia que desempeñan la misma función aquel autor de folletines elevado por el sistema a la categoría de intelectual antisistema y los "intelectuales" que hablaban hace unos días del "mal menor" de la invasión a Libia? Con respecto a la delirantemente cínica afirmación final del discurso que hemos citado, la de que Francia e Inglaterra iban a África para acabar con la esclavitud... ¿No recuerda al idéntico cinismo con el que se afirma hoy que lo que pretende la OTAN es exportar la democracia y la libertad, acabar con las tiranías? Solo recordaremos un paralelismo más con nuestros tiempos. El recientemente galardonado premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo ha afirmado reiteradamente que lo mejor que le podía haber pasado a su país (China) es haber sido colonizada por Occidente. Nihil sub sole novum. Monocultivos. Muerte a crédito Pero lo peor que les pasó a los africanos y, en concreto, a los costamarfileños no fue el genocidio, por terrible que éste resulte a corto plazo. Ni el genocidio, ni las deportaciones, ni las enfermedades, ni la esclavitud masiva, ni la apropiación de tierras por parte de colonos europeos. Esas cosas han pasado por desgracia muchas veces en la historia de la humanidad, desde la época del Imperio Asirio. Lo peor que les pasó es un invento del capitalismo y que ni siquiera parece algo malo. A los marfileños se les persuadió con más o menos violencia de que lo más rentable era dejar de cultivar sus tierras al modo tradicional. Hasta entonces, como era lógico, se explotaba una gran variedad de bienes y alimentos, en función de las necesidades de los productores y de las posibilidades de venta en los pequeños mercados locales. Pero el clima de Costa de Marfil era el ideal para cultivar cacao y café, dos productos muy cotizados en el mundo "civilizado". Se logró que prácticamente todo el territorio cultivable de la región se dedicase al monocultivo. El campesino marfileño ahora debía producir cacao, vendérselo a las empresas europeas y, con ese dinero, comprarles a esos mismos europeos lo que necesitaba para vivir -ya que todas sus tierras y sus esfuerzos laborales los empleaba en producir cacao. No hay que ser muy listo para comprender que si un grupo de personas solo tiene cacao para vender es posible comprarles el cacao muy barato y, en cambio, venderles todo lo que necesitan para vivir muy caro. No hay que ser muy listo. Basta con ser un cabrón y vivir en un sistema capitalista. El monocultivo es la muerte a crédito del Tercer Mundo. Quien dice monocultivo dice monoproducción: ya sean diamantes, cacao, petróleo, coltán o ébano. El monocultivo, que parecía tan inocuo y hasta tan beneficioso a corto plazo, ha matado a la larga a más africanos que las balas, las bombas y los machetes. 1945-1960. De Imperio a Comunidad Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la democrática Francia, que en 1940 se había rendido a Hitler sin apenas plantear resistencia, celebra hipócritamente la derrota de los nazis gracias al sacrificio y al esfuerzo del pueblo soviético. El 8 de Mayo de 1945, el mismo día que el general nazi Alfred Jodl firmaba la rendición incondicional, la Francia liberada de de Gaulle asesinaba a 45.000 personas en Argelia para reprimir una manifestación en favor de la independencia. De entre los participantes en los macabros fusilamientos masivos había también, por lo visto, muchos "izquierdistas". A partir de 1946 Francia cambió el nombre a su imperio colonial. Cambiar los nombres a las cosas es un invento muy bonito de nuestro tiempo. En vez de "Imperio Francés", fue denominado"Unión Francesa". La Unión Francesa mantuvo dos largas y criminales guerras contra la gente de Argelia e Indochina. Su delito: no querían pertenecer a esa bendita Unión. Ni que decir tiene que la mayoría de los intelectuales y políticos de la izquierda francesa justificaban las intervenciones con estrategias retóricas muy parecidas a las actuales. Jean Paul Sartre fue de los pocos que las condenó sin cesar. En 1958 De Gaulle intentó salvar la situación, poniéndo a su imperio un nombre aun más bonito: "Comunidad Francesa". Finalmente, Francia, lo mismo que otros países europeos, renuncia a la mayoría de sus posesiones coloniales. La renuncia, como veremos es poco más que una cuestión de nomenclatura. Las colonias eran formalmente libres, pero materialmente dependían de sus antiguas metrópolis para todo. Boigny: de comunista a gaullista Félix Houphouët Boigny, descendiente de una familia aristocrática local, fundó en 1946, ayudado por los comunistas franceses, el "Parti démocratique de Côte d'Ivoire". (PDCI) El objetivo del partido era claro: sacudirse el yugo de la opresión colonial francesa. El PDCI formaba parte de un grupo de partidos africanos con idéntico objetivo, denominado Rassemblement démocratique africain (RDA), del que fue presidente fundador. Las potencias capitalistas y, en especial, Francia se alarmaron ante la formación en África de grupos políticos anticolonialistas aliados con los comunistas. Temían que se creara en el flanco sur de su Europa libre y democrática otra unión de repúblicas socialistas, esta vez africanas. Finalmente, en 1950, el gobierno francés no tolera más la situación y encarcela a toda la dirección del PDCI. Esto provoca revueltas populares que intentan ser reprimidas sin mucho éxito. Es entonces cuando un joven François Miterrand, por entonces Ministro de Ultramar, es enviado por el gobierno francés para negociar con los rebeldes. Su éxito es completo. Boigny acepta el trato: el PDCI será legalizado, pero nada de amistades con los comunistas. El líder africano explica a sus bases que se trató de un pacto posibilista y que él, en el fondo de su corazón, seguía siendo tan comunista y anticolonialista como siempre. Los muy incautos le creyeron. En 1951 se alía oficialmente con los socialistas franceses, por entonces en el poder en la metrópoli. Durante cinco años somete el PDCI a purgas para ir expulsando a los militantes comunistas que quedaban. Así, una vez desinfectado, al PDCI se le permite ganar las elecciones de 1956 en Costa de Marfil enarbolando un discurso anticolonialista. ¡Y ello a pesar de ser un partido financiado y dirigido por el gobierno de París! A partir de 1956, Boigny es premiado por su buen trabajo con numerosos y lucrativos cargos en la administración colonial. En 1957, su homólogo en Ghana, Kwame Nkrumah, hace un llamamiento a todos los líderes africanos para declarar conjuntamente la independencia y crear una Unión Africana fuerte y anticolonialista. He aquí la respuesta de Boigny: "Tu propuesta es muy interesante... Pero en virtud de los lazos humanos que existen entre Francia y los africanos, los imperativos del momento histórico y la interdependencia de los pueblos, nosotros hemos pensado que podría ser más interesante probar una experiencia distinta a la tuya y única en su género: la de una comunidad franco-africana a base de igualdad y fraternidad" La "experiencia única en su género" de Boigny, como veremos, le proporcionó una larga vida llena de poder y fabulosos lujos y una plácida muerte en la cama. Al pobre e idealista Kwame Nkrumah no le sobrevinieron más que desgracias: su país debió estar luchando contra continuas revueltas populares (sí, como las que hace poco han surgido en Libia) financiadas por el bloque capitalista, hasta que finalmente en 1966 un golpe de estado tiene éxito y el régimen de Nkrumah es sustituído por uno amigo de Occidente. Seis años después, moría de cáncer en un hospital de Bucarest. Su sueño de una África unida e independiente había fracasado. ¿Independencia? Sí... No... Sí... Lo que diga mi jefe... El 28 de septiembre de 1958 se convoca un referéndum para ver si las colonias querían o no ser independientes. Boigny, olvidándose de que hacía solo 8 años estuvo en la cárcel por militar en un partido independentista, pidió el "No" a la independencia. Sus súbditos le hicieron caso. No sabemos qué métodos de convicción utilizó. Por desgracia, a la propia Francia dejó de interesarle el mantenimiento de su imperio colonial. Venían otros tiempos políticos y económicos con otros mecanismos más optimizados de colonialismo y la gestión directa de todos esos países de muertos de hambre no compensaba. Así que la metrópoli comunicó al presidente costamarfileño que hiciera el favor de independizarse. ¡Qué remedio! Dos años después de haber pedido el "No" a la independencia en un referendum, el 7 de Agosto de 1960, Félix Houphouët-Boigny proclama orgullosamente (y sin vergüenza) la independencia de Costa de Marfil. La posteridad lo considera hoy padre de la independencia de Costa de Marfil. ¿Quién se encargará de escribir la posteridad? La dictadura amiga Veamos en qué consistió la independencia de Costa de Marfil. Boigny se proclama presidente de la República de Costa de Marfil sin necesidad de elecciones. Nadie se opuso. ¿Por qué? Porque no le quedaban opositores. En 1957 había eliminado a los partidos que no fueran el suyo, el PDCI. Pero todavía dentro del propio PDCI quedaban algunas voces discordantes. En 1959, tras ser acusados por el presidente de un complot para asesinarle mediante fetiches maléficos, fueron obligados a exiliarse. En 1960 redacta él mismo su "Constitución". La estructura de poder que define esa Constitución es muy simple: un consejo elegido a dedo por el Presidente aprueba las decisiones que él vaya tomando tanto a nivel legislativo como ejecutivo. Boigny elige un gabinete de colaboradores formado básicamente por franceses. Se ve que no se fiaba de la capacitación de sus compatriotas. El embajador francés, además, recibe el peculiar título de "Haut représentant de la France" y sus poderes son semejantes a los de un vicepresidente. De hecho, su residencia y la del presidente estaban comunicadas por un paso subterráneo. Para garantizar su seguridad personal y eliminar cualquier atisbo de resistencia, Boigny recurre al ejército francés. El 43º Batallón de Infanteria de Marina se instala permanentemente en Abidjan. A cambio de esta ayuda, Boigny se implica en la política africana como un fiel colaborador de las potencias europeas para promocionar golpes de estado, fraudes electorales masivos y asesinatos de líderes non gratos a los intereses de Francia o de compañías petroleras como ELF. Togo, Chad, Rep. Centroafricana, Congo, Gabón... son sólo alguno de sus objetivos. Para entonces el partido PDCI, había recorrido todo el arco ideológico. Desde el comunismo inicial al anticomunismo más fascista y paranoico. Especialmente significativa fue su participación en el asesinato de Thomas Sankara, presidente de la vecina Burkina-Faso y llamado el Ché Negro. Recordemos este dato porque Blaise Campaoré, que sustituyó a Sankara tras asesinarle, es todavía hoy presidente de Burkina Faso y ha jugado un papel fundamental en la guerra civil que ha asolado Costa de Marfil, apoyando a uno de los bandos. No hay que ser muy avispado para adivinar que se trata del mismo bando que apoya la "Comunidad Internacional" (la ONU, la OTAN, Francia, el FMI y el resto de humanitarias instituciones.) En 1973, Boigny es el único líder africano que apoya al régimen del Apartheid establecido en Pretoria. De hecho, su producción de café es enviada a Sudáfrica para su envasado por la multinacional Nestlé. También se convierte en el único país africano en apoyar diplomáticamente al régimen sionista de Israel tras las matanzas de palestinos. Creo que no es necesario insistir más. El perfil político de Nanan Boigny ha quedado muy claro con estas pinceladas. 1960-1980. El milagro económico El milagro económico de Boigny se basó en varias medidas. – Promoción de los monocultivos. Con Boigny, Costa de Marfil fue el primer productor mundial de cacao y el tercero de café. Se triplicó la producción de cacao. Las plantaciones masivas propiciaron la deforestación del país. En 1965 Costa de Marfil exportaba a precio de ganga 1 .250 .000 toneladas anuales de maderas nobles. – Contratación masiva de mano de obra baratísima procedente de países vecinos. En muy poco tiempo, un tercio de la mano de obra no cualificada era extranjera. En el otro extremo, los cargos técnicos y administrativos fueron ocupados por europeos. La contratación masiva y sin el menor control administrativo de mano de obra extranjera es una de las claves fundamentales de la guerra civil, como veremos después. – Beneficios del 90% para las empresas extranjeras. En efecto, Boigny prácticamente regaló las riquezas del país a las multinacionales, lo cual resultaba de lo más atractivo para los inversores occidentales. Solo pedía un 10% de la producción para Costa de Marfil. Ni que decir tiene que ese 10% se lo embolsaba él personalmente. Luego veremos cómo se convirtió en uno de los hombres más ricos de África. – Estabilidad politica y social. La mano de hierro de Boigny, ayudado por el ejército francés y el hecho de que los marfileños, cuando menos, comían todos los días -lo cual no estaba mal en comparación con los paises de su entorno- fomentó las "inversiones" extranjeras. Estas medidas fueron por lo visto tan acertadas que Boigny fue apodado por su pueblo "le sage", "el sabio". Durante esta veintena, el PIB de Costa de Marfil se multiplicó por doce. Los trabajadores marfileños y el contingente de otros países africanos apenas se beneficiaron por las migajas de tanta riqueza. Pero entre las chabolas de Abidjan veían surgir hoteles de lujo para inversores y turistas. Y ya sabemos que éso es el progreso. 1980-1993 No era un milagro: había truco Una vez que a principios de los 80 el bloque socialista dejó de ser un obstáculo para el libre desarrollo del capital a nivel mundial, se empezó a hablar de "crisis" y de fin del estado de bienestar. Una vez eliminada la amenaza de la URSS, ya no hacía falta tener contentos a los europeos con sus pensiones y su sanidad y educación gratuítas. Y tampoco había por qué mantener alimentados a aquellos negros pagándoles tanto dinero por su chocolate y su café. ¿Por qué pagarles 3600$ por tonelada? En efecto, en 1993, para cuando Boigny moría, el cacao ya se pagaba por las multinacionales a menos de la tercera parte. El país se hundió en una crisis absoluta. La deuda externa llegó a ser la más alta per cápita del mundo. Los campesinos no tenían otra cosa para vender que cacao y café, pero se lo pagaban por una miseria. Para colmo, la deforestación atrajo serios problemas de sequía y las cosechas se resintieron. La gente pasaba hambre. Los nativos empezaban a ver con malos ojos a todos aquellos extranjeros que llegaron llamados por Boigny en los 60 y con los que se veían ahora obligados a competir por una riqueza cada vez menor. Aquí comienzan lo que los medios de comunicación llaman alegremente "odios tribales", suponiendo que los africanos son seres irracionales y estúpidos capaces de matar a alguien por su tipo de nariz. ¡El FMI viene a salvarnos! El sabio Boigny inicia un viaje diplomático para pedir a sus amigos franceses y occidentales que, por favor, suban un poquito el precio del cacao. Éstos le mandan de vuelta a casa con una patada en las posaderas. Roma no paga a traidores. El FMI entonces viene en ayuda del pobre Boigny. Le exigió que eliminara cualquier tipo de gasto social. ¡Pero si no tengo gasto social! debió de contestar el dictador. Pero el FMI tenía eficaces agentes en Costa de Marfil. Uno de ellos, un tal Alassane Outtara. (sí, el mismo Outtara que hoy apoya a sangre y fuego la "comunidad internacional".) El FMI sabía que el gobierno del dictador ofrecía subsidios a la alimentación a los más miserables del país. Le exigió eliminarlos. También le exigió privatizar todo. Es verdad que en Costa de Marfil casi todo era propiedad de las multinacionales. Pero cuando el FMI decía "todo" se refería a "absolutamente todo", hasta al ejército. Para cuando llegaron las inevitables vacas flacas, Félix Houphouet-Boigny ya contaba con una espectacular suma de dinero en sus manos. Ya se ha visto que uno de los principales lemas de este hombre era la paz. Quizá sea por ese motivo por el que, en medio de la ruina absoluta del país, construyó una basílica en su ciudad natal, Yamoussoukro, un poblacho al que tuvo el capricho de convertir en capital del país. La basílica está consagrada a Santa María de la Paz. Es una copia aproximada de la basílica de San Pedro del Vaticano. Ocupa 130 hectáreas. El Guiness de los Récords la considera el edificio religioso más grande del mundo. Posee 7 363 m2 de vidrieras importadas de Francia y 700.000 m2 de mármol importado de España, Portugal e Italia. Se construyó en pleno hundimiento de la economía y, aunque no se han ofrecido datos sobre lo que ha costado, se estima que debió superar los 300 millones de dólares. En 1990 fue consagrada por Juan Pablo II. En una de las vidrieras, junto al altar, el dictador mandó poner su imagen al lado de la de Jesucristo. Los motivos alegados por el propio Boigny para su conversión al cristianismo son que el cristianismo es un signo de modernidad y un obstáculo contra el Islam. Es hermoso escuchar tan puro y sentido testimonio de fe. En fin, se dice que África es tierra de contrastes. Como contraste tenemos a las decenas de misioneros cristianos que se juegan -y algunos la han perdido- la vida intentando ayudar a los más débiles en este país. Un premio por la paz No contento con esta eficacísima inversión en pro de la Paz, Boigny decidió crear el "Premio Félix Houphouët-Boigny para la consecución de la Paz", dotado con un cheque de 122.000 dólares. Ya sabéis, si trabajáis mucho por la paz igual os dan un premio como los de Pasapalabra. El premio está patrocinado por la UNESCO que, en su resolución aprobando la iniciativa afirma: "(...) que lleva el nombre del presidente Félix Houphouet-Boigny, decano de los jefes de Estado africanos, apóstol infatigable de la paz, la armonía, la fraternidad y el diálogo para resolver todos los conflictos tanto internos como externos". Bueno, algunos de los afortunados ganadores del premio son: – Nelson Mandela (a pesar de que Boigny apoyó al Apartheid) – Yaser Arafat (a pesar de que Boigny apoyó la guerra de Yom Kippur) – Isaac Rabin y Simón Peres (esto es más lógico) – Jimmy Carter (esto también) – Juan Carlos I (dos almas gemelas. De todos modos me alegro, porque al pobre le vendrán muy bien esos 122.000 dólares) La oposición a Papá Boigny: Laurent Gbagbo Las mentes de un pueblo son relativamente fáciles de engañar. Pero los estómagos no. Cuando los agricultores de Costa de Marfil empiezan a pasar penalidades a partir de los ochenta, el primer instinto es, como ocurre siempre, echarle la culpa a los que están peor. Es así como surgen los primeros problemas denominados étnicos. Poseer un trozo de tierra en el que cultivar algo distinto a cacao que llevarse a la boca empieza a ser un problema de vida o muerte. Pero muchos de los habitantes de Costa de Marfil ni siquiera tenían acreditada su nacionalidad con un documento. Llegaron en los 60 de otros países, sobre todo del norte, de Burkina Faso, llamados por Papá Boigny para trabajar recolectando cacao y en plena euforia a éste se le olvidó censarlos como es debido. Así que, ante la escasez de tierras, si había alguien que tenía que marcharse de Costa de Marfil, eran los que carecían de documentación acreditativa. Pero también había quienes, más reflexivos, comprendían que buena parte de la culpa de la miseria la tenía el régimen de Boigny. Uno de ellos era Laurent Gbagbo. Gbagbo procedía de una familia católica del oeste. Era hijo de un policía marfileño movilizado durante la Segunda Guerra Mundial para defender a la metrópoli. Se licenció en Historia y dedicó buena parte de su actividad profesional a la enseñanza y a la Arqueología. Ya en los 70 militó en un sindicato de profesores, lo que le valió dos años de cárcel, entre 1971 y 1973. En 1982 participa activamente como profesor de la Universidad de Abidjan en manifestaciones estudiantiles y en la creación, junto con su esposa Simone, también sindicalista y profesora de Historia, de un partido de oposición clandestino, el FPI (Front populaire ivoirien.) En 1985 se exilia a Francia, donde intenta ganar para su causa al Partido Socialista francés. Sin embargo, éste está plenamente comprometido con el gobierno de Boigny y lo ignora. A pesar de ello, logra hacerse amigo de Guy Labertit, un miembro del PS experto en temas africanos. Cuando Boigny es conocedor de los progresos de Gbagbo en París, llega a un acuerdo con el gobierno francés. Exige que Gbagbo vuelva a Costa de Marfil y a cambio garantiza su seguridad personal. Para Boigny, Gbagbo resultaba menos peligroso en Abidjan que en París. En 1988 Gbagbo vuelve a Abidjan y Boigny, presionado por Francia, debe concederle el indulto y permitir que su partido, el FPI, se presente a las elecciones en 1990. El dictador declara, resignado, "En fin... Un árbol no debe inmutarse porque se le pose un pájaro". Lo cierto era que por primera vez en más de 30 años se posaba un pájaro en el árbol de Boigny. En 1990, por primera vez en su historia, Boigny debe enfrentarse en unas elecciones a un partido rival. Gbagbo obtiene un 18% de los votos y 9 escaños de los 175. Teniendo en cuenta las dificultades para hacer frente al aparato político y mediático de Boigny, no estuvo mal. Los lectores de este blog no son crédulos. Más de uno estará preguntándose por qué Francia protegió a Gbagbo, por qué exigió a Boigny que aceptase someterse a unas elecciones después de tantos años favoreciendo y defendiendo al dictador. Bueno. Los dictadores al final acumulan demasiado poder y se olvidan de quién los ha puesto ahí. Papá Boigny andaba un poco defraudado últimamente con sus amigos franceses, que le habían engañado con lo de las exportaciones de cacao. De hecho tuvo un conato de rebeldía. En 1987, ante la bancarrota del país se negó a seguir pagando la deuda externa y bloqueó las exportaciones de cacao para obligar a las multinacionales a ofertar precios más altos. Pero en 1989, ya enfermo, se resigna y cede a las imposiciones del FMI. Para tenerle controlado y asegurarse además de que hacía los deberes que el FMI le había mandado, le colocan de Primer Ministro a Alassane Outtara que, con el dictador cada vez más enfermo, pasa a ser el presidente en funciones. En 1992 Gbagbo lidera una nueva manifestación estudiantil contra las medidas económicas del gobierno. Alassane Outtara, entonces, hace firmar al moribundo presidente una ley ad hoc "contra malhechores" que le permite encarcelar de nuevo a Gbagbo. Para reprimir la manifestación empleó a su jefe del Estado Mayor, un militar brutal y efectivo llamado Robert Guéi. 1993. La muerte del dictador En diciembre de 1993 Félix Houphouët-Boigny muere tras una larga enfermedad. Antes de morir, seguramente como un último acto de venganza contra el FMI que le había amargado los últimos años de su vida, ratificó como sucesor según la Constitución al presidente de la Asamblea Nacional, Henri-Konan Bédié, su hombre de confianza en el PDCI. Alassane Outtara, viendo que su rival se convertiría en su nuevo jefe, dimitió de su puesto de Primer Ministro y fue reclutado como Director General Adjunto del FMI. Una vez muerto Papá Boigny, una vez vendido el país a las multinacionales, solo quedaba organizar una guerra civil para evitar que nunca más levantase cabeza. El cacao, el café y el inmenso yacimiento de petróleo que por aquellos años se empezaba a sospechar que descansaba bajo las aguas de Costa de Marfil, bien lo valían. La presidencia interina, hasta la convocatoria de nuevas elecciones en 1995, le correspondió a su hombre de confianza en el PDCI, Henri-Konan Bédié. Su rival más peligroso de cara a las próximas elecciones era el otro hombre fuerte del régimen, Alassane Outtara, que había sido impuesto como Primer Ministro por el FMI al viejo dictador. Tras su muerte, Outtara renunció al cargo de Primer Ministro, abandonó el país y se dedicó a medrar por Europa y EEUU. No desaprovechó el tiempo. En 1990 se había casado con una rica empresaria francesa. Su padrino fue el por entonces alcalde de Neuilly-sur-Seine. Un tal Nicolas Sarkozy. No solo éso: en 1994 fue nombrado nada menos que director adjunto del FMI. A un tipo con tanto poder como él iba a ser difícil derrotarlo. La única baza de H.K. Bédié era el presentarse ante sus hijitos como legítimo sucesor de Papá Boigny. Pero ni él mismo estaba muy convencido de que eso funcionara. Así que urdió una estratagema. Una estratagema que aun hoy se sigue cobrando cientos de vidas humanas. La ivoirité H.K. Bédié introdujo una modificación en el código electoral que prohibía presentarse a las elecciones presidenciales a quienes no fuesen marfileños con padre y madre marfileños. El padre de Alassane Outtara era de Burkina Faso. Así que su único rival peligroso quedaba eliminado. La idea en principio no parecía mala. No era una medida extravagante: en muchos países del entorno, las constituciones establecen restricciones semejantes o aun más severas. Además, Bédié sabía que contaría para esto con el apoyo de la mayoría de la población marfileña que, como hemos visto, empezaba a ver con malos ojos a los emigrantes que trajo Boigny en los 60. Algunos medios han presentado en los últimos días a esta ley como una ley racista e introducida por Gbagbo. Sin embargo, hay que hacer notar lo siguiente: – El origen de la ley no era racista: se trataba de una mera estratagema de fraude electoral. Otra cosa es que haya tenido consecuencias racistas de lo más nefastas. – El creador de la ivoirité, evidentemente, no fue Gbagbo. De hecho, como veremos, él boicoteó las elecciones de 1995 precisamente por oponerse a ella (¡y eso que a él le beneficiaba!). – El objetivo de H.K. Bédié al crear el concepto racista de ivoirité era eliminar a su rival Outtara. A pesar de ello, ahora, ambos, Bédié y Outtara, son amigos y acusan de racista a Gbagbo. Ver para creer. El FMI crea el RDR En 1994, el PDCI sufre una escisión. Un tal Djéni Kobina crea un partido afiliado a la Internacional Liberal denominado Rassemblement des républicains de Côte d'Ivoire. (RDR) Como se vió después, el partido nació financiado por el FMI para, más tarde, servir de plataforma política a su candidato, Alassane Outtara. H.K. Bédié convoca las elecciones. El RDR y el FPI de Gbagbo se negaron a participar en unas elecciones en las que el principal candidato de la oposición, Outtara, había sido "ilegalizado" con una norma que Bédié se había sacado de la manga. Ni que decir tiene que el PDCI de Bédié ganó las elecciones -era el único partido importante que se presentaba- con un 96% de los votos. Insistimos al lector en fijarse en este hecho. Laurent Gbagbo se solidarizó con Outtara a pesar de que le hubiese beneficiado no hacerlo. De haberse presentado, sin Outtara de rival, tal vez podría haber ganado esas elecciones. Outtara se lo agradeció con una guerra civil de diez años que ha terminado justo el día en que escribo ésto, con un golpe de estado liderado por él y apoyado por Occidente. En aquel tiempo, sin embargo, Laurent Gabgbo salió a la calle a protestar porque no habían dejado presentarse a Outtara. Outtara, mientras tanto, se hallaba lejos del país alternando con la jet internacional, mientras dejaba que Gbagbo y su RDR le hicieran el trabajo sucio. H.K. Bédié pidió al general Robert Guéi que masacrara a los manifestantes. Pero el Jefe del Estado Mayor sabía que Bédié estaba internacionalmente acabado y que el RDR, la criatura del FMI, era intocable. Así que se negó a obedecer la orden. El Presidente lo destituyó y lo envió a la reserva. 24-12-1999: Papá Noel trae un regalo Cuatro años después, Robert Guéi volvió de la reserva y encabezó un golpe de estado rápido y limpio, pues Bédié no tenía ya apoyos ni dentro ni fuera de Costa de Marfil. Los marfileños lo llamaron Papá Noel, por el regalo que les había traído justo la noche de Navidad: librarse de aquel tipejo cuyo único mérito consistía en haber sido el pelota número uno del viejo dictador Boigny. Pero en realidad el regalo estaba pensado para Outtara. De hecho, nada más producirse el golpe, Outtara regresa a Costa de Marfil después de 5 años de ausencia, y es proclamado nuevo presidente del RDR con la clara convicción de que en breve sería también aclamado presidente. Las cosas, sin embargo, se torcieron para el hombre del FMI. Cuando el general convoca una Junta de Salvación Nacional y sondea a los militares y civiles que la integran, se da cuenta de que a la gente de Costa de Marfil no le acaba de gustar Outtara. Muchos, de hecho, están encantados con la ivoirité de Bédié. Contemplan -y no sin razón- a Alassane Outtara como a un extranjero, no solo por el hecho trivial de que su padre fuese burkinabé sino porque, ostensiblemente, servía a intereses extranjeros. El FMI y sus políticas contra la soberanía económica del país ya eran conocidos por los círculos más informados. Se recordaba incluso cómo hasta el viejo dictador Boigny tuvo su conato de rebeldía contra la institución imperial, que le impuso a Outtara como Ministro de Economía primero y Primer Ministro más tarde. Así que secretamente albergaba la esperanza de perpetuarse él mismo en el poder. Antes de proceder a las elecciones, era necesario someter a referéndum una Constitución distinta a la redactada por el dictador Boigny. El texto constitucional incluía un artículo 35 que decía lo siguiente: El candidato a la elección presidencial debe tener cuarenta años como mínimo y setenta y cinco años como edad límite. Debe ser marfileño de origen, nacido de padres también marfileños de origen. Este artículo de nuevo impedía a Outtara presentarse a las elecciones presidenciales. Sin embargo, cuando es sometida a referendum el 24 de Julio, la Constitución obtiene un sorprendente 86% de apoyo. Sea por cuestiones auténticamente xenófobas, sea por rechazo a Outtara, sea por una mezcla de ambas cosas, el pueblo volvió a aprobar una ley que desde la prensa occidental ha sido tachada de racista. Ya veremos más adelante hasta qué punto está justificada esta acusación. De este modo, con Bédié huido del país y Outtara declarado inelegible por la Constitución recién aprobada, Robert Guéi tiene clara su victoria para los inminentes comicios. Las elecciones presidenciales de 2000 Lo que Robert Guéi no podía imaginar y, seguramente, tampoco el ganador, era que el FPI, el partido liderado por Laurent Gbagbo, considerado minoritario y carente de apoyos en Occidente, fuese a obtener un 60% de los votos en las elecciones del 22 de Octubre. Inmediatamente después de su derrota, el general declara nulos los resultados y utiliza sus viejos métodos para mantenerse en el poder. 300 manifestantes mueren en la represión policial, pero la presión popular es tan fuerte que, carente de apoyos, huye a refugiarse en Liberia. Gbagbo se convierte así en el único presidente de la historia de Costa de Marfil que rompe con la herencia colonialista del dictador Boigny y el único que accede al poder por vías democráticas. – Durante la dictadura, Bédié fue Presidente de la Asamblea, Guéi Jefe del Estado Mayor y Outtara Primer Ministro. Gbagbo, en cambio, siempre militó en la oposición, lo que le costó el exilio o la cárcel. – Bédié accedió al poder mediante un fraude electoral en unas elecciones en las que solo se presentó él. Guéi accedió al poder mediante un golpe de estado. Y Outtara, tras un golpe fallido en 2002, acaba de tomar el poder dando otro golpe en 2011, tras perpetrar un genocidio y con el apoyo militar directo de las potencias occidentales. La política de Gbagbo enseguida se orientó a intentar reducir la influencia del FMI en las decisiones económicas y sociales del país y a procurar que el estado volviese a tener, si no la propiedad, sí al menos cierto control sobre la exportación de materias primas. Como hemos visto, nada más acceder al poder, Gbagbo tuvo que hacer frente al intento de Robert Guéi de invalidar las elecciones. Inmediatamente después, el RDR de Outtara empezó a sembrar el caos por las provincias del norte, de población mayoritariamente extranjera, lanzando el mensaje de que Gbagbo era un líder racista. 2000: Gbagbo vuelve a ganar En diciembre del mismo año, se convocan las elecciones legislativas para conformar la Asamblea Nacional (en Costa de Marfil, siguiendo el modelo francés, las elecciones a Presidente son distintas de las legislativas.) Gbagbo, al contrario de lo que hizo su antecesor Guéi en las elecciones pasadas, permite al PDCI de Robert Bédié presentarse a las elecciones. En teoría, el artículo 35 de la Constitución ya no afecta al RDR, pues no se está eligiendo al presidente y la nacionalidad de Outtara en estas elecciones no es un problema. A pesar de ello el RDR se sigue negando a participar (no sé sabe muy bien por qué) y llama al boicot de las elecciones. Lo peor de todo es que esta vez el boicot no consiste meramente en pedir la abstención: los simpatizantes de Outtara queman urnas y provocan todo tipo de actos de violencia e intimidación en casi todas las circunscripciones del norte. Lo más sangrante es que estas elecciones, las más justas de las mantenidas hasta entonces en Costa de Marfil, pues por primera vez ningún partido tiene ninguna traba para presentarse, son también boicoteadas por la ONU, la OAS y la UE. El presidente Gbagbo pide que la ONU envíe personal técnico para certificar la limpieza del proceso. ¡Pero la ONU se niega alegando una vaga e incomprensible excusa. No puede enviar observadores internacionales "debido a los acontecimientos políticos del país". (Ver documento oficial de la ONU, pp. 15-16) No deja de ser sospechoso que la ONU se negase a enviar observadores para garantizar la limpieza de las elecciones alegando problemas políticos que no existían cuando Gbagbo los solicitó. ¡Precisamente los actos de violencia contra las elecciones se produjeron después con plena impunidad internacional gracias a la ausencia de observadores! Las elecciones debieron ser repetidas en los distritos en los que Outtara y sus chicos habían sembrado el terror. De nuevo quedó en evidencia que el FPI era el partido más apoyado por el pueblo. Para entonces organizaciones "humanitarias" como Human Right Watch (la misma que cada año emite informes sobre los supuestos crímenes de la "dictadura" cubana o la misma que colaboró con el fallido golpe de estado en Venezuela) ya habían difundido por el mundo una serie de mentiras sobre Costa de Marfil que, básicamente, son las mismas de las que se sigue nutriendo la prensa en estos días en que el golpe del FMI por fin ha tenido éxito. Lo esencial de esas mentiras consistía en pretender que el conflicto en Costa de Marfil era étnico o incluso religioso y que el racista y el intolerante religioso era Gbagbo. Esta colección de mentiras, tejida a a partir de testimonios básicamente de simpatizantes de Outtara, puede consultarse aquí. En realidad el conflicto era económico y político: una lucha entre los partidarios de la soberanía política y económica y los imperialistas del FMI. 2002-2010 Para no alargar ya más este repaso a los antecedentes de los acontecimientos actuales en Costa de Marfil, no voy a entrar en los numerosos detalles de continuas treguas, acuerdos, atrocidades humanitarias e injerencias partidarias de Francia y la ONU. Me limitaré a señalar los acontecimientos más decisivos, vistos desde la actualidad. Intento de Golpe de Estado. El país dividido en dos. El 19 de Septiembre de 2002, aprovechando que el presidente se hallaba ausente en un viaje diplomático, un ejército perfectamente pertrechado con armamento moderno (en África, las armas suelen ser casi siempre de segunda mano o recicladas) penetra por la frontera norte con Burkina Faso. Para explicar esto basta con aclarar que Burkina Faso es un país estaba -y sigue estando- bajo la dictadura de un amigo de Occidente, Blaise Campaoré, que accedió al poder asesinando al presidente electo Thomas Sankara (un icono del antiimperialismo africano.) Los chicos de Outtara y Campaoré llegan hasta la capital, Abidjan, pero allí son rechazados por el ejército gubernamental, que les obliga a retirarse. En las calles de la ciudad aparece el cadáver del general golpista Robert Guéi. Ambos bandos se acusaron de su muerte. Pero lo que parece claro es que debía haberse sumado al golpe y hallado la muerte en el intento. A partir de aquí los golpistas derrotados, denominados "rebeldes" por la prensa internacional, huyen y se atrincheran en las provincias del norte, cerca de la frontera con Burkina Faso. Es entonces cuando Francia, que había permanecido impasible ante la intentona golpista y la invasión militar, envía urgentemente una fuerza de interposición de 4000 efectivos de la Opération Licorne. La ONU, ante hechos consumados, bendice y recomienda la invasión de tropas francesas en un país supuestamente soberano. Después enviará a sus propios efectivos, los de la UNOCI. Gracias a las tropas francesas y de la ONU, que se interponen para evitar que el ejército del gobierno legítimo capture a los golpistas, éstos se adueñan sin oposición alguna de la zona norte del país y crean, protegidos por ellos, una especie de gobierno paralelo en el que los mercenarios se mueven a sus anchas extorsionando y masacrando a la población civil. Desde entonces hasta hoy el norte de Costa de Marfil ha sido de facto gobernado por los paramilitares de Outtara, repetimos, con el apoyo internacional. Linas-Marcoussis Siempre que el imperio no es capaz de ganar por la fuerza bruta y se encuentra en situación de inferioridad, recurre a la necesidad de políticas de acuerdo y reconciliación. Una vez más la ex-metrópoli, Francia, propone una reunión entre las partes en conflicto y, con la bendición de la ONU, exige el cumplimiento de una serie de pactos entre el gobierno y los golpistas. Esto comienza con el llamado pacto de Linas-Marcoussis de 2003, por el que, entre otras cosas, Francia y los rebeldes exigen que las carteras ministeriales se repartieran entre los líderes de golpistas... ¡a los que nadie había votado! Lo que se vende como solución de un conflicto no es más que la imposición por parte de un país extranjero de una serie de condiciones a un gobierno legítimo en contra de las más elementales normas del derecho internacional y, por supuesto, de la Constitución de Costa de Marfil aprobada democráticamente. En la próxima y última entrega veremos en detalle en qué consistieron estas imposiciones. La vuelta de Outtara Desde los acuerdos de Marcoussis en adelante, el gobierno presidido por Gbagbo no para de recibir continuas presiones de Francia y la ONU para que cumpla sus partes en el acuerdo. Básicamente se trata de aceptar como ministros a líderes golpistas y a eliminar el artículo 35 sin siquiera someterlo a referéndum, para que Outtara pueda ser presidente. A cambio, los "rebeldes" se supone que debían desarmarse. Esto, por supuesto no ocurre. La ONU, en vez de forzar a los rebeldes a entregar las armas, les ofrece dinero por arma entregada. Y las compra por una cantidad de dinero tan generosa que todos corren a entregarlas... para acto seguido adquirir otras mejores. Por otra parte, la ONU, en función de esos mismos acuerdos, se dedica a elaborar un nuevo censo en la zona norte en la que los golpistas lo controlan todo. El gobierno exige estar presente para comprobar que las cosas se hacen correctamente, pero son obstaculizados continuamente. A lo largo de estos años, la ONU va logrando que miles de personas de dudosa identidad se inscriban como nuevos ingresos en el censo en las provincias del norte bajo control de los golpistas. Finalmente en 2007 se pacta un supuesto fin de la guerra (aunque la violencia sigue campando a sus anchas con la aquiescencia e incluso colaboración internacional) y se convocan elecciones. Estas elecciones se retrasarán varias veces debido a la lentitud con la que los agentes de la ONU elaboran el censo. Durante todo este tiempo el gobierno de Costa de Marfil debe intentar sobrevivir y dar servicios básicos a sus ciudadanos a pesar de los continuos atentados de los golpistas y las fuerzas internacionales, a pesar de los continuos actos terroristas de bandera falsa para disparar el odio étnico y religioso (se incendian mezquitas, se asesina a misioneros católicos...) a pesar de la progresiva presión de las multinacionales chocolateras, descontentas con su política de control de las exportaciones, a pesar de haber perdido la mitad del territorio nacional, a pesar de los ataques organizados desde países fronterizos como Liberia y Burkina Faso... Finalmente, tras 10 años en los que a Laurent Gbagbo no se le ha dejado gobernar ni un solo día desde que ganó aquellas elecciones del 2000, la ONU da el visto bueno para que vuelvan a convocarse elecciones. Esta vez todo está preparado para que las gane Outtara. Pero si no las ganase, hay un plan B. A día de hoy ya todos sabemos que, en efecto, había un plan B. En la próxima entrada daremos algunas claves para comprender qué pasó realmente en las elecciones de 2010 y en el subsiguiente golpe de estado. De momento podéis echar un vistazo a este fragmento de un informativo de Venezolana de Televisión, que nos adelanta buena parte de la explicación.