Pensamiento Crítico

El socialismo está en la gente

Por Dilbert Reyes Rodríguez | Diario Granma, Cuba. | 15 Abril 2011
Hay modos especiales de validar los presupuestos teóricos, y para los cubanos, el día a día ha sido el mejor laboratorio donde aprendemos a construirnos como sociedad. Hace justo 50 años definimos el rumbo cuando le pusimos el apellido "socialista" a nuestra Revolución. Desde entonces, esta aspiración nos hizo más singulares. Hoy muchos pueden repetir el concepto científico textual y fríamente, pero otra vez la cotidianidad nos da las mejores versiones de cómo, medio siglo después, la gente sigue construyendo su Isla y su propio socialismo. "El socialismo está en todo lo que uno hace, es lo más grande. Ha sido, por ejemplo, mi garantía de trabajo por más de 25 años en el astillero, de todos los beneficios sociales para mi familia. Pero también es proteger los bienes colectivos del pueblo, aportar para hacer fuerte la economía y la defensa nacional." (Juan Jesús Fernández, soldador) "Creo que como mismo dijo Martí de la Patria, el socialismo también es Humanidad. Lo veo expresado todos los días a través de las relaciones con la gente, tratando bien a los pasajeros, haciéndoles sentir que trabajo para ellos, que la guagua también es un bien social, y por eso exijo pagar la alcancía y cuidar el carro. Compartir beneficios y deberes es igualmente socialismo". (Orestes Aguilar, chofer de ómnibus local) "El socialismo en el campo se hace produciendo comida. Todo el mundo habla de los privilegios de la salud y la educación gratuitas; pero para mantener eso hay que poner comida en el hospital, en el hogar materno, en el seminternado, en el círculo infantil, y eso nos toca; porque el Estado no obvia ni le cobra un kilo a la familia campesina a la hora de ofrecerle las bondades sociales". (Ricardo Serrano, campesino) "El transporte en la ciudad no es suficiente, y yo con mi coche presto un servicio útil al pueblo. La gente paga, claro, pero lo agradece, y mire, mientras yo no abuse del cliente, lo trate bien y respete las leyes, creo que también hago socialismo; como mismo lo hace el médico, el constructor, el maestro o cualquier otro trabajador". (Agustín Aceo, cochero) "El sacrificio del pescador va combinado con el desarrollo social y económico. De nuestro aporte depende en parte que existan salud y educación gratuitas, seguridad social y todos los beneficios de la Revolución. Por eso, mientras estoy en el mar varios días, tengo la tranquilidad de que en casa mis tres hijos siguen en la escuela, y si enferman tienen el médico seguro. Esa oportunidad me la da el socialismo". (Miriel Ginarte, pescador) "Socialismo para mí es el agradecimiento del pueblo. En el sector de la salud se manifiesta diariamente, porque aunque llevamos más de 50 años de atención gratuita y la gente a veces no se fija en cuánto vale eso, siempre le agradecen a uno". (Yusneidis Aleaga, médico) "En el socialismo la persona es lo primero, y debido a ese principio hay muchas cosas que mejorar y perfeccionar todavía; por ejemplo, el trato al paciente y la máxima calidad del servicio en salud. No podemos olvidar nunca por qué pudimos hacernos médicos o enfermeras, profesionales en sentido general, y ningún título ni posibilidad económica nos da derecho a sentirnos superiores a nadie. La humildad también es una enseñanza del socialismo que juntos construimos". (Adisleydis Pino, licenciada en Estomatología) "Ahora venimos de un círculo de interés que nos gusta mucho y cuando seamos grandes a lo mejor trabajamos ahí. Nadie nos cobra por eso, ni las clases en el aula, ni los libros, y los maestros se preocupan por los problemas en la casa. Ellos dicen que les pagamos haciendo las tareas, cuidando los materiales escolares, siendo amables y portándonos bien en el aula y en la casa. Gracias al Socialismo y a la Revolución somos felices, vivimos sin guerras y podemos jugar dondequiera". (Iviana, Marisleydis, William Daniel, y Maryiné, pioneros) Nunca podremos retroceder A Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales (2006), el estudio del socialismo cubano le ha ocupado parte de su vida, y entre todas las visiones, la apropiación popular del término le parece un ángulo interesante. Al respecto, aceptó amablemente el diálogo con Granma: ¿Cómo el pueblo se apropió, al inicio, del término socialismo? El socialismo lo asumió la gente en Cuba —y me refiero no a pequeños grupos, sino a la mayoría— como la forma más grande, la forma superior de su liberación. Socialismo ya no era meramente derrotar a la tiranía de Batista, apoderarse de las propiedades que los ricos habían usado para explotar a una gran masa y someterla a la miseria, o quitarles a los norteamericanos el mando sobre Cuba. Más que eso, fue visto como forma de la dignidad humana, de asumir por fin la condición humana: no ser ya el lobo de los demás para sobrevivir; poder sentirse compañero y compañera de los otros; para la mujer, empezar a dejar de ser considerada inferior al hombre; no tomar el oficio más simple como un demérito, y así miles de cosas que del modo más humano les fueron apareciendo a la gente. También fue tener un fusil en la mano y la posibilidad no solo de defenderse, sino de defender a todos con un arma que ya no era símbolo exclusivo de los cuerpos represivos. Tener la capacidad de leer, escribir y alcanzar grados escolares. Todo eso desde un principio fue el socialismo, y por eso la fuerza inmensa del mismo, hoy, en la Isla. El socialismo fue una asunción maravillosa para la mayoría de los cubanos, aun en medio de grandes desgarramientos: las luchas de clases, las luchas contra el imperialismo, las cantidades de personas que sin ser ricos no entendieron a la Revolución y abandonaron el país. Otros que también llegaron a pelear contra la Revolución y eran pobres, que es lo más duro. O sea, no fue tampoco una fiesta, pero de todo eso salió la fortaleza del socialismo en Cuba. ¿Considera que en 50 años esa apropiación ha evolucionado? En 50 años el socialismo sin dudas fue cambiando, en parte de sentido y en parte de contenido. Yo creo que en muchos sentidos el cambio fue muy positivo. Fue muy positivo cuando convirtió los servicios fundamentales en universales, y los principales de ellos se hicieron gratuitos. Cuba es una Revolución de verdad y muy profunda, con la cual el pueblo se apoderó de las riquezas nacionales y después organizó el reparto. Hizo que en vez de ser un reparto efímero y desorganizado, se convirtiera en un poder capaz de dispensar educación y salud gratuitas, y encontrarle a la gente oportunidades de acuerdo con sus méritos y cualidades. Aquí se le ha dado a cada cual por ser ciudadano cubano. ¿A alguien le han preguntado cuánto ganaba para acceder a algún tratamiento? A nadie, y eso es resultado de una sociedad superior. De ahí sale la cultura socialista cubana y la capacidad de vencer y de resistir. Hace 20 años se acabó el socialismo a escala mundial. Cuando desapareció la Unión Soviética, dijeron que Cuba no podría sobrevivir porque dependía de ella. Muy pronto quedó demostrado no solo que eso era falso, sino que el socialismo cubano tenía una fuerza y unas raíces inmensas. Hoy nuestros detractores han tenido que seguir acostumbrándose a una Isla con un papel importantísimo en el continente, en la nueva oleada de movimientos populares, en los miles de internacionalistas de altísima capacidad profesional que ayudan a varios países, a que revoluciones como las de Venezuela y Bolivia florezcan a partir de beneficios reales al pueblo. En ese sentido son ganancias del socialismo que se han mantenido. Hoy estamos en un proceso de recuperación del pensamiento marxista y del conjunto de pensamientos revolucionarios cubanos. En la actualidad el Presidente Raúl lo ha dicho con muchísima claridad: estamos enfrentados a una discusión del pueblo, y sus criterios son las bases para un Congreso y una Conferencia del Partido. Ejercitamos la capacidad del pueblo cubano de participar de forma auténticamente democrática, algo positivo y fundamental. De este debate también debe salir, entre otras cosas, el modo de cerrarle el paso a la creencia de que no podemos ser socialistas y de que debemos retroceder. Nosotros nunca podremos retroceder para salvarnos. Nosotros solo nos salvamos si salimos adelante, y en ese sentido, al socialismo en Cuba le quedan maravillosas jornadas por llevar a cabo.