Pensamiento Crítico

ONG, ¿buenas intenciones?

Por Dalia González Delgado | Granma | 28 Febrero 2012

Una vez más las llamadas "Organizaciones No Gubernamentales" han demostrado que no siempre tienen buenas intenciones. En esta ocasión, el escenario es Egipto. Las autoridades de ese país iniciaron un juicio contra 43 trabajadores de ONG, 19 de ellos estadounidenses, acusados de recibir fondos ilegales del extranjero para llevar a cabo actividades políticas.

The New York Times indica que al menos cuatro ONG norteamericanas: Instituto Internacional Republicano, Instituto Nacional Demócrata, Centro Internacional para Periodistas, Casa de la Libertad y la alemana Fondo Konrad-Adenauer, tenían en sus oficinas mapas de la división de Egipto, que supuestamente remiten a un plan de reparto de Oriente Medio elaborado hace tres décadas.

Según denuncia Russia Today, el periódico egipcio Al-Ahram publicó un artículo del periodista local Muhammad Dunia, donde el autor revela una estrategia de reparto no solo de Egipto, sino de todo Oriente Medio, propuesta en los años ochenta por el profesor de la Universidad de Princeton, Bernard Lewis.

Así, el plan "sionista-estadounidense" prevé la división de Egipto en cuatro países. El primero estaría bajo el control de los judíos y ocuparía el territorio desde el Sinaí hasta el Delta oriental del Nilo. Además, Lewis proponía crear un país cristiano con su centro en Alejandría, uno de Nubia (sur de Egipto unido con Sudán) y finalmente un país de bereberes con capital en El Cairo.

Aunque las ONG aducen que se dedican solo a la observación de elecciones, el juez encargado de la investigación, Ashraf El-Ashmawy, publicó que en realidad las actividades de esas organizaciones estaban encaminadas a preparar informes para enviarlos a EE.UU., y apoyar a ciertos personajes políticos en elecciones tanto parlamentarias como presidenciales, para servir a intereses extranjeros.

Según el sumario del juicio, al que Al Jazeera tuvo acceso, la ministra de Planificación y Cooperación Internacional, Fayza Abu el Naga, acusa a los imputados de trabajar en coordinación con la CIA.

Esto no sorprende a los latinoamericanos, ya acostumbrados a la injerencia de otras ONG, vinculadas con la USAID y la NED (Fundación en favor de la Democracia), algo que se ha encargado de denunciar sistemáticamente la investigadora venezolano-estadounidense, Eva Golinger.

"El caso de estas ONG estadounidenses y europeas, acusadas por Egipto de intentar desestabilizar al país, pone al descubierto de nuevo la estrategia de Washington de utilizarlas como fachadas para lograr un cambio de régimen favorable a sus intereses", declaró la experta en una entrevista citada por el periodista canadiense Jean-Guy Allard.

"El Instituto Internacional Republicano (IRI) tiene una historia particularmente sucia en América Latina, dada su abierta participación en el golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez en Venezuela en abril del 2002", señala la especialista.

"En aquel momento, el presidente del IRI, George Folsom, envió una carta aplaudiendo el golpe y reconociendo que gracias al apoyo del IRI, habían tenido éxito: ‘El Instituto ha servido de puente entre los partidos políticos de la nación y todos los grupos de la sociedad civil, para ayudar a los venezolanos a forjar un nuevo futuro democrático... Estamos dispuestos a continuar nuestra asociación con el valeroso pueblo venezolano.'"

"El IRI también tuvo un papel principal en el financiamiento y la asesoría de los grupos, partidos y organizaciones involucrados en los golpes de Estado en Haití en el 2004 y Honduras en el 2009", concluye Golinger.

En Egipto, el IRI, que disponía para sus actividades de 22 millones de dólares, estaba encabezado nada menos que por el hijo del secretario de Transporte de Estados Unidos, Sam LaHood.

Aunque las autoridades egipcias decidieron aplazar el juicio para el 26 de abril, hasta ahora parecen dispuestas a realizarlo, a pesar de las amenazas de Washington de cortar la ayuda económica al país árabe si condena a los acusados. Este proceso pondrá a prueba la sólida relación entre ambos países. Puede ser un medidor para saber si Egipto realmente superó la era de Mubarak, o si los nuevos líderes seguirán el mismo camino del presidente depuesto y permitirán que Estados Unidos controle la transición.