Pensamiento Crítico

«Socialismo» Guanaco del siglo XXI

Por Benjamín Cuéllar (*) | ContraPunto | 18 Junio 2012
¡Lucha armada hoy, socialismo mañana!", gritaba convencida la militancia del Frente de Acción Popular Unificada –mejor conocido como "el FAPU"– en consonancia con la consigna oficial de la Resistencia Nacional, una de las cinco organizaciones políticas y militares que terminaron integrando el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) luego de disputas cruentas e incruentas, dentro de dichas agrupaciones y entre las mismas.

El lema acuñado por otra de estas protagonistas de la historia nacional contemporánea, las Fuerzas Populares de Liberación "Farabundo Martí" o FPL, era "¡Revolución o muerte! ¡El pueblo armado vencerá!"; entre la membresía del Bloque Popular Revolucionario, estas dos máximas eran casi "palabra de Dios". Eso fue común escucharlo en el campo y las ciudades salvadoreñas, sobre todo durante la segunda mitad de la década de 1970.

Con el surgimiento del FMLN, la segunda fue la que sobrevivió como marca unitaria; solo que con una variante: la alusión al pueblo en armas como triunfador en la guerra que se avecinaba, obviamente fue sustituida por el aparentemente indisoluble y claramente rotundo "¡Venceremos!". Además, antes de la fusión formal de las cinco en una, en 1978 dentro de las FPL se tenía bien claro el "enemigo": el "imperialismo yanqui" –que era el "fundamental"– junto a la "tiranía militar fascistoide" y la "oligarquía burgués terrateniente"; también no había duda en el rumbo de su lucha: establecer el llamado "Gobierno Popular Revolucionario", con el predominio proletario aliado al campesinado –sobre todo el pobre– y otros "sectores populares revolucionarios".

¿Cómo perderse entonces? Se estuviera o no de acuerdo con las consignas y los planteamientos, las cosas estaban bien definidas; hoy sí, puesto que han cambiado algunas.

Ejemplo: no sabemos en qué calidad han aparecido en eventos públicos recientes, oscuros personajes de la política nacional durante los últimos treinta años junto a encumbrados dirigentes del FMLN, que a la vez son diputados. No debería extrañar que eso ocurra tras los llamados "acuerdos de paz", como suelen nombrarlos aunque no lo hayan sido tanto. Eso no tendría por qué sorprender pues esa paz que no disfrutan las mayorías populares, sí llegó para los "guerreros" y sus herederos quienes se abrazan y regocijan de su amistad en recepciones diplomáticas, empresariales o gubernamentales, independientemente de las mutuas acusaciones y ofensas que se lancen desde sus curules y en los medios.

Lo que llama la atención y es causa del señalamiento, tiene que ver con lo que se ha escuchado en esos eventos. ¡No hay diferencia! Lo que hoy defienden como "causas revolucionarias" la dirigencia de la antigua guerrilla, es apoyado con "razonamientos" seudo constitucionales utilizados por antiguos e importantes miembros cabecillas de su "enemigo acérrimo": el partido ARENA. Al ver estas amistades antes impensables –"amores perros", más bien– hay que quitarse el sombrero ante Rubén Blades y el célebre final de su quizás más clásica "salseada": "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… ¡Ay Dios!".

¿Quién iba a imaginar que a estas alturas uno de los más "areneros" en la guerra, la posguerra y hasta hace poco –Gabriel Mauricio Gutiérrez Castro– aparecería como aliado de la bancada parlamentaria del FMLN en su furibunda "rebeldía" contra las sentencias de la Sala de lo Constitucional? ¿Quién iba a pensar que este integrante de la infame Corte Suprema de Justicia que presidió entre 1989 y 1994, al día de hoy sería una de las "eminencias" doctrinarias ocupadas por legisladores de ese partido de "izquierda"? ¡Sí! Como todo un "compañero". No de los de antes sino de los de ahora, muy distintos a quienes en septiembre de 1990 proclamaban a la nación –desde la montaña o en el extranjero– su decisión de instaurar un "Poder judicial independiente e imparcial" fruto del "consenso con todas las fuerzas políticas y gremios de abogados del país", para garantizar "una verdadera igualdad de los hombres ante la ley, asegurando que no haya impunidad de ningún sector en virtud de su posición política o social y [el] fin de la corrupción del poder judicial".

En esa misma "Proclama a la nación", el FMLN prometió juzgar "a los responsables de crímenes, matanzas, desapariciones forzadas, torturas y el fin de la persecución política". Detengámonos en esto y veamos la conclusión de la Comisión de la Verdad sobre el papel de este nuevo "compañero", en torno a la masacre más terrible ocurrida en América Latina durante la segunda mitad del siglo veinte: la de El Mozote. Esto es lo que se lee en el informe final de dicha Comisión: "El presidente de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador, Dr. Mauricio Gutiérrez Castro, ha tenido una injerencia indebida y negativa, con criterios políticos parcializados, en el procedimiento judicial que se sigue en el caso".

Luego de ese informe, que rechazó en su totalidad, el "compañero" Gutiérrez Castro le notificó legalmente el 27 de mayo de 1993 a Segundo Montes que la Sala de lo Constitucional –por él presidida– había decidido sobreseer a la autoridad demandada en el proceso de inconstitucional que el sacerdote jesuita –asesinado tres años atrás– impulsó en noviembre de 1987 contra la amnistía aprobada el mes anterior, durante la administración de Napoleón Duarte. La misma Sala había declarado "improcedente", el 20 de mayo de 1993, otro recurso similar cuestionando la ley de amnistía decretada cinco días después de la presentación del informe de la Comisión de la Verdad; entonces alegó que se trataba de "cuestiones puramente políticas […] ajenas al conocimiento de los tribunales de justicia" y que admitirlo "podría afectar el equilibrio e independencia de poderes sabiamente establecido por la Constitución"; también podía perturbar "la paz social". El primer proceso tardó más de cinco años en resolverlo; el segundo, solo nueve días.

De seguir así, de la mano del "compañero" Gutiérrez Castro y de los "combatientes" parlamentarios anaranjados, verdes y azules, un día de estos la amplitud de la "rebelde" dirigencia "efemelenista" y su "socialismo del siglo veintiuno" podrá aparecer en público abrazando a más de algún destacado integrante de "la Tandona". Por eso y –como dice Serrat– por "muchas deficiencias más que en un anexo se especifican", ‎quienes desde las mayorías populares salían a las calles para luchar por lo que el sistema injusto les negaba –el valiente e histórico movimiento popular de entre 1975 y 1980, sobre todo– hoy se reeditan en el movimiento migratorio de la gente que sale del país también a luchar, pero en otras condiciones.

¡Lástima grande! En fin, como afirmó alguna vez Lord Byron, la "consecuencia de no pertenecer a ningún partido será que los molestaré a todos"; ello, mientras prevalezca entre la "clase política" –más que el socialismo y el capitalismo– el cinismo.

(*) Director del Instituto de Derechos Humanos de la UCA, IDHUCA.