Pensamiento Crítico

Las elecciones en Haití

None | 12 Febrero 2006

«Comunidad» internacional... por sus obras los conoceréis

Por Gary Olius, Agencia Latinoamericana de Informacion – ALAI

En la gestión del proceso electoral haitiano la comunidad internacional aplicó una divertida fórmula taylorista que salta a los ojos. Más que una distribución de tareas en el sentido clásico del término, es una fórmula que permite a cada fracción de esta comunidad tener su coto reservado y su esfera de influencia. Al PNUD se le atribuyó el papel de asignación de fondos o de gestión global del presupuesto, a la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH) la ejecución del plan operativo en su aspecto logístico, de educación cívica, seguridad y preparación del escrutinio propiamente dicho y, finalmente, a la OEA le asignaron las operaciones de registro en todos sus componentes (contratación de personal, adjudicaciones de contratos, preparación de los padrones electorales, etc...). Pero el Consejo Electoral Provisional, la entidad oficial que debería garantizar la totalidad de la gobernanza del proceso, se vio obligado a confinarse en la ejecución de simples tareas normativas como la publicación del calendario, la firma de decisiones sobre el rechazo o aceptación de candidaturas y la oficialización de los resultados de las elecciones. En suma, se trata de una verdadera desnacionalización del proceso. ¿Y, la democracia deseada por los haitianos en todo esto, se la reducirá a un simple objeto de regateo, por no decir una mercancía?

Estas elecciones vieron desfilar en Haití un rosario de especuladores de todo pelo. Representantes de empresas internacionales, subcontratistas, falsos expertos venidos de EE.UU, Francia, Canadá y América Latina, en búsqueda de contratos jugosos. La transición democrática se volvió ipso facto monetaria relegando a segundo plano las cuestiones éticas, para dar paso a ententes, subterfugios de toda clase, luchas de influencia e incluso a subastas. Es por eso, por lo demás, que el proceso fue tan largo, pues era preciso tomar el tiempo necesario para negociar ya que no hay juego allí donde hay disputa financiera. El capitalismo es sobre todo eso...

Los haitianos vivían con profunda amargura esta indignante realidad, pero debieron retenerse y contener su hartazgo ya que no se engañan ante el hecho que la comunidad internacional financió cerca del 95% de los gastos relativos al proceso electoral. Aceptan la evidencia que es el país con sus crisis políticas recurrentes que ofrece a los "expertos" internacionales un terreno para que mercadeen. Hasta el momento, los gastos globales para las elecciones presidenciales ascienden a 59 millones de dólares y algunos piensan que Haití, debido a su gran pobreza, no estaba en condiciones de asumir el pago de una factura tan alta. Se engañan, ya que no hace mucho tiempo el país pagó a los proveedores de fondos internacionales más de 60 millones de dólares por concepto del servicio de la deuda externa. La estrategia de la comunidad internacional fue muy cínica a este respecto. Al principio de esta transición, las instituciones financieras llamaron al orden a sus servidores recientemente instalados (Latortue, Bazin et Co) para que liquiden todos los retrasos no honrados por el gobierno de Aristide. El objetivo perseguido era secar la reserva de divisas del Banco Central, reducir la capacidad de autofinanciación del país en algunos ámbitos clave como las elecciones, acentuar su dependencia y ponerlo al remolque de los extranjeros durante un muy largo período.

Como la diplomacia obliga, quienes dirigen las misiones extranjeras supieron camuflar todas sus intervenciones en materia electoral bajo el manto de asistencia técnica, alegando que en Haití faltaba competencia en materia electoral y que era necesario importar. Sobre este último punto, no cabe precisar nada pues Louise Brunet, Gerardo Lechevallier (1) y consortes saben muy bien que frente a los expertos haitianos ellos no dan la medida y que es la relación de fuerzas o la magnitud de lo que está en juego que hizo que las cosas sean como son hoy. Pasemos ahora a las actividades efectuadas por la misión de la OEA en Haití, a lo largo del desarrollo de este proceso.

Contratación del personal de los centros de registro e impresión de las tarjetas de identificación. En este aspecto preciso, la transparencia no estuvo al orden del día. Un mínimo de preocupación por el cumplimiento de las normas exigía que se haga una convocatoria a las candidaturas previas y que un procedimiento adecuado se ponga en movimiento con el fin de seleccionar a los mejores aspirantes que deseaban ofrecer sus servicios en las operaciones de inscripción de los electores. Al contrario, se prefirió preseleccionar gente sobre la base de su relación con empleados de la misión de la OEA (entre los cuales, partidarios afanosos de Aristide) y se la sometió a un simulacro de examen, como para tener un pretexto que podía servir de justificación a posteriori del procedimiento opaco utilizado. Partidos políticos y egresados de las escuelas de informática reclamaron por esta forma proceder y el Consejo Electoral salió al paso diciendo que no tuvo ninguna responsabilidad en este asunto. Este proceder clientelista es el principal factor que ha causado tantos errores en el ingreso de los datos que servían para la elaboración de las tarjetas de identificación. Según información proporcionada por el CEP, se contabilizaron aproximadamente 20,000 tarjetas con información errónea.

Por otra parte, la OEA –por razones que quedan por aclarar– decidió hacer imprimir las tarjetas fuera del país. El negocio se asignó a una empresa que opera en México. Esta medida generó enormes problemas que complicaron terriblemente el proceso. Las entregas se realizaron con tardanza y una porción no desdeñable de las tarjetas fue impresa con errores inaceptables (como la fotografía del Sr. X sobre una tarjeta que lleva el nombre de la Sra. Y), sin contar que alguna gente se vio obligada a votar por un diputado o un magistrado que no correspondía a su municipio. Por ejemplo, un amigo que habita en la ciudad de Jacmel debió votar en la Vallée (a más de 50 KM), según la indicación inscrita al reverso de su tarjeta. Son errores gruesos que requirieron rectificaciones urgentes, pero éstas desgraciadamente no se dieron. A la par, tuvieron todos los dolores del mundo para entregar las tarjetas a los electores, tanto que más de 425,000 electores (por sobre el 12%) decidieron renunciar a la voluntad de participar en las elecciones abandonando sus tarjetas en los centros de inscripción. Es necesario destacar también que la fórmula de distribución fue pésima y que la gente asignada a este trabajo sencillamente fue ineficaz. Eso creó peleas enormes que costó la vida a una persona y causaron heridas a varias otras.

Lo más importante para los enviados de la OEA, parece que no era procurar que las operaciones relativas al registro y a la producción de las tarjetas se realicen en condiciones óptimas sino más bien de maximizar otra cosa. Siga el juego de mis dedos... Esta organización creyó equivocadamente que todos los errores le eran permitidos por el hecho de que la mayoría de los haitianos y periodistas del mundo entero no sabía nada del nivel real de su implicación en el proceso. Todas las fallas constatadas, pensó, iban a endosarse al organismo electoral oficial que, hipotéticamente, tiene la gobernanza del sistema. Error de cálculo, ya que en el momento en que el malestar de la opinión pública comenzaba a subir y que los partidos políticos aumentaban la presión sobre los miembros del Consejo Electoral, estos últimos pasaron a denunciar públicamente a los enviados de la OEA señalando que faltaron a su deber y fallaron en su misión. Esto empujó a Louise Brunet (número 1 de la OEA en Haití), a efectuar una salida catastrófica en la prensa haitiana con el fin de dar explicaciones. Su informe oral no convenció mucho. El organismo electoral debió cambiar en 4 oportunidades la fecha del escrutinio y las razones que se basaban tuvieron que ver con los múltiples errores acumulados por la OEA y la empresa contratada para producir las tarjetas de identificación.

Producción de los padrones electorales y desarrollo del escrutinio

Viendo que se venían posibles dificultades que iba a generar el procedimiento aplicado, el Consejo Electoral no quiso asumir la responsabilidad de la producción de los padrones electorales que normalmente es un subproducto del proceso de registro. Intentó basarse en una entidad de la República Dominicana y se envío un pedido oficial para la producción de estas listas. Sin la menor vacilación, los dominicanos se negaron. Era previsible esperar esto, ya que lógicamente la empresa que produjo las tarjetas de identificación debía también producir el registro allí contenido. Hecho inédito, la propia OEA debió encargarse de este trabajo.

El 7 de febrero, el día de las elecciones, se pudo constatar la magnitud de los errores. Todas las aglomeraciones, las manifestaciones, los altercados entre supervisores electorales y electores, los chorros con gas lacrimógeno, sólo tenían una sola causa: los padrones electorales. Gente que recorrió a pie más de una veintena de kilómetros, hizo cola durante horas y en el momento de votar se enteró de que sus nombres no figuraban en la lista apropiada. Fue una sorpresa desagradable. Incluso los campeones de la no violencia habrían tenido dificultades para contener su cólera en tales circunstancias.

Desalentados, abusados y frustrados, muchos haitianos debieron volver a su domicilio sin poder votar por sus candidatos preferidos. ¿A quién beneficiará este estado de cosas y estos errores evitables? El mismo día de las manifestaciones efectuadas en Puerto Príncipe, muchos electores hicieron observaciones que hacían creer que hay una voluntad deliberada de manipulación del proceso y de crear un déficit voluntario de participación de la población y esto, desde el registro hasta la colocación de los puestos de votación, pasando por la distribución de las tarjetas de identificación. Quizá uno no esté en condiciones de probar que esto sea así, pero la historia registrará al menos que las organizaciones internacionales no son inocentes en la desventura de esta nación empobrecida que es Haití.

Habida cuenta del número de electores que no pudieron expresarse, conviene también preguntarse, en último término, hasta qué punto las elecciones del 7 de febrero del 2006 fueron justas y equitativas. Dejemos a los expertos de la comunidad internacional la tarea de proporcionarnos la respuesta.

(1) Louise Brunet y Gerardo Lechevallier son, respectivamente, responsables de la OEA en Haití y de las cuestiones electorales en la MINUSTAH.

En Haití se acaban las ilusiones

MSI a, especial para Porlalibre www.porlalibre.org

No fue por falta de advertencias bien fundamentadas que Brasil se metió en el atolladero haitiano. Entre otras, esta Reseña en su edición del 10 de marzo de 2004 (Vol. 1 No. 6), una semana después del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide, describía el trasfondo de la crisis y se adelantaba a enfatizar los riesgos que se corrían con una intervención. Entonces afirmamos: "La actual crisis de Haití que llevó al exilio forzado al presidente Jean-Bertrand Aristide, representa un mal presagio en el turbulento escenario mundial, además de sentar un peligroso precedente en las relaciones hemisféricas. Algunos de los elementos que deberán tomarse en consideración en Haití son:

1) Cualquier iniciativa de intervención externa que no incluya un programa de largo plazo para la reconstrucción y el desarrollo del país, será estéril. Mas que soldados extranjeros, Haití necesita de ayuda económica para la construcción de una sociedad moderna. Si tales vulnerabilidades fundamentales no fueran debidamente enfrentadas, los conflictos internos que han marcado la historia del país volverán a manifestarse -y posiblemente se exacerbaran- cuando las fuerzas extranjeras se retiren.

2) El conflicto fue nuevamente instigado por sectores del Establishment estadounidense vinculados al tristemente celebre Proyecto Democracia, en especial al Instituto Republicano Internacional (International Republican Institute- IRI) y el Centro para las Empresas Privadas Internacionales (Center for International Private Enterprise-CIPE), que trabajaron con grupos de la llamada oposición a Aristide, con el apoyo de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Irónicamente el mismo Proyecto Democracia que puso al presidente Aristide en el poder en 1994. Según Robert Maguire, director del Programa de Estudios Haitianos del Trinity College de Washington, las reuniones del IRI ocurrieron en la Republica Dominicana y en los propios Estados Unidos. Otro factor significativo para promover la inestabilidad interna que creó las condiciones para el levantamiento armado fueron acciones del Presidente George Bush, que presionaron frente a organismos internacionales como el Banco Mundial y el BID, para bloquear la concesión de créditos. El pretexto oficial para la negativa fue un contencioso en torno de la elección de siete senadores del partido Lavalas de Aristide, en las elecciones de 2001. De la misma forma, se comenta que el Departamento de Estado impidió que la Steele Foundation, empresa estadounidense responsable por la seguridad de Aristide, reforzara el aparato de protección del presidente haitiano, en los días anteriores a su deposición.

3) Aristide insiste en que fue retirado del palacio de gobierno por la fuerza de las armas de militares estadounidenses y franceses. De acuerdo a varios relatos, él fue llevado a la fuerza al avión y sólo se le informó de su destino 45 minutos antes de que el avión aterrizara en la Republica Centro Africana. Tal versión tiene el respaldo de la Comunidad Caribeña (CARICOM) y de la Unión Africana. La primera por intermedio del Primer Ministro de Jamaica, P.J. Patterson, manifestó su 'extremo malestar' con el entrometimiento de las 'potencias occidentales' en la rápida salida de Aristide, además de que se negaron a formar parte de la fuerza internacional que deberá ser enviada al país en abril. La segunda condenó la manera inconstitucional en que Aristide fue removido del poder. El comunicado oficial de la entidad afirma que la deposición de Aristide 'establece un peligroso antecedente para una persona debidamente electa'.

Es evidente que el Establishment anglo-americano, con su componente francés, actuó en Haití sobre la base de una ley imperial no escrita que legitima el concepto de la soberanía limitada."

Ahora, frente al agravamiento de la situación de seguridad en Haití y a la conmoción causada por el alegado suicidio del general brasileño, Urano Bacellar, comandante militar de la Misión de Paz de la ONU (MINUSTAH), autoridades gubernamentales y círculos militares de Brasil comenzaron a cuestionar públicamente, lo que ya se murmuraba en privado, que todo fue un serio error estratégico. Para los militares, además del obvio impacto negativo por la muerte del general Bacellar, la inquietud principal proviene de la constatación tardía de que la carencia mayor de Haití no es -y no era- la cacareada "democracia", sino una perspectiva real de prosperidad y desarrollo socioeconómico, cuya solución, todavía, no está a la vuelta de la esquina, debido a la ausencia de los recursos internacionales prometidos.

Además, para esos círculos, es difícil aceptar la explicación oficial sobre la muerte del general Bacellar, que tanto las Naciones Unidas como el gobierno brasileño se apresuraron a dictaminar como suicidio. Una dura manifestación de tal controvertida explicación fue un extenso artículo divulgado el 15 de enero por el periodista Oliveiros S. Ferreira, ex editorialista y ex directivo del influyente periódico O Estado de São Paulo y especialista en asuntos militares, en el que afirma que "la situación que se creó para el gobierno de Lula después de la muerte del general que comandaba las fuerzas de la ONU en aquel país...puede originar un proceso social y político de consecuencias imprevisibles".

Tras presentar argumentos detallados que, a su modo de ver, lanzan dudas sobre la versión de suicidio, Ferreira reproduce trechos de una entrevista concedida por el periodista haitiano Wienner K. Fleurimond, editorialista del periódico Haití Tribune, publicada en el Estado de São Paulo el 10 de enero. En ésta, Fleurimond dice estar convencido de que Bacellar "pudo haber sido ejecutado por la acción de un grupo armado al servicio de la mafia y del narcotráfico haitianos, ambas organizaciones muy activas en el país". Según él, "tengo informaciones de que el jueves (5/01/2006) el general fue insultado por hombres que controlan el poder económico del país. Él venía sufriendo fuertes presiones, como su antecesor, el general Augusto Heleno, para utilizar sus tropas en el barrio Cité Soleil, y reprimir los movimientos que ahí actúan, pero reaccionó contra eso. No creo que un general acostumbrado a ese tipo de presiones pueda reaccionar suicidándose".

Ferreira analiza: "Juntemos A): el general Bacellar fue insultado seguramente porque repelía presiones de los hombres que controlan el poder económico en el país, para invadir Cité Soleil con el objetivo de reprimir los movimientos que ahí tienen su base de operaciones -con B): el general Bacellar estaba tenso porque debería decidir si enviaba o no a sus fuerzas a Cité Soleil- y con C): el general Heleno no creía que en Cité Solei estuvieran los 'reyes del narcotráfico'. Esos son los únicos hechos conocidos sobre la situación antes de que el cuerpo del general Bacellar fuera encontrado. Cada uno de los lectores puede sacar sus conclusiones de la ecuación que construí arriba, A+B+C, en que Cité Soleil no es una variable, sino una constante, de la misma manera que son constantes los 'hombres que controlan el poder económico en el país".

Enfático asegura que, "no creo y nunca creeré en la tesis de suicidio… Creo que él fue asesinado por orden o de los "hombres que controlan el poder económico en el país", o de la mafia del narcotráfico (si es que ambas categorías sociales no se confunden en un país en que el Estado ya no existe)". Con gran amargura, complementa: "¿Por qué, puede preguntarse, tanto misterio? ¿Por qué no decir desde el inicio que el general fue asesinado? Por una razón muy simple, que admitir el homicidio sería confesar en público que el Secretariado General de la ONU, junto con las grandes potencias en el Consejo de Seguridad interesadas en retirarse de Haití sin parecer que renunciaban a sus deberes 'humanitarios', había engañado a latinoamericanos y a otros, todos integrando aquello que se puede llamar los cipayos de la globalización y de la nueva forma de imperialismo".

Como otros, Ferreira también se lamenta que la intervención brasileña fue consecuencia del ansia del gobierno de Lula da Silva de mostrar buen comportamiento para justificar la pretensión de ganar un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Resta esperar que el doloroso fin de las ilusiones haitianas sirva de lección. Por lo pronto la crisis, además del descontento entre las Fuerzas Armadas, ya produjo la renuncia inminente del Ministro de Defensa, José Alencar quien se opuso públicamente a la versión oficial del suicidio.