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Pensamiento Crítico

La industria de los cadáveres

Por Kate Willson, Vlad Lavrov, Martina Keller, Michael Hudson y Gerard Ryle (*) | Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación | 04 Marzo 2013

El 24 de febrero, las autoridades ucranianas hicieron un descubrimiento alarmante: huesos y otros tejidos humanos metidos en heladeras en un sucio minibús blanco.

Los investigadores se intrigaron más cuando hallaron entre las partes humanas sobres llenos de efectivo y resultados de autopsias escritos en inglés.

Lo que el servicio de seguridad había interceptado no era la obra de un asesino serial, sino parte de una ruta internacional de ingredientes para productos medicinales y dentales que son aplicados diariamente a gente de todo el mundo.

Los documentos secuestrados sugerían que restos de ucranianos eran enviados a una fábrica en Alemania que pertenecía a la subsidiaria de una compañía norteamericana de productos médicos con sede en Florida, RTI Biologics.

RTI es una de varias compañías de una industria creciente que obtiene ganancias convirtiendo restos mortales en múltiples mercancías, desde implantes dentales a cintas uretrales a tratamientos para arrugas.

La industria ha florecido aun cuando sus prácticas han despertado preocupación sobre cómo obtiene los tejidos y qué tan bien informadas están las familias y los pacientes de trasplantes sobre las realidades y riesgos del negocio.

Sólo en los Estados Unidos, el mayor proveedor y el mayor mercado, se estima que se venden cada año dos millones de productos derivados de tejido humano, una cantidad que se ha duplicado en la última década.

Es una industria que promueve tratamientos y productos que literalmente permite ver a los ciegos (mediante trasplantes de córneas) y caminar a los discapacitados motrices (reciclando tendones y ligamentos para utilizarlos en la reparación de rodillas). Es también una industria movida por un poderoso apetito de ganancias y cadáveres frescos.

En Ucrania, por ejemplo, el servicio de seguridad cree que los cuerpos que pasan por una morgue en el distrito Nikolaev, la dura región de astilleros navales ubicada cerca del Mar Negro, puede haber estado alimentando el tráfico y dejando detrás de sí lo que los investigadores describieron como potencialmente decenas de "muñecos humanos destripados" –cuerpos vaciados de todas sus partes re-utilizables.

Representantes de la industria argumentan que tales supuestos abusos son raros y que esta opera en forma segura y responsable.

Por su parte, RTI no respondió a repetidos pedidos de comentarios, ni a una detallada lista de preguntas que le fue enviada un mes antes de esta publicación.

En una declaración pública, la compañía dijo que "honra el don de la donación de tejidos tratándolo con respeto, encontrando nuevos modos de utilizarlos para ayudar a los pacientes y ayudando a tantos pacientes como resulta posible con cada donación".

‘Nuestra desgracia’

Pese a su crecimiento, la industria del tejido humano ha escapado largamente al escrutinio público. Esto se debe, en parte, a una supervisión oficial menos que agresiva –y a lo atractivo de la idea de permitir a los muertos ayudar a los vivos a sobrevivir y prosperar.

Una investigación de ocho meses en 11 países del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) ha revelado, sin embargo, que las buenas intenciones de la industria del tejido humano a veces entran en conflicto con la urgencia de hacer dinero con los muertos.

Hay salvaguardas inadecuadas para garantizar que todo el tejido utilizado por la industria sea obtenido legal y éticamente, descubrió ICIJ  en cientos de entrevistas y miles de páginas de documentos públicos  obtenidos gracias a solicitudes presentadas en seis países.

Pese a la preocupación de los médicos de que un negocio regulado en forma ligera pudiera dar pie a infectar a receptores de trasplantes con hepatitis, VIH y otros patógenos, las autoridades han hecho poco para enfrentar esos riesgos.

En contraste con sistemas estrechamente monitoreados para rastrear órganos como corazones y pulmones en buen estado, las autoridades de los Estados Unidos y muchos otros países no tienen forma de rastrear con precisión de dónde vienen la piel y otros tejidos reciclados y adónde van.

Al mismo tiempo, dicen los críticos, el sistema de donación de tejidos puede agravar la pena de las familias en duelo, manteniéndolas en la ignorancia o confundiéndolas respecto de qué ocurrirá con los cuerpos de sus seres queridos.

Ellos, como los padres del joven ucraniano Sergei Malish, quien cometió suicidio en 2008, a los 19 años, quedan por su cuenta para lidiar con una lúgubre realidad.

En el funeral de Sergei, sus padres descubrieron cortes profundos en sus muñecas. Sin embargo, sabían que se había ahorcado.

Más tarde, supieron que partes de su cuerpo habían sido recicladas y despachadas como "material anatómico".

"Hicieron plata con nuestra desgracia", dijo el padre de Sergei.

Silencio incómodo

Durante la travesía de transformación que el tejido atraviesa –de cadáver a artefacto médico–, algunos pacientes ni siquiera saben que son el destino final.

Los médicos no siempre les dicen que los productos utilizados en sus reconstrucciones de pechos, implantes de pene y otros procedimientos fueron retirados de fallecidos recientes.

Ni las autoridades están siempre conscientes respecto de dónde vienen o adónde van los tejidos.

La falta de un rastreo apropiado significa que para cuando se descubren problemas, algunas de las manufacturas ya no pueden ser halladas. Cuando el Center for Disease Control and Prevention (CDC, Centro para el Control y Prevención de Enfermedades) de los Estados Unidos asiste en el retiro de productos hechos con tejidos potencialmente contaminados, con frecuencia los médicos de trasplantes no son de mucha ayuda.

"A menudo hay un silencio incómodo. Dicen: ‘No sabemos adónde fueron’", dijo el Dr. Matt Kuehnert, director de sangre y biología del CDC.

"Tenemos códigos de barras para nuestros cereales (de desayuno), pero no los tenemos para nuestros tejidos humanos", observó Kuehnert. "Todo paciente que tiene tejido implantado debería saber. Es tan obvio. Debería ser un derecho básico del paciente. No lo es. Es ridículo".

Desde 2002, la U.S. Food and Drug Administration (FDA, Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos) ha documentado al menos 1.352 infecciones en los Estados Unidos posteriores a trasplantes de tejido humano, de acuerdo con un análisis de los datos de la FDA hecho por ICIJ. Esas infecciones fueron ligadas a las muertes de 40 personas, indican los datos.

Una de las debilidades del sistema de monitoreo de tejidos es el secreto y la complejidad que supone cruzar la frontera con partes humanas.

Los eslovacos exportan partes de cadáveres a los alemanes; los alemanes a Corea del Sur y los Estados Unidos; los coreanos del sur a México; los Estados Unidos, a más de 30 países.

Distribuidores de productos manufacturados pueden hallarse en la Unión Europea, China, Canadá, Tailiandia, India, África del Sur, Brasil, Australia y Nueva Zelandia. Algunos son subsidiarios de corporaciones médicas multinacionales.

La naturaleza internacional de la industria, afirman los críticos, hace fácil mover productos de un lugar a otro sin demasiado escrutinio.

"Si compro algo en Ruanda y después le pongo una etiqueta belga, puedo importarlo a los Estados Unidos. Cuando uno entra en el sistema oficial, todo el mundo se vuelve tan confiado", apuntó el Dr. Martin Zizi, profesor de neurofisiología en la Universidad Libre de Bruselas.

Una vez que un producto está en la Unión Europea, puede ser embarcado a los Estados Unidos sin muchas preguntas.

"Asumen que uno ha hecho el control de calidad", dijo Zizi. "Somos más cuidadosos con las frutas y los vegetales que con las partes humanas".

Un pedazo del botín.

En el interior del mercado de tejido humano, las oportunidades de obtener ganancias son inmensas. Un solo cuerpo libre de enfermedades puede girar retornos de 80.000 a 200.000 dólares a los varios intervinientes –sin y con fines de lucro– involucrados en extraer los tejidos y utilizarlos para manufacturar productos médicos y dentales, de acuerdo con documentos y expertos del rubro.

Es ilegal en los Estados Unidos, como en la mayoría de los países, comprar o vender tejido humano. Sin embargo, es admisible pagar honorarios que ostensiblemente cubren los costos de hallar, almacenar y procesar tejidos humanos.

Casi todo el mundo obtiene un pedazo del botín.

Los recolectores de cuerpos en el terreno, en los Estados Unidos, pueden obtener hasta 10.000 dólares por cada cadáver que se aseguran gracias a sus contactos en hospitales, casas mortuorias y morgues. Las funerarias pueden actuar como intermediarias para identificar donantes potenciales. Los hospitales públicos pueden recibir paga por el uso de sus salas de extracción de tejido.

¿Y las multinacionales de productos médicos como RTI? Les va muy bien, también. El año pasado (2011), RTI ganó 11,6 millones de dólares en ganancias previas al pago de impuestos, de un total de ingresos de 169 millones.

Phillip Guyett, que maneja una compañía de extracción de tejido en varios Estados norteamericanos antes de ser condenado por falsificar certificados de defunción, dijo que los ejecutivos de las compañías que le compraban tejidos lo invitaban a comidas de 400 dólares y a lujosas estadías en hoteles. Prometían: "Podemos convertirte en un hombre rico". Llegó al punto, dijo, que comenzó a mirar a los muertos "con signos de dólar pegados a sus partes". Guyett jamás trabajó directamente para RTI.

Salmón ahumado

La piel humana toma el color del salmón ahumado cuando es extraída profesionalmente de un cadáver, en formas rectangulares. Un buen rendimiento es de unos seis pies cuadrados (1,82 metros).

Después de ser machacada para extraer la humedad, una parte se destinada a proteger a víctimas de quemaduras de infecciones bacterianas mortales o, después de ser más refinada, para reconstrucciones de pecho después de un cáncer.

El uso de tejido humano "ha revolucionado realmente lo que podemos hacer en cirugía de reconstrucción de pecho", explica el Dr. Ron Israeli, un cirujano plástico de Great Neck, N.Y.

"Desde que comenzamos a usarla, alrededor de 2005, se ha convertido, realmente, en una técnica estándar".

Un número significativo de tejido recuperado es transformado en productos cuyos nombres en los anaqueles dan pocas pistas sobre su auténtico origen.

Es utilizado en las industrias dentales y de belleza en todo: desde aumentar el volumen de los labios a alisar arrugas.

Los huesos cadavéricos –extraídos de los muertos y reemplazados con cañerías de PVC para el entierro–son esculpidos como tallas de madera para hacer tornillos y pernos en decenas de aplicaciones ortopédicas y dentales.

O son molidos y mezclados con químicos para componer pegamentos fuertes que se promueven como mejores que los artificiales.

"A nivel básico, lo que estamos haciendo al cuerpo es una cosa muy física –e imagino que algunos dirían muy grotesca", dijo Chris Truitt, un ex empleado de RTI en Wisconsin.

"Extraemos huesos del brazo. Extraemos huesos de la pierna. Abrimos el pecho para sacar el corazón y obtener las válvulas. Arrancamos las venas del interior de la piel".

Tendones enteros, limpiados a cepillo y convertidos en seguros para el trasplante, son utilizados para devolver a atletas lesionados al campo de juego.

También hay un brioso comercio de córneas, en el interior de los países y a nivel internacional.

A causa de la prohibición de vender el tejido mismo, las compañías norteamericanas que lo comercializaron primero adoptaron los mismos métodos del negocio de recolección de sangre.

Compañías con fines de lucro montan derivadas sin fines de lucro que recolectan el tejido –de modo muy parecido a aquel con que la Cruz Roja recolecta sangre que es más tarde convertida en productos por entidades comerciales.

Nadie cobra por el tejido mismo, que, bajo circunstancias normales, es donado libremente por el difunto (vía los registros de donación) o por sus familias.

En su lugar, los bancos de tejidos y otras organizaciones involucradas en el proceso reciben unos mal definidos "pagos razonables" para compensarlos por obtener y manejar los tejidos.

"La jerga usual es hablar de la obtención de los donadores como ‘cosechar’ y de la subsiguiente transferencia vía el banco de hueso como ‘comprar’ y ‘vender’", escribió Klaus Høyer, del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Copenhague, quién habló con representantes de la industria, donantes y receptores para un artículo publicado en BioSocieties.

"Esas expresiones eran usadas libremente en entrevistas; sin embargo, no escuché que usaran esa terminología enfrente de los pacientes".

Un estudio financiado por los Estados Unidos sobre las familias de los donantes de tejidos en ese país, publicado en 2010, indica que muchas pueden no entender el rol que las compañías con fines de lucro juegan en el sistema de donación de tejidos.

Setenta y tres por ciento de las familias que participaron en el estudio dijeron que no era "aceptable que el tejido donado fuera comprado y vendido, sin importar el propósito".

Pocas protecciones

Hay un riesgo inherente en trasplantar tejidos humanos. Entre otras cosas, ha conducido a infecciones bacterianas de riesgo mortal, y a la diseminación del VIH, la hepatitis C y la rabia en receptores de tejidos, de acuerdo con el CDC.

La recolección moderna de sangre y órganos tiene códigos de barras y es sometida a fuertes regulaciones –reformas provocadas por los desastres notorios causados por una pobre revisión de los donantes. Productos hechos de piel y otros tejidos, sin embargo, tienen pocas leyes específicas que se ocupen de ellos.

En los Estados Unidos, la agencia que regula la industria es la Food and Drug Administration, la misma agencia que está encargada de proteger la provisión de alimento, medicinas y cosméticos del país.

La FDA, que rechazó repetidos pedidos de entrevistas formales, no tiene autoridad sobre las instalaciones de salud que implantan ese material. Y la agencia no rastrea específicamente las infecciones.

Sí sigue a los bancos de tejidos registrados y a veces realiza una inspección. También tiene el poder de cerrarlos.

La FDA descansa en gran parte en estándares que son establecidos por la industria del cuerpo, la American Association of Tissue Banks (Asociación Americana de Bancos de Tejidos). Sin embargo, sólo alrededor de un tercio de los bancos de tejidos de los Estados unidos que recuperan tejidos tradicionales como piel y hueso están acreditados por la AATB.

La asociación dice que la chance de contaminación en pacientes es baja. La mayoría de los productos, dice la AATB, son sometidos a radiación y esterilización, lo que los vuelve más seguros que, por ejemplo, los órganos que son trasplantados de un ser humano a otro.

Hay poca información, sin embargo, para respaldar las afirmaciones de la industria.

A diferencia de otros productos biológicos regulados por la FDA, explican funcionarios de la agencia, las compañías que hacen productos médicos con tejidos humanos están obligados a informar sólo los acontecimientos adversos más serios que descubren. Esto significa que si surgen problemas no hay garantía de que sean informados a las autoridades.

Y dado que los doctores no están obligados a decir a los pacientes que están obteniendo tejidos de un cadáver, muchos pacientes pueden no asociar una infección posterior con el trasplante.

Sobre este punto, la industria dice que es capaz de rastrear los productos de los donantes a los médicos utilizando sus propios sistemas de codificación  y que muchos hospitales tienen sistemas en funcionamiento para rastrear los tejidos después de que son implantados.

Pero ningún sistema centralizado, regional o global, garantiza que los productos puedan ser seguidos del donante al paciente.

"Probablemente muy poca gente resulta infectada, pero realmente no lo sabemos, porque no tenemos la vigilancia y no tenemos un sistema para detectar acontecimientos adversos", indicó Kuehnert, de la CDC.

La FDA retiró más de 60.000 productos derivados de tejidos entre 1994 y mediados de 2007.

El más famoso retiro ocurrió en 2005. Involucró a una compañía llamada Biomedical Tissue Services, que era manejada por un ex cirujano dental, Michael Mastromarino.

Mastromarino recibía muchos de sus materiales básicos de enterradores de Nueva York y Pennsylvania. Les pagaba hasta 1.000 dólares por cuerpo, indican los registros judiciales.

Su compañía  despojaba a los cuerpos de sus huesos, piel y otras partes utilizables, y luego los regresaba a sus familias. Las familias, ignorando lo que ocurría, enterraban o cremaban la evidencia.

Uno de los más de 1.000 cuerpos desmembrados fue el del famoso conductor del Masterpiece Theatre y de la BBC Alistair Cooke.

Productos confeccionados con restos humanos robados fueron despachados a Canadá, Turquía, Corea del Sur, Suiza y Australia. Más de 800 de esos productos jamás han sido localizados.

Surgió más tarde en el juicio que algunos de los donantes de tejidos habían muerto de cáncer y que ninguno había sido examinado para detectar patógenos como VIH y hepatitis.

Mastromarino falsificó formularios de donantes, mintiendo sobre causas de muerte y otros detalles. Vendió piel y otros tejidos a varias compañías procesadoras de tejidos de los Estados Unidos, incluyendo a RTI.

"Desde el primer día, todo era fraguado: todo, porque podíamos. En tanto el papeleo luciera bien, estaba bien", dijo Mastromarino, que cumple una sentencia de 25 a 58 años de prisión por conspiración, robo y abuso de un cadáver.

Sheriff global

Cada país tiene su propio conjunto de regulaciones sobre el uso de productos confeccionados con tejidos humanos, a menudo basados en leyes que fueron pensadas para lidiar con la sangre o los órganos.

En la práctica, sin embargo, dado que los Estados Unidos suple, según estimaciones, dos tercios de las necesidades mundiales de productos derivados de tejidos humanos, la FDA ha sido colocada, en los hechos, en la posición de actuar como el sheriff de buena parte del planeta.

Los establecimientos de tejidos humanos que desean exportar productos a los Estados Unidos están obligados a registrarse ante la FDA.

Sin embargo, de los 340 anotados allí, sólo un 7 por ciento tiene un registro de inspección en la base de datos de la FDA, según muestra un análisis de ICIJ. La FDA jamás ha cerrado uno por sospechas de actividades ilícitas.

La información también muestra que un 35 por ciento de los bancos de tejidos activos anotados en los Estados Unidos no tiene un registro de inspección en la base de datos de la FDA.

"Cuando la FDA te anota, todo lo que tienes que hacer es llenar un formulario y esperar una inspección", indicó el Dr. Duke Kasprisin, director médico de siete bancos de tejidos de los Estados Unidos. "Durante el primer año o dos, puedes funcionar sin tener a nadie mirándote".

Esto es respaldado por información que muestra que el típico banco de tejidos opera por casi dos años antes de su primera inspección de la FDA.

"El problema es que no hay supervisión. Todo lo que pide la FDA es que te registres", dijo Craig Allred, un abogado previamente involucrado en un litigio contra la industria. "Nadie está mirando lo que ocurre". La FDA y los miembros de la industria "se acusan unos a otros".

Sin embargo, en Corea del Sur, por ejemplo, el floreciente mercado de cirugía estética utiliza a la FDA como argumento de venta.

En el centro de Seúl, la capital del país, Cirugía Plástica Tiara explica que los productos derivados de tejidos humanos "están aprobados por la FDA" y son, por tanto, seguros.

Algunos centros médicos promueven el "AlloDerm aprobado por la FDA" –un injerto de piel hecho con cadáveres norteamericanos donados–para mejorar la nariz.

Le Do-han, funcionario a cargo de tejidos humanos para la FDA de Corea del Sur, dijo que el país importa el 90 por ciento de sus necesidades de tejidos humanos.

Tejidos en bruto son despachados desde los Estados Unidos y Alemania. Este tejido, una vez procesado, es a menudo re-exportado a México como mercancía manufacturada.

Pese a los complicados movimientos de ida y vuelta, Le Do-han reconoce que no se ha establecido un correcto mecanismo de rastreo.

"Es como poner etiquetas en carne de vaca, pero no sé siquiera si eso es posible en los tejidos humanos, porque hay tantos viniendo".

Haciendo equipo

En sus declaraciones ante la Securities and Exchange Commission norteamericana (NDT: comisión supervisora de las operaciones bursátiles), la RTI, que cotiza en la Bolsa, ofrece un vislumbre del tamaño y alcance global de la compañía.

En 2011, la compañía manufacturó entre 500.000 y 600.000 implantes y lanzó 19 nuevos tipos de implantes en medicina deportiva, ortopedia y otras áreas. Noventa por ciento de los implantes de la compañía son confeccionados con tejidos humanos, mientras que el 10 por ciento proviene de vacas y cerdos procesados en una factoría alemana.

La RTI exige a sus proveedores de partes humanas en los Estados Unidos y otros países que cumplan con las regulaciones de la FDA, pero reconoce que no hay garantías.

En sus declaraciones de 2011, RTI indicó que "no puede haber seguridad" de que "nuestros proveedores de tejidos cumplirán con regulaciones destinadas a prevenir la transmisión de enfermedades transmisibles", o de que, "aun si se logra ese cumplimiento, nuestros implantes no hayan estado o estén asociados a la transmisión de enfermedades".

Como muchas de las compañías de tejidos humanos con fines de lucro que alguna vez no los tuvieron, RTI nació en 1998 como una subsidiaria propiedad del Banco de Tejidos sin fines de lucro de la Universidad de Florida.

Documentos internos de la compañía de Tutogen, una firma de  productos médicos de Alemania, muestran que RTI trabajó en equipo con Tutogen ya en septiembre de 1999 para contribuir a que ambas satisficieran sus crecientes necesidades de material en bruto mediante la obtención de tejidos humanos en Europa del Este.

Ambas compañías obtuvieron tejidos de la República Checa. En forma separada, Tutogen los obtuvo en Estonia, Hungría, Rusia, Letonia, Ucrania y más tarde Eslovaquia, muestran los documentos.

En 2002, surgieron acusaciones en los medios checos de que los proveedores locales de RTI y Tutogen estaban obteniendo algunos tejidos allí en forma impropia.

El escándalo público forzó el cierre de la compañía checa, aunque no hay sugerencias de que Tutogen o RTI o sus empleados hicieran nada impropio.

En marzo de 2003, la Policía de Letonia investigó si el proveedor local de Tutogen había extraído tejidos de unos 400 cuerpos en el instituto médico forense del Estado sin consentimiento adecuado.

Madera y telas habían sido colocadas en remplazo de músculos y huesos en los fallecidos para dar la apariencia de que estaban intactos antes del entierro, informaron los medios locales.

La Policía eventualmente acusó a tres empleados del proveedor, pero más tarde desestimó los cargos cuando un tribunal dictaminó que no era necesario el consentimiento de las familias de los donantes. De nuevo, no hubo sugerencia alguna de que Tutogen actuara en forma impropia.

En 2005, la Policía ucraniana lanzó la primera de una serie de investigaciones sobre las actividades de los proveedores de Tutogen en ese país. La investigación inicial no llevó a levantar cargos criminales.

La relación entre Tutogen y RTI, mientras tanto, se volvió aún más estrecha a fines de 2007, cuando se anunció una fusión entre las dos compañías. Tutogen se convirtió en subsidiaria de RTI a comienzos de 2008.

Representantes de RTI se negaron a responder preguntas de ICIJ acerca de si sabían sobre las investigaciones de la Policía respecto de los proveedores de Tutogen.

 Dos costillas

En 2008, la Policía ucraniana lanzó una nueva investigación, examinando acusaciones de que de más de 1.000 tejidos al mes estaban siendo extraídos ilegalmente en un instituto médico forense en Krivoy Rog y enviados, vía terceros, a Tutogen. Joseph Düsel, el fiscal general de Bamberg, dijo en 2009 que "lo que la compañía hace tiene la aprobación de la autoridad administrativa que, además, la monitorea. No vemos en este momento ninguna razón para iniciar una investigación"

Nataliya Grishenko, la jueza investigadora del caso, reveló que muchos familiares afirmaron que habían sido engañados para firmar formularios de consentimiento o que sus firmas habían sido fraguadas.

Sin embargo, el principal sospechoso del caso –un médico ucraniano–murió antes de que la corte emitiera un veredicto. El caso murió con él.

Tutogen "opera bajo muy estrictas regulaciones de las autoridades alemanas y ucranianas, así como de otras autoridades regulatorias europeas y norteamericanas", afirmó la compañía en una declaración escrita mientras el caso estaba aún en trámite. "Han sido inspeccionados regularmente por todas esas autoridades a lo largo de muchos años de operaciones y Tutogen sigue teniendo buena reputación ante ellos".

Diecisiete de los proveedores ucranianos de Tutogen han sufrido una inspección de la FDA. Las inspecciones son anunciados, de acuerdo con el protocolo, con seis a ocho semanas de anticipación.

Sólo una –BioImplant, en Kiev– recibió una devolución negativa. Entre los hallazgos de la inspección de 2009: no todas las morgues tenían agua corriente caliente y no se seguían algunos procedimientos sanitarios.

Inspectores de la FDA también identificaron deficiencias en las importaciones ucranianas de la RTI cuando visitaron las instalaciones de la compañía en Florida.

RTI tenía traducciones al inglés, pero no los informes originales de la autopsia de sus donantes ucranianos, descubrieron los inspectores de la FDA durante una auditoría en 2010. Esos fueron, a menudo, los únicos documentos médicos que la compañía utilizó para determinar si el donante era saludable, observaron los inspectores en su informe.

La compañía dijo a los inspectores que era ilegal en Ucrania copiar el informe. Pero, tras la inspección, comenzó a mantener el documento original en ruso junto con su traducción al inglés.

En 2010 y 2011, inspectores de la FDA pidieron a RTI que cambiara el modo en que etiquetaba sus importaciones. La compañía estaba obteniendo tejido ucraniano, despachándolo a Tutogen en Alemania y luego exportándolo a los Estados Unidos como producto alemán.

Aunque la compañía acordó cambiar sus políticas, hay algunos indicios de que puede haber continuado etiquetando algo de tejido ucraniano como alemán.

En febrero pasado (2012), la Policía lanzó un raid mientras funcionarios de un departamento forense regional, en Nikolaev Oblast, cargaban tejido humano extraído en la parte trasera de un minibus blanco. La filmación del decomiso de la Policía muestra tejido etiquetado "Tutogen. Made in Germany."

En este caso, el servicio de seguridad dijo que los funcionarios forenses habían engañado a parientes de los pacientes fallecidos para que aceptaran la extracción de lo que pensaban era una pequeña cantidad de tejido, jugando con su dolor y su pena.

Los documentos secuestrados –exámenes de sangre, un informe de autopsia y etiquetas escritas en inglés y obtenidas por ICIJ– sugerían que los restos estaban en camino a Tutogen.

Uno de los fragmentos de tejido encontrados en el bus venía de Oleksandr Frolov, de 35 años, que había muerto por un ataque de epilepsia.

"En camino al cementerio, cuando estábamos en el cortejo, uno de sus pies… notamos que uno de los zapatos se caía, que parecía estar suelto", contó su madre, Lubov Frolova, a ICIJ.

"Cuando mi nuera lo tocó, dijo que el pie estaba vacío".

Más tarde, la Policía le mostró una lista de lo que había sido sacado del cuerpo de su hijo.

"Dos costllas, dos talones de aquiles, dos codos, dos tímpanos, dos dientes, y así siguiendo. No pude leerlo hasta el final, porque me descompuse. No pude leerlo", dijo.

"Escuché que [los tejidos] eran embarcados a Alemania para ser utilizados en cirugías plásticas y también para donación. No tengo nada contra la donación, pero debería ser realizada de acuerdo con la ley".

La Policía mostró documentos a Kateryna Rahulina, cuya madre de 52 años, Olha Dynnyk, murió en septiembre de 2011. Los documentos destinados a que diera su aprobación para que se tomaran tejidos del cuerpo de su madre.

"Estaba en shock", dijo Rahulina. Jamás había firmado los papeles, dijo, y era claro para ella que alguien había fraguado su aprobación.

El departamento forense de Nikolaev Oblast, donde ocurrieron los incidentes alegados, era, hasta hace poco, uno de los 20 bancos de tejidos ucranianos registrados ante la FDA.

En el website de la FDA, el número de teléfono para cada uno de esos bancos de tejidos es el mismo.

Es el número de teléfono de Tutogen en Alemania.

Los capitanes de la muerte

En abril de 2003, Robert Ambrosino asesinó a su ex novia –una aspirante a actriz de 22 años–disparándole en la cara con una pistola calibre 45.

Luego, dio vuelta el arma y se mató.

Poco después, el cadáver de Ambrosino entró en el vasto sistema de donación de tejido humano de los Estados Unido –su piel, sus huesos y otras partes del cuerpo, destinadas a ser utilizadas en la manufactura de productos médicos de última generación.

Pero antes de que entraran en el sistema, Michael Mastromarino, propietario de una compañía de recuperación de tejido con sede en Nueva Jersey, necesitaba resolver un par de problemas.

No quería verse obligado a informar que Ambrosino había perecido en un asesinato-suicidio. Y no quería que nadie supiera que la familia Ambrosino no había dado permiso para que su cuerpo fuera utilizado en la donación de tejido.

Mastromarino resolvió ambos problemas del mismo modo: mintió.

Afirmó que Ambrosino había muerto en un accidente de auto. Y afirmó que la familia de Ambrosino había aceptado donar sus tejidos antes de que sus demás restos fueran cremados.

Mastromarino era el líder de la ahora tristemente célebre red de tráfico de tejido humano que alimentaba el comercio internacional de partes del cuerpo. Además de los tejidos del cadáver de Ambrosino, robó partes de abuelas, ingenieros eléctricos y obreros, así como del famoso periodista Alistair Cooke.

El malhadado cirujano dental de Brooklyn proveía la materia prima para productos utilizados por una multitud de operaciones quirúrgicas –de reparación de rodilla a cirugía plástica e implantes cosméticos. Se hallaba en la base de una industria que gana dinero cosechando tejidos humanos sobre todo en los Estados Unidos, pero también en Eslovaquia, Estonia, México y otros países. Uno de los principales compradores de Mastromarino era RTI Biologics, con sede en Florida, un procesador de partes humanas norteamericanas, canadienses y ucranianas que figuraba entre las compañías de alta tecnología en la Bolsa NASDAQ.

Años después de que Mastromarino fuera enviado a prisión y se aquietara la publicidad de su caso, su historia volvió a la vida por una demanda presentada ante una corte de Staten Island. El juez de la Corte Suprema de Nueva York, Joseph J. Maltese, ha dado luz verde para que RTI enfrente un juicio el 22 de octubre (de 2012) en un caso civil que escarbará en qué sabía –o debería haber sabido–la compañía sobre el robo de cuerpos de Mastromarino.

La evidencia ya presentada ante la corte plantea dudas sobre si RTI era sólo una víctima del fraude de Mastromarino o si eludió el sentido común en favor de su ganancia final. Una investigación del International Consortium of Investigative Journalists (ICIJ, Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación) muestra que la evidencia del caso –y de otros escándalos de robo de cuerpos en diferentes partes del planeta–también plantea interrogantes más importantes sobre la conducta de una industria que recicla más de 30.000 cuerpos humanos cada año.

La Policía de Hungría y Ucrania, y de Carolina del Norte y Alabama en los Estados Unidos, han alegado que los proveedores de tejidos robaron, cometieron fraude y falsificación o cobraron comisiones. Esos casos sugieren que Michael Mastromarino no era el único recolector de cuerpos que dobló o rompió las reglas en el afán por suplir a la industria de carne y hueso.

Un producto fantástico

Mastromarino, hoy de 49 años, cumple su sentencia de hasta 58 años en una prisión de máxima seguridad fuera de Buffalo, N.Y. Se describe más como un negociante de tejido humano que como un ladrón de cuerpos.

"Esta es una industria. Es una mercancía. Como la harina en el mercado. No es diferente", dijo. "Yo tomé unos atajos. Pero sabía dónde podía hacerlo. Proveíamos un producto fantástico".

Durante más de tres años, hasta que sus crímenes salieron a la luz a fines del 2005, la compañía de Mastromarino proveyó huesos y otros tejidos a la subsidiaria sin fines de lucro de RTI, RTI Donor Services (Servicios del Donante RTI), y a otras cuatro compañías norteamericanas.

Mastromarino estaba familiarizado con las operaciones de RTI por su carrera previa como uno de los más ocupados cirujanos dentales de Manhattan. Utilizaba regularmente productos derivados de hueso cadavérico en sus pacientes y, en esa capacidad, había firmado un acuerdo de consultoría con la compañía en el año 2000 para ayudarla a refinar más sus productos.

Pero la vida personal de Mastromarino se estaba cayendo a pedazos. Comenzó a inyectarse analgésicos con receta para aliviar una vieja herida de football, se hizo adicto y fue arrestado por posesión de drogas. Intentó la rehabilitación tres veces antes de renunciar a su licencia médica.

Familiarizado con la industria y bueno con el escalpelo, Mastromarino abrió su propia compañía de recuperación de tejido humano. La llamó Biomedical Tissue Services.

El proceso era fácil. Mastromarino llenaba un formulario descargado del website de la Food and Drug Administration (FDA, Administración de Alimentos y Drogas), la agencia que regula la industria en los Estados Unidos.

No quería tener que esperar a que la FDA inspeccionara sus instalaciones. Comenzó a proveer partes humanas de inmediato –con algo más que una pequeña ayuda, dijo, de un líder de la industria, RTI Donor Services.

"RTI me montó", dijo Mastromarino a ICIJ. "Dijeron: ‘Oye, podemos meternos en tu negocio, podemos hacerte arrancar, podemos abrirte tu propio negocio’".

"La lista de chicos que se portaron mal de Santa Clauss"

Las partes firmaron un contrato de provisión en marzo de 2002.

No mucho después, el lenguaje colorido y la mecha corta del carácter de Mastromarino provocaron quejas del personal de RTI. También había rumores sobre sus arrestos por drogas y su supuesta vinculación con el crimen organizado, de acuerdo con el testimonio de Caroline Hartill, vicepresidente de control de calidad de RTI Donor Services.

Los documentos de la corte indican que los ejecutivos de RTI estaban suficientemente preocupados como para contratar a un abogado para investigar los antecedentes de su nuevo socio.

"El buen doctor ha estado en la lista de chicos que se portaron mal de Santa por algún tiempo", escribió el abogado, Jerome Hoffman, en diciembre de 2002. "Yo los exhortaría fuertemente a no hacer negocios con alguien que tiene este tipo de currículum".

Pocas semanas más tarde, Hoffman urgió a RTI a dar a Mastromarino "los 60 días de aviso previo, bajo los términos del contrato actual, y no firmar un nuevo contrato".

RTI no siguió el consejo del abogado.

En su lugar, el 11 de febrero de 2003, Caroline Hartill firmó un contrato corregido con la compañía de Mastromarino.

En el nuevo contrato, su nombre era remplazado por el de un médico de licencia flamante que vivía en otro Estado y con quien Hartill jamás había hablado. Era el director médico de la compañía de Mastromarino –según lo firmado en el papel, al menos.

Hartill testificó en el caso civil todavía abierto que el contrato corregido fue simplemente una parte rutinaria de la acreditación ante la American Association of Tissue Banks, un cuerpo de la industria que supervisa algunos de los más grandes bancos de tejidos de los Estados Unidos. Dijo que su compañía quería que el director médico tomara el lugar de Mastromarino en el contrato porque RTI determinó que "le gustaría tener una interacción más directa con algunos de los otros socios principales".

RTI descartó las preocupaciones del estudio de abogados, dijo, porque si Mastromarino "había dado vuelta su vida, ¿quién era yo para juzgarlo?".

Mastromarino recuerda los hechos de un modo diferente. Testificó que Hartill y otros ejecutivos de RTI lo llamaron confidencialmente. Estaban preocupados de que los competidores descubrieran sus antecedentes y los utilizaran contra la compañía, dijeron. Y es por eso, afirmó Mastromarino, que su nombre salió del contrato.

"Okay, lo que ustedes quieran para que sea cómodo", les dijo Mastromarino, según una deposición que hizo en el caso civil aún abierto.

La compañía rechazó pedidos de entrevista de ICIJ y no respondió a preguntas detalladas provistas más de un mes antes de esta publicación.

Honorarios razonables

RTI recurrió a los recolectores de cuerpos por una simple razón: necesitaba cadáveres para obtener ganancias.

"No podemos estar seguros de que la provisión de tejido humano continuará estando disponible en los actuales niveles o que será suficiente para satisfacer nuestras necesidades", advirtió RTI a los accionistas en sus presentaciones. "Esperamos que nuestros ingresos declinen en proporción con cualquier declive en la provisión de tejido".

Y no está sola.

Más de 2.500 compañías registradas ante el gobierno de los Estados Unidos se basan, en grados diversos, en los honorarios que cobran por elaborar implantes hechos a partir de tejido humano.

El más grande banco de tejido humano, Musculoskeletal Transplant Foundation (MTF), recibió casi 400 millones de dólares en ingresos en 2010.

MTF está montada como una organización sin fines de lucro exenta de impuestos, como muchas de las que recuperan tejidos de donantes a través de hospitales, empresas fúnebres y morgues. La mayoría de las entidades suplen a compañías procesadoras como RTI, que limpia las piezas y las transforma en implantes utilizables. Las compañías procesadoras, a su vez, los distribuyen directamente a hospitales o utilizan un vendedor externo tal como el gigante de artefactos médicos Zimmer para despacharlos a todo el mundo.

Los competidores pelean por el acceso exclusivo a los donantes norteamericanos. Por ejemplo, la compañía de artefactos médicos Bacterin anunció el año pasado que "se aseguró con éxito derechos a primer rechazo de tejido humano ante mútiples agencias de recuperación".

La competencia ha engendrado amargas batallas legales. MTF demandó a Bacterin el año pasado por contratar a ex empleados que, alega la demanda, utilizaron el conocimiento que tenían de su anterior empresa para lanzar un producto de hueso rival a los consumidores de MTF. "Los cimientos mismos del negocio de MTF están bajo ataque directo", argumentó MTF en su escrito.

La públicamente cotizada NuVasive demandó a MTF y a su socia offshore Orthofix, acusándola de infringir el derecho de patente de implantes de hueso enlazado con células madre. Y la organización sin fines de lucro LifeNet Health demandó a Zimmer por el desembolso de honorarios por procesar tapones de hueso.

RTI obtiene tejido directamente a través de su subsidiaria sin fines de lucro, RTI Donor Services, y también de otros bancos de tejido sin fines de lucro en veintitrés estados (norteamericanos).

El Alabama Organ Center es uno de los proveedores de RTI. Quedó involucrado en un escándalo esta primavera (boreal), cuando el segundo al mando, Richard Alan Hicks, se declaró culpable de aceptar sobornos de una funeraria a cambio de contratos para la recuperación de tejidos.

"Hay demasiados huecos. Hay demasiadas tentaciones. Hay demasiado dinero allí afuera", contó a ICIJ, en junio (de 2012), Richar Jaffe, abogado de Hicks. "Esta industria está fuera de control".

El Centro de Ciencia de Salud de la Universidad de Texas (University of Texas Health Science Center, en su nombre en inglés) en San Antonio también ha recuperado tejido para RTI. Su contrato incluye una carta de honorarios que asigna diferentes precios al mismo tejido en base a la edad del donante. RTI rembolsa al banco de recuperación 1.755 dólares por un fémur de 20 años, pero solo 553 dólares por el mismo hueso de una persona de 80 años.

En 1984, el Congreso norteamericano aprobó la  Ley Nacional de Trasplante de Órganos (National Organ Transplant Act, en su nombre original en inglés), que volvió ilegal comprar y vender órganos y otros tejidos humanos. Pero permitió cobrar honorarios "razonables" por recuperar, limpiar y distribuir esas partes.

El tejido más joven es más fuerte y potencialmente más lucrativo para los procesadores de tejido porque puede ser utilizado en injertos de más alto valor. Ni RTI ni la Universidad de Texas respondieron a repetidos pedidos de aclaración acerca de por qué los mismos tejidos acarrean honorarios tan diferentes.

ICIJ recurrió a Christina Strong, abogada de una organización de obtención de órganos (OPO) y bancos de tejidos que incluían a la gigante MTF. ICIJ preguntó si podría haber otra razón diferente a la calidad del tejido mismo para que un banco pagase más por tejido joven.

"No he encontrado una respuesta satisfactoria que haga que esto me agrade", dijo, señalando el contrato. "No me gusta. Le diría a mi OPO ‘No lo firmen’".

Estrictamente confidencial

Con tanta competencia por los cadáveres norteamericanos, algunas compañías buscan materia prima en el extranjero. Esto ha creado un mercado fértil en Europa del Este para negociantes de cuerpos y otros intermediarios que ayudan a abastecer al mercado de tejido humano.

Uno de esos intermediarios era Igor Aleshenko, un forense ruso que trabajaba en Ucrania. En coordinación con el ministro de Salud de Ucrania lanzó BioImplant, un centro estatal de obtención de tejido para abastecer a Tutogen, una compañía alemana de productos médicos.

Bioimplant proveyó tejido a Tutogen. A cambio, iba a recibir una porción de ese tejido procesado para utilizar en hospitales ucranianos.

Pero los ejecutivos de Tutogen plantearon preguntas internas, ya en 2001, sobre la posibilidad de salir de Ucrania, según un memorándum interno marcado "¡¡¡¡Estrictamente Confidencial!!!!".

Aleshenko estaba pidiendo más y más dinero para jugar el rol de intermediario entre las morgues regionales satélite en Ucrania y Tutogen en Alemania.

"La ruta del dinero es difícil de rastrear", rezaba el memorándum. "Es imposible un control directo sobre nuestros recursos".

Permanecer en Ucrania sería un alto riesgo, determinaban los autores.

"No podemos controlar las actividades de los intermediarios y los compromisos no están siendo honrados", decía el memorándum.

Pero la relación no se detuvo.

Con el tiempo, otras 25 morgues ucranianas se registraron ante la FDA, cada una anotando el teléfono alemán de Tutogen en sus formularios. Desde 2002, BioImplant y Tutogen han exportado colectivamente a los Estados Unidos 1.307 embarques de tejido –en su mayoría hueso, piel y fascia enviados desde Alemania.

Las familias de Kiev comenzaron a denunciar ante la Policía en 2005 que una morgue que estaba supliendo las necesidades de Tutogen tomaba tejidos sin consentimiento adecuado. El caso criminal fue cerrado después de una investigación inicial. Los fiscales determinaron que, bajo la ley ucraniana, no podían probar que un crimen había sido cometido si no podían probar que el tejido había sido trasplantado a alguien, muestran los registros judiciales.

Tres años más tarde, la Policía ucraniana investigó a otro proveedor de Tutogen –esta vez en Krivoy Rog, en la región central. Los cargos fueron desestimados después de que el director de la morgue muriera mientras el jurado deliberaba. Luego, en febrero de este año (2012), la Policía allanó la morgue de Nikolaev, en el sur de Ucrania.

Algunas familias afirmaron que habían sido engañadas, presionadas o amenazadas para dar su consentimiento. La Policía dijo que en algunos casos las firmas habían sido fraguadas.

Aleshenko se ha ido, según informes, de Ucrania a su Rusia natal. La Policía no responde preguntas sobre su paradero y el Ministerio de Salud ha declinado revelar a quién ha tocado tomar su lugar.

Roman Hitchev, fundador de un importante banco de tejido búlgaro y hoy presidente electo de la Asociación Europea de Bancos de Tejido Humano, dijo que fue invitado a Ucrania hace pocos años a pedido del gobierno regional de Odessa. Unos funcionarios querían operar un banco similar al de los proveedores de Tutogen en Kiev. Hitchev dijo que se marchó con dudas.

"No tenían infraestructura legal. Las regulaciones eran insuficientes", dijo. "Había demasiada vaguedad, demasiada incertidumbre respecto de quién era responsable en términos de control, posibilidad de rastreo. No me gustó lo que ví y me marché".

Inspecciones limpias

El Mercado de cuerpos frescos de las ex repúblicas soviéticas era suficientemente atractivo para que incluso Michael Mastromarino –el cirujano dental de Nueva York que se había vuelto negociante de cuerpos–trataran de sacar tajada.

Tenía conexiones en Kirguistán. Voló allí para encontrarse con un alto funcionario de prisiones. El funcionario bebió y cenó con él, dijo Mastromarino, y prometió venderle cuerpos de prisioneros ejecutados.

Mastromarino volvió a casa entusiasmado ante la perspectiva de una nueva provisión y nuevos ingresos. Preguntó a la FDA sobre la importación de tejido humano desde ese país.

La FDA estaba preocupada por el riesgo de que los tejidos cosechados en Kirguistán pudieran portar la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, un mal neurológico fatal similar a la enfermedad de la vaca loca.

Le dio a Mastromarino una respuesta que no quería escuchar: "No".

Así que tuvo que contentarse con sus fuentes domésticas de cuerpos. Durante un tiempo, estuvo bien. El negocio era bueno y lograba evitar excesivo escrutinio de sus compradores o reguladores.

Durante las auditorías de la compañía de Mastromarino realizadas por la FDA y RTI, nadie intentó verificar si los consentimientos de las familias de los donantes eran legítimos. A menudo, los consentimientos estaban marcados como obtenidos por teléfono. La ley norteamericana exige que los consentimientos telefónicos sean grabados, pero nadie confirmó si estaban en efecto grabándolos –o siquiera consiguiéndolos.

Un gran jurado de Pennsylvania condenó más tarde el entero proceso de inspección. "Si las mentiras en los registros afirmaban cumplir con las regulaciones, eso, aparentemente, era suficiente", rezan sus hallazgos de 2007.

Aun cuando la compañía de Mastromarino estaba pasando las inspecciones y registrando ganancias, observadores externos plantearon su preocupación por sus prácticas de negocios. Maryann Carroll, directora de la asociación de Nueva Jersey de directores de funerales, se quejó a la RTI de que Mastromarino se acercaba a las funerarias utilizando el encabezado de RTI.

"Maryann siente que ese rembolso es excesivo y luce como si estuviera comprando donantes", escribió un empleado de RTI a los ejecutivos, según correspondencia sin fecha detallada en los registros judiciales. "Afirma que si la prensa se entera de la historia y critica la donación, RTI será arrastrada al asunto y su asociación afirmará que es la segunda vez que fuimos notificados y no hicimos nada".

La organización sin fines de lucro de RTI, la unidad Donor Services, firmó un nuevo contrato con Mastromarino en junio de 2005.

RTI no sabía en el momento en que firmó el nuevo contrato, dijo la compañía luego, que investigadores penales habían comenzado a examinar las operaciones de Mastromarino.

Pizzería

RTI no era la única gran compañía que quería hacer negocios con Mastromarino.

En agosto de 2005, LifeCell Corporation, un proveedor de injertos para quemaduras, cirugía estética y cintas uretrales, entre otros procedimientos, invitó a Mastromarino a su sede en Nueva Jersey. Le dijo que podía pagar cerca de 10.000 dólares por cuerpo si podia proveer la piel de al menos 400 donantes al año, de acuerdo con una copia de la presentación. Esto podría equivaler a millones de dólares al año para Mastromarino.

Dos semanas después de hacer su oferta, LifeCell recibió una carta del Fiscal de Distrito de Brooklyn. La Policía de Nueva York había estado investigando la cadena de robos de cuerpos de Mastromarino por meses, después de descubrir formularios de consentimiento falsificados en una casa fúnebre de Brooklyn. El Fiscal pidió a LifeCell que le girara cualquier información relacionada con la compañía de Mastromarino.

El 28 de septiembre –tres semanas después de que los fiscales pidieron los registros de LifeCell–, el Dr. Michael Bauer estaba revisando las cartillas de donantes para LifeCell. Siempre había manejado a los donantes provistos por la compañía de Mastromarino. Pero nunca había intentado verificar la información por su cuenta. No estaba enterado, dijo más tarde, de la investigación policial en marcha, pero esa noche algo lo hizo hacer lo que nunca antes había hecho. Intentó llamar al número de uno de los médicos que figuraban en la lista de un archivo de donantes.

Lo atendieron en una pizzería.

En el escándalo que siguió, LifeCell, RTI, Tutogen, Lost Mountain Tissue Bank y Central Texas Blood and Tissue retiraron un total de 25.000 productos –2.000 de los cuales habían sido vendidos a Australia, Corea del Sur, Turquía, Suiza y otros países.

Vive rápido, muere temprano

El caso de Mastromarino trajo un torrente de mala publicidad a la industria. Esta no agradecida atención se repitió en agosto de 2006, cuando un caso similar estalló en Carolina del Norte.

Phillip Guyett había estado trabajando en la industria del tejido humano por más de una década, empezando en California y extendiéndose luego a Nevada y, eventualmente, a Carolina del Norte.

En el camino, Guyett descubrió que la mejor manera de encontrar cuerpos jóvenes y sanos era ir a la pesca a morgues de condados y casas fúnebres en sitios de bajos ingresos con altos índices criminales, o concentrándose en ciudades como Las Vegas, donde la gente joven actúa estúpidamente y muere pronto.

Como Mastromarino, Guyett facilitó el proceso de vender partes del cuerpo con una contabilidad creativa. Fraguó información de los archivos de donantes, en un caso vendiendo tejido infectado de hepatitis con una muestra de sangre limpia de un cadáver diferente.

"Es ridículo. Yo nunca debería haber estado en condiciones de comenzar una empresa de recuperación (de tejido humano)", dijo a ICIJ en una reciente entrevista en prisión. "Envié el formulario online y en tres días ya era un banco de recuperación de tejido oficial, registrado ante la FDA. Es más difícil vender un hot dog en la calle que recuperar tejido para trasplante".

Guyett se declaró culpable de tres cargos de fraude y está cumpliendo ocho años en una prisión federal.

Los casos de Mastromarino y Guyett llevaron al senador Charles Schumer, demócrata de Nueva York, a impulsar legislación para ayudar a frenar a la industria de procesamiento de tejido humano. La propuesta exigiría a los nuevos bancos de tejido mínimos estándares y pasar por inspecciones regulares de la FDA. También habría exigido al gobierno federal definir los honorarios "razonables" –un cambio que, según compañías como Integra LifeSciences dijeron a los accionistas, podría poner en peligro sus ingresos futuros.

Su proyecto murió por un duro lobby de la industria, dijo Schumer. "Dijeron que no era necesario. Dijeron que ‘todo está bajo control’, pero yo tenía serias dudas", recordó. "El fondo de la cuestión es: lo que vimos pasar en la casa fúnebre de  Brooklyn bien podría estar pasando en muchos otros lugares aquí y en el extranjero, y no hay protección real".

Mastromarino concuerda.

"Nada va a cambiar", dijo. "Hay demasiada gente haciendo demasiado dinero".

 Apuntando con el dedo

Después de declararse culpable para evitar una posible sentencia en juicio a 8.673 años de prisión, Mastromarino declaró a los fiscales que sus compradores –RTI, Tutogen y LifeCell– no eran simples víctimas de sus crímenes. "Sólo miren cómo funciona", les dijo.

Los fiscales dijeron que no encontraron evidencias que corroboraran sus afirmaciones. Pero las familias de los muertos profanados están impulsando demandas civiles en las que acusan a RTI de negligencia –"no tanto por lo que exactamente sabían, sino por lo que deberían haber sabido", explicó un abogado de los demandantes al juez durante la batalla previa al juicio.

Si el caso llega a juicio, como está programado, en octubre (de 2012), se espera que la versión de Mastromarino sea una pieza central de la evidencia de los demandantes.

Suficientemente importante para el caso de los demandantes, de hecho, como para que los abogados de RTI Biologics lucharan para que su testimonio fuera descartado. Mastromarino ya se había declarado culpable de haber defraudado a RTI y Tutogen, observó la abogada Nancy Ledy-Gurren al juez Maltese. No podía dar la vuelta ahora y apuntarlos con el dedo, dijo.

El juez Maltese no estuvo de acuerdo.

"Ustedes quieren, básicamente, amordazar a Mastromarino para que no diga algo que incluya lo que sus clientes le dijeron –ese diálogo que despierta el fantasma de ‘¿Qué sabían y cuándo lo supieron?’", dijo el juez a los abogados de la compañía durante las audiencia del otoño (boreal) pasado.

Para el juez, el solo hecho de que el fiscal de distrito no acusara a los ejecutivos de las compañías más grandes no significa, necesariamente, que no "participaran en el emprendimiento".

Al menos, dijo el juez, las familias de las víctimas tienen el derecho de argumentar: "Deberían haber sabido. Quiero decir, ¿cómo podían ser tan ingenuos?".

(*) Colaboraron: Thomas Maier, Sandra Bartlett y Mar Cabra. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación es una red global independiente de reporteros que colabora en investigaciones internacionales. Para ver videos, gráficos y más historias de esta serie, ir a www.icij.com/tissue.

Traducción al español elpuercoespin.com.ar


FOTOS


En el hospital militar Queen Astrid de Bélgica, cada paquete con piel humana tiene un código que refiere a los datos del donante – Foto: Mar Cabra / ICIJ





Piel humana siendo procesada en el hospital militar Queen Astrid, Bruselas. Foto: Mar Cabra /ICIJ

 

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