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Pensamiento Crítico

El sur europeo se rebela contra Merkel

Por Jesús Sánchez Rodríguez | CEPRID. | 11 Marzo 2013

Angela Merkel tiene un problema, los neoliberales europeos tienen un problema, la UE se licua entre sus manos, no consiguen entender porque sus tecnocráticos planes para gobernar Europa, elaborados por destacados alumnos de las mejores facultades de económicas del continente, perfectos conocedores de las doctrinas de Hayek o Friedman, no consiguen convencer a los europeos, especialmente a los que habitan en los países del sur.

Ya habían aparecido síntomas de ingobernabilidad, de descomposición en el sur. Pero los quebraderos de cabeza no provenían, inicialmente, de sectores izquierdistas, que eran aún muy débiles. Los problemas los generaban la derecha, los nuestros dirían Merkel y los suyos. En Grecia estalló el escándalo, y la crisis, cuando se descubrió que el derechista Nueva Democracia había estado maquillando las cuentas estatales con ayuda de Goldman Sachs, aquello fue el principio del agravamiento de una crisis, que después de dos rescates no ha hecho más que empeorar. Sus reemplazantes en el gobierno, democráticamente elegidos bajo la promesa de sacar a los griegos de la crisis, fueron los siempre bien mandados y funcionales socialdemócratas, en Grecia agrupados sobretodo en el PASOK. Cumplieron su palabra con Merkel y los neoliberales y sometieron al pueblo griego al experimento social puesto en marcha por la troika. Pero, a pesar de sus credenciales de alumno sumiso, Papandreu cedió a la tentación de intentar dar la palabra al pueblo griego para que se pronunciase en referéndum en octubre de 2011. Los aterrorizados tecnócratas europeos se apresuraron a remplazarle por uno de los suyos de total confianza, Papademus.

Los griegos siguieron sin entender que todo se hacía por su bien, incluida esta conversión de Grecia en protectorado de la troika y esta violación burda de la democracia. Tras el interregno de gobierno tecnócrata impuesto por Bruselas, la vuelta a las urnas confirmó la rebelión del pueblo heleno a través del meteórico ascenso de la izquierdista Syriza. Fue necesario acudir a todo el repertorio de amenazas y hacer un llamamiento a la unión sagrada de conservadores y socialdemócratas para evitar, por el momento, que Syriza alcanzase el gobierno y echase por tierra todos los esfuerzos de la tecnocracia neoliberal. Ésta había conseguido ganar tiempo, mientras las protestas prosiguen con fuerza en Grecia, y Syriza espera su momento. El segundo quebradero de cabeza provocado por los que están en el mismo lado de la barricada que Mekel provenía de Italia. El gobierno de un Berlusconi acosado por los escándalos y los procesos judiciales, y basado en un grosero populismo, no estaba contribuyendo precisamente a enderezar la situación económica de Italia que, junto a España, representaban los problemas irresolubles de Europa por el tamaño de sus economías. Así que Merkel respiró cuando, finalmente, Berlusconi pudo ser desplazado del poder en noviembre de 2011, cediendo el paso a otra solución tecnócrata, como en Grecia, con Mario Monti. Nuevamente, se trataba de una situación transitoria que debería dar paso a un gobierno elegido en las urnas para continuar las políticas dictadas desde Bruselas a costa de los sacrificios del pueblo. El mejor escenario que soñaba Merkel era el de una victoria electoral de Mario Monti o, si fuera necesario, una reedición en Italia de la solución griega, una coalición de gobierno de Monti con los socialdemócratas del PD. Italia no se había lanzado en una senda de protestas de la intensidad de los griegos, Berlusconi parecía enterrado y no había en el horizonte una fuerza de izquierda como Syriza. Pero los sueños de los tecnócratas se volvieron pesadillas cuando la campaña, y luego los resultados electorales, sacaron a la luz un panorama muy diferente. Monti se hundió, Berlusconi resucitó y decidió seguir contrariando a sus compinches neoliberales europeos, la confiable y seria socialdemocracia se desinfló, y creció como la espuma un movimiento antipolítico y populistas, el Movimiento 5 Estrellas, que canalizó caóticamente un voto de protesta que, en Grecia, con un proceso de lucha popular, había encauzado la izquierdista Syriza. La Italia postelecciones se mostraba más ingobernable aún que en la etapa de Berlusconi, y no cabía, en este caso, un plan B de unión nacional como en Grecia. El pánico se extendió por Bruselas y los mercados.

En noviembre de 2011 España había dado un auténtico respiro político a Bruselas. No es que los socialdemócratas del PSOE no se hubiesen plegado sumisamente a los dictados de la troika, pues en mayo de 2010 el entonces presidente Zapatero dio un giro de 180 grados a su política socioeconómica siguiendo las imposiciones neoliberales. Pero el PP era un partido con menos complejos a la hora de aplicar la amarga medicina de los recortes y el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Y lo demostró el nuevo gobierno derechista durante todo el 2012. El ascenso meteórico de las protestas en España, conforme el gobierno golpeaba a las clases populares, era un problema gestionable siempre y cuando no estuviesen cercas unas elecciones capaces de alterar las relaciones de poder. Entretanto se ganaba tiempo para desgastar las protestas y tal vez poder ofrecer al final alguna señuelo de mejora con la que engañar de nuevo al electorado.

Lo que no entraba en los cálculos de Merkel era que los suyos, como en Grecia e Italia, también complicasen la situación hasta el extremo de volverla difícil de gestionar. De un lado activando un conflicto territorial en Cataluña con unas consecuencias difíciles de prever, de otro desbordándose los casos de corrupción política, ya habituales en España, para tocar en el núcleo de dos de las instituciones claves, el partido en el gobierno, con el caso Bárcenas, y la monarquía, con el caso Urdangarin. El primer caso, especialmente, puede llegar a obligar a un anticipo electoral si, al final, terminan imputados altos cargos del gobierno, incluido el presidente, y/o se llega a fracturar el propio partido. Pero incluso si el PP aguantase en el poder, su descredito total le va a hacer muy difícil la gestión de nuevos recortes y sacrificios. Todo indica que, sea cual sea la modalidad de desarrollo, la crisis en España va a empeorar en los próximos meses en los planos social, económico y político.

La forma de expresión política del malestar en España es más semejante a Grecia que a Italia. Las movilizaciones han sido intensas durante todo el 2012 y se están prolongando al inicio del 2013, aunque no hayan llegado a los niveles griegos con su cadena de huelgas generales. Y en España existe una expresión política de izquierdas, IU, en disposición de poder canalizar todo el malestar existente en las urnas evitando que, como en Italia, sea una formación política populista sin rumbo la que malgaste políticamente ese voto de protesta. Portugal cierra el arco Mediterráneo de problemas para Merkel. Su situación se asemeja en algunos aspectos a Grecia y a España. Al igual que el primero de los dos países necesitó un rescate financiero por parte de Bruselas acompañado de un duro plan de recortes y sacrificios para las clases populares. Al igual que España, en 2011 un gobierno conservador reemplazo al anterior socialdemócrata y profundizó las medidas de ajuste y, también, se ha desarrollado un amplio movimiento de protestas a través de huelgas y movilizaciones en la calle. Existe una izquierda de cierta importancia que, al igual que en Grecia, se encuentra dividida. La diferencia es que, en tanto que en el país heleno, Syriza se ha impuesto claramente como la opción preferida frente al partido comunista, hasta transformarse en una alternativa real de gobierno; en Portugal las dos formaciones de la izquierda, el PCP y el Bloque de Izquierdas, tienen un apoyo similar con ventaja del primero. Pero, en estos momentos, Portugal no tiene ni una fuerza del peso de Syriza, ni un Movimiento 5 Estrellas como en Italia, ni su gobierno está corroído por la corrupción como en España y, por lo tanto, dentro de la preocupación, su situación es más manejable para el gobierno y para tranquilidad de Bruselas.

Pero como demostró Grecia con Syriza, Italia con Beppe Grillo, España con la corrupción, y los cuatro países mediterráneos con la ola de movilizaciones y protestas la situación es muy cambiante y en absoluto apta para ser controlada por la tecnocracia europea y sus agentes nacionales. Expresado en las urnas, en los centros de trabajo o en las calles, el malestar va en aumento entre las clases populares y el control de la situación del sur por parte de Merkel se la escapa entre las manos.

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