Pensamiento Crítico

Aproximación al Chávez del desierto

Por Julián Rivas | Ciudad Caracas | 08 Junio 2013

Chávez hizo una cruzada nacional con limitados recursos en carros viejos. Había seguridad de triunfar así fuera cruzando un desierto. Es curioso: más de un corresponsal extranjero siguió alguna de estas giras y advirtió sobre su carácter evangelizador y a la vez impugnador del orden existente, con el pensamiento de Simón Bolívar como guía. La incredulidad y el desprecio dominaban en las élites puntofijistas que se burlaban de un hombre que no logró su objetivo el 4-F, que usaba liquiliques y, según la interpretación oligárquica, recordaba montoneras viejas. La burguesía fedecamarera seguía embebida de una modernidad que imponía el consenso de Washington. Los centros académicos seguían consumiendo epistemología eurocéntrica. Ese hombre ganó la Presidencia en 1998. Después de cruzar el desierto gobernó 14 años, hizo historia. ¿Cómo? Todavía en este 2013 la oligarquía no comprende este país.

Al salir de la cárcel en 1994 y vivir un auge efímero, de pocos meses, le tocó la soledad. Pareció que se había cerrado el círculo de la Gestalt, y nada más iba a pasar.

Para la gran prensa el gobierno de Rafael Caldera le había quitado fuerza al discurso. Las razones para la rebeliones de 1992 fueron expropiadas por la Causa R y también por Caldera. No pudo Andrés Velásquez y Caldera ganó en 1993 con un chiripero en el que, supuestamente, estaba la izquierda.

Pero Hugo Chávez fue decidido y perseverante para hacer los cambios que por siglos ha buscado este país. Hasta fines de 1996 rechazó toda sugerencia de ir a elecciones, optar a cargos de representación. Los grandes medios lo aislaron y vendieron una imagen de él como reminiscencia del perezjimenizmo, casi decimonónica. Su organización MBR-200 sería una corriente pequeña, excluida de los cuarteles, sin calle. Fue subestimado.

Pocos creían en Chávez. Muchos de sus correligionarios con los que se alzó en 1992 parecía que lo habían abandonado. De los comandantes del 4-F, Arias Cárdenas paró en Pami, una distribuidora de leche. Ortiz Contreras igual murió en una carretera de Francia, adonde viajó por sus labores para el gobierno de Caldera. Otros militares arribaron a Inager. Las aguas parecían volver a su cauce.

¿Con quién contaba Chávez? Al salir de la cárcel y pretender poner en marcha el MBR-200, ahora con un fuerte componente civil, pocos militares o exalzados le dieron el apoyo. Se veía al capitán Jesús Aguilarte Gámez y teniente Rafael Isea, los esenciales. Esos podían dormir en el sofá, apoyarse en las masas o soportar las necesidades con estoicismo. Más allá Miguel Madrid Bustamente, el capitán Ismael Pérez Sira y el sargento Iván Freitez. El alférez Julio César Martínez fungió de ayudante en medio de una situación difícil que le imposibilitaba mantenerse en Caracas.

La vida posterior a la salida de la cárcel el 26 de marzo de 1994, luego de los pronunciamientos del Ateneo de Caracas, se eclipsó. Pero Chávez se dedicó a unificar nacionalmente a grupos, cápsulas de grupos y subgrupos, que eran un archipiélago de derrotados, de perseguidos políticos buscando oxígeno, muchas veces hasta para recomponer sus hogares. Era un mundo estanco, al cual Chávez supo dar aliento para poner en marcha un proyecto que pretendieron derrotar con la indiferencia, obviando el malestar social ante un Caldera neoliberal, que desechaba las expectativas con que llegó a Miraflores. No acabó con el neoliberalismo. El establecimiento político todavía era oligárquico.

Pocos apostaban al proyecto de Chávez. Al Comandante del 4 de febrero de vez en cuando le daban una entrevista en algún medio, pero era como para increparle su obstinación en perturbar el espíritu de “conciliación” de Rafael Caldera. Pero Hugo Chávez concretó las ideas y la organización que lo llevaron la Presidencia de la República precisamente en sus tiempos, llamados por él mismo, del desierto (1994-1998). Y lo cruzó.

Chávez no cejó en todos esos años. Mantuvo sus treces. Lo primero que hizo fue intentar poner orden entre gente que era poca y no podía dividirse todavía más. Le dio cohesión y unidad a gente diversa. Reclutó a miles luego de arengas en los pueblos de toda Venezuela. Ganó con perseverancia.

Impulsó equipos regionales con plan de giras

Entre 1994 y 1995 se conformó una dirección para Caracas, y surgieron nombres: Nicolás Maduro, los hermanos Gavidia, Víctor Belis, Pedro Infante, Cilia Flores. Militantes de la Asamblea de Barrios de Caracas, como José Marrero, en Caricuao; los hermanos Sucre de El Cementerio; Daniza Marrero, de Antímano; Nelly Baric, de Petare; El Abuelo, Los Guerreros de La Vega, El Viejo Morín,entre otros que participaron.

En la Universidad Central de Venezuela participaban Manuel Grillo, Fidel Hernández y Julián Rivas, quienes se articularon con Jesús Aguilarte Gámez, entonces director de organización e ideología. En Carabobo pueden citarse a Saúl ortega, Nancy Pérez, Orlando Acosta y Juan José Henández. En Aragua, fue destacada la actividad promotora de Iris García y el comandante Ismael Pérez Sira.

En Los Teques estaban Valentín Troconis y Anita Orellana. En Lara, Víctor Martínez. En Yaracuy, Mercedes Castellanos. En Cojedes, Argentina Menessini. En Barinas, la familia Chávez, Argenis, Adán y otros. En Táchira, Andrés Manrique, Franklin González, Ramón Moreno y Samuel López. También José Gregorio Zambrano, Gustavo Pérez Issa e Iris Varela.

En Puerto La Cruz estuvo Nelson Carreño, exmilitante de la Liga Socialista y publicista. También Rigoberto Cardivillo, Ángel Rodríguez, quien es uno de los exmilitantes de la LS que acompaña a Chávez desde su salida de la cárcel, junto a Nicolás Maduro. En Sucre, el boxeador Antonio Esparragoza, el profesor Alcides González y el dirigente estudiantil Enrique Maestre nuclean el movimiento en ese estado. En Bolívar, el locutor Nolasco Guarisma Álvarez, los hermanos Pedro y Eliseo Bolívar, Hernán La Rosa y Ramón Espina.

En Monagas, Manuel Pérez impulsó el MBR-200. Y en Nueva Esparta, los esposos Erasmo Marcano y Luz Mujica, todos llegados de Liga Socialista. En Falcón destacó José Chirinos, y en Zulia el capitán Jorge Luis Durán Centeno, la profesora de la Universidad del Zulia, Brigitte Bernard, Joe Márquez, entre otros.

El impulso de la política acertada para gobernar

Por los años 1994-1996 se mantuvo la política de unidad cívico-militar para un cambio en el país, con la marcha bolivariana y el mando para tales cometidos. Esta orientación se mantuvo hasta inicios de 1997, cuando Hugo Chávez convenció a la militancia sobre la participación electoral.

¿Qué elementos hacen viable la participación electoral? Hay que recordar que a fines de 1995 se realizaron elecciones de gobernadores y alcaldes. En esa oportunidad el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 llamó a la abstención, con una consigna que era todo un mensaje político para un pueblo que terminó de desencantarse el gobierno de Rafael Caldera: “Por ahora… por ninguno”. Prácticamente no hubo un solo barrio en el oeste de Caracas en donde no se pegaron afiches y carteles con este llamado.

Ya había mayor nivel de conciencia en el pueblo venezolano sobre la necesidad de cambios profundos. El movimiento revolucionario nucleado alrededor de Hugo Chávez en 1996 llegó a unas conclusiones que fueron expuestas en la Asamblea Nacional de diciembre. Se analizó el escenario internacional y la coyuntura nacional: la salida cívico-militar se veía complicada. A la vez se vio con claridad que se podía ganar las elecciones. El deterioro del puntofijismo era acelerado.

Y hubo nuevos giros políticos. Con el MBR-200 Hugo Chávez interpretó los reclamos de parte de sectores nacionalistas, revolucionarias, progresistas y de izquierda que hacían críticas a un sistema neoliberal que llevaba a las mayorías a la pobreza. Sin embargo, siempre surgía una pregunta: ¿Cuál es la alternativa? Desde esta inquietud surge la iniciativa de abrir una discusión que sirva de contrapeso a la política de ajuste del gobierno de Caldera, que tenía entre sus mentores a Teodoro Petkoff y otros dirigentes venidos del Movimiento al Socialismo y conversos al neoliberalismo.

Así surge la Agenda Alternativa Bolivariana, que también se nutre de las luchas estudiantiles contra el Proyecto de Ley de Educación Superior que tuvo entre sus principales impulsores a Ramón Guillermo Aveledo, jefe parlamentario de Copei. La política de privatización tomaba cuerpo en educación con ese proyecto, que en la UCV lo preconizaba Giusseppe Gianneto, a la postre rector de esa universidad.

En este proceso de encuentros la Universidad Central de Venezuela hizo aportes. Allí estaban Nelson Merentes, Maigualida Barrera y Flor Ríos, del MBR-200, en articulación con profesores, empleados universitarios e incluso autoridades como Trino Alcides Díaz, Elías Eljuri y Adina Bastidas. A la vez, se extendía a Francisco Mieres, J.J. Montilla, Carlos Mendoza Pottellá, Ángel Ziems, Leticia Barrios, y otros. De esta corriente surgió una plataforma unitaria a la que se tendían puentes con otros sectores que militaron en el Frente Patriótico. Entre 1995 y 1996 esa universidad impulsó una discusión sobre la Apertura Petrolera.

La prensa bolivariana era limitada. Existía El pueblo soberano, Por ahora y para siempre, editados en Los Valles del Tuy. Allí se agruparon Iván y Marisela de Brito, de Charallave, Willian Lara, de Petare, Miguel Madriz Bustamente y Argenis Chávez. Pero no era suficiente esa prensa, y había que innovar para llevar el mensaje bolivariano a más venezolanos.

El propio mensaje de Chávez, pueblo por pueblo, se hizo un medio de comunicar y sumar. El editor Manuel Vadell impulsó algunas producciones, como libros y folletos. Otra opción era ganar espacios en los medios tradicionales, y cuestionar el viejo bipartidismo puntofijista.

La militancia del MBR nunca asumió una postura que se pareciera a partido. Se insertó en las luchas sociales, especialmente contra el paquete neoliberal de Caldera y Teodoro Petkoff. Se activaba una organización que lo menos que deseaba parecerse era a los viejos partidos. Con un discurso que cuestionaba a los aparatos adeco-copeyanos fue abriendo luchas y aprovechó la mejor coyuntura para el ascenso al poder.

En diciembre de 1996 la mayoría de la organización no era partidaria del acto electoral. Aún se hablaba del tercer golpe, y se generaron mecanismos de recolección de información muy eficaces, bien compartimentados y con penetración de los estamentos institucionales con mayores detalles que pudo obtenerse en 1992. La opción electoral surgió de esa lucha. Se impuso una política acertada.

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El salto electoral

En diciembre de 1996, la Asamblea del MBR-200 se abrió en el teatro Chacaíto y fue cerrada dos días después en la Universidad Central de Venezuela. Fue dura en sus deliberaciones. Hugo Chávez tuvo que imponer su autoridad porque en una mesa fue derrotada la posibilidad de una consulta para ir a elecciones. Hasta surgieron temores de que se dividiera el movimiento por este debate.

El caso es que el camino electoral siempre fue consultado con la militancia.

Se eligió la nueva dirección nacional, que tenía a Chávez como director general del MBR-200; y Nicolás Maduro, en Finanzas; Manuel Vadell, de Seguridad y Disciplina; Willian Izarra, Política; Nayib Ayaab, Ideología; más Miguel Madriz Bustamente y Luis Alfonso Dávila. Entre las conclusiones se acordó nombrar una comisión que consultara sobre si ir a elecciones o no, cuyos resultados serían presentados en la asamblea que se iba a realizar en Valencia el 19 de abril de 1997.

Antes del 19 de abril ya la dirección había acordado impulsar El Todos con Chávez, a cargo de Izarra, militar que fundó en los años 70 la Alianza revolucionario de Militares Activos (Armas). Éste desde la dirección política tuvo la responsabilidad de crear un secretariado político, de carácter ejecutivo, donde estuvieron Willian Lara, Julián Rivas, Orlando Acosta, entre otros.

El 19 de abril de 1997, en Valencia se concentraron militantes y dirigentes procedentes de todas las regiones del país. Tras leer los resultados de la encuesta y una ardua discusión se aprobó abrir el camino electoral. La mayoría se decidió a favor de postular a Chávez como candidato a la Presidencia de la República Eso implicaba fundar otra organización que asumiera las tareas electorales. No fue fácil el debate, las corrientes abstencionistas ofrecieron tragos amargos. La transición entre el MBR200 y la futura organización estuvo a cargo del consejo superior bolivariano, con vigencia de 15 días para crear una poderosa estructura electoral. De allí se creó una comisión que mantuvo en secreto el nombre del nuevo movimiento para impedir saboteo en el Consejo Supremo Electoral. Se recogieron las firmas sin tener el nombre, y el día de la inscripción se dijo: Se llama Movimiento Quinta República (MVR).

En el proceso de legalización en el CNE y estatutos tuvieron responsabilidades, Willian Izarra, Omar Mezza Ramírez y J.R. Núñez Tenorio. La creación del Movimiento Quinta República, con Chávez como líder, comprendió una Dirección Estratégica Nacional de 60 integrantes principales. El Comando Táctico Nacional CTN) estuvo compuesto por directores e integrantes de la dirección de organización, a cargo Izarra. Se conformaron las direcciones regionales y se nombraron en asamblea los integrantes de todas las direcciones. El proceso se ajustó en menos de un mes.

Otros integrantes del CTN fueron J.R. Núñez Tenorio, en Ideología; Luis Alfonso Dávila, Planificación; Nicolás Maduro, Movilización; Omar Mezza, Electoral; y en el equipo de organización estuvieron Jorge Rodríguez (de Aragua), Juan José Hernández (de Carabobo), Luis Reyes Reyes (Lara), Willian Lara (Miranda) y Nelson Merentes. Como director de Finanzas fue convocado Luis Miquilena, y en Medios y Propaganda Julián Rivas.

Es importante destacar que en agosto de 1997 se hizo la primera consulta sobre el plan de campaña electoral, en la Colonia Tovar. En la actividad participaron dirigentes del MVR, y también especialistas como Francisco Mieres, J.J. Montilla, Carlos Mendoza Potellá, y otros. Esta historia es larga y curvera. Culebrera. Pero se ganó la Presidencia en 1998 y llegó la Constituyente.