Pensamiento Crítico

Oscar Arias es un peligro para Costa Rica, advierte ex asesor

None | 23 Febrero 2006

La siguiente entrevista es a una figura conocida en el medio político que, durante años, fue uno de los más cercanos colaboradores del expresidente Arias. Ocupó altos cargos en la administración pública en varias administraciones. Hombre de temple y de profundas convicciones democráticas y liberacionistas, es un luchador por ideales y un defensor de valores y principios que ha practicado durante toda su vida.

Su firme carácter le ha permito no doblegarse en la adversidad, ni aún cuando es golpeado por la mediocridad enquistada en el poder político. Hoy se enfrenta a Oscar Arias porque el hacerlo lo considera "una obligación moral hacia un pueblo que ha sido abusado por una clase gobernante que, en su autismo político, ha perdido la noción de lo que significa medir las consecuencias de sus actos".

Muchos lo conocíamos a usted como muy amigo del expresidente Arias. Fue, durante años, uno de sus más fervientes y fértiles colaboradores. ¿Como explica su actual oposición al expresidente expresada, entre otros, en varios artículos publicados en distintos medios de prensa?

El Oscar Arias de hoy no es el mismo de ayer. Colaboré con él, en Planificación Nacional, en la década de los 70 y luego, durante parte importante de su carrera política, motivado por razones de principios. Al margen de las diferencias que en política siempre existen, creí que compartíamos ideales de justicia social, paz y un profundo respeto por las normas que rigen toda sociedad civilizada y democrática.

¿Cuál es el Oscar Arias de hoy?

El que en su desmedida ambición, se une y acepta representar los intereses de una minúscula cúpula de hombres codiciosos que han venido secuestrando a nuestra democracia para servirse de ella. Arias es parte de una peligrosa conspiración para concentrar poder político y económico que está partiendo al país en dos: la Costa Rica opulenta y la Costa Rica de la marginalidad la pobreza y la miseria. Si esto no se para a tiempo se producirán serios resquebrajamientos en nuestra democracia.

Es muy grave su afirmación.

La política es ciencia de realidades, como bien recordaba recientemente el expresidente, don Luis Alberto Monge. Mal haríamos en negarlas o disimularlas, como algunos pretenden para no manchar, dicen, la buena imagen del país. Cabría preguntarles a cual imagen se refieren luego de los grandes escándalos de corrupción, el paulatino abandono de un exitoso proyecto político de solidaridad social y la prepotencia de una cúpula que ha renunciado al método democrático para alcanzar sus obscenos designios de seguir gobernando bajo signos de inmoralidad. Ni siquiera cuidan las apariencias: su ex Ministro de la Presidencia y hermano como principal asesor económico del actual gobierno. Que le parece.

Pero renunció…

Yo no sé si renunció o se fue cuando sintió que ya había logrado vender sus tesis neoliberales. Lo cierto es que estuvo ahí a pesar, incluso, de la propia resistencia de alguna gente socialcristiana que no comparte ese tipo de recetas. Lo vergonzoso es el escandaloso cogobierno y el alto costo que esto tendrá para Liberación Nacional, un Partido que, por definición histórica, ha ocupado en el espectro político nacional un lugar comprometido con los intereses de las grandes mayorías.

¿Nuestra democracia va para atrás?

Han puesto al país y a nuestra democracia en reversa y tendrán por eso, y espero que pronto, que rendirle cuentas al pueblo costarricense. Uno a veces se pregunta si serán concientes de los peligros a que exponen al país en ese afanoso empeño de acumular riqueza, no importa como, usando de manera desvergonzada el poder político.

Con particular énfasis advierte usted sobre la amenaza que se cierne sobre esa práctica democrática que califica como "atributo individual y colectivo de los costarricenses".

El método democrático le ha servido a este país para avanzar por esa vía propia, costarricense, sobre la que tanto se habla y escribe. Violentarlo como lo está haciendo Arias y sus allegados, valiéndose de un circunstancial clientelismo político en acelerado deterioro, arriesga un proyecto de país que costó sangre y sacrificio construir bajo la sabia conducción de los indiscutibles líderes históricos Rafael Angel Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde, Monseñor Sanabria y José Figueres Ferrer.

La amenaza es real. Me referiré a ella sin dejar de mencionar "salidas" del expresidente, que guardan estrecha relación con el tema: su autocalificación de "águila" entre "caracoles", sus sorpresivas e inauditas declaraciones en las que justificaba, bajo ciertas premisas, "la tiranía en la democracia" o más recientemente la manera despectiva con que trató a sus actuales contendientes llamando a uno taliban y al otro, que no le ha escuchado decir nada inteligente y por supuesto sus reiteradas negativas a debatir o el irrespeto a la figura del Papa. Son exabruptos de un político que no pareciera ser costarricense. Pero dejemos a los entendidos el análisis de este tipo de perturbaciones emocionales que, al menos para mí, bastan para descalificar a alguien que aspira a conducir un país como Costa Rica en los próximos cuatro años. Creo que es obligación moral de todo ciudadano conciente, advertir sobre lo que considera una afrenta a la democracia. En mi caso reitero mi llamado de atención sobre la necesidad de apartar de nuestra vida política este tipo de conductas. Y hacerlo a tiempo, y no cuando ya sea demasiado tarde.

¿Podría ser más explícito?

A partir del pacto del expresidente Arias con algunos miembros de la cúpula político-empresarial comenzó a montarse una alianza para impulsar la reelección presidencial entre unas pocas personas, a espaldas de la opinión pública y de la propia dirigencia de los partidos. Su fin principal: cerrarle el paso a las fuerzas políticas emergentes que, como el PAC, han venido creciendo de manera acelerada debido a la inconformidad con la clase política gobernante, con las medidas de corte neoliberal que se vienen aplicando, y con los bochornosos actos de corrupción que han merecido el repudio de la gran mayoría de los costarricenses. Ya habían logrado impedir, a través de un escandaloso fraude, el ascenso al poder de uno de los mejores abanderados de la Costa Rica insatisfecha: el ejemplar ciudadano don José Miguel Corrales cuyo espíritu combativo y su coraje para hablar de frente y llamar las cosas por su nombre hubiera deseado verlo en alguno de los candidatos que se oponen a Arias en la presenta campaña. Pero volviendo al tema. En la campaña millonaria por la reelección impulsada por este grupo y con acciones coercitivas que inducían a engaño, no escatimaron el uso de baterías mediáticas propias de mercadeos alienantes para manipular principios democráticos. Se atrevieron incluso, con la mirada complaciente de las autoridades electorales, a realizar un acto espurio disfrazado de "consulta" con urnas custodiadas por celosos partidarios y encimadas con la propaganda del sí a la reelección. Recuerdo que ese día le comentaba a un amigo que eso guardaba relación con "consultas" similares realizadas durante los regímenes militares en el Cono Sur.

Las presiones a los Magistrados con el fin de involucrarlos a favor de un propósito político electoral individual tuvieron resultados que violentan la división de poderes; las amenazas y los chantajes a los asambleístas del PLN para imponer las nuevas autoridades; el torpedeo sistemático a la realización de un verdadero congreso partidario; el ambiente de miedo y represión que lograron crear y el fraude en las consultas internas son, unido a un total irrespeto por las instituciones democráticas, pilares de nuestra democracia. Solamente para mencionarle algunos de los actos concatenados que revelan propósitos ajenos al interés común. Y esto, aquí y en cualquier otra realidad, representan conductas autoritarias que pueden conducir a la violencia política.

¿Acusa usted de violento a un Premio Nóbel de la Paz?

Solo menciono algunos ejemplos de hechos que tienen un principal responsable al que pareciera no importarle honrar el galardón otorgado.

¿Considera al actual Oscar Arias un Líder?

Las reprochables actitudes de Arias mencionadas, junto a muchas otras, no tienden puentes sino levantan muros que separan cada vez más a los y las costarricenses. Un líder democrático entiende que la gobernabilidad la ejercen con éxito los que tienen la capacidad para reunir, coordinar, conciliar y armonizar. Lo que hoy exhibe el expresidente, secundado por quienes se comportan más como cortesanos y cortesanas que como verdaderos partidarios y partidarias, son conductas mesiánicas propias de dictadores.

La sumisión a la autoridad que él pregona, con total desparpajo, siempre viene acompañada de órdenes para silenciar voces, quebrantar voluntades, imponer miedos, perseguir a los ciudadanos resistentes. Quien no acepta los contrapesos políticos no es líder y menos demócrata sino un autoritario que violenta de manera irresponsable las normas del juego democrático.

¿Si actualmente fuera su asesor que le aconsejaría al expresidente?

Me resulta imposible imaginarme en esa situación, en las actuales circunstancias y después que haber pasado tanta agua bajo el puente. Le diría que sus actuales acólitos lo han embarcado en una aventura que terminará muy mal para él. Que su, aún incomprensible para algunos, metamorfosis política le hará perder el respeto de muchos costarricenses, la imagen ganada en el ámbito internacional y una paz de espíritu que me imagino comienza a carecer.

¿Que espera en estas próximas elecciones y que mensaje le daría a la gente de su propio Partido?

Que se imponga la razón y la cultura política de un pueblo pacífico y tolerante que no necesita de "salvadores" para gobernarse. Oscar Arias no representa en esta elección a Liberación Nacional. Ha impuesto, con la complicidad de algunos pusilánimes, banderas ajenas al Partido lo que ha provocado el éxodo de muchísimos valiosos compañeros y compañeras y el tácito rechazo a su candidatura por parte de los fundadores del Partido aún en vida. Ha renegado de los principios doctrinarios que dieron origen y justifican la existencia del PLN y se burla de la gente. Para mí, como para muchos otros estimables compañeros y compañeras de Partido, votar hoy por Oscar Arias es lo mismo que votar contra Liberación Nacional.

¿Ha perdido la esperanza?

Nunca he perdido la esperanza. Soy un optimista histórico y aunque veo obscuros nubarrones sé que muchos costarricenses liberacionistas están seriamente preocupados. Espero que la permisibilidad de algunos dirigentes tenga un giro radical aunque sea de última hora, e lo contrario caeremos irremediablemente en una espiral de confrontaciones que pueden terminar muy mal y nunca veremos resurgir al Ave Fénix. El precio político por la renuncia a la memoria histórica espero no sea, aunque lo dudo, muy grande. En cualquiera de los casos el daño ya esta hecho y esto hiere profundamente la sensibilidad y el corazón de quienes somos parte de la lucha sin fin por un mundo en donde el bienestar deje de ser privilegio de unos pocos.

Afrenta a la democracia

Por José Luis Callaci, ex asesor de Oscar Arias

Desde que arribé a Costa Rica, mantuve amistad y fui un leal colaborador de Oscar Arias. Apoyé su gestión como Ministro y luego como Presidente y, durante casi dos décadas, le ayude en su carrera política. Formé parte de un proyecto exitoso para tender puentes y lograr la paz en Centroamérica, para convencer y no vencer, para desarrollar un tipo de liderazgo que una y no separe a los costarricenses. La ponderación sobre mis participaciones y sus resultados las dará el tiempo, basado en testimonios de testigos honestos y bien informados.

Ejercí mis derechos ciudadanos y, en las alturas o en las bajuras, jamás sentí algo que me hiciera pensar en tener que renunciar a ellos ya sea para elogiar o cuestionar, de acuerdo a mis convicciones, las actuaciones de quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos del país o aspiran a ello. Esa Costa Rica fue la que siempre admiré y llegué a amar. Pregoné y defendí, dentro y fuera de sus fronteras, la práctica democrática de los costarricenses, labrada con sangre y sacrificios por antepasados de admirable estirpe. Fue una forma de rendirle tributo a una tierra hospitalaria que llegó a ser mi segunda patria.

Consecuente con ello, ligado al cariño e inspirado en la admiración por un pueblo que me dio protección y cobijo, he venido cuestionando con vehemencia las últimas posiciones asumidas por el expresidente Arias, particularmente aquellas que considero ponen en grave riesgo uno de los más grandes logros que atesora el pueblo costarricense: su paz social. Lo seguiré haciendo a pesar de las descalificaciones, difamaciones y amenazas que vengo soportando

Me he sumado de manera abierta y sin tapujos, a los que sostienen que el expresidente se ha convertido en "mascarón de proa" de quienes, filtrando principios democráticos, pretenden satisfacer mezquinas vanidades o abusar del poder bajo signos de inmoralidad, y coincido plenamente con la afirmación de que en Costa Rica se ha violentado, de manera grave, la división de poderes.

Escribí en este sentido varios artículos que fueron publicados en distintos medios, de prensa, en los cuales critico la forma en que se "aprobó" la reelección presidencial y el autoritarismo que, con sobrada jactancia y soberbia arrogancia, exhibe el expresidente Arias. En uno de ellos señalo que, de prevalecer esa actitud, reafirmada en una de sus últimas y lamentables intervenciones al decir que "…Bajo esa premisa creo que es mejor evitar el caos y la anarquía y promover la tiranía en la democracia…" ( La Prensa Libre , 3 de septiembre, pag. 5), se perdería, irremediablemente, la presencia en el espectro político nacional de una de las instituciones históricas más prestigiosas, al menos como se la ha conocido, valorado y defendido.

Se que muchos pensaran que esa fatídica frase que pareciera no haber salido de un político costarricense sino más bien de cuarteles militares, en épocas de triste memoria para muchos latinoamericanos, es parte de los reiterados exabruptos, a que nos tiene acostumbrados el expresidente, una de cuyas manifestaciones más patentes fue su desafortunada auto calificación de águila (¿imperial?) rodeada de caracoles. En todo caso, independientemente de las valoraciones de carácter político y para entender mejor el origen de los mismos, sería conveniente recurrir a la opinión de especialistas entendidos en este tipo de perturbaciones emocionales.

La gobernabilidad democrática la ejercen con éxito los que tienen el suficiente liderazgo y capacidad para reunir, conciliar, armonizar. La "gobernabilidad autoritaria" que hoy pregona Oscar Arias la ejercen los dictadores, justificados en "mesianismos" (sabelotodos) y basados en temporales clientelismos políticos. Es de mentes obsesivas tratar de confundir la creciente resistencia, de la inmensa mayoría de la población costarricense bien informada, a las políticas privatizadoras y a las imposiciones, en cuenta el presente Tratado de Libre Comercio, con caos y anarquía. Son cosas bien diferentes.

La sumisión a la autoridad que alienta el expresidente Arias, viene siempre acompañada de medidas para silenciar voces, quebrantar voluntades, imponer miedos, perseguir a los ciudadanos o eliminar los necesarios contrapesos que deben existir en toda democracia. Es mi ferviente deseo que esta amenaza, esta afrenta a la democracia, sea finalmente rechazada por una sociedad conformada por hombres y mujeres libres y no siervos menguados. Si sus designios prosperaran, el país se sumiría en agudas confrontaciones que nos pueden llevar, entonces sí, al caos y la anarquía. Por estas y muchas razones más, este próximo 5 de febrero NO VOTARE POR OSCAR ARIAS.