Pensamiento Crítico

La economía cubana y América Latina: oportunidades y desafíos

Por José Luis Rodríguez* | Cuba Contemporánea | 10 Marzo 2014

La cumbre de la CELAC celebrada en La Habana ha traído a un primer plano las potencialidades de los vínculos comerciales, financieros y de integración económica entre Cuba y diferentes países de América Latina y el Caribe.

Esto resulta particularmente relevante para el proceso de transformaciones que tiene lugar en nuestro país y también en el esfuerzo por mejorar nuestra inserción en el sistema de relaciones económicas internacionales.

La inmersión en este tema requiere un análisis previo, teniendo en cuenta que las condiciones de la economía cubana muestran un elevado nivel de dependencia de sus vínculos con el exterior.

En efecto, la relación entre las transacciones comerciales externas y el PIB a precios corrientes alcanzó un nivel del 26,5% en 2012, cifra algo superior a la de 2000, cuando registró 23,1%, mientras que el coeficiente de importaciones se mantuvo en 18,8%, en un entorno similar al del período señalado, lo cual indica un crecimiento mayor de las exportaciones.

Por otro lado, cuando se añade el valor de las exportaciones de servicios, que pasan a ser preponderantes a partir de 2005, puede estimarse que la dependencia del sector externo se elevaría a 38,6%.

De un modo más sintético puede decirse que la estructura de la economía cubana actual precisa que para generar un crecimiento de 1% en el PIB se produzca un incremento de 1,55% en las importaciones (ver el interesante análisis de Nancy Quiñones titulado Déficit externo de Cuba en el período 1990–2010, incluido en la revista Cuba Investigación Económica, Nos. 1 y 2 de enero–diciembre de 2011), lo cual supone contar con elevadas capacidades de crédito para lograrlo, factor que se convierte en una limitante estructural que es preciso superar en el más breve plazo posible.

Es en este contexto que resultan de una importancia estratégica los esfuerzos que se vienen realizando para lograr un gradual equilibrio financiero externo mediante la promoción de exportaciones y la sustitución de importaciones.

En esa dirección se aprecian algunos resultados, si se toma en cuenta que en los últimos años el intercambio comercial externo del país sufrió una importante transformación, ya que se logró transitar de una balanza comercial de bienes y servicios deficitaria hasta 2008, a una superavitaria que se estima alcanzó 4,2% del PIB en 2012.

Este resultado se ha conseguido –no obstante– a partir de una severa restricción de importaciones y de un incremento en exportaciones de bajo valor agregado. En efecto, aún el 72,5% de la estructura de los productos que se exportan consiste en mercancías de baja integración tecnológica; el 6,2% de media–baja; el 7,2% de media–alta y el 13,6% de alta composición tecnológica.

De igual modo, la estructura de las importaciones refleja una reducción de 34% en la compra de bienes de consumo, mientras que la proporción de los bienes de capital en el total importado bajó de 13,1% en 2008 a 8,1% en 2012.

En el caso de las exportaciones, la expansión de los servicios de fuerza de trabajo altamente calificada ha contribuido a incrementar las posibilidades de obtener mayores ingresos utilizando el acervo de capital humano creado tras el triunfo de la Revolución.

En todos estos ámbitos el papel que han venido desempeñando varios países latinoamericanos merece una valoración particular.

Servicios, clave en la exportación

De acuerdo con la información disponible, en la orientación geográfica del comercio exterior cubano de bienes resaltan como principales receptores de nuestras exportaciones Venezuela, Países Bajos, Canadá, China y España. En cuanto a las importaciones, los principales suministradores de Cuba son Venezuela, China, España, Brasil y Estados Unidos.

En ambos casos se muestra un elevado nivel de concentración en un grupo reducido de países, fenómeno que ha sido característico en el comercio exterior cubano a lo largo de su historia.

Por su parte, la composición mercantil de los intercambios con otros países refleja una estructura que ha tenido pocos cambios de significación en los últimos años, si se exceptúa el caso de los medicamentos.

De este modo, la exportación de mercancías en 2012 se concentró en el mineral de níquel, el 19% del total, seguido por las medicinas y productos farmacéuticos, el 10%; el azúcar (8,2%) y el tabaco (4%). No obstante, el Anuario Estadístico de Cuba de 2012 no detalla otros productos exportados que representan el 67,7% del valor total, entre los que deben estar incluidas mercancías como combustibles y diversas manufacturas.

En el caso de las importaciones, estas son cubiertas en gran medida por la factura de combustibles, cuyo peso se incrementó del 29,8% del total comprado en el exterior en 2009 al 46,9% en 2012. Por su parte, los alimentos se redujeron del 16,8 al 11,9% en el mismo período, pero la suma de ambas partidas pasó del 46,6 al 58,8%, poniendo de manifiesto la elevada dependencia externa de estos insumos fundamentales.

Aunque no existe una estadística detallada para el comercio de servicios, su exportación pasó a ocupar el primer lugar en los ingresos comerciales del país en los últimos años. En efecto, cifras estimadas por el SELA reflejan que la exportación de servicios cubanos pasó de 7.819 millones de dólares en 2009 a 11.704 en 2012, para un crecimiento del 49,7% en tres años.

El superávit en la cuenta de servicios permitió así compensar el desbalance en el comercio de bienes y arrojar –adicionalmente– un saldo positivo que alcanzó 1.236 millones en 2013, a pesar de las dificultades afrontadas el pasado año, lo cual produjo una transformación de gran importancia en el papel del comercio exterior para el desarrollo del país.

En la exportación de servicios se incluyeron desde los años 90 los ingresos provenientes del turismo, que se elevaron de 2.082 millones de dólares en 2009 a 2.613 millones en 2012, para un incremento de 25,5%. El resto de estos ingresos proviene de la exportación de servicios de fuerza de trabajo calificada que –en la esfera de los servicios médicos fundamentalmente– se han desarrollado de manera ascendente desde 2005.

En este contexto, es necesario subrayar que, en el avance logrado en los últimos años, América Latina ha desempeñado un importante papel para el comercio exterior cubano. Sin embargo, el crecimiento de los vínculos comerciales de Cuba con la región se vio limitado históricamente por un grupo de factores adversos, entre los que resalta el impacto del bloqueo económico de los Estados Unidos, que consiguió aislar a la isla de la región durante décadas.

Adicionalmente, la estructura económica propia del subdesarrollo en buena parte de los países latinoamericanos y caribeños no resultaba funcional para Cuba, a lo que se añadía el nivel de integración de la economía cubana con los miembros del CAME hasta finales de los 80. El peso de América Latina y el Caribe en el comercio exterior cubano sólo llegaba al 7,1% del total en 1989.

Con la desaparición del socialismo en Europa comenzó un nuevo proceso de acercamiento comercial entre Cuba y la región, aunque se vio limitado por la crisis económica que caracterizó a los primeros años del Período Especial en la última década del pasado siglo. No obstante, ya en 2000 el intercambio comercial de Cuba con América Latina y el Caribe representaba el 31,5% del total.

Esta situación registraría una modificación sustancial con el advenimiento del gobierno de Hugo Chávez en Venezuela a partir de 1999, circunstancia que merece un análisis más detallado.

Cambios favorables en diez años

Las relaciones económicas de Cuba con América Latina y el Caribe han registrado una transformación muy favorable en los últimos diez años. Para nuestro país, el intercambio comercial de bienes con la región, que en 2003 representaba el 33,4% del total, pasó al 62,1% en 2012. En ese contexto, las exportaciones regionales se elevaron del 21,7 al 28,6%, mientras que las importaciones subieron del 31,3 al 48,8%.

En 2012 Venezuela y Brasil se encontraban entre los principales destinos de las ventas de productos cubanos en el exterior, pues representaban el 46,4% del total exportado, y a ambas naciones se sumaban México y Argentina entre los suministradores más importantes, cubriendo el 53,1% de las importaciones.

También el comercio de servicios creció, ya que el turismo latinoamericano –contando solamente los países emisores más significativos– aumentó del 8 al 10,4% de la suma de visitantes. En este caso, el mayor peso lo registra Argentina –cuyo turismo creció casi 86% en cinco años–, que acumuló en 2013 un 3,2% del total, seguida por México con el 3%.

No obstante, la transformación de mayor envergadura se ha alcanzado en la exportación de servicios de fuerza de trabajo calificada –particularmente servicios médicos–, en los que la región ha sido el principal receptor.

En el ámbito de las relaciones financieras, América Latina ha tenido una presencia de cierta significación en cuanto a la inversión extranjera directa del país.

En este sentido, el 6% de los negocios en operaciones en 2010 correspondía a Venezuela, mientras que a México y Jamaica correspondía el 2% en cada caso, y la mayor participación se concentraba en los sectores de turismo y energía. Adicionalmente, hasta esa fecha se habían firmado 21 Acuerdos de Protección Recíproca de Inversiones (APRI) con países latinoamericanos y caribeños.

A partir de la década de 1970, Cuba también recibió financiamiento de países latinoamericanos, que sirvió para costear la importación de insumos y bienes destinados a la población.

Superadas las mayores tensiones del Período Especial, los compromisos de pago asumidos se han retomado para cumplir con las obligaciones pactadas y, como parte de ese proceso, la deuda externa ha venido siendo renegociada de forma gradual. De tal modo, recientemente se logró la condonación del 70% de la deuda con México, calculada en unos 487 millones de dólares.

Otros países que han otorgado importantes créditos en la región son Argentina, Brasil y Venezuela, y con ellos se han emprendido negociaciones que también permiten saldar adeudos y avanzar hacia una relación estable en el futuro inmediato.

En el contexto latinoamericano revisten particular importancia los vínculos económicos en el caso de Venezuela, donde las relaciones económicas con Cuba han tenido características diferentes, en tanto que se han inspirado en los principios de solidaridad que dieron lugar al surgimiento del ALBA en diciembre de 2004.

Es así que los servicios de fuerza de trabajo calificada que Cuba venía brindando de forma gratuita a Venezuela desde 1999, fueron considerados a partir de 2004 como bienes transables, de manera que pudieran servir para compensar fundamentalmente la compra de petróleo en el país sudamericano.

Se acordaron tarifas favorables por parte de Cuba, y Venezuela otorgó facilidades para la liquidación de la factura petrolera que han beneficiado a ambos países. Valga apuntar que tales facilidades no son exclusivas para la isla, pues benefician a todos los signatarios de los acuerdos de Petrocaribe.

Sin embargo, la propaganda de derecha se empeña en mostrar esta relación basada en principios que trascienden una transacción meramente comercial, bien como un subsidio venezolano a Cuba o como una intromisión cubana en los servicios de salud de Venezuela, cuando lo cierto es que se reportan significativos beneficios para ambas naciones.

La ampliación de las relaciones de intercambio en todos los terrenos entre Cuba y Venezuela llevó a que nuestras exportaciones de bienes se incrementaran de 191,6 millones de dólares en 2003 a 2.484 millones en 2012, para un crecimiento medio anual de 33%, concentrando el 44,5% del total vendido por Cuba en el exterior.

Por su parte, las importaciones venezolanas se elevaron de 684,1 a 6.078 millones, para un incremento anual del 27,4%, hasta alcanzar el 44% del total.

Según estimaciones, la suma de las exportaciones de servicios –excluyendo el turismo– alcanzó en 2012 más de 9.090 millones de dólares, de los cuales más del 80% corresponderían a Venezuela. Otros países de la región, como Ecuador y principalmente Brasil, han ido ocupando un lugar más importante en el caso de los servicios de salud.

Adicionalmente, importantes procesos inversionistas cubanos han tenido participación de Venezuela y Brasil. Un ejemplo del primer caso es la refinería de petróleo de Cienfuegos, que fue modernizada y que es operada desde 2008 por la empresa mixta Cuvenpetrol, procesando unos 65 mil barriles diarios de petróleo.

Por otro lado, la participación brasileña permitió financiar aproximadamente el 85% del nuevo puerto del Mariel –cuya primera fase se inauguró en enero último–, capaz de asimilar barcos de gran porte y procesar un millón de contenedores por año, lo que crea una capacidad portuaria de impacto regional.

Hoy puede afirmarse que estamos en presencia de una nueva fase de la inserción de Cuba en la economía latinoamericana, que no es ajena a los avances políticos de la región visibles en la propia creación de la CELAC en 2011.

No obstante, nuevas potencialidades están por explotar en esa dirección con el desarrollo de esquemas económicos más eficientes en el contexto del ALBA y otros proyectos de integración que están aún por desarrollarse.

(*) El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM, La Habana).