Pensamiento Crítico

Cambiar la ONU

None | 14 Septiembre 2005

Por Ignacio Ramonet, La Voz de Galicia

Esta semana comienza en Nueva York una cumbre excepcional de jefes de Estado y de gobierno con ocasión del sesenta aniversario de la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Más allá de festejar un cumpleaños, este gran encuentro que durará hasta el viernes tiene un objetivo central: reformar la ONU.

El mundo ha cambiado mucho desde aquella Conferencia de San Francisco de junio de 1945 en la que se gestó esta Organización destinada a garantizar la paz. La Segunda Guerra Mundial acababa apenas de terminar el 8 de mayo en Europa (pero no en Asia, donde Estados Unidos aún no había lanzado las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki obligando a Japón a firmar la paz el 2 de septiembre). La mayor parte de la humanidad seguía viviendo bajo el yugo colonial. En el planeta sólo había, en 1945, unos cincuenta países independientes (hoy son 191).

La creación de la ONU representó una verdadera revolución en la historia de las relaciones internacionales porque era la primera tentativa seria de equilibrar las tensiones entre Estados grandes y pequeños. Por primera vez quedaba prohibido todo uso de la fuerza. La guerra o cualquier tipo de intervención militar constituía un «delito contra la paz», excepto en caso de legítima defensa frente a una agresión exterior. Se instituyó el Consejo de Seguridad, autoridad suprema en el seno de la ONU, órgano encargado de resolver los diferendos entre Estados y de sancionar a aquellos países que no respetasen la paz.

Pero aunque la ONU constituyó un adelanto gigantesco en la humanización de la política exterior de los Estados, pronto se vio que algo no funcionaba. Primero porque, en el seno del Consejo de Seguridad, cinco países –los cinco vencedores de la guerra: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, China y Francia– tenían un doble estatuto privilegiado: eran miembros permanentes, y disponían de un derecho de veto que les permitía oponerse a cualquier decisión contraria a sus intereses.

Y segundo, porque en cuanto empezó la guerra fría, en 1948, la rivalidad entre los dos supergrandes –Estados Unidos y Rusia– obstaculizó el buen funcionamiento de la ONU. La organización no pudo evitar la guerra de Vietnam, ni las agresiones estadounidenses contra Cuba, Nicaragua, Granada y Panamá; ni tampoco las intervenciones soviéticas en Hungría, Checoslovaquia y Afganistán. Ni las decenas de «conflictos de baja intensidad» que se multiplicaron en África, Asia y América Latina causando millones de muertos.

Esa situación, ya muy insatisfactoria, se complicó después de la caída del muro de Berlín (1989) y de la implosión de la Unión Soviética (1991). Estados Unidos, como única hiperpotencia, se vio tentada por el unilateralismo, una política extranjera egoísta sin tener en cuenta el mundo exterior. Así invadió Irak en el 2003 a pesar de la no autorización de la ONU.

Por otra parte, muchos países «grandes» del Sur –Brasil, México, India, Nigeria, Sudáfrica, Egipto– consideran que el tercer mundo, donde viven los dos tercios de los habitantes del planeta, no está bien representado en el Consejo de Seguridad y aspiran a obtener un puesto de miembro permanente, con o sin derecho de veto. Además, los dos grandes vencidos de la Segunda Guerra Mundial –Alemania y Japón-, que son hoy dos de las principales potencias económicas del mundo y están entre los más importantes contribuidores al presupuesto de la ONU, también pretenden instalarse en el Consejo de Seguridad como miembros permanentes.

La batalla diplomática va a ser tremenda, histórica. Con el cambio de la ONU, la política exterior mundial va a modificarse. Entramos en una nueva era.

Sabotaje de EU en la ONU

Por David Brooks, corresponsal, y Rosa Elvira Vargas, enviada especial. La Jornada

El pastel de cumpleaños para la Organización de Naciones Unidas (ONU) llegó algo apachurrado y, aunque bien decorado por fuera, está algo hueco por dentro. En el 60 aniversario, no ofrece mucho que celebrar la gran declaración que se negocia para la Cumbre Mundial –la reunión más grande de jefes de Estado en la historia-, que resolvería los problemas más graves del mundo y de esta institución.

Entre el sabotaje de último momento de Estados Unidos y la falta de unidad de los países del mundo en respuesta a demandas de Washington, la declaración del compromiso mundial para reducir pobreza y enfermedad, promover el desarrollo y derechos humanos, fortalecer la seguridad mundial y reformar la ONU, que se había negociado durante casi un año, quedó diluido y remite al futuro toda una gama de asuntos clave que se suponía serían acordados aquí y ahora.

El secretario general, Kofi Annan, comentó hoy que aunque no es el resultado que deseaba, "el proceso no está concluido". Señaló que el documento adoptado hoy es una base sobre la que "podemos trabajar con lo que se nos ha dado".

Negó repetidamente que se pueda considerar un revés o un fracaso, ya que este tipo de resultado es fruto de la naturaleza de una organización de 191 países, aunque aceptó que algunos gobiernos no estaban dispuestos a hacer concesiones y otros no reconocieron que el bien colectivo a veces es más importante que el interés nacional. "Algunos se enfocaron sobre los árboles y perdieron de vista al bosque", señaló.

Aunque el documento fue aprobado esta tarde por "consenso" en la Asamblea General, dentro y fuera de la organización se cuestionó si es positivo. Las delegaciones de Cuba y Venezuela fueron las únicas que expresaron públicamente sus reservas en la breve sesión final, al denunciar que la forma como el contenido del texto no fueron resultado de un "proceso democrático" o "transparente", ya que fue producto de una negociación entre un grupo selecto de países.

A la vez, criticaron que algunos rubros no reflejan los intereses de países del tercer mundo y que se cedió ante las demandas de algunos países ricos, Estados Unidos en particular. Cuba también anunció públicamente que al jefe de su delegación, Ricardo Alarcón, sólo esta tarde le fue concedida la visa para viajar por Estados Unidos, y por tanto no podrá estar presente en la apertura de la Cumbre Mundial, este miércoles.

Mientras, el Reino Unido expresó que los países europeos y otros se congratulan por "el hecho de que el documento haya sido adoptado", y con ello que la Cumbre Mundial pueda proceder, y subrayó que "la reforma (de la ONU) es un proceso continuo".

Aunque hoy se evitó llegar a esta cumbre sin un documento final, las concesiones de última hora resultaron en un documento mucho más aguado que el borrador inicial.

Estados Unidos admitió que donde había acuerdo, el documento es bastante detallado, pero, explicó el vocero de la delegación, Richard A. Grenell, "en rubros donde no pudimos llegar a acuerdo estamos arrojando principios generales y dejamos para luego el trabajo difícil" de llegar a un consenso.

"Lo que ahora podemos decir es que tendremos un documento que refleja lo que es políticamente posible por ahora entre los 191 miembros" de la ONU, resumió Gunter Pleuger, embajador de Alemania.

El debate sobre la reforma gira en torno a dónde reside el poder dentro de la organización. De hecho, después de meses de cabildeo y negociaciones para reformular la composición del Consejo de Seguridad –ahí se concentra el poder real del organismo– al buscar ampliarlo para reflejar el equilibrio del poder en el mundo actual, y no el de hace 60 años, no se logró consenso; hace un mes Annan recomendó suspender la negociación hasta diciembre.

Por otro lado, Estados Unidos desea concentrar mayor poder y autoridad en la oficina del secretario general, mientras que países del tercer mundo lo consideran un intento para restar poder a la Asamblea General, donde por lo menos las naciones menos poderosas aún cuentan con un voto e influyen en la toma de decisiones.

Annan y un grupo de 32 países negociaron hasta último momento para rescatar lo que podían del borrador inicial de 39 páginas, fruto del consenso casi alcanzado hasta que Estados Unidos, mediante su embajador John Bolton, presentó unas 400 enmiendas a tres semanas del comienzo de la cumbre.

Una fuente de la ONU comentó a La Jornada que "esto demuestra qué tan frágil quedó la ONU y qué tan fragmentado está el consenso después de la guerra de Irak y los escándalos internos de la institución".

Pero el frágil consenso que se había logrado armar en los últimos meses, que en esencia buscaba equilibrar la demanda por un compromiso de los países ricos con asuntos de desarrollo y una reforma estructural de la ONU por Estados Unidos y otros países desarrollados, fue casi anulado por las demandas de Washington presentadas –a propósito– en el último momento.

La respuesta de varios países tanto a la forma como al contenido de las demandas estadounidenses fragmentaron lo que quedaba del consenso alcanzado, al reabrirse casi todos los rubros ya negociados.

Entre las enmiendas propuestas por Estados Unidos estaban tachar toda referencia a "desarme" nuclear y "respeto por la naturaleza", y anular el compromiso de que los países ricos aportarían a la asistencia exterior por lo menos 0.7 por ciento de su producto interno bruto, entre muchas más.

Ahora, están en jaque tanto los compromisos para atender los graves problemas de pobreza y desarrollo, por un lado, como la reforma interna de la ONU. Pero todos celebrarán el cumpleaños con sonrisas y grandes discursos sobre cómo salvar al mundo, la humanidad, los niños y lograr seguridad, paz y respeto a los derechos humanos, y los 170 y pico jefes de Estado se tomarán la foto juntos.

Jan Eliasson de Suecia, presidente de la 60 sesión de la Asamblea General, declaró desde el podio que "las expectativas del mundo son altas" para esta cumbre. "Mostrémosles lo que podemos hacer". Por ahora, no hay mucho que presumir.

Un niño muere en el mundo cada tres segundos de causas prevenibles –o sea, por pobreza-, recordó Eliasson. Pero al parecer todo indica que esta cumbre se celebrará durante los próximos tres días, y todos regresarán a casa con la foto y el planeta seguirá girando como si nada hubiera ocurrido.

Y muchos niños seguirán muriendo durante los cientos de miles de segundos que tardarán en ofrecerse más de 170 discursos, casi todos deplorando la pobreza.

Cumbre Mundial 2005

Por Miguel Concha, La Jornada

Coincidiendo con el 60 aniversario del establecimiento de la Organización de Naciones Unidas, del 14 al 16 de septiembre tendrá lugar en Nueva York una reunión plenaria de alto nivel de la Asamblea General, a la que se ha denominado Cumbre Mundial 2005. Además de revisar la aplicación de la Declaración del Milenio y de superar los obstáculos que dificultan antes de la fecha límite de 2015 el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los jefes de Estado y de gobierno tendrán la oportunidad de poner en marcha la muy necesaria reforma de la ONU, sobre todo en lo relativo a las medidas de protección de los derechos humanos.

Ya La Jornada el día de ayer informó que las organizaciones civiles Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Oxfam Internacional y el Llamado Mundial a la Acción contra la Pobreza, la coalición más importante contra la pobreza en el mundo (representa a más de 150 millones de personas), denunciaron el pasado lunes que un reducido número de países (por lo que sabemos, no pasan de 15, entre los 191 estados que hoy integran la ONU) están intentando sabotear la cumbre con sus objeciones al borrador del texto final.

Se pretende, en efecto, bloquear la creación de un nuevo Consejo de Derechos Humanos con mayor autoridad moral, objetividad, permanencia, representatividad y nivel en el sistema de la ONU que el que actualmente tiene la Comisión de Derechos Humanos, que pueda durante todo el año analizar la situación de los derechos humanos en todos los países y abordar con una visión integral cualquier situación relacionada con ellos.

Los representantes de Estados Unidos han propuesto, además, suprimir del documento final las alusiones a los controles de armas pequeñas, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que son las metas acordadas internacionalmente en 2000, y eliminar la lucha contra la pobreza, que incluye la condonación de la deuda, la ayuda exterior al desarrollo y la educación.

Teniendo en cuenta las críticas contra el funcionamiento, la composición, las facultades y los alcances de la comisión, el secretario general planteó en marzo pasado ante la asamblea su sustitución por un Consejo de Derechos Humanos de carácter permanente y más alto nivel, dentro de las urgentes reformas del sistema de la ONU. El punto de partida de las discusiones la semana próxima será la voluntad política decidida de la mayor parte de los gobiernos de elevar la prioridad del tratamiento de los derechos humanos como uno de los pilares de la ONU, y decidir si el consejo será un órgano subsidiario de la Asamblea General, y ya no del Consejo Económico y Social (Ecosoc), como la actual comisión, o un órgano principal de Naciones Unidas, al mismo nivel que el Ecosoc y el Consejo de Seguridad.

Debido a la complejidad del proceso de modificación de la Carta de la ONU, que requiere de la votación de las dos terceras partes de la Asamblea General, más el voto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, y la ratificación de los poderes legislativos de cada país, la posición de México se inclina por el momento por la primera de las opciones. Amnistía Internacional (AI) y varias de las organizaciones civiles mexicanas más importantes están en cambio por la segunda, teniendo en cuenta que la creación de la Corte Penal Internacional y la adopción de la Declaración sobre el Derecho y el Deber de los Individuos, los Grupos y las Instituciones de Promover y Proteger los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales Universalmente Reconocidas se tomaron más de 10 años, a pesar de la complejidad del proceso descrito anteriormente.

Además de pedir el fortalecimiento de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, AI propone en efecto que el consejo entre en funciones a más tardar el próximo 31 de diciembre, y que en un máximo de cinco años se logre su elevación del estatus de órgano principal. Que tenga la capacidad financiera y operación para responder en todo momento a cualquier situación de crisis de derechos humanos, y que periódicamente evalúe las obligaciones de los estados en la materia. Insiste además en que permanezcan algunos mecanismos actuales de la comisión, como la participación de la sociedad civil y de las instituciones nacionales de protección de los derechos humanos en el funcionamiento del consejo. Por lo que se refiere a su integración y composición, pide que su membresía sea reducida, y que se emplee un proceso consultivo abierto y transparente, que involucre a todas las partes interesadas, a la hora de consultar a los países miembros. En un boletín dado a conocer en Londres hace un mes, AI ratifica entre otras cosas su voluntad de seguir trabajando hasta mediados de este mes por unas disposiciones más enérgicas para crear el consejo como órgano principal de la ONU, y por un proceso abierto, autorizado y transparente para establecer sus funciones y métodos de trabajo, con la participación de las organizaciones no gubernamentales.