Pensamiento Crítico

Venezuela: Pertinencia, eficacia y eficiencia

Por Javier José Rodríguez * | GISXXI | 13 Agosto 2014

El signo de la política económica revolucionaria y socialista es la planificación. Sin planificar en todos los aspectos del ciclo económico no puede haber justicia económica. Es un principio base de la construcción del socialismo desde sus albores. Y es algo lógico, el principio liberal del laissez fair de no intervención del Estado en los asuntos económicos, para dejar que las expectativas de acumulación de una clase social dominante, en su pugna por apoderarse de la mayor pieza de la torta, terminen llegando a una presunta situación de equilibrio. La historia nos ha mostrado la realidad, el tan aclamado equilibrio no existe, la pugna es infinita, cuanto infinita es la expectativa de dominar la mayor parte del mercado.

Hablamos de un proceso perverso que es el principal generador de injusticias en el mundo capitalista. Es por esta razón que al pensar una alternativa a estos principios económicos anacrónicos lo primero que viene en mente es planificar el entorno de intercambio. Si conocemos las necesidades, la demanda de bienes y servicios, las potencialidades de los territorios y el capital a disposición para la inversión, entonces podemos proyectar desde la extracción de los materiales primarios hasta la producción necesaria de bienes y servicios con valor agregado que efectivamente satisfagan las necesidades observadas. Necesidades satisfechas es ineludiblemente igual a la mayor suma de felicidad posible.

Escuchamos y leemos muchos artículos que critican y ponen en el banquillo los tentativos de planificación económica leninistas y maoístas, acusándoles de fracaso histórico. En realidad no se trata de fracasos; bueno, China no pareciera haber fracasado, todo lo contrario. Se trata de una importante fuente de enseñanzas, con algunos errores, ciertamente, pero en fondo, buenos tentativos de ordenar las pulsiones egoístas como motor de la dinámica  económica, política y social. ¿Qué le faltó a esos procesos de planificación económica?

Hoy podemos decir con toda la modestia del caso, desde la revolución bolivariana, que esos procesos carecieron de un factor fundamental por incorporar en el proceso de planificación: el sujeto histórico destinatario de la planificación.

Es precisamente este factor el que invita a la innovación, a renovar el paradigma de planificación normativa, vertical, sordo y tirano, reproductor del orden hegemónico. Entonces, ¿en qué consiste el acto de planificar en un contexto regido por un sistema democrático participativo y protagónico? El primer pilar del paradigma hegemónico de planificación es la verticalidad. La participación cuestiona la imposición como elemento portante de la vida democrática. Un pueblo que participa es un pueblo que propone, y si a esto le agregamos que es un pueblo protagónico, entonces el viejo paradigma de planificación caduca en su sordera y su normatividad.

Uno de los retos más fascinantes del proceso revolucionario es determinar un nuevo paradigma de planificación que incluya la voluntad del pueblo, sus aspiraciones y su capacidad de ejecutar obras protagónicamente.

Una cosa es planificar desde el poder y otra es hacerlo obedeciendo. El Comandante Chávez siempre nos orientó en ese sentido: “Pero en primer lugar, mi llamado es al poder popular organizado. Quiero invitar al pueblo a que siga organizándose y además, a que nos emplacen a nosotros, nos interpelen, nos reclamen, nos agarren por la pechera como dicen, para que nosotros, los gobernantes les respondamos de verdad de manera rápida y eficiente; como tiene que ser, para eso estamos nosotros aquí, para eso nos eligieron ustedes, para responderle al pueblo en la lucha contra todos esos males, todas esas cadenas del capitalismo, que siguen siendo cadenas, un yugo que somete al humano, a la esclavitud incluso, no sólo a la pobreza, sino también a la esclavitud que es peor.

La política del capitalismo es de la dominación, la nuestra es de la liberación y sólo dándole poder al pueblo es el pueblo el que se va a liberar plenamente y poder es poder hacer, poder hacer. Por más voluntad que se tenga si no se tiene poder ¿qué se puede hacer? Hay un dicho que dice ‘querer es poder’, pero el querer solo no basta, hace falta el poder y de ahí la política, la lucha política es por el poder. La burguesía lucha para acumular el poder y lo logró quitándoselo al pueblo que es el dueño originario del poder, ahora la revolución lucha y es contra la burguesía por supuesto y todos sus demonios, para devolverle el poder a su dueño originario que es el pueblo.

El poder hacer las cosas, ese es el poder, ese es el núcleo del poder, de toda la batalla política, poder hacer, poder poner, poder disponer, solo la voluntad no basta, no, la voluntad solo no basta”[1].

Si poder entonces es poder disponer de los recursos necesarios para ejercerlo, ¿en qué consiste el accionar del Estado? En facilitar los medios para que el pueblo ejerza todo el poder que detenta constitucionalmente. El problema del Estado no es ya planificar y ejecutar un proyecto de desarrollo abstracto. El problema del Estado es planificar junto al soberano para diseñar los mejores medios y herramientas que puedan facilitar la disposición de recursos y el pueblo ejerza el poder verdadero. La planificación debe incorporar las fuerzas creadoras del pueblo en cada proceso del ciclo, desde el diagnóstico hasta el diseño de instrumentos y programas; y desde la organización y clasificación de los proyectos de desarrollo locales hasta la distribución y seguimiento de los recursos erogados. Esto impone nuevos principios de valoración de la acción de Gobierno: la pertinencia, la eficacia y la eficiencia. “Pertinente” debe ser toda acción del Estado, y será pertinente siempre que el mandato emerja del pueblo y esté enmarcado en el Plan de la Patria, que fue lo que el pueblo votó. Será “eficaz” si alcanza los objetivos planteados. Y “eficiente” si en el trayecto de ejecución de la política se van obteniendo los resultados según los tiempos establecidos y con los recursos predispuestos para ello. En síntesis, si se realiza en tiempos y recursos iguales o menores a los establecidos en la fase de diseño.

Es un llamado a incorporar la técnica a lo político. Es la hora del pueblo y para ello debemos, responsablemente, estar a la altura. Un nuevo paradigma de planificación nace en un proceso de formación profunda de nuestros mejores cuadros políticos, un proceso de cuestionamiento de nuestras acciones. Es el acto preciso en el que decidimos no seguir siendo víctimas de la coyuntura para convertirnos en el origen de la pauta política; precisos, eficaces, eficientes, despiadados, contra la injusticia de esta guerra económica. Hechos instrumento infalible del pueblo soberano, revolucionario, el que alberga con poderosos sentimientos el legado de Chávez.

(*) Director Línea de Investigación en Modelos de Gestión de la Política Pública – GISXXI

[1] Comandante Hugo Chávez Aló Presidente nº 369 Escuela Básica Nacional Flores de Catia Parroquia 23 de enero, Caracas Domingo, 9 de enero de 2011