Pensamiento Crítico

El caos en Libia

Por Basem Tajeldine y Jesús Romero | Rebelión | 26 Agosto 2014

La intervención de las fuerzas de la Organización para el Tratado Atlántico Norte (OTAN) en La Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista en 2011, bajo el pretexto de "proteger a la población civil" del líder libio Muammar Al Gaddafi, convertido desde entonces por los medios occidentales en un "desalmado dictador", terminó provocando miles de muertes, la destrucción de buena parte de la infraestructura civil de ese país y la anarquía.

Luego del magnicidio del presidente Al Gaddafi, el 20 octubre de 2011, Libia fue finalmente conquistada por una dirigencia pro-occidental que hasta ahora ha sido incapaz de gobernar al país árabe y de controlar a las milicias islamistas que fueron armadas por la OTAN para el propósito de destruir a la Yamahiriya Libia. Desde el asesinato del líder libio, suceso filmado por los propios mercenarios libios pro-otanistas y celebrado por la entonces Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton (quien pretendió emular al emperador romano Julio César tras la batalla de Zela, cuando derrotó al rey del Ponto, en 47 a.C., con la expresión "Veni, vidi, vici"), hasta el día de hoy, Libia ha tenido seis (6) gobiernos transitorios e inestables.

La locura colectiva, el saqueo y la muerte reinan en el país que conoció los mayores índices de desarrollo humano de toda el África, pero también la opulencia y el derroche de su extinta clase media. Los medios occidentales dicen que ese ha sido el costo de la "libertad". Los libios están acostumbrándose a ser "libres".

La actual Libia "democrática" creada por la OTAN funge como el clásico ejemplo de lo que la diplomacia internacional define como "Estado fallido". La anarquía generada en ese país ha permitido que los más complacientes y pro-otanistas jefes tribales (Kabilas) y que algunas milicias islamistas de Cirenaica, región donde se encuentran los mayores yacimientos de petróleo, se hayan apoderado del preciado recurso, claro está, contando con el apoyo de algunas compañías transnacionales estadounidense y europeas, o mejor dicho, viceversa.

La luchas fratricidas internas entre la pantalla de gobierno central; los cientos de jefes tribales, las cientos de milicias y las diferentes formaciones laicas; la debilidad de las formaciones gubernamentales suscitada tras la toma del poder en ese país; la menguada capacidad bélica de las resistencia verde (los gaddafistas que esperan pacientes la contra - ofensiva); y las nuevas correlaciones de alianzas entre otras minorías étnicas tuareg y negras, etc., han impedido el control territorial de las zonas más importantes (la capital, zonas más pobladas, campos y puertos petroleros) por cualquiera de estos grupos enfrentados en el país árabe.

 

Situación actual en Libia

El 18 de mayo de 2014, las milicias laicas controladas por el General Khalifa Haftar (general libio que entre 1978 y1987 participó en el conflicto entre Libia y Chad, para luego desertar del ejercito de ese país y refugiarse en EE.UU.) iniciaron una rebelión armada e irrumpieron contra la agrupación islamista que logró imponerse en el parlamento libio y había designado de forma fraudulenta a Ahmed Miitig, empresario de 42 años oriundo de la provincia de Misrata, como Primer Ministro de Libia.

Los combates entre las tropas leales al General Haftar y las milicias islamistas se iniciaron en la ciudad de Bengazi, pero en los últimos meses han llegado a la ciudad de Trípoli, la capital de Libia.

La lucha por el control del aeropuerto internacional de Trípoli ha sido la más reseñada por los medios occidentales que en los últimos días se han dado a la tarea de desinformarnos un poco. El aeropuerto ha permanecido bajo el control de una alianza de grupos islamistas proveniente de las ciudades de Al Zintán y Misrata desde la caída del líder libio Gaddafi.

La ciudad capital vive una creciente ola de violencia. La cifra de muertos y heridos sobrepasan los 300 en los 3 últimos meses, pero ninguna de las partes sigue siendo lo suficientemente fuerte como para definir a su favor el conflicto.

El pasado 18 de julio, el gobierno libio advirtió al Consejo de Seguridad de la ONU que el país podría convertirse en un "Estado fallido" de no recibir mayor ayuda para entrenar a las fuerzas de seguridad [2]. Sin embargo, ese término es precisamente lo que bien define a Libia desde el inicio de la agresión de la OTAN en febrero de 2011.

Como expresión de lo grave de la situación en Libia, las Embajadas de España, Reino Unido, Francia, Egipto, Italia, Grecia, Argelia, Brasil, Canadá y Holanda, entre otras, han decidido abandonar Libia ante la incontrolable situación.

EE.UU. que ya había perdido a un embajador en Libia el 12 de septiembre de 2012, a manos de los mismos grupos islamistas que ellos mismos armaron, terminó por trasladar a más de 150 miembros del personal de su embajada al país vecino de Túnez. Mientras que China, por su parte, pidió a sus nacionales que abandonen el país y a las empresas que tienen sede en Libia que evacuen a su personal.

La producción de petróleo libio no ha dejado de disminuir desde la caída de la Yamahiriya. Según varias fuentes petroleras, el nivel actual de la producción petrolera libia apenas alcanza una tercera parte de la producción antes de 2011. En efecto, la misma ha permanecido en 535.000 barriles por día (bpd), un volumen mucho menor a los 1,4 millones de bpd que bombeaba en años pasados.

Mustafa Sanallah quien es el nuevo director de National Oil Corp, la sociedad petrolera estatal que aparentemente controla la industria petrolera nacional, ha manifestado que las explotaciones de petróleo libias corren peligro de interrumpirse totalmente en el curso de las próximas semanas.

Otras fuentes poco conocidas, pero muy factibles, han venido informando sobre los esfuerzos de la resistencia verde (gaddafistas que controla los territorios al sur de Libia) por consolidar un liderazgo unificado y la búsqueda de apoyo de algunos gobiernos de la región, así como también de Rusia y China. Las mismas fuentes también informan sobre una factible "alianza táctica anti islamista" alcanzada en los últimos meses entre los verdes y el General Khalifa Haftar.

Pase lo que pase en los actuales enfrentamientos en la ciudad capital, bien sea que terminen venciendo los grupos islamistas a las tropas controladas por el General Haftar, o viceversa, la realidad libia permite predecir que será inviable un Estado libio unido bajo la administración de un gobierno pro-occidental que pacte con las milicias islamistas relacionadas con Al-Qaeda y el Emirato islámico de Irak y el Levante (EIIL).

¿Hasta qué punto EE.UU. seguirá apoyando al General Haftar en contra de sus "buenos muchachos" los islamistas, quienes han prestado su servicios a la OTAN? ¿Hasta cuándo EE.UU. podrá mantener el doble juego de apoyar a Haftar al mismo tiempo que apoya a los islamistas? ¿Cómo EE.UU. plantea diferenciar el trato entre los islamistas libios y sus aliados los islamistas del EIIL y Al-Qaeda, luego de aprobada la última resolución 2170 del Consejo de Seguridad del a ONU que condena y persigue a éstos últimos?

Lo más importante, lo que mantiene ocupados a los "think tank" del Pentágono estadounidense, es el juego de tratar de determinar hasta qué punto conviene la inestabilidad en Libia, o hasta dónde extender el apoyo que brindan a sus incontrolables islamistas.

Los arrogantes estrategas estadounidenses juegan con fuego en Libia. En sus contradicciones, saben que cierto grado estabilidad siempre es necesario como para asegurar que el petróleo siga fluyendo sin muchas complicaciones, pero también para evitar que muera otro diplomático estadounidense y atenten contra los trabajadores petroleros. Pero también saben que necesitan una Libia lo suficientemente debilitada, dividida e inestable de forma que permita justificar la permanencia de EE.UU en el país árabe, así como la inexistencia de un Estado que pueda ejercer real control sobre sus recursos petroleros.

Un juego bastante complicado de resolver.