Pensamiento Crítico

El desquite de los republicanos

Por Ramón Sánchez-Parodi Montoto | Diario Granma, Cuba. | 07 Noviembre 2014

Los resultados finales podrían demorar semanas y en algunos casos sería necesario una segunda vuelta.

En la votación del pasado martes 4 de noviembre en las elecciones legislativas de Estados Unidos, los republicanos lograron amplias victorias en todos los frentes.

Alcanzaron la mayoría de los escaños en el Senado federal arrebatándole ocho que estaban en manos de sus adversarios demócratas; incrementaron su mayoría en la Cámara de Representantes con 13 nuevos escaños, nivel de control no alcanzado desde la década del 40 del pasado siglo, incrementaron el número de gobernadores de los estados; y se posesionaron de la mayoría de los órganos legislativos en un total de 27 estados, concentración de poder nunca vista desde la década de los años 20 del pasado siglo.

Mientras,  los demócratas veían reducido sus escaños legislativos estaduales a su menor expresión desde 1860.

Con estos resultados sobrepasaban el consenso expresado por los analistas y comentaristas políticos acerca de los posibles beneficios que pudiera coleccionar el Partido Republicano en las elecciones  recién efectuadas.

Además de los factores ya señalados de apatía electoral y descontento con el desempeño de la gestión presidencial de Obama; de las tradicionales pérdidas que sufren en este tipo de comicios el partido cuyo representante ostenta la presidencia de la nación, y del hecho de que en estas elecciones los demócratas llevaban a elección un mayor número de cargos de senadores que los republicanos y que estos cargos estaban ubicados en estados de fuerte tradición conservadora y republicana (cinco de los ocho escaños pertenecen a estados de poca población —menos de un millón de votantes— y concentrada en zonas rurales), se destaca que los demócratas no han podido consolidar y movilizar la coalición de su base principal de votantes: jóvenes, latinos, afroamericanos y mujeres.

Por otra parte, en estas elecciones ambos partidos contaron con los necesarios recursos financieros y humanos para la campaña política (se implantó un registro nuevo de más de cuatro mil millones de dólares empleados en total en las elecciones) y tuvieron cada uno la posibilidad de emplear las ventajas que ofrecen la convergencia del conocimiento de la electrónica, la computación y la informática, aplicadas a la organización y desarrollo de las campañas electorales.

Los resultados de estas elecciones no son determinantes para el desarrollo de las elecciones presidenciales con la votación a dos años vista, pero sí afectará de manera sensible el clima político en los próximos 24 meses.

En primer lugar, se creó  una situación de "empate de poder" entre republicanos y demócratas; los primeros pasan a controlar la agenda y las acciones del Congreso federal, al mismo tiempo que pueden hacer infectivas las iniciativas legislativas y muchas de las acciones ejecutivas del presidente y de los órganos de gobierno federal.

Por otra parte, el presidente Obama cuenta con suficientes prerrogativas para anular mediante el veto cualquier acción legislativa, ya que el Partido Republicano no cuenta en el Senado con los más de 60 votos necesarios para anular dicho veto.

Esta no será una situación nueva, ya ha sido experimentada en más de una ocasión en los Estados Unidos durante los mandatos presidenciales de Obama, colocando al país al borde de la paralización de las acciones del gobierno o de decretar la moratoria de sus obligaciones financieras.

Es una situación en la cual tanto republicanos como demócratas tendrán que "hilar muy fino". Como dijo Obama semanas atrás, con el triunfo republicano se ha dado lo que para él constituiría una situación "intolerable" durante los dos últimos años de su mandato.

De hecho, la derrota demócrata en estas elecciones se reflejará mucho en la propia autoridad del mandatario estadounidense, especialmente cuando dentro de los próximos cinco meses estará iniciándose  la próxima campaña de manera formal, con el anuncio público de alguno de los principales candidatos (por ejemplo, Jeb Bush o Hillary Clinton) de la decisión de aspirar a la presidencia en las elecciones del 2016.

A partir de ese momento, Barack Obama se irá convirtiendo en el llamado "lame duck" o "pato discapacitado" del lenguaje político coloquial de los Estados Unidos.

Una última observación sobre la repercusión de estas elecciones para la campaña del 2016. La reafirmación del triunfo republicano en los gobiernos estaduales de Florida, Ohio y Wisconsin (tres de los más importantes estados "pendulares") pudiera ser un hecho que influya de manera importante en todo ese proceso.

De hecho, ya la atención política se vuelve hacia esos comicios, a pesar de que aún faltan dos largos años para la votación y mucho agua va a correr debajo de los puentes hasta que llegue ese día.