Pensamiento Crítico

La nueva Ruta de la Seda

Por Claudia Fonseca Sosa | Diario Granma, Cuba. | 07 Noviembre 2014

Con el objetivo de hacer realidad la nueva Ruta de la Seda que uniría los mercados chinos con los de tres continentes, el Gobierno de la nación asiática ha decidido crear un fondo dotado con 16 300 millones de dólares para financiar la construcción de infraestructuras.

El dinero de dicho fondo —que sería supervisado por las autoridades bancarias del país—, sería empleado para edificar y mejorar vías férreas, carreteras y oleoductos en aquellas provincias claves para recrear el antiguo corredor comercial, por donde transitaban siglos atrás las mercancías de los antiguos reinos de Asia, Europa y Oriente Medio.

Ubicado ya entre las prioridades de la política exterior china en el siglo XXI, el proyecto de ruta comercial favorecería la integración económica y la cooperación entre los países implicados.

La milenaria Ruta de la Seda se extendía des­de Chang’an (actualmente Xi’an) en Chi­na, Antioquía en Siria y Constantinopla (Estam­bul, Turquía) hasta las puertas de Europa y llegaba hasta los reinos hispánicos en el siglo XV.

La antigua Ruta de la Seda

El término fue creado por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen, quien lo introdujo en su obra Viejas y nuevas aproximaciones a la Ruta de la Seda, en 1877. Debe su nombre a la mercancía más prestigiosa que circulaba en ella y cuya elaboración era un secreto que solo los chinos conocían.

Durante mucho tiempo esta fue una de las principales vías del comercio mundial y por ella transitaban productos muy variados: piedras y metales preciosos, telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, vidrio, ma­teriales manufacturados, coral, entre muchos otros.

Ahora, los chinos pretenden reiventar la Ruta de la Seda incluyéndole ferrocarriles de alta velocidad y modernas autopistas. El corredor empezaría en China central y seguiría hacia el norte de Irán para luego dirigirse al oeste y continuar a través de Irak, Siria y Tur­quía hacia Europa, donde pasaría por Bul­garia, Rumania, la República Checa, Ale­ma­nia y Países Bajos, y de ahí hacia el sur hasta Italia.

Precisamente en Italia este camino se uniría a una Ruta de la Seda marítima. Los barcos zarparían del puerto de Cantón, en el sur de China, y antes de dirigirse al estrecho de Malaca, entre la costa occidental de la península malaya y la isla indonesia de Sumatra, pasarían por varias ciudades costeras chinas. Desde la capital malasia, Kuala Lumpur, continuarían hacia la India y Kenia, doblarían el Cuerno de África, cruzarían el mar Rojo y e­n­trarían en el Mediterráneo. En Atenas harían una parada y finalmente las embarcaciones llegarían a su destino final, Venecia.

El "cinturón económico" propuesto por China facilitaría el intercambio de recursos energéticos, tecnológicos y artesanales entre regiones con economías complementarias. Foto: ANP

El "cinturón económico" impulsado por China  —que ya ha despertado el interés de varios de los países mencionados antes— comprendería un área que agrupa a casi la mitad de la humanidad (tres mil millones de personas) y facilitaría el intercambio de recursos energéticos, tecnológicos y artesanales entre los pueblos que atraviesa.

Además de fortalecer los lazos económicos, comerciales y culturales entre regiones complementarias, el proyecto beneficiaría el de­sarrollo de las provincias más occidentales de China, así como contribuiría al crecimiento de Asia Central y de Oriente Medio. Así lo estableció como objetivo el presidente Xi Jin­ping al hacer el anuncio meses atrás en Kaza­jastán.

La propuesta china fue retomada —y bastante elogiada— en ocasión de la más reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS, por sus siglas en inglés). Este grupo tiene como miembros plenos a Chi­na, Rusia, Kazajastán, Uzbekistán, Tayi­kis­tán y Kirguizistán, y cuenta con la participación de cinco países observadores (India, Pa­kistán, Irán, Afganistán y Mongolia) y tres que se definen como "socios para el diálogo" (Bielorrusia, Turquía y Sri Lanka).

La OCS invitó también a naciones de la Co­munidad de Estados Independientes (CEI), de la Comunidad Económica Eurasiática (CEEA) y de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC).

Tras el gran desarrollo experimentado por el este y el sur de China en los últimos años —con focos como Shanghái y las ciudades del río de la Perla (Cantón, Foshán, Shenzhen, Don­g­guan, y Hong Kong)—, Beijing se empeña ahora en el desarrollo de las regiones occidentales. Razón de más para dedicarle gran atención a una zona que posee grandes recursos en hidrocarburos y minerales y que está ávida de desarrollo.

Si prospera, la nueva Ruta de la Seda podría inaugurar un intenso intercambio entre Eu­ropa y Asia, máxime cuando el tiempo nece­sario para recorrer el trayecto entre Shan­ghái o el río de la Perla y el Viejo Con­tinente es de unos diez o doce días en conexión ferroviaria, la tercera parte del tiempo necesario para cubrirlo por ruta marítima.

La propuesta del presidente Xi Jinping po­dría significar además un cambio de escenario para Asia Central y Oriente Medio, más distante de las heridas dejadas por la guerra y la destrucción de las agresiones norteamericanas en la zona, y más próximo a una época de paz, colaboración y desarrollo.

La nueva Ruta de la Seda