Pensamiento Crítico

Brasil: Los retos para las fuerzas populares

Por Brasil de Fato | ALAI-AMLATINA / Brasil de Fato | 13 Noviembre 2014

Pasadas las elecciones, más allá de los balances e victorias y derrotas, es importante entender cómo la lucha de clases se comportará en el próximo período.
 
Muchos se engañan a sí mismos sólo al tomar en cuenta el comportamiento de los líderes de los partidos y la forma en que aparecen en los medios de comunicación burgueses. Es que en Brasil, los partidos políticos son meros instrumentos de los grupos y personajes que no siempre tienen correlación con los intereses de las clases. Después de todo, son nada menos que 34 partidos representados en la Cámara, la mayoría de ellos dirigidos por oportunistas que buscan privilegios personales o grupales.
 
La verdadera lucha de clases se desarrolla entre las clases y sus intereses históricos. La sociedad brasileña - dominada por el modo de producción capitalista- es extremadamente desigual. Tenemos, por un lado, una burguesía (financiera, latifundista, comercial e industrial) compuesta por no más del 5% de la población. Algunos estudios señalan representa alrededor de 1%. Tenemos una pequeña burguesía, conformada por alrededor del 10-15% de la población. Son los profesionales con altos ingresos, y los pequeños comerciantes y empresarios del sector de los servicios y de la industria, la llamada clase media clásica, que no tiene los grandes medios de producción, pero tiene la cabeza y la ideología de la burguesía. Además de tener mucha influencia en la opinión pública, por capilaridad y número de trabajadores empleados. (Y por eso fueron los que más aparecieron tanto en la oposición al gobierno de Dilma como en la campaña electoral).
 
Y por otro lado, tenemos la gran mayoría del pueblo -entre el 80 y el 85% de la población que es la que vive de su trabajo y que se distribuye en muchas categorías y sectores sociales, en las ciudades y en el campo.
 
En las campañas electorales, la burguesía y la pequeña burguesía siempre están compitiendo por los votos de los trabajadores, utilizando todo tipo de trucos y mentiras, precisamente porque la clase dominante no tiene los votos suficientes en su propia clase. Por eso, evitan la discusión de los proyectos de clase en la campaña y prefieren temas ideológicos o de la corrupción, el comportamiento personal, etc.
 
El proyecto de la clase dominante brasileña es volver al neoliberalismo, con la total hegemonía del capital financiero, de las empresas transnacionales y volver a colocar   nuestra economía en la esfera dependiente de Estados Unidos.
 
La clase trabajadora no tiene un proyecto claro, un programa unitario que aglutine las más diversas formas de organización (movimientos, asociaciones, partidos, etc.). Pero en los últimos meses, se hizo evidente que es posible unirse en torno a la lucha por las reformas estructurales. Reformas como el cambio de la matriz tributaria para penalizar a los más ricos. La reforma de la educación para lograr el 10% del PIB y el acceso de toda la juventud a la universidad. La reforma agraria. La reforma urbana, que controle la especulación inmobiliaria, asegure la construcción de viviendas populares y transporte público, gratuito y de calidad. Los cambios en la política de superávit primario para destinar los recursos públicos (US $ 280 mil millones por año) que ahora se gastan en intereses a los bancos, a la educación y la industrialización del país.
 
Pero para cambiar la correlación de fuerzas que permita al gobierno avanzar, es necesario llevar a cabo una reforma política, que vendrá sólo a través de una asamblea constituyente, soberana, que refleje la voluntad del pueblo, y únicamente para cambiar el sistema político.
 
El gobierno se encuentra entre estos dos proyectos. Y necesita actuar pronto para demostrar, al menos simbólicamente, de qué lado está. Si cae en la emboscada del PMDB, los medios de comunicación burgueses y otros voceros de la burguesía, y nombra a ministros conservadores, perderá el necesario apoyo popular. Y será un gobierno marcado por la inestabilidad, la inercia y la falta de credibilidad.
 
De nuestra parte, los movimientos populares, tenemos que seguir construyendo un gran frente popular, de masas, para estimular las luchas sociales y la movilización popular, teniendo como programa mínimo, urgente y necesario, la lucha por la reforma política y por las conquistas sociales, en el ámbito de las reformas estructurales.


 Sin duda 2015 será un año que promete. Con mucha movilización, lucha política e ideológica entre las clases. (Traducción ALAI)

  - Editorial de la edición 611 del periódico Brasil de Fato 11.11.2014