Pensamiento Crítico

Giro, ficción y realidades latinoamericanas

None | 04 Febrero 2006

El giro a la izquierda

Por Luis Bruschtein, Página/12, Buenos Aires

En los años ’90 los paradigmas del neoliberalismo estaban tan instalados que hacían difícil prever la oleada de gobiernos reactivos a esas políticas, que brotaron en América latina a fines del milenio pasado y principios del actual. Movimientos sociales, vertientes de la izquierda y del centroizquierda, corrientes nacionalistas y populistas participaron en la construcción de esas nuevas mayorías que promovieron a los gobiernos de Lula, Kirchner, Evo Morales, Tabaré Vázquez y Hugo Chávez.

Ninguno surgió de un laboratorio ideológico o de una coordinación internacional. Son tan distintos entre sí –desde un militar nacionalista, hasta un frente o un partido de izquierda, pasando por un movimiento indigenista y una fuerza de origen peronista– que, en conjunto, generan más desconcierto que imagen de homogeneidad. Tan es así que en muchos casos, corrientes equivalentes de pensamiento en algunos países son oficialistas y en otros opositores. Aunque piensen igual, tengan contactos entre sí y estén referenciados por gobiernos que obedecen a fenómenos políticos similares.

El desconcierto es tan grande y estos procesos son tan difíciles de encasillar con esquemas rígidos, que muchas de esas corrientes de izquierda o centroizquierda quedaron fuera y ni siquiera participan o intervienen en estos procesos. Sectores importantes de estas corrientes son opositores en Venezuela, Bolivia y Argentina. En Uruguay y Brasil, en cambio, estas vertientes, por izquierda y derecha, están más contenidas por el PT y el Frente Amplio que son expresiones políticas que llevan varios años de construcción. En contrapartida, y para contribuir al desconcierto, estos dos gobiernos tienen políticas más tibias en muchos aspectos que los otros tres.

Lo que tienen en común todos es que no provienen de un laboratorio sino que supieron aglutinar mayorías críticas para disputar el poder en las condiciones culturales, políticas y sociales de ese momento concreto. Y así, los gobiernos que resultaron expresan lo máximo que estaban en condiciones de generar los procesos populares en cada uno de sus países en ese momento.

Si la reacción ante lo imprevisto es el desconcierto y la respuesta al desconcierto es el dogmatismo, el resultado de la ecuación es igual a cero. Un sector de la izquierda y del centroizquierda dogmáticos han acudido con reglas y manuales para el ejercicio de dividir un fenómeno cuyo mayor potencial y riqueza reside en la posibilidad de unirse. Para unos, el ejemplo es una Bolivia que recién empieza; más Hugo Chávez en Venezuela, y le agregan Cuba. Para los otros, el ejemplo es el Frente Amplio uruguayo, Lula en Brasil, y le agregan a Chile gobernada por los socialistas. Unos y otros no saben adónde colocar a Kirchner en ese esquema. Para la socialdemocracia, "se inclina hacia el populismo de Chávez y Evo Morales", como acaba de decir Alain Touraine. Y la izquierda dogmática ni siquiera lo integra a este cuadro de situación.

Cuba y los socialistas en Chile participan en este proceso pero de otra manera, pese a lo cual son tomados como emblemáticos por cada una de estas visiones. La incidencia de ambos es necesariamente distinta porque en primer lugar, con todos sus logros, la Revolución Cubana lleva más de cuarenta años y fue emergente de otro momento histórico y de otro contexto mundial, como lo reconocen los mismos cubanos, Evo Morales y Chávez. Y en el caso de los socialistas chilenos, gobiernan un país con un modelo económico rígido originado en el pinochetismo y que además tiene un tratado de libre comercio con Estados Unidos, lo que pone límites concretos, por lo menos en el mediano plazo, para una participación más protagónica en la tendencia de confluencia regional. Lo que les pasa a los socialistas chilenos les pasará también a López Obrador si gana en México, y en menor medida a Daniel Ortega si gana en Nicaragua y al FMLN si gana en El Salvador, todos en las elecciones de este año. Los gobiernos anteriores de esos países firmaron tratados de libre comercio con Estados Unidos, que además de destruir sus economías regionales, generan economías muy dependientes de la norteamericana y por lo tanto los hace más permeables a sus presiones y políticas.

Un factor importante del proceso que se da en Sudamérica es que con menor o mayor efusión y concreción práctica, tanto Chávez, como Tabaré, Lula, Kirchner y Evo Morales han planteado políticas similares con relación al ALCA, al FMI, al discurso neoliberal, a su visión del mundo, a la integración regional, a los derechos humanos y a los procesos de democratización e inclusión social.

Pero el elemento más importante es que coinciden en el lugar y en el tiempo, son todos vecinos, en un momento histórico en que el desarrollo global del capitalismo imposibilitó que se produjeran cambios profundos en un solo país aislado, porque el sector externo de las economías es mucho más decisivo que en otras épocas y por lo tanto están más expuestas a un contexto mundial desfavorable, ya que deben acudir a un solo mercado planetario organizado por las mismas reglas.

La conformación de un espacio económico, político, social y cultural a escala regional que facilite una relación menos vulnerable con ese contexto rompería ese círculo vicioso. Significaría la conformación de un solo mercado interno regional a escala con las nuevas tecnologías aplicadas a la producción, desde donde proyectarse al exterior, y con la misma visión política. La integración no sólo redunda en beneficios económicos sino que además abre la posibilidad de profundizar los cambios hacia nuevas sociedades, porque minimiza la incidencia de las presiones internacionales.

Parece una utopía desvelada, pero lo cierto es que las mismas economías nacionales fueron las que presionaron inicialmente la conformación del Mercosur a partir de sus propias necesidades y su propia lógica. Es cierto también que el Mercosur comenzó impregnado en gran medida con la lógica de los ’90. Pero las dos opciones son la integración regional o el tratado de libre comercio con Estados Unidos. Por eso, a pesar de que cada uno de estos cinco gobiernos sudamericanos priorice en este momento problemas importantes de sus políticas internas, si logran consolidar el proceso de integración regional con un impulso progresista, democrático y liberador, es probable que éste sea su aporte que más se destaque en el futuro.

Evo, Kirchner, Lula, Chávez y Tabaré saben sus diferencias y hasta es probable que las visualicen con las mismas categorías de manual con que se intenta dividirlos. Pero están gobernando, no están discutiendo en el café ni dando cátedra en París. Han tenido más o menos éxito en sus políticas internas, pueden ser más o menos criticados o aplaudidos por ellas. Pero en el marco regional saben que es más fuerte lo que los une porque se trata de una circunstancia que no se da con frecuencia en la historia. Están obligados a ser interdependientes, a apoyarse unos con otros, a dar formas más políticas, institucionales y solidarias a la integración económica.

Integración es romper las trabas que la impiden. Y eso implica discusión, negociación y forcejeos naturales como los que se están produciendo por el precio del gas boliviano, la construcción del gasoducto de Venezuela, la instalación de las papeleras en Uruguay o las cláusulas de adaptación competitiva para el comercio con Brasil. Si no hubiera chirridos habría parálisis. El gobierno argentino se equivocaría si lleva el tema de las papeleras a un punto de ruptura. Igual se equivocaría el uruguayo si lo utiliza como bandera nacionalista para recabar consenso. Estaría jugando con fuego de la misma manera que cuando utiliza el cuco de un tratado bilateral con Estados Unidos. A esta altura, los dos lados tienen que entender que cualquier discusión tiene el techo de que ambos países están condenados a llevarse bien. En ese proceso, los países son aliados estratégicos, al igual que con Bolivia, Brasil, Paraguay y Venezuela. Lo que ha sido competencia tiene que transformarse en sociedad, un buennegocio para uno tiene que ser buen negocio para todos. Todos tienen que ceder algo, incluso las economías más chicas, pero las más grandes tendrán que ceder más, porque tienen más para ganar.

Gloria Gaitán: "Las revoluciones han sido 30% maravillas y 70% defectos"

Realizada por Panorama. Distribuida por http://www.chileinforma.com/

Para Gloria Gaitán, hija del líder colombiano asesinado en 1948, Jorge Gaitán, la revolución bolivariana, que a penas comienza, debe cuidar todos sus logros. Dijo que los grandes cambios sociales del mundo siempre tienen un importante porcentaje de aspectos a mejorar. Precisó en este diario que representará a los indígenas en la contienda parlamentaria de Colombia del próximo 12 de marzo. Busca el apoyo de los compatriotas que residen en el exterior.

Su frecuente contacto con los líderes más emblemáticos de la izquierda latina, desde su padre pasando por Fidel Castro, Ernesto "Che" Guevara y finalizando con Salvador Allende, le permiten asegurar que todas los cambios sociales tienen un 30% de maravillas y un 70% de defectos, al tiempo que afirma que hay que cuidar mucho ese 30% para que rinda mejores frutos.

Gaitán estuvo en la ciudad para anunciar su candidatura a la Cámara de Representantes de Colombia, donde deberá obtener el respaldo de sus compatriotas residentes en el exterior.

—¿Cómo evalúa la situación política de su país ante las elecciones que se celebrarán este año para elegir un Presidente (2006 - 2010)?

—Nosotros apoyamos como candidato a la presidencia a Carlos Gaviria, que ha sido escogido por un movimiento de izquierda, que representa la dignidad, la coherencia. Él es un académico, fue un magistrado de la Corte Suprema de Justicia y se destacó por su capacidad de equilibrio y conocimiento del derecho.

—Se dice que es prácticamente un hecho que Álvaro Uribe Vélez, será reelecto. ¿Cuál es su opinión?

—No sé si vivo en un país distinto al de las encuestas, porque no tengo automóvil, siempre ando en autobús o en taxis y ellos son un termómetro, hasta ahora no he encontrado un sólo taxista uribista y hace un par de años todos eran uribistas.

En mis diálogos con ellos, les explico que la reforma de la salud había sido un desastre, porque pasó de ser un servicio a un negocio; además les decía si usted consulta internet, abra la página de la CIA y busque la lista de las personas que ese organismo cataloga como narcotraficante allí está el nombre de Álvaro Uribe Vélez.

—¿Pero todas las encuestas lo dan por ganador, por disfrutar de una alta popularidad?

—Dónde están los uribistas que no los veo. No sé de dónde tomarán las encuestas.

—¿Considera que el giro a la izquierda que se experimenta en tantos países de América Latina, está penetrando las bases políticas de Colombia, llegarán al poder algún día?

—Claro que vamos a llegar. La guerrilla ha cometido muchos errores, ha violado derechos humanos y le han hecho creer a Colombia que los problemas los ha creado la guerrilla, cuando la guerrilla es consecuencia de los males que ya existían, entonces la gente asocia revolución con guerrillas con armas y hay una adversión hacia eso.

—¿Entonces a cuál de las izquierdas latina se parece o se sienten más identificados con la izquierda inglesa?

—Mi papá decía: "Los socialistas en Colombia no quieren que triunfe el socialismo si no los socialistas", ese es un viejo mal que tenemos.

—Venezuela entrará este año en elecciones y todo parece indicar que el Presidente será reelecto, ¿cómo observa la situación del Mandatario nacional?

— Cuando Chávez ganó las elecciones en 1998 se cumplían 50 años de la muerte de mi papá, entonces entendí que la profecía de mi padre se había cumplido (que si lo mataban el pueblo se alzaría por 50 años), porque da lo mismo que río vuelva a su nivel normal en Colombia que en Venezuela, porque la revolución bolivariana es contagiosa.

—¿Qué errores ha notado en la revolución venezolana?

—Todas las revoluciones tienen un 30% de maravillas y un 70% de defectos, pero ese 30% hay que cuidarlo como un niño recién nacido, porque es lo que le permite avanzar a la humanidad. La revolución bolivariana tiene un cantidad de defectos que no cuentan en la balanza, porque el pueblo comenzó a madurar políticamente. Chávez debe entender que hay que politizar los sentimientos, porque los sentimientos son tan importantes como la razón. Tengo críticas muy duras. Para mí Chávez es la continuación de mi papá, pero tiene cosas que lo diferencian. Quisiera que él las viera.

—¿Cuáles son las principales diferencias?

—Chávez es generoso, dadivoso y paternalista. Regala, obsequia, mi papá no. Mi papá ponía a la gente a que conquistara las cosas, no les regalaba. Cuando él decía el pueblo es superior a la gente, los pone en posición de protagonistas, no de mendigante.

—¿Qué recomendaciones le haría a Fidel Castro?

—Con él si he peleado y muy duro. Yo he dicho que él tiene el corazón en el cerebro, pero no es un sentimental. Es un racional. Es un genio, independientemente que uno esté de acuerdo o no con sus ideas. Oírlo hablar es un espectáculo de la naturaleza, me siento capaz de discutir fuertemente con Fidel porque sé que no lo afecta, pero Chávez es un sentimental, es un emotivo, uno le dice cualquier cosa y se le pueden aguar los ojos. Creo que no aguanta que uno debata racionalmente una crítica.

—Usted alerta de posible incursiones paramilitares en Venezuela, ¿maneja nueva información al respecto?

—Se piensa que Colombia es la plataforma de los Estados Unidos para atacar a Venezuela, creo que la plataforma es el Zulia. Estados Unidos no podría invadir Venezuela, porque se les caería drásticamente la opinión mundial máxime en esta oleada de la izquierdista latinoamericana, lo tienen que hacer desde adentro. Una de las tareas de los bolivarianos es ponerle cuidado al Zulia.

—¿Respalda las acusaciones sobre la supuesta participación del gobernador Manuel Rosales, en presuntas reuniones conspirativas en Colombia?

—No tengo pruebas.

La Cuba del azúcar, hace tiempo quedó atrás

Lucilo Tejera Díaz, Agencia de Información Nacional (AIN). La Habana.

La reestructuración de la industria azucarera comenzada en abril de 2002, entró en su segunda etapa sin afectar empleos ni viviendas. El comercio mundial decide.

Una agencia extranjera de prensa consignó desde La Habana lo siguiente: "Cuba pierde un importante momento y oportunidad de aprovechar el beneficio que reporta el alza de los precios del azúcar en el mercado internacional, que podrían llegar en los próximos meses hasta los 11 y 12 centavos (de dólar) la libra". El despacho apoyaba esa afirmación con que se preveía en aquel momento el aumento de las cotizaciones por el incremento del consumo mundial y el descenso de la producción en algunos países.

También mencionaba que de acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Azúcar (OIA) en el período 2004-2005, la elevación de la demanda generaría un déficit de oferta de 2,8 millones de toneladas. Aunque no directamente, la nota aludía a la decisión de Cuba de tres años antes de emprender una amplia reestructuración de su sector azucarero. Esa transformación, en síntesis, dejó en operaciones 71 centrales para elaborar azúcar y 14 en el proceso hasta la obtención de mieles ricas en sacarosa, de los 155 ingenios existentes hasta ese momento. Además, se destinó a otros usos agropecuarios y forestales 1,38 millones de hectáreas, el 62 por ciento de lo dedicado al cultivo de la caña.

Los 100 mil trabajadores que se reducían de la nómina por la reforma, pasaron a desempeñarse en otras tareas o a estudiar, incluso la enseñanza superior, manteniendo el salario del año precedente a la reestructuración. O sea, no hubo despidos ni nadie quedó desamparado, como sucedería en un país capitalista en una situación similar.

El objetivo de la transformación consistió en concentrar los recursos en las industrias de mayor eficiencia y con las tierras más aptas para el cultivo de la caña, con el propósito de bajar el costo de producción por debajo del precio promedio a largo plazo del mercado mundial, de seis centavos la libra, como lo señalaban las cotizaciones decrecientes de los años precedentes.

El despacho noticioso mencionado se refería a que el país no tenía los centrales ni la caña para conseguir situar en el mercado internacional considerables cantidades del dulce cuando los precios se potenciaban, haciendo coro, a fin de cuentas, a lo que plantean los enemigos de Cuba, quienes califican de desacertada la decisión de cerrar ingenios.

Pero un análisis sobre el tema no puede ser simplista y unilateral. Alrededor del asunto gira una serie de situaciones, desde históricas hasta comerciales y financieras, las cuales se precisa tener en cuenta a la hora de tratar la reestructuración que echó a andar el país en abril de 2002 y se amplió en 2005.

Algo de historia

Desde que la Revolución llegó al poder en enero de 1959, se propuso romper el dominio de la dependencia económica del azúcar ya nacionalizado, y diversificar más la agricultura y la industria, cuestión reiterada varias veces entonces por los máximos dirigentes del país.

Con el paso del tiempo esa aspiración se aplazó por el surgimiento de un mercado justo y estable con la Unión Soviética las naciones socialistas de Europa, que adquirían a precios que llegaron a moverse entre 25 y 40 centavos la libra -o más si subían los de los productos de importación-,toda el azúcar capaz de venderle Cuba. Ante esa ventaja neta, durante tres décadas la mayor de las Antillas mantuvo niveles de fabricación que promediaron anualmente, hasta inicios de los ‘90 del pasado siglo, 6,4 millones de toneladas, rebasando los ocho millones en seis zafras. El tiempo de cosecha aumentó a más de 120 días, sustentado por la ampliación del cultivo de la caña hasta en tierras que no eran las mejores, se realizaron inversiones cuantiosas para crecer en la molida y modernizar las industrias y se construyeron ocho centrales. "Si se hubiera podido sembrar caña en las macetas de los jardines hubiera estado plenamente justificado por la riqueza que representaba para Cuba", dijo de forma ilustrativa refiriéndose a esa época el Ministro del Azúcar, en una sesión de la Asamblea Nacional.

Naturalmente, la producción azucarera se había vuelto dependiente del cultivo extenso en áreas que no eran las más idóneas, las cuales demandaban de considerables cantidades de fertilizantes, pesticidas y combustible, obtenidos por acuerdos de intercambio en condiciones favorables, pues la Unión Soviética y el bloque socialista europeo suministraba estos recursos. En noviembre de 1993, en un congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) el Presidente Fidel Castro expresó que la dirección del país actuó a partir de la suposición de que la comunidad socialista de Europa y la Unión Soviética iban a durar por siempre.

La abrupta supresión a inicios de los ‘90 de los acuerdos comerciales a largo plazo con el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que significaban para Cuba el 85 por ciento de las importaciones y la mayor parte de los contratos de exportación de azúcar, la producción cayó de ocho millones de toneladas en la zafra de 1989-1990 a unos cuatro millones en la campaña de 1992-1993.

A pesar de las difíciles condiciones que vivió el país en los años siguientes a la caída del campo socialista y de realizar su comercio azucarero en el "residual" mercado internacional, la Isla mantuvo desplegado todo su potencial de fabricación y trató de recuperar el cultivo de la caña, porque era casi la única vía del ingreso de divisas y, además, los precios se movían entre los ocho y los 12 centavos la libra y el petróleo se cotizaba a 15 dólares el barril.

A partir del capital humano creado en los años de Revolución, que le permitió desarrollar frentes económicos importantes, Cuba salió adelante con duros sacrificios de la crisis que la había sumido la desaparición de la comunidad socialista europea y el momento aprovechado por el imperialismo norteamericano para endurecer aún más el bloqueo económico, financiero y comercial. En los años del Período Especial, como se le llamó al tiempo de fuertes limitaciones materiales y financieras, la agroindustria azucarera sufrió una severa descapitalización, como también ocurrió otras ramasfabriles. Ya para 1998, cuando la economía se reanimaba con el avance gradual del turismo y la entrada de capital extranjero en algunos sectores, el azúcar dejó de ser la primera esfera de ingresos del país, y se decidió paralizar 40 centrales, los de menor eficiencia, con menos disponibilidad de caña y que realizaban el proceso a elevados costos.

Empieza la reestructuración

A comienzos de 2002 el sector azucarero cubano transitaba por caminos muy difíciles, por el desplome de los precios del crudo a menos de seis centavos en el mercado mundial. En octubre el Presidente Fidel Castro explicó en una reunión con azucareros y sus familiares en Artemisa, al oeste de La Habana, los motivos que llevaron al país a enfrentar definitivamente la reestructuración. "En abril se hizo imprescindible tomar con urgencia una decisión. Urgía una reorganización", señaló. Mencionó que se seleccionarían los mejores centrales, con los terrenos más fértiles y capaces de producir a un costo por debajo, incluso, de los cuatro centavos. Expuso otros elementos que se tomaron en cuenta. El precio del petróleo subió en aquel momento a los 27 dólares el barril, con la perspectiva de aumentar de inmediato por la cercanía de una guerra que preparaba con celeridad Estados Unidos contra Iraq y otras condiciones que hacían prever una tendencia al alza de los precios del crudo.

En junio de 2002 el alemán Meter Baron, presidente de la OIA, expresó en la capital cubana con respecto a la reestructuración en Cuba: "Es el paso correcto en el momento correcto. Es una decisión dolorosa, pero acertada". La realidad que vivía el mundo entonces obligó a adoptar medidas en otras naciones con su economía azucarera. No era una situación exclusiva de la ínsula. Los sustitutos del azúcar en el mercado internacional elaborados por el Primer Mundo, la tecnología necesitada de modernización para ganar eficiencia, la falta de diversificación y las prácticas proteccionistas a sus productores en Estados Unidos y la Unión Europea, obligaron al cierre de muchas fábricas en países en desarrollo, con el consiguiente trauma social de despidos y pobreza.

La Habana enfrentó los cambios con el apoyo de los trabajadores, quienes comprendieron la necesidad de estas acciones y conocieron paso a paso su marcha. Manuel Cordero, máximo dirigente del Sindicato de los Trabajadores Azucareros, dijo que "el objetivo es de mejorar la vida de los obreros, junto con los beneficios para el país. Se mantienen intactas y se mejoran todas las viviendas y demás servicios sociales en las comunidades locales cerca de los complejos azucareros. Estamos trabajando para mejorar las calidad de vida".

Desde que comenzó ese proceso de cambios en el sector azucarero cubano, fueron terminadas mil 600 obras en más de 70 bateyes de los ingenios que dejaron de moler y comunidades cañeras, inversiones equivalentes al 65 por ciento de las planificadas. Además, los antiguos azucareros y su familia cuentan ahora con nuevos lugares para la venta de alimentos y productos del agro, talleres para la reparación de equipos electrodomésticos, farmacias, bibliotecas y salas de vídeo y de televisión, aparte de otros beneficios que tenían desde antes como en salud y educación. La reconversión del área cañera a producciones agropecuarias y forestales se ha ido ejecutando paulatinamente y presentan resultados modestos.

Si antes de las reformas la cosecha de alimentos agrícolas, destinados mayormente al abastecimiento de los comedores obreros y la venta familiar no sobrepasaba las 184 mil toneladas anualmente, en el 2004 creció a cerca de 600 mil toneladas, con un abanico muy superior de beneficio a la sociedad. En la esfera pecuaria, en el mismo período, la extracción de leche fue de 26 millones de litros y se lograron tres mil 500 toneladas de carne vacuna. A pesar de los estragos de la sequía, que afectó al país caribeño en los últimos años, estas producciones aumentaron en 2005. En el curso escolar que comenzó en septiembre pasado, más de 97 mil azucareros estudian en diferentes cursos, entre ellos los de enseñanza superior en 130 sedes universitarias en 84 bateyes. De esa cifra de alumnos, más de la cuarta parte asume la superación como su forma de empleo.

En la actualidad la Tarea Álvaro Reynoso, nombre de un sabio cubano de la agroindustria azucarera en el siglo XIX y denominación de todo el proceso de reestructuración del sector, se adentra en su segunda etapa, anunció oficialmente la prensa nacional. Este período, que se extenderá hasta diciembre de 2007, incluye la paralización, en la próxima zafra 2005-2006 de otro grupo de centrales que se conservarán transitoriamente. Los almacenes y naves principales de esas industrias serán dedicados a producciones o a brindar servicios de carácter social. También se informó que en el trienio 2005-2007 el Ministerio del Azúcar debe garantizar el crudo que satisfaga las necesidades del consumo nacional y un excedente para cumplir compromisos de exportación, y lograr volúmenes de alimentos de origen agropecuario mayores a la población.

Acoso norteamericano contra el crudo

Hay razones suficientes para emprender estas nuevas acciones, pues el acoso del gobierno de los Estados Unidos ha estado presente desde hace muchas décadas en cualquier operación económico-financiera que realice la nación antillana con su dulce. Por ejemplo, la importación de insumos de Europa tiene un encarecimiento que se mueve entre el 25 y el 35 por ciento, mientras las exportaciones del grano a ese destino disminuyen a no menos del 10 por ciento. De acuerdo con estudios, en el 2004 la incidencia en el comercio exterior por el bloqueo estadounidense significó para la industria azucarera una afectación de 98,5 millones de dólares.

Por otra parte, Cuba no destina su crudo a ningún mercado preferencial ni puede vender directamente en el mundial donde la especulación provoca deterioro y frecuentes movimientos de los precios. El país está presente a través de los "trader", que son compañías trasnacionales intermediarias que comercian el dulce y obtienen importantes ganancias a costa de los productores. Es preciso agregar la real situación actual del mercado azucarero, donde los edulcorantes superan el 25 por ciento su presencia en este comercio, contribuyendo a potenciar las desventajas para los productores de azúcar de caña. No es todo. Hay que añadir como factores determinantes el proteccionismo europeo y norteamericano, los aranceles y los fletes, que en el caso de Cuba cuestan 50-60 dólares por cada tonelada de azúcar. Un empeño de la reestructuración fue reducir los costos de producción, pero la vida ha demostrado que esto no depende de una cuestión de eficiencia interna, sino del mercado. Lo cierto es que el costo real ha ido incrementándose por año, resultado directo del alza desenfrenada de los precios de los insumos provenientes del exterior, particularmente los combustibles, maquinarias y agroquímicos.

El esfuerzo de la Isla por humanizar el trabajo agrícola en la producción de caña ha llevado a que el 86 por ciento de la cosecha sea mecanizada, el 88 de las labores de agrotecnia y toda el alza y transporte de la recolección. Lo cierto es que con las cotizaciones actuales del llamado oro negro por encima de los 60 dólares el barril, el Estado cubano invierte en este energético la mitad de su capital de trabajo. Si en 1959 con una tonelada de azúcar se podían comprar ocho de petróleo, ahora se requieren 2,6 toneladas del dulce para adquirir una del carburante.

En relación con el 2002, cuando se puso en marcha la reestructuración, el alza de los precios de los productos agroquímicos superó el 15 por ciento, el 31 los metales, el 10 los neumáticos, las chapas, telas y mallas el 54, las partes y piezas de locomotoras el 21, los cigüeñales de estas máquinas el 48 y los discos y cuchillas de las cosechadoras el 27. A esta suma hay que adicionarle el elevado costo de los fletes. Transportar el azúcar a la ruta Cuba- Mar Negro en el 2003 le costaba al país 28 dólares la tonelada, y al año siguiente se incrementó a 61. El bloqueo económico de Estados Unidos excluye de sus puertos por seis meses a barcos que toquen radas cubanas, lo cual se traduce en fletes más altos para cubrir los riesgos.

Hay que tener en cuenta, además, la situación climática de la Mayor Antilla en los últimos años, principalmente la sequía. Para tener una idea de la gravedad de la falta de lluvias, de 2004 al 2005 la producción de caña bajó alrededor del 45 por ciento, por las afectaciones en la región oriental, donde está el fuerte de este cultivo. Por último, es conveniente mencionar el estado de los suelos, sometidos a años de sobreexplotación, lo que ha llevado a su deterioro, y recuperarlos demandará de importantes gastos en sistemas de regadío y de drenaje, y en fertilizantes. A la luz de esta realidad, resulta mucho más conveniente a Cuba invertir en otras áreas.

Su sector azucarero con la reestructuración se ha convertido -y cada vez lo hace más- en productor de alimentos, en primer lugar caña, viandas, hortalizas, granos, frutas y ganadería, y también de forestales. Igualmente, es elaborador de artículos industriales diversificados, en el cual aparte de azúcar, se impulsan derivados como alcohol, bebidas, electricidad y alimento para animales, se introducen ahora más de 100 pequeñas y medianas plantas para harina, pastas, conservas, chocolates y silos para granos.

El azúcar dejó de ser determinante

En el 2005 Francisco Soberón, presidente del Banco Central de Cuba, dijo a la agencia noticiosa Associated Press (AP) que en el año anterior el país había logrado su primer superávit en una década. El aumento del precio del níquel y el incremento del turismo habían contribuido a ese resultado, en momentos de una sensible reducción de las exportaciones internacionales de azúcar y de los altos precios mundiales del petróleo.

Es evidente que la ínsula diversifica su economía. En la celebración por el Día de la Rebeldía Nacional, el pasado 26 de Julio, el Presidente Fidel Castro anunció que 12 de las 20 ramas de la industria mostraron incrementos en 2005, con peso en la metalurgia ferrosa, las bebidas, el tabaco y los combustibles. También el turismo, las construcciones, las comunicaciones, el comercio y la esfera de los servicios. "El sólido crecimiento que comenzó a mostrar la economía ya desde el 2004 se ha visto reforzado", señaló.

De enero a diciembre de 2005 el Producto Interno Bruto (PIB) cerró con 11,8 por ciento. El saldo favorable en el comercio de servicios logró compensar el desbalance del intercambio de bienes, resultando un discreto registro a favor en la balanza comercial, superior incluso al obtenido en el 2004.

El intercambio entre Cuba y Venezuela aumenta sostenidamente en el marco de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA). En el 2005 alcanzó los tres mil millones de dólares, mientras otro tanto ocurre con China.

Cuba sienta las bases para un fuerte programa inversionista en construcciones, salud, industria del níquel y otros frentes no menos relevantes, al tiempo que mejora ostensiblemente el nivel de vida de la población y aumentan la calidad de la atención de salud y la educación. Entonces, el azúcar ya no determina la vida es la pequeña nación caribeña.

Recientemente Fidel Castro fue enfático y categórico: "Sé que del azúcar no volverá a vivir jamás este país, pertenece a la época de la esclavitud y de un pueblo lleno de semianalfabetos, un 30 por ciento de analfabetos totales y desempleados que hacían el trabajo de animales".

Indígenas en Brasil: en pie de guerra

Por Mario Osava, de Agencia Inter Press Service (IPS)

Los conflictos que involucran a indígenas se multiplicaron en Brasil en los últimos meses, generando más tensiones y demostrando que los derechos de la población aborigen están lejos de superar viejas disputas e indefiniciones. Centenares de indígenas tupinambá y pataxó invadieron recientemente ocho predios en Itajú de Colonia, en el sur del nororiental estado brasileño de Bahía, buscando recuperar tierras que consideran suyas y cuya propiedad fue atribuida a hacendados por una decisión judicial. Los indígenas amenazaron destruir líneas de transmisión eléctrica y denunciaron haber sido víctimas de atentados.

Un poco más al sur, en el estado de Espíritu Santo, una docena de indígenas resultaron heridos en la operación policial que hace dos semanas destruyó dos aldeas en tierras disputadas judicialmente con la gigante de la celulosa Aracruz. Casos similares se repiten desde los estados amazónicos, en el norte de Brasil, hasta al meridional estado de Santa Catarina, donde ocho indígenas kaingang fueron encarcelados en diciembre, acusados de invasión y agresión en una hacienda.

A los conflictos por tierras se suman denuncias de mala asistencia médica de parte de la gubernamental Fundación Nacional de Salud. Diez niños murieron este año en el céntrico estado de Tocantins, según el católico Consejo Indigenista Misionero (CIMI), y la malaria volvió a diseminarse entre los yanomami, en el norte amazónico.

Mientras, 39 indígenas fueron asesinados el año pasado en Brasil, informó a IPS el vicepresidente del CIMI, Saulo Feitosa. Fueron muertes provocadas por la policía, pistoleros de hacendados o por peleas entre los mismos indígenas, a causa del "confinamiento en tierras escasas", señaló. Además, el CIMI registró 136 muertes por falta de asistencia médica, 44 por desnutrición infantil y 29 suicidios en 2005. En los últimos 10 años se produjeron 241 asesinatos.

La proliferación de conflictos por todo el país se debe a la "falta de agilidad" del gobierno en demarcar los territorios indígenas y asegurar su protección, y hay casos como el de la reserva Raposa Serra del Sol, en el norteño estado de Roraima, en que todo el proceso de demarcación concluyó, pero aún no se han retirado los ocupantes ilegales, lo que provoca disputas judiciales y agresiones físicas, explicó Feitosa. El gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva demarca los territorios pendientes en un "ritmo muy lento", de seis áreas por año, criticó. A esa velocidad serían necesarios 45 años para la demarcación de todas las tierras, que el presidente había prometido para este año, dicen indigenistas.

Como reflejo del deterioro entre las relaciones entre los aborígenes y el gobierno, cinco antropólogos abandonaron el martes al Consejo Indigenista de la Fundación Nacional del Indígena (FUNAI, órgano estatal encargado de políticas para esa minoría étnica). El Consejo de 14 expertos asesora la presidencia de la institución. En la carta de renuncia, fechada el 30 de enero, los antropólogos criticaron los "conceptos arcaicos" que orientan acciones de la FUNAI, como calificar los indígenas de "aculturados" o "en vías de integración", considerándolos impertinentes con reclamos que, sin embargo, son "absolutamente legítimos".

Los indígenas brasileños se organizaron en las tres últimas décadas y constituyeron una fuerza política, desarrollando "estrategias específicas de lucha contra fuerzas fantásticas" como los hacendados, muchos de los cuales son parlamentarios, y las grandes empresas, dijo a IPS Rubem de Almeida, uno de los cinco antropólogos. Con el debilitamiento del Estado se hizo más difícil solucionar las cuestiones agrarias, y eso se nota en el avance de la deforestación amazónica y en la expansión del movimiento de campesinos sin tierras, añadió. Ese debilitamiento fue más intenso en la FUNAI, que antes tenía poder policial, sus propios servicios de salud y respaldo militar.

Pero si en el frente agrario se acumulan problemas, en la "gestión territorial" donde hay tierras definidas con comunidades instaladas, se comprobó que un esfuerzo en "etnodesarrollo", incluyendo educación, agricultura y salud para los indígenas, puede obtener buenos resultados, destacó. El antropólogo se basa en su experiencia con los guaraní en Dourados, en el occidental estado de Mato Grosso do Sul, donde el año pasado murieron niños y niñas indígenas de desnutrición. Un Comité Gestor involucrando ocho ministerios logró mejorar la situación y extender beneficios a áreas vecinas. Los programas gubernamentales con los guaraní, en los que Almeida actúa como consultor, demostraron que "es posible transformar la realidad indígena con pocos recursos", concluyó.

Pero Almeida subrayó que la población indígena no puede esperar que los blancos tomen conciencia de sus derechos. Las soluciones sólo vendrán a partir de su propia iniciativa para cambiar su relación con el resto de la sociedad, sostuvo.

La renuncia de los cinco antropólogos se produjo en el marco de numerosas protestas de organizaciones indígenas e indigenistas contra declaraciones del presidente de FUNAI, Mercio Pereira Gomes, quien sostuvo que la justicia debía poner límites a las pretensiones territoriales de los indígenas, que según él ya disponían de demasiadas tierras.

Las tensiones y conflictos desembocarán en la gran movilización indígena anunciada para abril, cuando la FUNAI realice la Conferencia Nacional de los Pueblos Indígenas.

Sombras en las familias presidenciales

Por Diego Cevallos, de Agencia Inter Press Service (IPS)

Las sospechas de corrupción tocan a los hijos del ex dictador chileno Augusto Pinochet, del presidente de Brasil, de ex mandatarios de Perú y de Argentina y a un hijastro del gobernante de México. Son síndromes de una enfermedad contra la que no existe una medicación eficaz.

"Las leyes contra la corrupción en América Latina son en general vagas para el caso de los familiares de quienes ostentan el poder del Estado, lo que se traduce en incentivos para cometer irregularidades", dijo a IPS Arturo del Castillo, director de CIE Consulting & Research de México, firma privada dedicada a estudiar los problemas de corrupción en la región.

Una comisión del Congreso legislativo de México emitió el martes un informe que recomienda investigar a fondo el súbito enriquecimiento de uno de los hijastros del presidente Vicente Fox, quien en los últimos cinco años pasó de ser una persona de clase media a un rico empresario del sector inmobiliario. Tráfico de influencias, obtención de créditos de entidades estatales, desaparición de documentos públicos claves que probarían irregularidades y el apoyo inusitado de funcionarios del Estado son parte de las acusaciones contra Manuel Bribiesca, hijo de Marta Sahagún, esposa de Fox en segundas nupcias.

Otro caso es el de un hijo del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, según publicaciones de ese país. Las notas, divulgadas este mes en las revistas Veja y Época y en el diario Jornal do Brasilia, hablan del caso y señalan que Fabio Lula da Silva, de 30 años, dejó de ser un modesto profesor de inglés e informática para fundar en 2003 tres empresas vinculadas a los juegos de video, que habrían recibido financiamiento de forma sospechosa. El capital para tales negocios provino de la compañía telefónica Telemar, que tiene entre sus accionistas al estatal Banco Nacional de Desarrollo, con 25 por ciento, y fondos de pensión de empresas públicas, con 19 por ciento. El rápido cambio en la posición económica del hijo de Lula añadió leña al escándalo de corrupción que desde el año pasado empaña el accionar del gobernante Partido de los Trabajadores, por supuestos sobornos a legisladores para que apoyaran medidas presidenciales.

En Perú, Keiko Fujimori fue acusada en 2004 de desviar una donación de una organización de caridad de Estados Unidos cuando oficiaba de primera dama, en la administración de su padre. "Hay muchos casos donde la familia aprovecha el poder de los mandatarios para actuar, se trata de familias muy avispadas", señaló a IPS Óscar Ugarteche, quien indagó para el Congreso de Perú presuntos actos de corrupción en materia de finanzas públicas cometidos por Alberto Fujimori, durante su gobierno de 1990 a 2000. A su entender, con los procesos de desregulación y privatización en las economías estatales de varios países de América Latina, los gobiernos recibieron mucho dinero y lo administraron sin mayor regulación ni control, lo que propició desvíos y corrupción. Muchos de los nuevos fondos llegaron a los familiares de presidentes por diversas vías y "como la ética en la política importa ahora ya poco", fueron usados con total libertad, apuntó Ugarteche, quien vive desde hace un año en México donde se desempeña como académico e investigador de la Universidad Nacional Autónoma. Para el experto, la presunta corrupción que favorecería a los hijos de presidentes y a los hoy ex mandatarios es nueva. "Antes, la corrupción consistía básicamente en tomar dinero de una cuenta del Estado, mientras que ahora se relaciona con aprovechar la posición de poder para obtener beneficios asociados al tráfico de influencias", expresó.

Pero el caso más emblemático en estos días es el de la familia del ex dictador Pinochet. La Corte de Apelaciones de Santiago dejó en libertad provisional a Lucía Pinochet, quien fue detenida tras regresar a Chile, luego de desistir de su petición de asilo en Estados Unidos para enfrentar un proceso por evasión tributaria y falsificación de pasaporte en su país. Lucía Pinochet, tres de sus hermanos, su madre, Lucía Hiriart, y el mismo ex dictador están procesados por esos mismos delitos en el marco de la investigación de cuentas secretas en un banco estadounidense.

En Argentina también hay sombras de corrupción sobre la hija del ex presidente Carlos Menem (1989 y 1999). El ex mandatario, acusado de enriquecimiento ilícito, tráfico ilegal de armas y otros delitos, abrió millonarias cuentas bancarias en Suiza a nombre de Zulema Menem.

"Todos los casos de corrupción de familiares de presidentes y ex jefes de Estado son un síntoma más de la grave problemática de corrupción que hay en América Latina", sostuvo Del Castillo. "No hay leyes claras para combatir la corrupción de los familiares de los presidentes y sí una vigente y no escrita que indica que es mejor no meterse con ellos", señaló el director de CIE Consulting & Research. En cuanto a la responsabilidad que los mandatarios tendrían sobre los actos de sus familiares, el experto sostuvo que se trata de una de tipo moral que, de no asumirse, mancha de forma directa a los gobernantes.

En la lista sobre percepción de la corrupción de Transparencia Internacional (TI) de 2005, donde los países se clasifican en una puntuación que va del cero (alta corrupción) al 10 (alto nivel de honradez), los países más sanos en América Latina son Chile, con 7,3 puntos de calificación, y Uruguay, con 5,9 puntos. El resto de países de la región exhibe calificaciones de 4,2 para abajo, siendo el peor Haití con 1,8 puntos de nota. Las listas que cada año difunde TI, organización no gubernamental con sede en Alemania, se obtiene en base a encuestas entre empresarios, analistas y estudiantes.