Pensamiento Crítico

«Acabar con la pesadilla de los neoconservadores» y su guerra global

Alfredo Jalife-Rahme | Diario La Jornada. México. | 06 Agosto 2006
Ha sido impactante el punto de vista de Daniel Levy (DL) "Hay que acabar con la pesadilla de los neoconservadores" (Ha'aretz; 04/08/06), que sería imposible imaginar su publicación en los multimedia orwellianos de Estados Unidos. DL pertenece a la ilustre tribu de los "sacerdotes", una de las 12 tribus fundacionales, lo que confiere un significado humanista a su mensaje, además de profesional de la diplomacia como miembro de las negociaciones de Oslo y Taba, y diseñador de la Iniciativa Ginebra. En contrapunto con la demencial "doctrina Halutz" (ver Bajo la Lupa; 23/07/06), el notable texto de DL "atestigua la casi perfecta simetría de la política de Israel y Estados Unidos en su reciente guerra en Líbano", y considera que los israelíes se quedaron "sin estrategia de salida" cuando sus "opciones diplomáticas se vieron reducidas debido a la marginalización de Estados Unidos en la región", lo cual ha beneficiado a Hezbollah, incluyendo el infanticidio de Qana. Asienta que la "escalera estadounidense se encuentra ausente", seguramente en referencia a la sublime visión de la "escalera de Jacobo" que unía a la tierra con los cielos, lo cual delata la toma de vacaciones por nueve días de Baby Bush mientras deja incendiado al mundo. Afirma que la frase "guerra por procuración", es decir, que Israel libra la guerra de Estados Unidos, ha "tomado resonancia", y comenta en forma lúcida que cuando Israel despierte después de la crisis apreciará las "implicaciones del cambio tectónico que ha tomado el lugar de Estados Unidos en el Medio Oriente". Toma la tesis nodal de Bajo la Lupa, sin citarla, en referencia a los neomoabitas neoconservadores straussianos: "en 1996, un grupo de agitadores (sic) de la oposición en Estados Unidos, que incluían Richard Perle y Douglas Feith, presentaron un documento, La ruptura limpia: una nueva estrategia para asegurar el reino, tesis del entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu que abogaba por la desestabilización de la región, que "incluía bombardear a Siria y remover a Saddam Hussein del poder en favor del control hashemita de Irak". Pero en ese entonces el "caballo israelí no era apto para la tarea". Mejor dicho: no contó con la aprobación de Clinton, lo cual es referido por Sidney Blumenthal, uno de sus principales asesores, quien menciona el documento apocalíptico Ruptura limpia (Clean break) de Netanyahu-Perle-Feith ("La próxima guerra de los neoconservadores"; Salon 03/08/06). Mientras "Netanyahu languidecía en la oposición de la pequeña facción (sic) del partido Likud durante 10 años", prosigue DL, "Perle y Feith y sus amigos neoconservadores ganaron justificadamente la reputación de asombrosa influencia como controladores de la política exterior de George W. Bush". Puntualiza que "los principales neoconservadores, sus centros de pensamiento y sus publicaciones pueden ser poco familiares (sic) a muchos israelíes, pero están redefiniendo la región en la que vivimos". Abunda que "este grupo compacto de 'intelectuales de la defensa'-que gira alrededor de Bill Kristol, Michael Ledeen, Elliott Abrams, Perle, Feith y otros- era marginal hasta que se coaligó con los halcones (sic) bien conectados del partido Republicano, como Dick Cheney, Donald Rumsfeld y Newt Gingrich, y con la poderosa derecha cristiana emergente. Su agenda era (sic) una agresiva y unilateralista supremacía global de Estados Unidos, una visión radical de democratización transformativa del cambio de régimen con una fijación (sic) en el Medio Oriente, una obsesión con Irak y una afinidad con la política del viejo Likud en Israel. Su cenit llegó después del 11 de septiembre". No lo dice, pero para esta pléyade necrotílica requería una sacudida "catastrófica" y "catalizadora" para aplicar su doctrina bélica: el "11 de septiembre" estaba escrito ya en el muro bélico de los neoconservadores, quienes previeron los atentados en forma omnisciente con cinco años de antelación. Pese al empantanamiento en Irak, los "neoconservadores han vuelto a exhibir su acostumbrada soberbia y han retomado la iniciativa", lo que se exhibe en los multimedia de Estados Unidos repletos con "sus llamados de disparos sin cesar y sin negociaciones, a la extensión de las hostilidades a Siria e Irán, y con Gingrich clamando una tercera guerra mundial para defender a la civilización". ¡El manicomio desatado! Resalta la serenidad del descendiente de los ilustres "sacerdotes" hebreos: "desenmarañar los intereses israelíes de los escombros (sic) de la 'destrucción creativa' de los neoconservadores se ha vuelto un desafío urgente para los hacedores de la política israelí". Advierte que la reconfiguración de la región con "bombas y urnas" acaba por "socavar a Estados Unidos y a Israel". El efecto ha sido contraproducente y el descendiente de la alcurnia hebrea, a diferencia del origen genético incierto de los neoconservadores provenientes de las regiones del mar Negro (v.g las tribus mongólicas de los khazars, a quienes el genial literato judío-húngaro Arthur Koestler les consagró un libro: La décimotercera tribu), aduce que "no existe lógica para que Israel se coloque voluntariamente en la línea frontal de una guerra de civilizaciones (sic) ideológicamente mal guiada y evitable". Creativamente constructivo, reclama el "regreso de Estados Unidos a una diplomacia proactiva, realista y multilateral" y pide que "Israel y sus amigos en Estados Unidos deben reconsiderar sus alianzas no solamente con los neoconservadores, sino también con la derecha cristiana. El mayor cabildeo pro-Israel durante esta crisis fue movilizado por el pastor John Hagee y su grupo Cristianos Unidos por Israel, un creyente en el Armagedón con todas sus implicaciones para el fin particular de la historia judía", y que puede convertirse en la "madre de todos las estúpidas, autoderrotistas y moralmente abominables alianzas". Da a entender, con justa razón, que esta alianza contranatura entre judíos y la derecha cristiana se centra en una "estrecha veneración electorera". No lo dice, pero se trata del monstruo teratológico creado por el diabólico Karl Rove, asesor electorero de Baby Bush y Felipe Calderón (tras bambalinas). Concluye espléndidamente en que los "internacionalistas republicanos y demócratas y la principal corriente israelí deben construir una narrativa alterna a la pesadilla de los neoconservadores". A nuestro juicio, la verdadera paz en el "nuevo (sic) Medio Oriente", desfigurado por los "dolores" del parto extrauterino de Condi Rice que gestaron el infanticidio de Qana, pasa por la recuperación de la independencia de Israel para integrarse como un país endógeno a la comunidad de naciones medio-orientales en una genuina coexistencia pacífica con sus vecinos, para dejar de ser una metástasis exógena manejada por los macabros intereses financieros y militares de los halcones israelíes-estadounidenses, bautizados como neoconservadores straussianos, quienes fomentan una multidimensional guerra global con el fin de intentar contrarrestar su derrota estratégica en Irak y pretender paliar la quiebra financiera de los banqueros de la depredadora tripleta israelí-anglosajona.