Pensamiento Crítico

Guerra contra Palestina y Líbano, ¿rumbo al Armagedón?

| Revista Semana, Colombia. | 06 Agosto 2006
La violencia en Oriente Medio y la inoperancia de la diplomacia han llevado a que se sugiera que el mundo está al borde de una nueva conflagración global. "Esta es la Tercera Guerra Mundial". Esta rotunda y escalofriante frase fue lanzada el 16 de julio por el ex presidente de la Cámara estadounidense y representante del ultraconservatismo republicano, Newt Gingrich, en referencia al actual conflicto en Oriente Medio. La idea está tomando fuerza en los últimos días y ha sido motivo de debate en los medios de comunicación de ese país y en la 'blogosfera'. Para algunos, el incremento de las acciones de guerra en ese sector del mundo, el fracaso del sistema internacional y la retórica cada vez más subida de tono de los líderes involucrados son indicios de que esta hipótesis no es tan descabellada. El bombardeo israelí sobre la población de Qana en el sur libanés, el domingo, no hizo más que aumentar las tensiones en la región, pues 28 civiles, muchos de ellos niños, quedaron bajo las ruinas de su edificio. El gobierno de Israel anunció un cese del fuego de 48 horas para investigar los hechos, pero la tregua fue rota y los ataques continuaron sobre varios objetivos de infraestructura, barrios de Beirut y otras poblaciones. Lejos de detenerse, el primer ministro, Ehud Olmert, lanzó una ofensiva terrestre para controlar una franja de seguridad de 30 kilómetros hasta el río Litani y acabar con Hezbolá. Pero la guerrilla chiíta no parece haber perdido poder de fuego, pues envió cientos de misiles Katiusha sobre suelo de Israel durante toda la semana. El jueves, el líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, anunció que así como Beirut está siendo arrasada, la resistencia islámica atacará Tel Aviv. Más allá de los 700 libaneses y de los 70 israelíes muertos, de los millares de desplazados y de la destrucción de Líbano, el tema tendía, al cierre de esta edición, a superar el ámbito binacional. A lo largo del mundo árabe se realizan manifestaciones de apoyo a Hezbolá, una de las cuales, por realizarse en Bagdad, resultó especialmente preocupante. Los presidentes de Irán y Siria, a quienes se atribuye estar detrás de Hezbolá, criticaron la ineficacia de la comunidad internacional para resolver el problema y se mostraron amenazantes. El sirio, Bashar al Assad, puso a su Ejército en estado de alerta mientras pronosticaba que "el combate continuará mientras nuestra tierra esté ocupada y nuestros derechos violados. La victoria será nuestra con la ayuda de Dios". Y Mahmoud Ahmadinejad, el polémico presidente iraní, no tuvo inconveniente en repetir su esperanza de que el Estado judío sea arrasado. "Aunque la mejor solución es eliminar el régimen sionista, en esta etapa debe ser implementado un cese del fuego inmediato", afirmó en la reunión de emergencia que convocó la Conferencia Islámica en Malasia la semana pasada. Aunque a Ahmadinejad muchos lo tachan de bocón, el silencio de los ayatolás, que son los que realmente dirigen a Irán, es tomado como un espaldarazo tácito a la posición del Presidente. Esto es especialmente preocupante porque aunque muchos se muestren escépticos ante la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, en lo que todos parecen estar de acuerdo es en que si ésta se llegara a producir, Irán desempeñaría un papel central. "La única forma en que la crisis actual se podría convertir en una Tercera Guerra Mundial es si hay una escalada masiva de violencia y si por ejemplo Estados Unidos decidiera atacar a Irán o su aliado, Siria, pero esto sería una locura", dijo a SEMANA John Stauber, escritor y director del Centro de Medios y Democracia de Estados Unidos. Que Irán se implicara en el asunto sería el menos deseable de los escenarios, principalmente porque este país tiene la capacidad de desatar una guerra de gran magnitud. Posee un ejército poderoso y por su influencia ideológica puede desestabilizar la región y movilizar a los grupos fundamentalistas de Oriente Medio a favor de su causa. Las manifestaciones populares en todo el mundo musulmán en contra de Estados Unidos e Israel, y algunas alianzas que se están dando entre facciones chiítas y sunitas en contra de un enemigo que es tenido por común, evidencian que esta guerra podría dejar de ser un asunto regional para convertirse en un guerra entre Oriente y Occidente. Hay quienes creen que el actual conflicto se ha convertido en la mayor amenaza para la paz mundial desde la crisis de los misiles entre Estados Unidos y Rusia en Cuba, en octubre de 1962. La emergencia de China como una potencia económica con capacidad nuclear y su dependencia del petróleo hacen pensar que al ver afectados sus intereses, no vacilaría en defenderlos. Rusia, por su lado, bajo el presidente Boris Yeltsin, ya ha dado muestras de su interés en seguir una agenda propia en el escenario mundial y vende miles de millones de dólares a Irán en equipos petroleros y tecnología. Ambos países han ejercido el derecho a veto para proteger a Irán de las resoluciones que en su contra ha promovido Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, y podrían verse obligados a intervenir en caso de un ataque sobre ese país. Ese es el criterio de John Robertson, profesor de historia de Oriente Medio de la Universidad Central de Michigan. "Temo que una Tercera Guerra Mundial es una posibilidad. Varios países del Oriente Medio y Asia están preocupados por las políticas hipernacionalistas de Estados Unidos lideradas por Bush, Cheney y Rice; y ven en ellas una amenaza para sus intereses. Estados Unidos tiene bases en Asia Central y la capacidad de proyectar su poder militar en áreas cerca de Rusia, China, India e Irán. Estas son potencias emergentes o reemergentes en competencia por recursos naturales y energéticos", afirmó en charla con esta revista. Otros, como Richard Caplan, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Oxford, no creen que se pueda repetir una conflagración como las de 1914 y 1939. Caplan dijo a SEMANA que "una Tercera Guerra Mundial no es probable, bajo mi punto de vista. La crisis de Oriente Medio es regional, aunque no se puede negar que tiene implicaciones globales. Si las potencias del mundo estuvieran apoyando abiertamente a las partes en conflicto, podríamos hablar de una guerra más expandida, pero este no es el caso". Ese nuevo conflicto sería más bien una oleada terrorista en el nivel mundial. "Hay un riesgo real de que se incremente el ciclo de acciones terroristas en Estados Unidos, Israel y algunos de sus aliados occidentales. Mientras sigan las acciones en contra de naciones islámicas que no tienen ejércitos regulares fuertes que las protejan, el terrorismo seguirá siendo su mejor opción", sentenció Stephen Zunes, profesor de ciencias políticas de la Universidad de San Francisco. ¿Una estrategia? Para muchos, hablar de Tercera Guerra Mundial no es más que una estrategia de los neoconservadores de Estados Unidos para aglutinar la opinión pública en torno a la alicaída imagen del Partido Republicano y del presidente George W. Bush. Basta recordar que el discurso guerrerista de Bush fue crucial para su triunfo en las elecciones de 2004. La guerra contra el terrorismo que promovió después del 11 de septiembre unió al pueblo norteamericano tras la causa de una avanzada militar preventiva que le evitaría a Estados Unidos ser presa de otro ataque semejante. El desastre de Irak le ha costado buena parte de la popularidad al gobierno, pero los conservadores fundamentalistas y militaristas, que son buena parte de los republicanos que siguen a Bush, parecen estar convencidos de que introducir el ideario de una nueva guerra mundial volvería a alinear a los electores en torno suyo de cara a las presidenciales de 2008. "El uso del término Tercera Guerra Mundial para describir la actual situación es esencialmente una cuestión de 'marketing'. Es un intento desesperado de Newt Gingrich y otros conservadores para buscar apoyo a su política exterior", afirmó Stauber. Aunque esto sea cierto, Bush ya demostró en Afganistán e Irak que puede ceder ante las presiones de sus copartidarios más radicales. En 2003 rompió con la tradición de la pragmática realpolitik estadounidense que abogaba por mantener la estabilidad y evitar a toda costa intervenciones que podrían resultar muy costosas para sus intereses. Bajo esa doctrina, su padre tomó la decisión de no derrocar al régimen de Hussein en la primera guerra del golfo. Esa actitud le ocasionó entonces críticas que hoy, en comparación con la agresividad de su hijo, se convierten en alabanzas a su prudencia. El momento es peligroso, y lo es más en la medida en que el concepto mismo de guerra mundial podría adquirir dimensiones mucho más aterradoras. Por un lado, se trata de un planeta en el que ya no sólo existen dos potencias nucleares, Estados Unidos y la Unión Soviética, sino en el que también países como China, Corea del Norte, India, Pakistán e Israel pueden hacer uso de este tipo de arsenal. Eso para hablar de actores reconocidos en el nivel internacional. Porque en el enrarecido ambiente de comienzos del siglo XXI, el monopolio de las armas ya no está en los Estados. Múltiples grupos dispuestos a todo podrían aprovecharse, por fin, del mercado negro de armas, incluso nucleares, que surgió de la caída de la Unión Soviética y el bloque comunista. Factores que hacen temer que la humanidad llegue al punto que Albert Einstein pronosticó bajo la sombra de la Segunda Guerra. "No sé con qué armas se luchará en la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta: palos y piedras".