Pensamiento Crítico

Enseñar en Palestina a pesar de la violencia

Por Carla Pina | Palestina Libre /Resumen Latinoamericano | 17 Junio 2016

Hanan Al Hroub es una profesora palestina ganadora del premio Global Teacher Prize 2016, conocido como el nobel de la Educación. Su pasión por la profesión floreció a raíz de su propia experiencia, cuando su marido y dos de sus hijas fueron disparados por soldados en un puesto de control fronterizo.

Foto: Kamal Azraq

En la ciudad palestina de Ramallah existe un lugar en el que la paz venció a la guerra. Es el colegio público de primaria Samika Khalil, en cuyas aulas enseña la profesora Hanan Al Hroub, ganadora del premio Global Teacher Prize 2016, conocido como el nobel de la Educación, que otorga la Fundación Varkey. Fuera de las paredes del centro educativo, donde ella da clases a niños de entre cinco y 10 años, la norma es la violencia. De hecho, la mayoría de los menores de la ciudad ha sufrido en sus propias carnes episodios de violencia o han sido testigos directos de arrestos de familiares, preguntas inadecuadas en puestos de control fronterizos o asaltos en sus vecindarios. Unas vivencias que a los pequeños les generan mucho estrés y que influyen en su desarrollo, ya que les provocan secuelas físicas y psicológicas.

Muchos de los alumnos que ocupan los pupitres de la clase de Hanan Al Hroub se sienten aislados, carecen de confianza en ellos mismos, no saben cómo interactuar de forma adecuada con sus semejantes y, en ocasiones, se muestran violentos. “Su comportamiento es un fiel reflejo del ambiente en el que han crecido”, asegura su maestra. Para mejorar esas conductas, la primera lección, y la más repetida de esta profesora, es la importancia de la paz y de la convivencia. En su aula, se aprende a sumar y a escribir, pero también se previenen las secuelas y se sanan las heridas emocionales. “Antes de comenzar con lo que llamaríamos la enseñanza tradicional, los menores tienen que deshacerse de los traumas porque si no reciben la asistencia adecuada están perdidos”, explica la docente.

Foto:Varkey Foundation

Su pasión por la profesión floreció a raíz de su propia experiencia, cuando su marido y dos de sus hijas fueron disparados por soldados en un puesto de control fronterizo. Las pequeñas quedaron en estado de schock y para ayudarles a superar esas continúas imágenes agresivas que se repetían en bucle en sus cabezas inventaba juegos que mejoraban su autoestima. Poco a poco, otros niños del vecindario se sumaron a sus actividades y comprendió que quería ser profesora, carrera que ya había comenzado uno años atrás, para ayudar a los chiquillos palestinos a superar las secuelas de tanta violencia y que pocos sabían cómo tratar.

“Desde el primer día como profesora, he adoptado los eslóganes de no violencia y nosotros jugamos y aprendemos”, confiesa. Un tandem perfecto que consigue resultados positivos: elimina los comportamientos agresivos y promueve el diálogo y la cooperación. “Necesitamos inculcar esperanza en nuestros estudiantes y comprender que hay un futuro mejor. Como decía el poeta Mahmoud Darwish tenemos en esta Tierra lo que hace que la vida valga la pena”, dice. A su juicio, una de esas cosas es su trabajo con el que demuestra que los maestros palestinos pueden ser creativos y hacer frente a los contratiempos, a pesar de las circunstancias, a pesar de la violencia.

 

“Mi mensaje es que enseñar es una de las profesiones más nobles e importantes. El premio pone de relevancia que existen muchos profesores increíbles en todas las partes del mundo que superan las adversidades, innovan y tienen un impacto positivo en los jóvenes y en sus comunidades”, concluye Hanan Al Hroub.