Pensamiento Crítico

“El colonialismo y el apartheid son los que mejor explican el conflicto entre Israel y Palestina”

Por Ben Clarke | Resumen Latinoamericano / Rebelión / Mondoweiss* | 04 Agosto 2016

En cualquier ocasión que un activista, académico o comentarista político apela a recuerdos del apartheid de Sudáfrica para trazar deliberadamente paralelismos con el conflicto entre Israel y Palestina, se puede esperar un reproche inmediato y severo.

Sin embargo en el lanzamiento de su nuevo libro, con colaboradores en Jerusalén Este, el estimado historiador israelí Ilan Pappé abandonó cualquier pretensión de moderación e introdujo intrépida y oportunamente el asunto de que hacer uso de la palabra apartheid en el discurso sobre el conflicto entre Israel y Palestina debe ser un punto de partida indiscutible y no una teoría equívoca a debatir. La colección que Pappé ha editado Israel and South Africa: The Many Faces of Apartheid, (Israel y Sudáfrica: Las muchas caras del apartheid, N. de T.) ha reunido las contribuciones de una amplia gama de respetados académicos, políticos, periodistas y abogados, todos ellos enraizados en una posición fundamental que reconoce que la relación que el Estado de Israel pone en práctica con sus palestinos oprimidos, en Israel y los territorios ocupados, equivale a una forma de apartheid.

Palestina Libro pappe

Pappé se unió en el escenario del jardín del Instituto Francés con el premiado periodista residente en Nazaret, Jonathan Cook, cuyo capítulo, con el cual contribuye al libro, “Visible Equality as a Confidence Trick”  (“Igualdad visible como una trampa de confianza”, N. de T.), se centra en los “palestinos olvidados” que constituyen el 20 % de los ciudadanos de Israel.

Pappé hizo observaciones preliminares a la gran audiencia que se había reunido en el jardín y comentó sobre la necesidad de garantizar el cambio de paradigma que ha otorgado ganancia y credibilidad a las élites occidentales que realmente tienen el poder. Ese paradigma quedó en evidencia en los últimos 10 o 15 años dentro de las esferas marginales académicas.

“Por cerca de 40 o 50 años, en muchos lugares como éste -institutos, universidades, centros académicos, medios de comunicación y así sucesivamente- sólo había una forma dominante o paradigma a través del cual se había analizado el conflicto en Palestina y este fue el paradigma o modelo de una conflicto entre dos movimientos nacionales”, dijo, explicando la ortodoxia en el pensamiento occidental. “Hay un país en el cual dos movimientos nacionales están luchando, tienen el mismo derecho a la tierra, tienen el mismo lazo a la misma y por lo tanto, lo que se necesita es encontrar un compromiso que responda a las aspiraciones de ambos movimientos nacionales, teniendo en cuenta el hecho de que los dos tienen un reclamo justificado a la tierra”.

Teniendo en cuenta que este es el paradigma central para la paz del Cuarteto (Naciones Unidas, EE.UU., Unión Europea y Rusia), que los principales medios de comunicación y los políticos influyentes por la “paz” continúan utilizando, Pappé considera que es muy sorprendente que el principal resultado siga siendo la inviable solución de dos estados.

Pappé dijo que lo que el libro se esfuerza por hacer es exponer este paradigma manifiestamente engañoso y establecer un nuevo paradigma, ya conocido entre los activistas y académicos marginados que se relaciona con la realidad sobre el terreno: “el colonialismo de ocupación de los colonos y su conexión con el apartheid”. En esencia, el conflicto no es entre dos movimientos nacionales que compiten con el mismo derecho a la tierra, sino entre un movimiento de colonos ocupantes y un pueblo nativo.

El marco teórico del libro se forma alrededor de este concepto y la creencia de que la consecuencia natural del colonialismo de ocupación de los colonos es un sistema de apartheid que garantiza la separación entra la población nativa y la raza de los colonos.

Pappé dijo que esta representación del sionismo como un programa de colonización y el Estado de Israel como un estado de apartheid, también determina el propósito. En broma afirmó que el concepto de la solución de dos estados puede haber “producido una gran cantidad de premios Nobel de la Paz, montañas de documentos, y cientos de carreras académicas”, pero no proporcionó nada “en el terreno mismo”. Usando el nuevo paradigma del colonialismo de ocupación, la solución es simple: la descolonización de Israel-Palestina y la sustitución del régimen israelí por la democracia y la igualdad para todos.

Pappé fue cuidadoso en sus intentos de justificar este nuevo lenguaje y que la narración del libro trata de multiplicar. “Decir que un movimiento es un movimiento colonialista no quiere decir que yo los demonice sin ningún reparo. No, el colonialismo de ocupación es un hecho histórico”, dijo, citando los casos de EE.UU., Australia, Nueva Zelanda y América Latina.

Las similitudes entre Israel y Palestina y la Sudáfrica del apartheid son más notables en los medios que lo que Patrick Woolfe etiquetó como la “lógica de la eliminación”, el método que los colonos de ocupación colonialista utilizan para transformar sus casas nuevas en tierra natal libre de la población nativa. En los casos citados anteriormente, la respuesta fue un genocidio, pero en Sudáfrica y Palestina se usaron crímenes alternativos contra la humanidad: limpieza étnica, despojo y apartheid.

“La lógica de la eliminación en Palestina se implementó durante la limpieza étnica de Palestina en 1948. Esto no fue un accidente de guerra. No fue el resultado de una guerra. Esta fue la culminación de una planificación sistemática del movimiento de colonos de ocupación del sionismo que quería deshacerse de la población nativa palestina”, explicó Pappé. Aparentemente vinculados, y en el mismo año, la comunidad de colonos blancos en Sudáfrica decidió institucionalizar allí el sistema de apartheid. “Utilizaron estos medios alternativos [genocidio] en Sudáfrica hasta la caída del apartheid; se siguen utilizando estos métodos hasta hoy en día, en toda Palestina -no sólo en Cisjordania, no sólo en Gaza”, concluyó Pappé; ambos movimientos colonialistas -en este estudio comparativo- decidieron institucionalizar, no sólo a través de genocidio, sino por medio de un aparato estatal.

El libro trata de analizar esta analogía de los sistemas de apartheid, su aplicación en Israel y Palestina y su uso como un modelo comparativo con la Sudáfrica del apartheid, a través de la exploración de estos conceptos del lenguaje y la narración, las similitudes y diferencias históricas y comparaciones legales y normativas de base. Las resoluciones para el debate moral más importante de nuestro tiempo sólo se encontrarán con la identificación y comprensión de las implicaciones claras dentro del derecho internacional, el activismo y la política de ubicar más certeramente este paradigma.

Dentro de este marco comparativo, el argumento seminal que Jonathan Cook propone en el libro se refiere a los ciudadanos palestinos de Israel y su “separación artificial” de los palestinos en los territorios ocupados. Su principal conclusión es que la separación -o el apartheid- y la desigualdad basadas en la pertenencia étnica ha sido codificada en la ley israelí y, por lo tanto, protegidas de la condena internacional, pero que aún existe y es mucha.

Al comentar sobre su propia contribución, Cook hizo un análisis audaz y perspicaz que intentó hacer frente a dos de las principales críticas a la comparación del apartheid con Sudáfrica: en primer lugar, la clara separación de los grupos étnicos de África del Sur no existe en Israel, y en segundo lugar, los ciudadanos palestinos de Israel gozan de una votación democrática que no se concedió a los negros en Sudáfrica.

“Los estudiosos del apartheid de Sudáfrica establecieron una distinción entre dos aspectos del régimen, lo que ellos llaman” apartheid insignificante o trivial “y lo que se conoce como “el gran apartheid como recurso”. Para la mayoría de nosotros, la esencia del apartheid de África del Sur fue los bancos separados en el parque, restaurantes separados, baños separados, buses separados y así sucesivamente”.

Pero los estudiosos “hicieron notar que el objetivo principal del apartheid era restringir los beneficios de los recursos clave del estado, en el caso de Sudáfrica, que era la tierra, el agua y la riqueza mineral adjudicados a la minoría blanca”, explicó Cook, “en definitiva, Sudáfrica optó por una segregación visible como su forma de apartheid, pero el objetivo contenido en el sistema de apartheid se relaciona con los recursos, no con los bancos del parque”.

Al identificar el hecho de que en Israel el “93 % de la tierra se designa como perteneciente a una nación judía mundial, y no a los ciudadanos del país” y reconociendo que “el agua como un recurso para su uso en la agricultura también está reservada a los judíos, y, por lo tanto, la agricultura y el agua barata del cual depende sólo están disponibles para judíos”. Para este cometido se utilizan los comités de admisión que aseguran que sólo los judíos puedan acceder a estas comunidades. Cook se esforzó por ilustrar que el evidente apartheid en Israel es una forma diferente a la que era dominante en Sudáfrica, sin embargo la sustancia sigue siendo la misma.

Para arrojar más luz sobre el tema, Cook dijo que si bien la separación física de la mayoría negra en Sudáfrica era necesaria porque se creaba una diferencia física que contribuía a una sensación de seguridad, esto no es necesario con la minoría palestina en Israel. “Israel practica una cierta segregación visible; habitan espacios separados, ciudades separadas, pueblos, comunidades y también los sistemas de enseñanza son separados “, explica Cook, sin embargo, esta separación tiene un objetivo diferente, y es para “crear un sentido de separación emocional entre las poblaciones judía y palestina y mantenerlas apartadas durante sus años de formación, durante la infancia, es posible mantener y afianzar una identidad tribal y antagónica entre ambas partes”.

En cuanto a los derechos de voto de los palestinos, de nuevo de Cook afirmó que esta diferencia se refiere a la forma de apartheid, no a la sustancia.

“Las diferentes consideraciones electorales reflejan las diferentes circunstancias demográficas en las que se encuentran las dos partes. En Sudáfrica, la población oprimida negra era una gran mayoría, en Israel la población palestina es una minoría relativamente pequeña. Sudáfrica no podía permitirse el lujo de dar el voto a la población negra, ya que se habría arriesgado a que se quedaran con el poder. Israel puede dar a sus ciudadanos palestinos la votación porque no acumulan ningún poder que arriesgue el resultado”.

Aquellos que se oponen a la comparación de estos tipos de apartheid en este terreno, nos quieren hacer ignorar el contexto histórico, dijo Cook, y que la limpieza étnica de 1948 ratifica la misma raíz constitutiva de Israel.

Para finalizar, Cook intentó demostrar que haciendo caso omiso de la naturaleza única de ambos paradigmas del apartheid frente a todos los palestinos bajo el control israelí, Israel se proporcionó una plataforma para “declamar que sus políticas en los territorios ocupados son impulsadas por consideraciones de seguridad en lugar del robo y el despojo sistemáticos de sus recursos”.

Su convincente discurso ridiculizó este hecho. “Si no hay apartheid en Israel, entonces, y tal vez, Israel es correcto, el régimen que ha creado en los territorios ocupados es una respuesta necesaria a las amenazas de seguridad en lugar de una parte integral de un sistema de apartheid que abarca todo. Rechazo esa idea “, declaró. “Reconocer que Israel está practicando el apartheid dentro de sus fronteras reconocidas es un paso vital para confirmar que también está operando un régimen de apartheid, o uno aún peor, en los territorios ocupados”.

Aprovechando la experiencia de una gama de diferentes periodistas, abogados, politólogos e historiadores desde dentro de Israel y los territorios ocupados, este libro servirá como una herramienta importante en el avance del paradigma colonial de ocupación y la analogía del apartheid. Esto, argumenta Pappé, ayudará con el desbloqueo del fallido proceso de paz y preparará el terreno para la posibilidad de una resolución.

“Cualquier paradigma de paz que mantenga a Israel como estado sionista no tiene ninguna oportunidad de tener éxito en el mundo”, dijo Pappé, resumiendo. “De manera similar a la forma en que había que deshacerse del apartheid, tenemos que deshacernos del sionismo antes de hablar acerca de la reconciliación. Ninguna otra solución funcionará en este lugar”.

*Artículo publicado en Rebelión y traducido por J. M.