Pensamiento Crítico

La política clerical del FSLN: una perspectiva histórica, por Sofía Montenegro

Sofía Montenegro | Radio La Primerísima | 18 Agosto 2006
Por considerarlo sumamente ilustrativo de cómo es que se reproduce el orden tutelar en Nicaragua y ocurre la pervivencia del Estado Conquistador desde la Colonia hasta nuestros días, les remito este extracto del discurso de Rosario Murillo, ideóloga del FSLN, otrora partido revolucionario y pretendidamente de izquierda y hoy declaradamente confesional. Les ruego que comparen el discurso de Murillo, con el análisis que realicé el 14 de abril del 2004, en ocasión de la presentación del libro de Andrés Pérez Baltodano "Entre el Estado Conquistador y el Estado Nación: Providencialismo, pensamiento político y estructuras de poder en el desarrollo histórico de Nicaragua" que les adjunto. Creo que la vigencia de nuestra crítica queda ampliamente demostrada: la educación y la política clerical es el sostén del tutelaje y causa de nuestra condición de sociedad premoderna, situación en la que el FSLN, abdicando de cualquier lejano pasado revolucionario, se propone mantenernos. Saludos cordiales, Sofía Montenegro.

Extracto de las palabras de Rosario Murillo, Secretaria de Comunicación del FSLN, emitidas a través de La Nueva Radio Ya sobre el inicio de la "Campaña de la Gran Unidad, Nicaragua triunfa", el 15 de agosto de 2006:

«Nosotros estamos profundamente comprometidos con la fe; pensamos que los valores religiosos, son el consuelo, el amparo; la fe es la forma en que los seres humanos encontramos la paz; los valores religiosos son la fortaleza que necesitamos para lidiar con la vida cotidiana, que ha sido en los últimos tiempos suficientemente dura. La vida cotidiana que nos obliga a enfrentar desafíos fortísimos y, con el amparo y el consuelo de la fe, la gente se nutre, se levanta; el alma se fortalece... Nosotros, precisamente porque tenemos fe, tenemos religión; porque somos creyentes, porque amamos a Dios sobre todas las cosas, es que hemos sido capaces de sobrellevar tantas tormentas, ¡sin inmutarnos! únicamente, aprendiendo de cada dificultad, lo que el Señor ha querido enviarnos como lección, como aprendizaje. (...) El Frente, la Unidad Nicaragua Triunfa dice: "No al aborto, sí a la vida!" Nuestros candidatos, nuestros líderes, nuestros Alcaldes, nuestros Diputados... nuestra Bancada va a emitir un pronunciamiento el día de hoy. Somos enfáticos: "No al aborto, sí a la vida! Sí a las creencias religiosas; sí a la fe; sí a la búsqueda de Dios, que es lo que nos fortalece todos los días para reemprender el camino... Sí, también a la fe, a la religión, a la visión que han tenido los guías pastorales y espirituales de nuestro pueblo, como Su Eminencia el Cardenal, que nos regaló a los nicaragüenses la bandera de la Reconciliación, que la Unidad Nicaragua Triunfa recogió y, es lo que está sacando adelante a Nicaragua».

Comentario al libro Entre el Estado Conquistador y el Estado Nación: Providencialismo, pensamiento político y estructuras de poder en el Desarrollo histórico de Nicaragua, del Dr. Andrés Pérez Baltodano. Auditorio del IHCA UCA, 14 Abril, 2004.

Género, Providencialismo y orden tutelar

Sofía Montenegro

Sin proponérselo creo, Andrés Pérez-Baltodano nos está entregando hoy un libro que yo diría tiene una aproximación feminista a la historia por el hecho de que la aborda desde la dimensión subjetiva y cultural, pero también porque al descifrar la continuidad de la sinrazón patriarcal devela la magnitud del obstáculo que ésta representa para el desarrollo de un Estado nacional y la generación de ciudadanía. Digo la sinrazón patriarcal, porque lo que nos demuestra Pérez-Baltodano a lo largo de 800 páginas es la pervivencia en el pensamiento político de las élites nicaragüenses desde la Conquista hasta nuestros días, de una cosmovisión religiosa providencialista que ha dado lugar una cultura política que denomina acertadamente como pragmático-resignada y que es anterior a la razón y la modernidad. El providencialismo, nos recuerda el autor, es uno de los principales ejes doctrinales del catolicismo, que proviene del período patrístico de la Iglesia y expresa una visión de la historia como un proceso gobernado por Dios en el cual éste es la fuerza y la inteligencia suprema que rige el destino de los individuos, de las naciones y del mundo. Esta visión demarca una genealogía y funda una legitimidad en el Nombre del Padre, trazando un meridiano entre los hijos "elegidos" o legítimos y los réprobos o bastardos, que se encarnará en el orden social. El enorme mérito de este análisis es que expone la retícula conceptual mítica y genuinamente patriarcal cuyo arraigo en el conjunto de categorías con el cual se piensa y se ordena el mundo, le confiere un estatuto de naturalidad casi incuestionable y que hace poco menos que irrompible la estructuración del orden tutelar instaurado tras la Colonia.

I. Indiferenciación de lo público-privado: la hacienda

Una primera reflexión que nos provoca la lectura del Estado Conquistador, es que la imposibilidad de la construcción democrática en Nicaragua tiene que ver con la fallida diferenciación entre lo público y lo privado puesto que desde la Colonia las actividades públicas de los hombres libres, tomaba lugar en los espacios privados de las haciendas. Desde el punto de vista sexo-genérico, la política es un espacio iniciático de los varones en la medida en que es un espacio separado con respecto al ámbito de la vida natural, y es al mismo tiempo un espacio de autonomía, en tanto es autodeterminado y reniega de todo vínculo. Organizados como una fratría y constituidos como un grupo juramentado, los hombres abren un espacio público que se constituye por renegación de lo femenino y del parentesco, inaugurando así el "espacio de los iguales" como lo llama Celia Amorós, donde los hombres se convierten en interlocutores y realizan el reparto del poder. El espacio político moderno se construyó a partir de que los varones pudieron construir un orden nuevo basado en la igualdad y la libertad, entre ellos, claro está. En este sentido, Carole Pateman, (El Contrato Sexual, 1988) ha caracterizado el patriarcado moderno como la auto-adjudicación de los varones de la capacidad de generar vida política mediante el poder alumbrador del pacto del ámbito de lo público versus la capacidad de las mujeres de producir la vida natural en el espacio privado. En éste quedan las que están excluidas de la participación y del poder que se convierte en ese tanto según Amorós, en el "espacio de las idénticas", habida cuenta de que son parte de las propiedades que se reparten los hombres. No está demás recordar que el espacio privado es el sitio donde los hombres se encuentran con las mujeres y donde éstas se encuentran sujetas a aquellos a través de cuatro estructuras de opresión: la materno-conyugalidad, el trabajo de crianza, el trabajo doméstico y la violencia. Desde este espacio no hay posibilidades de autonomía ni de poder, ni posibilidades de acceso siquiera a la calle, mucho menos al espacio público-político. De esta manera la política como ámbito del pacto entre varones, no será concebida como cosa de mujeres ni de niños, sino de "iniciados".

II. Derecho de familia: el tutelaje

En el caso de Nicaragua, las actividades públicas de los "principales" ha tomado lugar en el espacio privado de las haciendas desde la Era de los Adelantados hasta en la actualidad como lo demuestran la preeminencia en la actual política nacional de las emblemáticas haciendas de El Chile y El Raizón. El gobierno como señorío de hacienda ha tenido profundas consecuencias políticas, en tanto estableció las relaciones personales entre individuos como un contrapunto a los preceptos universales modernos de equidad y ciudadanía. El sociólogo peruano Guillermo Nugent llama la atención sobre una figura política poca explorada pero de una gran eficacia práctica, que él utiliza para nombrar esta forma relacional y explicarla: el tutelaje. El término viene de una figura del derecho de familia, que se aplica cuando una persona está incapacitada para la representación de sus intereses y se requiere de alguna otra instancia que se encargue de su adecuada representación. El ejercicio de la tutela genera las figuras del tutor y del tutelado. Esta figura se aplicó tradicionalmente a mujeres, huérfanos, niños o enfermos mentales, pero en nuestro caso tipifica las relaciones establecidas hasta el día de hoy entre gobernantes y gobernados. Concordamos con Guillermo Nugent, de que los factores centrales para la formación del orden tutelar se encuentran en la servidumbre y en la persistencia de la hacienda y tanto el caudillaje militar como la hegemonía cultural católica difícilmente pueden explicarse al margen de este modelo. La figura central en este proceso es el hacendado, algo muy próximo al pater familias romano, que condensaba la personificación de la autoridad y ejercía un poder basado en la violencia con los que se encontraban al margen de la hacienda y de paternalismo al interior de la misma. Es el esquema protector-protegido al que alude el Dr. Emilio Alvarez Montalbán, que ubica la fuente del sistema paternalista en las haciendas entregadas a los conquistadores como compensación colateral a sus servicios a la Corona española en los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX. La hacienda, además de proporcionar peones, daba amantes al patrón y sus hijos, así como una prole bastarda, como fuerza de trabajo y base social. Montalván al explicar el rasgo del familismo en la cultura política nicaragüense, señala que en esa etapa histórica la religión católica jugaba un gran papel como eslabón compartido y como refuerzo para el mantenimiento del orden y el respeto a la jerarquía social. Además, al contar con la aceptación de los dirigentes espirituales, se legitimaba la relación y la obediencia. "Ese es el origen de los padrinos-patrones, de los ahijados-empleados, de los hijos de casa, los hijos de crianza, los hijos naturales reconocidos e integrados a la familia, los hermanos de leche, los aparceros, medieros, chichiguas, amas de llave, mandadores, llaveros y capataces, que formaban los diferentes círculos que en estricto orden jerárquico rodeaban a la "familia principal", con inversiones en las zonas rurales". Se consolidó así un modelo de autoridad como una suerte de ampliación de la esfera doméstica, donde no era imaginable una separación o distinción entre la persona y el cargo de autoridad, misma que no necesitaba de la letra. En este tanto, apunta Nugent, "la ausencia de ley iba de la mano con la ausencia de escritura". Un factor importante en el lento desarrollo de la sociedad civil y el carácter embrionario que aún manifiesta en Nicaragua puede estar en esta pervivencia de la "sociedad doméstica" aludida, puesto que la sociedad civil se articula con la aparición de la individualidad y la diferenciación de intereses y toma lugar cuando el orden basado en la familia es rebasado. La familia, por el contrario, es un espacio jerárquico donde la autoridad del padre es indiscutible y no está sujeta a ningún debate o consenso. En este modelo, madres, hijos y servidumbre, están bajo la "tutela" del padre, articulándose así la subordinación y la desigualdad de género, generacional y de clase, constituyéndose en el modelo de autoridad para el conjunto de la vida social, de manera que terminó equiparándose el concepto de ciudadanía con el cumplimiento de los deberes filiales y con la obediencia sumisa. En otra parte he señalado que en nuestra genealogía de mestizos, tanto a nivel síquico como histórico, hemos sido prácticamente una emergente nación huérfana de padre. En el inconsciente colectivo ha estado ausente la imagen arquetípica de un progenitor concebido como una figura protectora, benevolente y nutricia, tal vez porque en términos histórico-concretos la única referencia paterna de nuestro origen se remonta a la figura del Conquistador: un padre infame, que se afirmó por el poder arbitrario, la violación de mujeres y el rechazo de su propia prole. Tal vez por ello es que los apologistas de las dictaduras patriarcales han estimado que el caudillismo es una "fatalidad étnica", con lo cual la construcción efectiva de la república no puede prescindir del "hombre fuerte", o para el caso, como diría Nugent, del Gran Tutor. Simón Bolívar, reconocido como "Libertador", llegó a afirmar que "las instituciones representativas no se adecuan a nuestro carácter, nuestras costumbres, a nuestras luces actuales... Los Estados americanos necesitan gobiernos paternales..." (Carta Profética, 1815). El autor peruano citado sostiene que del tutelaje se derivan dos consecuencias importantes: la primera es una sostenida forma de pesimismo cultural, que señala a un determinado pueblo como básicamente incapaz de hacerse cargo de sí mismo, lo cual a su vez justifica la emergencia de una forma de gran tutor, como es el caudillo. La segunda consecuencia ha sido el abandono tendencial de cualquier tipo de ideal de excelencia moral, con lo que los que debían gobernar no tenían que ser los mejores, sino que bastaba con afirmar la condición tutelada de los gobernados.

III. El cimiento del providencialismo: el género

Estoy de acuerdo con Andrés Pérez Baltodano cuando señala la tendencia de las ciencias sociales de América Latina a utilizar, de una manera acrítica y ahistórica el concepto de Estado generado por la historia europea y que han tendido a ignorar o minimizar el impacto que ha tenido la lógica histórica generada por la conquista y la experiencia colonial, asumiendo como punto de partida del estudio el momento de la Independencia. Agregaría que además fallan al ignorar que el modelo genérico de dominación ha constituido el cimiento de la cultura y particularmente, de la cultura política nicaragüense. El trabajo de Pérez-Baltodano si bien no está enfocado en un análisis genérico, lo pone de vuelta en el centro de la cuestión al evidenciar que en la trinidad patriarcal del poder constituida por el poder oligárquico de los propietarios, el poder de los genitores masculinos y el poder religioso de los sacerdotes, es el pensamiento de estos últimos el que le da cohesión y la solidifica, en tanto en Nicaragua la religión ha tenido el monopolio indiscutido de la producción de sentido. Siglo tras siglo y década por década, podemos apreciar el empeño de la iglesia católica contra el uso de la razón y contra toda idea de modernidad, sosteniendo la visión providencialista, premoderna y sexista del poder. Las tres normas básicas del régimen paternalista autoritario de la república conservadora de la sujeción al orden, la obediencia a la jerarquía eclesiástica y el respeto a la propiedad privada, se anclan en el género y retornan con fuerza después de ese breve paréntesis histórico que fue la revolución sandinista. Así lo demuestra esta instantánea hecha por el sociólogo Silvio Prado recientemente: "Este año sirvió para conocer en crudo las dimensiones del enemigo que las mujeres enfrentan. Ni más ni menos que las instituciones del poder político más importantes: El Estado, los partidos y, la mano que mueve a estos monos: la iglesia católica. Después de un largo período de enquiste el virus de la misoginia arzobispal finalmente estalló y contaminó sin disimulos a los aparatos del poder, y gracias a ello pudimos conocer el fondo de la estrategia: la restauración del viejo paradigma de la mujer como hija de María o de su condena como hija de Eva. "Bajo esta consigna claudicó muy temprano el Poder Ejecutivo. Tras un fugaz momento de estadista el Presidente Bolaños, necesitado de cobijo y de bulas, acogió los dictados de Las Sierritas. Su retroceso en el caso del Manual de Educación Sexual no fue más obsceno que ilegal. El Legislativo tuvo un poco más de vergüenza, a escondidas y tratando de guardar las formas simplemente volcaron todo el veneno patriarcal del opus dei en la nonata Ley de Igualdad de Oportunidades, con la complicidad de los partidos supuestamente más laicos, los herederos de Zelaya y los de Carlos Fonseca. "El precio de tanta obediencia fue la bendición que los caudillos de ambos partidos buscaban, para salir de la cárcel y para seguir siendo candidato a la Presidencia de la República, respectivamente. Pero no sólo el PLC y el FSLN acataron las órdenes de Las Sierritas. Ninguna otra agrupación política alzó su voz en defensa del pobre Manual ni de la desdichada Ley. La diferencia, las voces disonantes, vinieron desde la sociedad civil, concretamente del movimiento de mujeres".

IV. La educación clerical: sostén del tutelaje

Lo anterior convalida la indagación de Pérez-Baltodano en cuanto a que en Nicaragua seguimos viviendo con paradigmas de pensamiento correspondiente a ciclos históricos anteriores y que no ha ocurrido una reordenación mental en el presente ciclo. Lo que nos dice el autor es que continúa vigente entre las élites políticas actuales el paradigma medieval fundado en la certeza de Dios y la iglesia, que destinaba al ser humano un papel pasivo, obediente y sumiso a la suprema voluntad de Dios expresada en las órdenes de los sacerdotes. El providencialismo, en otras palabras, se ha convertido en un habitus, que es el conjunto de relaciones históricas inscritas en el cuerpo en la forma de esquemas mentales y corporales, de acuerdo con Bourdieu, y es un conjunto de disposiciones que inclina a actuar y reaccionar en determinadas formas y "orienta" las acciones de los individuos y les da un "sentido" práctico. Es lo que induce al "pragmatismo resignado" y a percibir la historia como un proceso que los nicaragüenses no controlamos, mientras que la política se concibe como la capacidad de adaptarse a la realidad del poder constituido. Andrés Pérez nos señala que el pragmatismo resignado no es una filosofía sino "una manera de vivir sin ella". En otras palabras, una manera de vivir sin reflexividad: sin filosofar sobre nuestra visión del mundo y sin cuestionar nuestras formas de pensar. ¿Por qué ha sido tan difícil la emergencia en Nicaragua de las estructuras modernas de conciencia? En mi opinión, porque el habitus es engendrado en el seno familiar, que es un espacio altamente jerarquizado, pero que recibe su forma estructurada y persistente en la escuela. En la escuela se aprende no solamente cómo adaptarse a la realidad social sino también se aprende cómo pensar y comunicar sobre esa realidad. La institución escolar desde sus pobres inicios en la Colonia ha estado en manos de la iglesia, desde donde se ha reproducido el providencialismo hasta el día de hoy, pese a los esporádicos intentos de laicización. Esto ha sido posible por los "privilegios de opinión" y las prerrogativas tutelares reconocidas a la iglesia, lo que ha tenido un efecto pernicioso para la construcción del Estado, de la ciudadanía y de la democracia en Nicaragua. Digo que tiene un efecto pernicioso por las siguientes razones: • Porque ha impedido que el pensamiento y actitudes de las personas estén más regidas por valores religiosos que por valores científicos, lo que implica negar la capacidad de interpretar la realidad a partir de una información y conocimiento objetivo y en base al razonamiento crítico. • Porque ha impedido la construcción de un pensamiento y una cultura ciudadana basada en el reconocimiento de dos principios democráticos fundamentales: la libertad y la igualdad. • Porque ha coartado el ejercicio de la libertad de pensamiento, de conciencia y del derecho a saber, imponiendo la verdad revelada y el dogma de fe, así como la censura. • Porque ha impedido que olas sucesivas de generalización ética y moral, universalizaran el reconocimiento del otro como un igual, dándonos ceremonias, procesiones y rituales en vez de educación y pensamiento. • Porque ha impedido el desarrollo del pluralismo, al desconocer la diversidad de la sociedad, pretendiendo homogenizarla imponiendo no sólo sus concepciones y valores sino una sedicente "identidad nacional católica", adscribiéndose el monopolio de cultos. • Porque desconoce al ser humano como un ser libre y capaz de tomar sus propias decisiones y le niega su autonomía y capacidad de discernir, orientándole por el temor, la culpa y la vergüenza, antes que por la responsabilidad. • Porque el catolicismo promueve la impunidad de los gobernantes y la cultura del acomodo, del manejo y la doble moral, puesto que la iglesia se ve a sí misma como una institución espiritual-judicial, que "absuelve" o "perdona" cualquier acción, menos las herejías o la desobediencia en materia de doctrina. El providencialismo es nefasto porque ha visto la relación entre Dios y la humanidad principalmente en términos judiciales, pero además porque la iglesia se autoadjudica un fuero especial en tanto se ve como superior y autónoma en materia de delitos y justicia ante las autoridades legítimas del mundo. A través del Código de Derecho Canónico se adjudican un poder que busca salvaguardar sus intereses al margen de leyes legítimas y procedimientos de los Estados, siendo Cardenales y Obispos quienes interpretan ese fuero interno lo que les permite proteger a los sacerdotes delincuentes. Esta autonomía eclesial frente al delito, le otorga a la iglesia una impunidad desmedida que les permite cometer todo tipo de abusos, incluidos los sexuales. Se trata pues de un poder incontrolable o supra-poder que está al margen de la ley, desde donde se ejerce la pedagogía de la corrupción y del autoritarismo, que son los elementos que han formado la cultura política hegemónica. Por ello, el providencialismo y la iglesia tienen una gigantesca cuota de responsabilidad histórica en el fracaso del proyecto nacional por cuanto su preeminencia en el Estado provocó serios efectos en la organización de tres instituciones indispensables para la democracia: la relación entre lo privado y lo público; el desarrollo de formas colectivas de asociación y la naturaleza de la movilización popular. La cultura política así formada es la que ha promovido dos rasgos casi permanentes de nuestro sistema político: el instrumentalismo en relación a las instituciones políticas y la inequidad deliberativa en el nivel público. De manera que no parece ser casual que aparezca una correlación directa entre providencialismo, autoritarismo y empobrecimiento generalizado. Si alguna duda quedaba, la cita que hace Andrés Pérez de la Encíclica sobre la Constitución Cristiana de la Sociedad Civil de 1885, hecha por el Papa León XIII, la despeja: "Que el origen de la autoridad pública hay que ponerlo en Dios, no en la multitud; que el derecho de rebelión es contrario a la razón misma; que no es lícito a los particulares, como tampoco a los Estados, prescindir de sus deberes religiosos o mirar con igualdad a unos y otros cultos, aunque contrarios; que no debe reputarse como uno de los derechos de los ciudadanos, ni como cosa merecedora de favor y amparo, la libertad desenfrenada de pensar y de publicar sus pensamientos".(Pág. 295) En suma, la iglesia católica es responsable porque ha impedido el progreso moral de la sociedad nicaragüense al forjar un sentimiento de "impotencia aprendida" reproduciendo el orden tutelar, con lo cual se ha inhibido la formación de un espacio público donde los ciudadanos pudieran participar como iguales así como de la capacidad de la sociedad para condicionar la acción del Estado y poder controlar el poder de los gobernantes. Pero tal vez la peor consecuencia del poder clerical, dentro de un Estado que más que Conquistador es confesional, es la miseria de pensamiento que acusa la clase política y se manifiesta en la inautenticidad que señala Andrés, de sus fundamentos teóricos porque este estado de cosas impidió el transplante a América del debate impregnado de espíritu crítico que marcó la lucha por la consolidación de la Ilustración, dejándonos con un liberalismo declamatorio, un conservatismo estéril y un socialismo imitativo y petrificado, marcados todos por el pragmatismo oportunista. "El desarrollo del llamado pensamiento ilustrado", nos dice Andrés, "tuvo lugar dentro del ámbito de la acción de la iglesia; ello tuvo que hacerse dentro de las limitaciones propias del fanatismo religioso que regía la casi totalidad de las actividades de entonces... la fragmentación social y territorial, la pobreza de la región y la tardía introducción de la imprenta, conspiraron contra la difusión y popularización del pensamiento ilustrado y contra la posibilidad de transformar la cultura providencialista popular de la región. Así pues, las masas se mantuvieron aisladas, reproduciendo su cultura dentro de un mundo dominado por el peso de la religión". Tal pareciera que estuviese hablando de la Nicaragua de hoy y no de hace dos siglos, lo que evidencia además las razones del inmovilismo y el porqué de esa sensación de circularidad que nos da nuestra historia.

V. La des-moralización de Nicaragua

Este hecho que señala el autor tiene una enorme trascendencia si tomamos en cuenta que fue un dique de contención contra la generalización ética de la modernidad. Como se sabe, primero el racionalismo y después la Ilustración, desfundamentaron el orden antiguo, pero no solo porque introdujeron una nueva concepción del sujeto individual, sino también porque provocaron una gran revolución en los contenidos morales heredados. Lo que la nueva luz de la razón pedía a las personas es que aumentaran su capacidad de juicio y no se limitaran a hacer unas cosas y omitir otras simplemente porque así se les hubiera dicho. Llamaba a no obrar por temor al castigo, terrenal o ultramundano, sino por convicción y razón. Con ello la voluntad divina se hacía a un lado, permitiendo la aparición del disenso y con él, la posibilidad de cambio. La expresión más acabada de la ética moderna es la de Kant, que es referencia obligada por el viraje decisivo que implica dentro de la evolución del pensamiento ético que rematará en nuestra época, pero no tuvo posibilidades de expandirse en nuestro territorio. El problema de la moralidad exige plantear la cuestión de en qué estriba la bondad de los actos, o en qué consiste lo bueno. Para Kant lo único bueno en sí mismo, sin restricción, es una buena voluntad. La buena voluntad es la que actúa por puro respeto al deber sin razones distintas de las del cumplimiento del deber o de la sujeción a ley moral. Lo que manda la buena voluntad es universal por su forma y no tiene un contenido concreto: se refiere a todos los hombres, en todo tiempo y en todas las circunstancias y condiciones. Kant llama imperativo categórico a ese mandato, y lo formula así: "Obra de manera tal que puedas querer que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal". Por concebir el comportamiento moral como propio de un sujeto autónomo y libre, activo y creador, Kant es el punto de partida de una filosofía y una ética en la que el ser humano se define ante todo como ser activo, productor o creador. Este es el proyecto de la emancipación humana o de la "mayoría de edad" del sujeto, que se expresaría en la revolución francesa bajo el lema "Libertad, Igualdad, Fraternidad". El orden tutelar inhibió la expansión de tales planteamientos en nuestro territorio, quedando así desmoralizados y recluidos en el mundo del pecado por oposición al mundo de la responsabilidad y la libertad. Atrapados como diría Erick Blandón en el "barroco descalzo", que hoy se manifiesta en el entrampamiento de los nicaragüenses entre el fundamentalismo cristiano y el fundamentalismo económico neoliberal. Versión actual del barroco de Estado y del cual en realidad, nunca hemos salido. En el orden tutelar y en el providencialismo no hay sujeto ético ni lo que Weber llama "desencantamiento del mundo": aquí se mantiene el destino eterno celestial de la humanidad, contra la idea de progreso lineal; la igualdad ante la instancia divina contra la idea política de igualdad; la salvación individual ultraterrena contra la idea secular del mérito, la providencia contra la reflexividad de la razón y la acción consciente, la resignación y la penitencia contra la creatividad. Es pues una fuente de pesimismo moral que es la forma de estar en el mundo del nicaragüense promedio, al estar deseducado de ciudadanía, siendo también la fuente de la esterilización intelectual de los partidos políticos.

VI. Construir el sujeto con paridad genérica

El esfuerzo que hace Andrés Pérez Baltodano por rescatar la presencia y voz de las mujeres dentro del tumulto patriarcal que llamamos historia, sirve de contraste para reconocer que en Nicaragua, el feminismo –junto a una minoría de varones ilustrados- ha sido el portador de la IIustración y la Modernidad y para dar cuenta que la resistencia contracultural tuvo sus núcleos portadores en las décadas de 1920, 1930, 1940 y 1960 para finalmente eclosionar en la década de los 80 y devenir a partir de entonces en el movimiento amplio y autónomo que es en la actualidad. Probablemente es el único movimiento social en el país que plantea clara y abiertamente su lucha contra la subordinación, la demanda de igualdad y libertad, así como la exigencia de los derechos de ciudadanía y de que se haga efectivo el mandato constitucional de la laicidad del Estado y de las políticas públicas. Por ello es valioso el reconocimiento que realiza ese otro varón ilustrado que es Silvio Prado: "Desde hace largo rato el movimiento de mujeres es el único referente en Nicaragua para la construcción de una sociedad civil autónoma, con capacidad propositiva propia y dispuesta a librar las batallas estratégicas de la sociedad nicaragüense. Así quedó demostrado cuando la Conferencia Episcopal asestó el hachazo medieval a la modernización de la sociedad nicaragüense. En un país donde ser autónomo es sinónimo de dignidad porque es la única forma de no ser comprado ni extorsionado en nombre de obediencias perrunas, el movimiento de mujeres es el único que puede plantar cara a los partidos más poderosos porque su supervivencia no depende de los permisos que otorgan sus capos mafiosos... pero sobre todo es el único movimiento social importante de este país cuyas dirigentes no se han arrastrado para besarle el anillo al dueño del circo, el hombre morado de capa y capelo". El gran aporte de las feministas en la moralización de Nicaragua es que no sólo hemos logrado que esta sociedad aprenda una nueva dimensión de lo social, como es el género, sino que además tenemos un discurso propio para nombrar una realidad que el poder patriarcal ha querido hacernos pasar como natural, de la misma manera que pretendieron hacer creer que los déspotas gobernaban por designios de la Providencia. El otro gran aporte del pensamiento feminista mundial, ha sido exponer las incongruencias de la Ilustración masculina, incrementando con ello la eticidad. Porque si bien con Kant aparece la concepción humanista del sujeto, regido por la razón, el problema es que este es intrínsecamente masculino, puesto que no pensaba para nada en las mujeres al dar esta definición. Las mujeres para Kant no eran sujetos éticos –quedaban fuera del imperativo categórico-, ni políticos pues estaban excluídas de la ciudadanía, ni epistemológicos puesto que no creía que el "sexo bello", sometido a los "designios de la naturaleza" fuese adecuado para el conocimiento científico. "Así la "revolución copernicana" de la concepción humanista del sujeto, nace coja por decirlo de alguna manera al excluir de la racionalidad a las mujeres." Esto es lo que Celia Amorós llama el "sujeto inverosímil" de la Modernidad, al estar impregnada del sesgo genérico masculino y que deja incoherentes las pretensiones de universalidad. En suma, los valores de una sociedad democrática no serían siquiera concebibles si no van íntimamente relacionados con los de una concepción humanista del sujeto: sin sujetos autónomos, responsables, reflexivos y críticos, el proyecto democrático carecería de sentido. El feminismo, desde este punto de vista, dice Amorós, no es sino la radicalización del proyecto democrático en el sentido de que se constituye en un parámetro inobviable de su coherencia y, en esa medida, de su legitimidad. El feminismo entonces, apuesta por una sociedad de sujetos, pero sujetos verosímiles, en función de un proyecto que pretende una sociedad liberada de la jerarquía oprimente de los géneros. La igualdad de derechos deviene así la piedra de toque del feminismo nacido con la Modernidad.

VII. Para iniciar el quiebre cultural

Por todo lo anterior y asumiendo el reto que nos lanza a Andrés Pérez Baltodano sobre la responsabilidad y la posibilidad de iniciar el quiebre cultural que este país necesita, se me ocurre que en la agenda de debate hay que establecer como prioridad estratégica la demanda de la ruptura de los circuitos de reproducción del orden tutelar, que a mi parecer son: • La apertura y democratización del sistema político. • La efectiva separación del Estado y la iglesia y la demanda por el establecimiento de una educación pública universal y laica, así como la laicización de todas las políticas públicas. • La transformación del ámbito privado y la democratización de la familia y el cambio de los modelos de crianza. • La educación en ciudadanía en la sociedad civil para la construcción del espacio público. Educar en ciudadanía es el punto central de esta agenda, para salir de la "tutela" y alcanzar la mayoría de edad como sujeto, en tanto la educación y la cultura de la democracia se fundan en y fundan ellas mismas una visión valorativa o éticamente guiada de las prácticas políticas. Como ha señalado la filósofa Amélia Valcárcel, una democracia actual no podría prescindir del sistema público educativo, no sólo porque ello atentaría contra el declarado principio de igualdad, sino porque la democracia completa en tanto que cultura se mantiene por medio de esas prácticas masivas. Hay que convertir la educación masiva y laica en un derecho inamovible, por cuanto el sistema general educativo es la "horma y el cemento" de la ciudadanía, de la capacidad de ser igual o a aspirar a serlo, puesto que como señala Valcárcel, la democracia y la educación están vinculadas como lo están la educación y la igualdad y tocar el sistema educativo es tocar la carne viva de los valores básicos. Quiero por último, expresar mi gratitud como ciudadana y como feminista, a Andrés Pérez Baltodano por este magnífico, sobrecogedor y revelador libro de impecable rigor analítico. Por haber encontrado el hilo rojo de Ariadna en el laberinto de nuestra historia, habiendo logrado como recomendó Nietzsche, como cuestión filosófica fundamental, dar nombre a una cosa que no la tenía y hacerla salir así de la nada: el concepto de pragmatismo resignado y el desciframiento de la significación del providencialismo en nuestra ausencia de desarrollo. Mi gratitud también por la honra que significa para mí comentar la obra de un intelectual paradigmático, que no hace concesiones políticas y sólo tiene compromisos con la verdad, por haber rescatado nuestra realidad desde el olvido y abrirnos un horizonte moral que nos permita salir del pesimismo y la impotencia. Ante esta obra –que debería ser lectura indispensable en todas las universidades- me comprometo personalmente Andrés, a difundirla en el movimiento de mujeres, asumiéndola como un legado para las víctimas del orden tutelar y para las principales portadoras de esa tardía y elusiva modernidad que aún no llega y que hay que construir y que habrá de ponerle finalmente, la cabeza a la República.