Pensamiento Crítico

¿Recesión en EEUU? Echando leña al fuego

Jürgen Schuldt | La Insignia. Desde Perú. | 18 Agosto 2006
El pobre desempeño de la economía estadounidense durante los últimos meses no parece ser motivo de mayor preocupación para la Reserva Federal y la banca de inversión del país, quienes consideran que los tremendos déficit gemelos (fiscal y externo) se resolverían paulatinamente en base a políticas económicas domésticas y negociaciones internacionales que permitirían un aterrizaje dúctil. En su defensa habría que decir que les pagan precisamente para mantener las expectativas y la confianza de los inversionistas y la población. No piensa igual un grupo de los más influyentes economistas estadounidenses, entre los que se cuentan Bradford DeLong, Martín Feldstein, Paul Krugman, Michael Mussa, Robert Reich y Nouriel Roubini. Según estos académicos, cual pirómanos y conscientes de que "pronosticar una recesión es un juego de locos", la economía de EEUU estaría camino de una recesión de proporciones hacia fines de año o inicios del próximo, argumentando incluso que -con cierto retraso y por contagio- podría llevar a una crisis global. Ya que en América Latina estamos enfrascados exclusivamente en nuestros problemas internos y sin ánimo de asustar a nadie, creemos que es hora de poner atención en la delicada coyuntura económica de EEUU, de discutir el panorama mundial y de calibrar sus posibles repercusiones sobre nuestra economía, a la vez que se adoptan las previsiones necesarias frente a una eventualidad tan peligrosa y aparentemente no tan remota. Apenas ensayaremos una breve síntesis de algunos de los planteamientos de los autores mencionados (ver: www.rgemonitor.com/blog/roubini/). En efecto, algunos indicadores significativos ya estarían confirmando los pronósticos pesimistas, en tanto la supereconomía, que explica el 20,4% de la producción mundial (a precios de paridad), se viene desacelerando, a la vez que viene aumentando la inflación doméstica. Después de que el Producto Interno Bruto (PIB) creciera al 5,6% en el primer trimestre de este año, su tasa se desplomó al 2,5% en el segundo trimestre (se esperaba un 3,2%) y, en la proyección más negativa, se estima que será cero en el cuarto trimestre (mientras oficialmente se sigue creyendo que ascenderá al 3%) y comenzaría a ser negativa a partir del primer trimestre del próximo año (siempre respecto al mismo periodo del año anterior), con lo que sería más grave que la experimentada a partir del año 2000. No sorprende, por tanto, que hayan comenzado a caer los niveles de empleo en la construcción residencial y en el comercio minorista. Son varios los factores que han actuado en esa dirección. Uno tiene que ver con la burbuja inmobiliaria sobre la que se ha sustentado el fuerte crecimiento económico de los últimos tres años, pero que se está desinflando como consecuencia de las alzas de la tasa referencial de interés de la Reserva Federal, cuyo impacto actúa con un retraso de entre 6 y 9 meses, con lo que recién se está sintiendo el incremento que la elevó de 1% a 4%, pero aún falta sentir el que ejercerá la suba al 5,25%. De ahí que la inversión en viviendas residenciales cayera 6,3% en el trimestre pasado y que caería aún más (en 10-15%) en lo que resta del año, con lo que también los ingresos y el empleo se vienen deteriorando, levemente por el momento. Ligado a esto y con la caída del valor de los inmuebles, también ha disminuido el consumo privado (que representa el 70% del PIB), tanto por el efecto riqueza, como porque la capacidad de endeudamiento familiar se ha recortado y el peso del servicio del sobreendeudamiento de gran parte de las capas medias ha aumentado sustancialmente. De ahí que: el gasto en bienes de consumo duraderos (especialmente de automóviles y de aquellos ligados a vivienda) haya descendido en medio por ciento en el segundo trimestre; la inversión en equipo y software declinó en 1% en ese periodo; el gasto de consumo del gobierno apenas creció en 0,6%; las importaciones de bienes de consumo e inversión vienen creciendo a tasas menores; los inventarios crecen, como consecuencia de la reducción de las ventas, que aumentaron apenas 2,1%; etc. Un segundo factor que indica en la misma dirección es, obviamente, el alza de precio del petróleo que no tardará en llegar a los 80 dólares por barril y que, si se desataran más 'choques geoestratégicos' o de la naturaleza, podría llevarlo a 100, que es equivalente al nivel máximo real que alcanzara en enero de 1980. Este proceso aumentaría los costos, comprimiendo la oferta agregada y alimentando peligrosamente una espiral inflacionaria; lo que puede ser reforzado por los mayores precios de las mercancías importadas, como consecuencia de la devaluación que se procesaría a ritmos crecientes, debido al déficit fiscal de Bush y del endeudamiento masivo con China. En suma, se podría producir una inmanejable estancflación, fenómeno tristemente célebre de la década de 1970. En tercera instancia, la inflación llevaría a aumentar el precio del crédito (las tasas activas de interés), con lo que se comprimiría aún más el consumo y la inversión privada. Lo que nos lleva al dilema que afronta actualmente el directorio de la Reserva Federal, entrampado entre la suba de la tasa federal para evitar la aceleración inflacionaria y su baja para evitar la recesión. El pasado 10 de agosto decidió no moverla, pero es muy posible que la reduzca en alguna de sus próximas reuniones, en septiembre o, en el peor de los casos, en noviembre. Lo que sólo aumenta la incertidumbre. Y es que, al decir de Brad DeLong, "la maleta de trucos macroeconómicos" del FED se ha vaciado, a diferencia de la década de los noventa, en que hubo espacio para aplicar políticas para reactivar la economía, generando el globo tecnológico y la 'exhuberancia irracional' de entonces (y en lo que va de este quinquenio, la reactivación basada en la burbuja inmobiliaria). Pero tal parece que, hoy en día, no hay burbujas que inflar. Existen, así, varios indicios de una posible recesión a principios del año que viene. La pregunta siguiente, que dejamos para una próxima entrega, consiste en evaluar si la gripe estadounidense se transformará en pulmonía para el resto del mundo, llevando o no a un tsunami global. A este respecto hay quienes consideran que se produciría un descalabro mundial y quienes estiman que habría una 'desconexión' del resto del mundo, cuyo crecimiento continuaría sostenidamente, alentado por los motores de la UE, China, Japón y los Tigres Asiáticos, con lo que economías como la peruana no se verían tan afectadas si se desatara la recesión estadounidense.