Pensamiento Crítico

Ay Nicaragua, Nicaragüita: los dos sandinismos, por Raúl Zibechi

Raúl Zibechi | Publicado en la Revista Brecha, de Uruguay. Distribuido por la Agencia ARGENPRESS. | 23 Agosto 2006
El 5 de noviembre se realizan elecciones presidenciales y legislativas en Nicaragua. El sandinismo concurre dividido: Daniel Ortega encabeza la lista del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en tanto Edmundo Jarquin y Carlos Mejía Godoy la del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), luego de la sorpresiva muerte de Herty Lewites, candidato presidencial de este sector disidente que aglutina a los principales referentes históricos del sandinismo. La comandante Mónica Baltodano explica algunas claves de esta división. Ex ministra de Asuntos Regionales durante el gobierno sandinista, la comandante Mónica Baltodano fue, bajo la dictadura de Anastasio Somoza, responsable político-militar de la insurgencia urbana en el norte del país, hasta caer prisionera en 1977. Al recuperar la libertad, un año después, integró el estado mayor que dirigió la insurrección de Managua. Luego de la derrota electoral del sandinismo en 1990, fue miembro de la dirección nacional del FSLN y responsable de organización. En 1996 es elegida como diputada de la Asamblea Nacional, pero en 1999 fue expulsada del Frente por su rechazo al pacto Alemán-Ortega, por el cual el entonces presidente y el líder de la oposición se repartieron cuotas de poder e impunidad en Nicaragua. -¿Por qué sostiene que es necesario refundar el sandinismo? -En Nicaragua hay dos frentes sandinistas. El de la base y el de la cúpula. Me he distanciado radicalmente de la cúpula, pero sigo en contacto con la base. El FSLN de la cúpula ha sido privatizado por Daniel Ortega, quien lo maneja como una empresa en la que él es el accionista mayoritario. Esta empresa sirve para la obtención de réditos materiales concretos y privilegios de toda suerte para un reducido grupo de personas en base a su incondicionalidad a Daniel. En el FSLN de la cúpula hay una especie de esquizofrenia. Mientras los documentos oficiales y los discursos de plaza siguen anunciando un FSLN revolucionario, de izquierda, antimperialista, la práctica va en sentido totalmente contrario. Las mutaciones se realizaron en un largo proceso que se inició con la derrota electoral de 1990 y que pasó por la pérdida de autoridad moral debido a la "piñata",* y tienen su expresión más vergonzosa en el pacto de Daniel Ortega con el delincuente y ex presidente Arnoldo Alemán y el cardenal Obando, realizado en 1999. Mediante ese pacto Ortega ha conseguido si no el control total, una cuota importante de las principales instituciones del país. A cambio dio gobernabilidad a los sucesivos gobiernos neoliberales, desmovilizando al pueblo y permitiendo las leyes y decisiones que nos han sumido en el más absoluto abandono. La refundación implica la reconstrucción de la izquierda en Nicaragua. Porque hoy la mayoría de los nicaragüenses consideran negativo el concepto de izquierda, y al sandinismo mismo, debido a la práctica política de la dirigencia. -¿Qué papel está jugando Daniel Ortega para que buena parte de los dirigentes históricos y algunos destacados referentes éticos, como Ernesto Cardenal, le hayan dado la espalda? ¿Se trata de diferencias políticas o también éticas? -Después de la derrota electoral del 90, la conducción dejó de ser un colectivo de debate, análisis y decisiones. La dirección colectiva se terminó; y carente de una renovada estrategia involucionó a la autocracia: el poder en manos de una sola persona. Daniel se entronizó como secretario general del FSLN, posición que ocupa desde 1984, y no ha permitido ningún tipo de renovación del liderazgo. También se ha adueñado de la candidatura presidencial estableciendo como doctrina que sin él como candidato sobrevendría el caos en el FSLN. Recientemente ha llegado a afirmar que "Daniel es el FSLN". Quienes lo rodean servilmente fortalecen esta tesis, que ha caído hasta en el nepotismo. Esta manera de liderar al sandinismo tiene antecedentes en la historia de Nicaragua dominada por caudillos. El poder autocrático quiere reducir la militancia al vasallaje y frente a ello desde hace muchos años miles de militantes nos hemos venido rebelando, insubordinando. La respuesta ha sido la represión interna, las campañas de descrédito, el aislamiento. Incluso el uso del poder dentro de las instituciones judiciales, para "crear casos" y abrir juicios contra quienes nos rebelamos. No le interesa el debate, la diversidad de pensamiento, la información alternativa y la formación política. El asunto entonces no es sólo político, tiene una dimensión ética profunda. Cuando todo se subordina a intereses particulares, al control del poder, se despliega cualquier tipo de métodos. En nuestro país existe la percepción de que estamos controlados por dos grupos de mafiosos, uno de Alemán y otro de Daniel Ortega, quienes utilizan espacios de poder para favorecer a ambos grupos. Con mucha frecuencia estallan escándalos por los veredictos favorables a narcotraficantes, de quienes se dicen pagan jugosas "mordidas". O asesinatos políticos jamás esclarecidos como el del periodista Carlos Guadamúz, uno de los principales protegidos de Ortega, quien se distanció luego de que Daniel lo despojara de una de las más importantes radios de Nicaragua, y a partir de ello llegó a convertirse en un enemigo acérrimo de Daniel y su grupo. -La Izquierda Democrática, el sector que usted integra, participa en la alianza MPRS. ¿Qué otros partidos integran la alianza? -Desde 1994 se han producido, por oleadas, salidas de importantes grupos de militantes. La primera gran oleada se dio con la formación del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), con Dora María Téllez, Sergio Ramírez Mercado y Ernesto Cardenal. Luego, con la expulsión de Herty Lewites y Víctor Hugo Tinoco, se creó el Movimiento por el Rescate del Sandinismo (MPRS) al que nos integramos desde nuestra corriente denominada Izquierda Democrática. El MPRS no tiene personería jurídica como partido, así que se unió con el Movimiento Renovador Sandinista y al Partido Acción Ciudadana (PAC), ambos con personería jurídica, para crear una alianza que concurre a las elecciones de noviembre. Forman parte también el Partido Socialista, el Partido Verde Ecologista y movimientos sociales como Cambio, Reflexión, Etica y Acción (CREA), que aglutina a miembros de la Juventud Sandinista y a combatientes de la defensa de la revolución en la década del 80, al Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) y a asociaciones de víctimas de plaguicidas, como el Nemagón. -¿Cómo puede afectar la repentina muerte de Herty Lewites las posibilidades electorales de esta alianza? -Herty Lewites era muy importante para nuestra alianza, porque contaba con una opinión favorable dentro del electorado. Hizo una buena gestión cuando fue ministro de Turismo en los años ochenta y luego en la alcaldía de Managua, y contaba con un fuerte reconocimiento de la ciudadanía. También tenía a su favor una excelente comunicación, sencilla y atrayente para la gente. Le fue reconocido también su coraje para enfrentar a Ortega. Su muerte es un duro golpe para la alianza y por ello hemos escogido una fórmula integrada por Edmundo Jarquin, quien era su candidato a la vicepresidencia, y Carlos Mejía Godoy, líder popular y el cantautor nicaragüense de más prestigio y reconocimiento a nivel nacional e internacional. Con esta fórmula esperamos enfrentar los desafíos, ahora desde luego en una posición más desventajosa. -¿Qué situación están atravesando los movimientos sociales nicaragüenses? -Las grandes organizaciones, las creadas en los años ochenta, están muy controladas por Daniel Ortega, y de alguna manera siguen subordinando sus luchas a los intereses de la maquinaria partidaria. Sus principales líderes van siempre en las listas de candidatos a diputados o están presentes en las instituciones estatales repartidas mediante el pacto. A pesar de ello se han hecho sentir en la lucha contra las privatizaciones, en especial la Alianza contra la Privatización del Agua. Se creó una articulación llamada Movimiento Social Otro Mundo es Posible, como expresión de pequeños grupos que intentan una actuación alternativa frente a la realidad y que han organizado manifestaciones contra la política guerrerista de Bush y participan activamente en el Foro Mesoamericano. Permanecen algunas comunidades eclesiales de base, con algunos sacerdotes fieles a la iglesia popular. En 2005 se constituyó el Comité de Acción Global, que se moviliza en rechazo a la mundialización capitalista y contra el tlc Centroamérica-Estados Unidos (cafta). El Movimiento Autónomo de Mujeres también ha mantenido su propia agenda y dentro de ella destaca su crítica al sistema y la reivindicación de la política más allá de la vía partidaria. Uno de los movimientos sociales autónomos más emblemáticos ha sido el de los obreros y campesinos víctimas del Nemagón (agroquímico sintético que fue empleado en las bananeras varios años después de que había sido sacado del mercado en los países desarrollados, por sus efectos nocivos sobre la salud) que ahora aglutina a organizaciones de bananeros, cañeros y afectados por insuficiencia renal crónica, que han trascendido de sus demandas contra las trasnacionales responsables de la aplicación de pesticidas, a una denuncia integral del neoliberalismo. Este movimiento ha organizado varios plantones con miles de campesinos frente a la Asamblea Nacional, en demanda de una agenda reivindicativa que ha concitado la solidaridad de importantes sectores de nicaragüenses. -Las injerencias del embajador Trivelli han sido ampliamente criticadas y documentadas. ¿De qué manera está interviniendo Washington en el proceso electoral? -Estados Unidos ha intentado por todos los medios unir a los dos grupos liberales que por primera vez se presentan divididos a una elección. En 1990 todas las fuerzas de la derecha integraron la Unión Nacional Opositora (uno), en 1996 y 2001 se aglutinaron en el Partido Liberal Constitucionalista (plc) Ahora concurren el plc y la Alianza Liberal-Conservadora. Los esfuerzos desatados por Estados Unidos para tratar de que la derecha concurra unida se han realizado de una manera descarada, abiertamente injerencista, y con la bandera de impedir que Daniel Ortega llegue al poder. Esta intromisión también ha sido acompañada de una descalificación de Arnoldo Alemán y su grupo, a quienes no les perdonan actos de lavado de dinero en Estados Unidos, ni su pacto con Ortega, porque a su juicio le ha permitido a éste el control de los poderes del Estado. Alemán fue su ficha. Hoy ya no les sirve. Los gringos quieren el control de una derecha unida, pero todavía no lo logran. -¿Qué no volvería a hacer si el partido al que pertenece estuviera nuevamente en el poder? -Creo que por las condiciones en que llegamos al poder, y por los modelos conocidos, nuestra revolución no desarrolló suficientemente los mecanismos democráticos, y le dejó a la derecha la bandera de la democracia. No volveríamos a atropellar la libertad de expresión, ni debemos colocarnos inútilmente en el centro de los conflictos internacionales. En aquella ocasión el conflicto Este-Oeste (Afganistán versus Nicaragua), y ahora nos quieren colocar artificialmente en el conflicto Chávez-Bush. Creo que cometimos errores importantes en el manejo del conflicto con las comunidades étnicas y con los sectores campesinos. Aunque las condiciones son irrepetibles, creo que es un tema sobre el que aún hay mucho que hacer y no volver a errar. El afán estatizante de la revolución es una herencia que aún nos afecta. Jamás repetiría el enfoque de organizaciones populares cuya única y principal tarea sea la que les dicta la dirigencia de la revolución. Solamente con organización popular autónoma, capaz de representar los genuinos intereses populares frente al poder, es que se pueden empujar las agendas propias del pueblo y estar sometidos a su escrutinio a través de la participación directa. Creo que un error que no debe ser repetido es el de la despreocupación por los equilibrios macroeconómicos. Al final de cuentas, la inflación la pagan los sectores populares. Nosotros la llevamos a más de tres dígitos. Claro, con una guerra de agresión encima. -¿Y qué rescataría? -La genuina actitud antimperialista y la solidaridad, un rol del Estado realmente preocupado por los problemas de la gente y que destinó enormes esfuerzos en las tareas de la educación, la alfabetización, la salud gratuita. Con sólo rescatar la política social de la revolución daríamos un fuerte paso adelante. Tenemos que colocar como un problema central del país el combate a la violencia doméstica, y el desarrollo pleno de los derechos de las mujeres y de los niños. -¿Qué permanece en la sociedad nicaragüense de la década sandinista? -La apertura a la democracia formal en tanto que superación de la dictadura, aun con sus limitaciones, es un logro que la gente aprecia. La conquista de la dignidad e independencia nacionales. La conciencia de los derechos de las mujeres, que comenzó por la conciencia de la autoestima en miles de nosotras. La abolición de los órganos represivos, al servicio de la dictadura, y la construcción de instituciones profesionales y constitucionales para la defensa y el orden interno. Esta es una de las herencias más importantes de la revolución. Aun la derecha reconoce el profesionalismo del ejército y, aunque con graves retrocesos, seguimos teniendo la mejor policía en Centroamérica. No tenemos fuerzas armadas que reprimen al pueblo. La democratización de la propiedad, que los procesos de contrarreforma emprendidos no han podido revertir de manera absoluta. Todavía permanecen reductos de "propiedad reformada" cuyo significado sigue teniendo un papel simbólico. El desarrollo de masivas organizaciones populares y sociales. Aunque falta desarrollar su autonomía. Nos queda la historia, que es tal vez la principal herencia. Pero también nos queda la poesía, el canto, la música, la pintura, las danzas -que aún hoy nos hacen sonreír y también llorar- y que florecieron en medio de la agresión y la guerra como expresión clara de la esperanza. * Se llamó así al reparto de bienes que se hizo después de la derrota, y que benefició a miles de campesinos con tierra y a pobladores de la ciudad con vivienda, pero que escondió también el reparto ilícito de capital entre altos funcionarios sandinistas.

El caso Zoilamérica

El enemigo interno

En marzo de 1998 la hija adoptiva de Daniel Ortega, Zoilamérica Narváez (hija de Rosario Murillo, esposa de Ortega), acusó públicamente al líder del FSLN de incesto, declarando que había abusado de ella sexualmente durante 19 años. "He tenido que sumergirme en lo más hondo de mis fragilidades y secuelas para adquirir la fortaleza y la inspiración que necesito para enfrentar mi realidad y abrir nuevos capítulos de mi existencia", relató en su testimonio. La revelación de Zoilamérica sacudió a Nicaragua y al sandinismo, pero no a Daniel Ortega, a su esposa ni al aparato, que cerró filas junto al líder. Un veterano sandinista, Alejandro Bendaña, confirmó la denuncia y pidió perdón: "Hoy como hombre te pido perdón, Zoilamérica, por no haber hecho lo suficiente para detener a Daniel Ortega en su agresión contra vos, agresión que yo llegué a presenciar (...). Pido perdón por todos los hombres y mujeres que también sabían de esta situación y no tuvieron el valor ni entonces ni hoy de hablar y tomar partido por la justicia". Hombres y mujeres sandinistas, algunas declaradamente feministas, apoyaron a Ortega. El Frente difamó a la denunciante, a la que acusaron de hacerle el juego al enemigo y de formar parte de una conspiración digitada por la cia. Gioconda Belli señaló que si el FSLN era incapaz de escuchar a Zoilamérica "habrá llegado a ser un partido al servicio de la carrera política de un hombre". El caso fue ignorado por buena parte de las izquierdas del continente, tal vez porque lo consideran asunto privado y, seguramente, porque creen que Daniel Ortega es un compañero enfrentado al enemigo, que constituye una real alternativa de poder frente al neoliberalismo en Nicaragua. Mucho se ha hablado de la corrupción de la cúpula sandinista a raíz de la piñata, que le permitió a sus dirigentes convertirse en afortunados empresarios. Y mucho se criticó el pacto Alemán-Ortega, por el cual el sandinismo adquirió el control de importantes resortes del aparato estatal. Pero del caso Zoilamérica se habla poco, o nada. Margaret Randall, feminista estadounidense que vivió y militó en Nicaragua en los ochenta, autora entre otros del libro Las hijas de Sandino, intentó bucear en este caso concluyendo que no habrá cambio social sin revisar el poder desde la mirada de las mujeres. "He llegado a creer -dice en un artículo de la revista Envío de enero de 2000- que la incapacidad de los movimientos revolucionarios para escuchar a todos los grupos sociales, analizar su potencialidad y asegurar su plena gestión, ha sido en gran parte responsable del fracaso de estos movimientos para permanecer en el poder. El enemigo externo era ciertamente abrumador. Pero el enemigo interno ha contribuido a la defunción revolucionaria en formas que recién ahora estamos empezando a comprender".