Pensamiento Crítico

Cambios en el Vaticano: El caso Joaquín Navarro-Valls

Bernardo Barranco V. | Diario La Jornada. | 23 Agosto 2006
Se esperan cambios significativos en la estructura y en la política del Vaticano con la inminente llegada de Tarcisio Bertone, este 15 de septiembre, como nuevo secretario de Estado. Sin hacer antesala, ya operó un importante movimiento que tendrá repercusiones en la estrategia comunicativa de Roma. Hace poco más de un mes, el papa Benedicto XVI finalmente aceptó la renuncia de Joaquín Navarro-Valls como director de la oficina de prensa de la Santa Sede. Después de 22 años al frente de la comunicación en Roma, el llamado "vocero del Vaticano" deja un cargo en que realizó importantes innovaciones, al grado de que muchos expertos lo catalogan como el verdadero diseñador de la imagen del papa Juan Pablo II. Su lugar será ocupado por el jesuita, conservador, Federico Lombardi, de 63 años. El movimiento apunta a concentrar y centralizar toda la información y comunicación en un solo dicasterio. En efecto, Lombardi conducirá, además de la sala de prensa, L'Osservatore Romano, también Tv y Radio Vaticano; no sólo es racionalizar y adelgazar la estructura de la curia sino dar un giro a la concepción de lo mediático que había venido desarrollando Joaquín Navarro-Valls conjuntamente con el propio papa Juan Pablo II. No se trata de una dramática ruptura propuesta por Benedicto XVI, de todos es sabido la timidez y lo poco afecto al protagonismo en los medios. En diferentes oportunidades Joseph Ratzinger ha cuestionado los actos litúrgicos espectacularizados, por ello creemos que con la salida de Navarro-Valls, el Vaticano tomará distancia de los principios de la política comunicativa que se gestaron bajo el pontificado de Juan Pablo II. Joaquín Navarro-Valls, un hombre de casi 70 años, elegante, con recia personalidad, gran conversador, aficionado a los deportes, especialmente a los toros. Tiene un aire de artista de cine de los años 50, siempre muy bien vestido, con trajes caros y combinaciones clásicas al estilo Gary Cooper; fue llamado en 1984 por el papa Wojtyla con la finalidad de modernizar la información y la comunicación de la Santa Sede, en un mundo cada vez más informatizado y global. Joaquín Navarro-Valls era entonces corresponsal en Roma de ABC, el periódico español ligado al Opus Dei, y presidente internacional de los periodistas corresponsales en Italia. La primera novedad de su designación fue que Navarro-Valls era un laico, ciertamente numerario del Opus Dei, pero formalmente no era un clérigo, lo cual le atrajo numerosas críticas de los sectores más clericales y conservadores de la curia romana; la presencia de Navarro-Valls era una osadía del papa polaco. El nuevo director, para poder modernizar las relaciones del Vaticano con los medios de comunicación, cuestiona depender de un Pontificio Consejo de las Comunicaciones, alejado en la práctica de las tareas comunicativas de la sala de prensa de la Santa Sede, ya que requería tomar decisiones al momento. Joaquín Navarro-Valls logra tener línea directa y depender tanto del secretario de Estado, el número dos del Vaticano, como del propio papa. Así, el nuevo encargado moderniza el rústico equipo de prensa con potentes computadoras, que continuamente renueva; redacta boletines en las principales lenguas en el ámbito internacional, incluyendo por supuesto el polaco; la sala de prensa brinda atención privilegiando los husos horarios. Por ejemplo, en las mañanas su atención se centra en las necesidades de Europa, por la tarde-noche, las demandas en español que surgen en América Latina, y en inglés en Estados Unidos, y por la noche-madrugada, en el Lejano Oriente. El 17 de abril de 2005 explica sus conceptos de inovación al ABC, expresando: "Por entonces -inicios de los años 80- se afirmaba mucho en ambientes eclesiásticos: 'La Iglesia tiene que usar los medios'. Yo me rebelé contra esta concepción... ¿Deseaba la Santa Sede participar en la dinámica de los medios? Si de verdad lo deseaba, debía saber que esto le costaría un esfuerzo semántico y de apertura. No era un problema que se solucionase informando más; se trataba, sobre todo, de aceptar el lenguaje de los medios, de emitir sus mensajes con la expresión propia de los medios, de dar la noticia en el momento preciso en que los medios la necesitan, de entrar en definitiva en el juego de los medios, que lo espectaculariza todo... El papa entendió de inmediato lo que yo le estaba proponiendo. El gran misterio es que un hombre que se había formado en un país donde no existía libertad de prensa ni, por lo tanto, verdadero periodismo, intuyera la necesidad de este cambio". En el fondo la aportación de Navarro-Valls fue introducir al interior de la Iglesia el concepto de que los grandes medios comunicativos son ante todo empresas que tienen productos o mercancías llamadas noticias. Y que éstas se nutren de la información que surge de una fuente eficiente, como el Vaticano. Logra que 80 por ciento de las noticias católicas provengan de su sala y que el portal del Vaticano sea uno de los 10 sitios más visitados en el mundo de Internet. Pero no se trataba sólo de entrar en el lenguaje de los medios sino de incidir y marcar la agenda mediática internacional. Joaquín Navarro-Valls lo logra gracias al carisma y la disposición protagónica del papa Juan Pablo II, a la que nos hemos referido en otras entregas. La exaltación y culto de su personalidad formaba parte de una estrategia de incidencia global en la opinión pública. Navarro-Valls es el artífice del diseño mediático del papa, desde el "atleta de Dios" hasta el anciano patriarca enfermo. El papa Wojtyla se convierte, así, en el personaje global más aceptado y seguido en el mundo entero. Sus funerales fueron una pieza comunicativa de teatralización global que no tienen ningún precedente en la historia de la Iglesia. Por ello, la oferta comunicativa de Navarro-Valls resulta megalómana y hasta disfuncional a las características e inclinaciones del papa Benedicto XVI. Joaquín Lombardi representa un regreso clerical a una política comunicativa sobria, menos protagónica y probablemente con menos influencia internacional.