Pensamiento Crítico

La campaña electoral en Brasil: más botox que propuestas

Darío Pignotti, desde Sao Paulo. | Diario Milenio, México. | 26 Agosto 2006
Comenzó la campaña electoral pródiga en marketing pero pobre en programas, frente a los comicios del 1 de octubre. Lula da Silva va a la cabeza, pero mientras los candidatos derrochan fortunas en campañas banales, el electorado cambia de canal. La imagen del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva saturó las pantallas televisivas en los últimos días, tras el inicio de la campaña publicitaria hacia las elecciones en las que buscará un segundo mandato. Detrás de la sonrisa de Lula hay, además de algunas inyecciones de botox para mitigar el paso de los años, una holgada ventaja en los sondeos frente a su principal adversario. De acuerdo con una encuesta divulgada el miércoles por el diario Folha de Sao Paulo, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), de centroizquierda, recoge 49 por ciento de las intenciones de voto contra 25 por ciento de su contendiente, Geraldo Alckmin. Descontados los posibles sufragios nulos, Lula alcanzaría 52 por ciento de las boletas válidas, y de ese modo ganaría en la primera vuelta. Geraldo Alckmin, de centroderecha, reconoció tener pocas chances de victoria el 1 de octubre pero está muy lejos de bajar los brazos. Apuesta todo a que su contrincante no supere 50 por ciento en la primera tanda de votación y haya una segunda el 29 de ese mes: "El balotaje es una nueva elección donde puede ganar cualquiera, y allí será importante el índice de rechazo de Lula que es mayor que el mío", reitera cuando lo interrogan sobre su modesta aprobación. Para justificar su optimismo, sus asesores más cercanos muestran un artículo reciente del Wall Street Journal que compara al ex gobernador de Sao Paulo, Alckmin con el mexicano Felipe Calderón. Aseguran los acólitos de Alckmin que en Brasil se repetirá el "milagro" del panista que comenzó la carrera electoral en desventaja y, según los conteos oficiales, acabó alzándose con la victoria. Por lo bajo, insinúan que si Lula sigue creciendo pueden activar una campaña negativa dedicada a los escándalos que el año pasado enlodaron a los principales ministros del gobierno. Alckmin, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), entiende que sus rivales del PT van por mal camino al darse por ganadores antes de tiempo y promete seguir calzando "las sandalias de la humildad" frente a la "arrogancia del oficialismo", en la que ve similitudes con el chavismo. La comparación tiene algo de cierto: si las actuales tendencias fueran confirmadas por la realidad la contienda brasileña sería semejante a la que el 3 de diciembre podría ocurrir en Venezuela donde los encuestadores prevén una clara victoria del presidente Hugo Chávez. Para Cristovam Buarque, aspirante presidencial por el Partido Democrático Trabalhista (PDT) lo peor que pudiera ocurrir sería que Lula, de quien fuera camarada antes de abandonar el PT, ganara en la primera ronda: "eso acarrea el riesgo de la tentación autoritaria y, por qué no, que Lula, respaldado por tanto poder quiera modificar la Constitución para perpetuarse como su amigo Chávez". El ex presidente Fernando Cardoso agrega a las anteriores críticas la de que un segundo mandato de Lula hundirá a Brasil en una fase de populismo y aislacionismo internacional. Los electores no parecen temer a los fantasmas agitados por la oposición, en especial el del mentado populismo. Para millones de brasileños Lula no hizo un gobierno a la altura de lo que prometió en 2002, pero sigue mereciéndoles confianza. Eso se ve con nitidez en una de las regiones más pobres del país, el nordeste, donde más que presidente Lula es un indiscutible líder popular y cosecha, en los sondeos, más de 60 por ciento de los votos. Lula es el único político brasileño que participó en cinco elecciones presidenciales consecutivas desde 1989. En aquel año fue derrotado por el atlético y corrupto Fernando Collor de Melo, un ex campeón de karate que la principal cadena televisiva, la Red Globo, elevó, telenovelas mediante, a la categoría de candidato sólo para impedir la victoria del por entonces inconveniente Lula da Silva, respaldado por una franciscana campaña de anuncios televisivos. Muy contra su voluntad el ex obrero metalúrgico aceptó vestir trajes, no siempre de su medida, sólo para los debates televisivos con Collor, con quien llegó a disputar una segunda vuelta. Ahora, en cambio el jefe de Estado, contra cuyo gobierno hubo sonadas denuncias de corrupción, exhibe dientes de un blanco poco verosímil para alguien de 60 años y trajes de corte impecable. Según una investigación realizada por la revista Veja en cada centímetro del rostro presidencial hay por lo menos tres zonas rejuvenecidas mediante botox y ácido retinóico. Añade que Lula, también en lo concerniente a su estética acabó en el rebaño de los políticos tradicionales contra los que había plantado bandera en sus años de líder opositor. Pero no todo es microfísica del poder. Más allá de la vanidad presidencial y del grueso de los candidatos, este tiempo preelectoral muestra la apatía ciudadana que podría traducirse en un apreciable índice de votos nulos de los 125 millones de ciudadanos aptos para votar, lo que representa el mayor colegio electoral de América Latina. El columnista Franklin Martins recomendó mirar con atención ese comportamiento ciudadano en el que, según su interpretación, hay síntomas de degradación del sistema político. La sociedad civil y la sociedad política, según él, han tomado rumbos cada vez más distantes, una patología que debería ser atacada con antídotos urgentes. En los últimos años Argentina, Bolivia y Venezuela vieron desplomarse sus sistemas partidarios afectados por crisis de representatividad que en algunos puntos se repite ahora en Brasil. No hay en América Latina ningún país que destine a la publicidad electoral tanto dinero como en Brasil. El Tribunal Superior Electoral informó que este año la industria del marketing se alzará con unos 20 mil millones de reales, esto es poco menos que diez mil millones de dólares, correspondientes a los 18 mil candidatos que disputarán desde curules en las cámaras municipales, estatales y federales hasta la presidencia de la nación. En virtud de una extraña ley de partidos políticos en Brasil, cualquier ciudadano que cuente con recursos para financiar su espacio en televisión puede auto postularse candidato, lo que abre paso a una plaga de oportunistas que se ofertan como en feria, apelando a cualquier tipo de artimaña publicitaria para engatusar a un electorado que en más de 60 por ciento no finalizó el segundo grado de la educación primaria.