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Colombia: Simón Trinidad, un símbolo para las FARC aún preso en EEUU

Por Ainara Lertxundi | GARA | 29 septiembre del 2017

Simón Trinidad, extraditado a EEUU por el Gobierno de Uribe en 2004, es todo un símbolo para las FARC. Su nombre estuvo siempre presente en la mesa de La Habana. Su abogado acaba de realizar una gira europea para presentar a «este hombre clave para la paz».

Simón Trinidad durante el proceso de paz en Caguan 1999-febrero 2002.FOTO: DICK EMANUELSSON.

A pesar de que el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera entre las FARC-EP y el Gobierno colombiano se firmó el 24 de noviembre de 2016 en Bogotá y al apoyo público de la Administración estadounidense al proceso de diálogo, Simón Trinidad, todo un icono para la guerrilla, sigue preso en la cárcel de máxima seguridad de Florence, en Colorado, Estados Unidos. Su nombre siempre estuvo presente en la mesa de conversaciones de La Habana, aunque nunca formó parte de la agenda de diálogo. En abril de 2016, las FARC lo nombraron coordinador para el proceso de dejación de armas.

Su abogado estadounidense, Mark Burton, ha realizado una gira por Europa para dar a conocer el caso de Trinidad, a quien califica como un referente valioso para la paz, y recabar apoyos para su excarcelación. Una de sus paradas fue el Parlamento de Gasteiz.

Simón Trinidad o Juvenal Ricardo Palmera, su nombre de pila, nació en Valledupar en el seno de una familia acomodada. Economista, profesor universitario, administrador de la finca familiar y gerente del Banco del Comercio, en la década de los 80 se metió de lleno en la política, primero, junto a Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara, fundadores del Nuevo Laborismo, y después al frente del movimiento regional Causa Común, junto a su amiga y militante Imelda Daza –en la actualidad una de las portavoces de Voces de Paz en el Congreso–. Más tarde, ambos ingresarían en la Unión Patriótica y ante el exterminio de sus militantes, acordó con su esposa de entonces que ella partiría al exilio junto a sus hijos y él seguiría su militancia en Bogotá. Era setiembre de 1987. Ese mismo año entró en las FARC. Tenía 37 años.

La figura de Trinidad obtuvo una notable relevancia internacional durante las negociaciones de San Vicente del Caguán, en las que mantuvo contactos fluidos con notorias personalidades. En 1999, participó junto al comandante guerrillero Raúl Reyes y funcionarios del Gobierno de Andrés Pastrana en una gira por seis países de Europa para hacer pedagogía sobre el proceso de paz.

Rotas aquellas conversaciones, en diciembre de 2003 fue detenido en una calle de Quito, en Ecuador, en compañía de su compañera Lucero Palmera, también guerrillera, y de la hija de ambos, Alix Farela, mientras intentaba contactar con un alto funcionario de la ONU para negociar un acuerdo humanitario con el Gobierno de Álvaro Uribe.

Tras pasar un año en prisión en Colombia, en diciembre de 2004, Uribe dio un ultimátum a las FARC: o liberaban a las personas que tenían en su poder en la selva o extraditaban a Trinidad. La guerrilla rechazó lo que calificó de «chantaje» y el 31 de diciembre de ese año Trinidad fue introducido en un avión con rumbo a Estados Unidos, donde fue juzgado hasta en cuatro ocasiones y condenado a 60 años de prisión por los cargos de conspiración para el secuestro de tres mercenarios estadounidenses –20 años por cada uno de ellos– cuyo avión fue interceptado y derribado por la guerrilla–. Los cargos iniciales de narcotráfico por los que fue extraditado se cayeron por su propio peso.

Durante más de 12 años ha permanecido en aislamiento total en la prisión de máxima seguridad de Florence, sin comunicación alguna con el resto de presos. «La suya fue una condena injusta. Pero, sin entrar en análisis jurídicos, quiero reivindicar la figura de Simón Trinidad, una persona muy importante para el proceso de paz. Es un hombre de paz. Sus convicciones políticas y anhelo de paz le llevaron a las filas de la Unión Patriótica, un partido que fue exterminado, como todo el mundo sabe. Fue también uno de los principales portavoces de las FARC en San Vicente del Caguán, por lo que mantuvo interlocución con gobiernos, dirigentes políticos y la prensa internacional. Cabe destacar que fue detenido mientras realizaba gestiones con un funcionario de la ONU a quien había conocido durante los diálogos del Caguán para un canje de prisionero», afirma Burton en entrevista telefónica con GARA.

«Uribe trabajó codo con codo con el expresidente Bush para extraditar a Trinidad y fabricar falsas acusaciones en su contra. El Gobierno presentó testigos de dudosa credibilidad, desertores de la guerrilla que declararon en su contra. Lo presentaron como miembro del Secretariado, cuando nunca lo ha sido, y autor intelectual de varios delitos, entre ellos el secuestro de los tres mercenarios estadounidenses», incide Burton.

Sus extremas condiciones de reclusión mejoraron un poco durante el proceso de La Habana. Le permiten hablar con tres personas a la semana durante cinco horas, tiene dos horas a la semana de ejercicio y puede recibir tres llamadas mensuales. Pero todavía no ha podido, por ejemplo, conocer a sus nietos ni hablar con ellos porque no están entre las personas autorizadas por el Departamento de Justicia de EEUU.

Sobre el porqué de tan severas condiciones de reclusión, sostiene que «EEUU quiso enviar un mensaje a las FARC; que ellos tenían el poder de golpearlas y hacerles daño. Y, por otra parte, a Washington no le interesa que se escuche la voz de Trinidad, un hombre formado, educado, elocuente».

Lamenta que Barack Obama se despidiese de la Casa Blanca sin indultarlo, como sí lo hizo con el independentista puertorriqueño Óscar López y la exsoldado Chelsea Manning. Critica, asimismo, que el Gobierno de Juan Manuel Santos no hiciese una petición formal para su liberación, «más allá de conversaciones informales».

En cuanto a la postura que pueda adoptar la Administración Trump, sostiene que «es impredecible saber qué va a hacer el presidente, porque un día dice una cosa y, al siguiente, otra. Pero seguiremos luchando». Reconoce presiones de importantes figuras del Partido Republicano para impedirlo.

En opinión de Burton, la puesta en libertad de Trinidad, «un hombre simbólico para el proceso de paz», supondría apuntalar la implementación de los acuerdos.

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