Pensamiento Crítico

Hollywood contra el Islam

José Steinsleger | Diario La Jornada, México, y Semanario El Espectador, Colombia. | 30 Agosto 2006
Luego del atentado a las Torres Gemelas, el famoso actor James Woods llamó a la FBI para informar que en un vuelo de Boston a Los Angeles (realizado un mes atrás) había viajado en primera clase con cuatro hombres que "... parecían ser de Medio Oriente y se comportaban de un modo extraño". Febrilmente, los agentes federales invitados a casa de Woods, apuntaron los detalles del testimonio: "Ninguno de ellos", les dijo el actor, "comió ni bebió nada. Tampoco leyeron ni durmieron. Se sentaron con la vista mirando al frente, sin hablar con las aeromozas y platicaban entre ellos en tonos inaudibles". El buen ciudadano Woods cumplía así con otro de los grandes "valores" de "Occidente": el refuerzo de los prejuicios racistas y el supuesto de que todos los árabes son musulmanes de Medio Oriente, sin importar que millones son cristianos, y que en Indonesia y Pakistán habitan la mayoría de fieles del Corán. Ensalada intelectual que, invariablemente, se sirve con el aderezo llamado "terrorista". En varias ocasiones, el corresponsal de guerra Robert Fisk se ha referido al "... venenoso goteo racial en cientos de filmes de Hollywood que describen a los árabes como personas sucias, lascivas, poco confiables y violentas". Recordemos el filme The Siege (Contra el enemigo). Dirigida por Ed Zwick, data de 1998 y ya entonces aparece la ciudad de Nueva York devastada por una ola de atentados terroristas organizados por grupos musulmanes. El jefe de los malos es un árabe con pinta de Bin Laden. Denzel Washington protagoniza a un jefe de la FBI y Bruce Willis a un general del Ejército. Las autoridades de Nueva York proclaman el estado de guerra, ocupan la Gran Manzana y detienen en improvisados campos de concentración a cualquier árabe, musulmán, niños, ancianos, mujeres. Al día siguiente del estreno, el Washington Post dedicó a la película su primera plana. "Imagínense -dice el editorial- el siguiente guión: un repugnante rabino exhorta a sus extremistas seguidores ortodoxos a colocar bombas contra simpatizantes de los árabes en Estados Unidos... La FBI hace redadas contra los judíos ortodoxos y los encierra en campos de concentración. ¿Se lo imaginan?" El editorial concluye: "Jamás Hollywood se atrevería a imaginar un filme semejante, protagonizado por judíos. Y lo mismo cabe decir si los malos fuesen los negros. Inclusive los indios ya no son presentados así en el cine estadounidense. Sólo los hispanos -a través de los narcotraficantes-o los rusos en forma de mafiosos". Murray Abraham, por ejemplo, es hijo de un sirio y cristiano ortodoxo. Murray ganó un Oscar por el retrato de Salieri en el filme Amadeus. Pero al empezar su carrera tuvo que renunciar a su nombre Fahrid porque en sorna y en serio los productores de Hollywood le decían que "... sonaba a un árabe amargado deseoso de matar a todo el mundo". Sin embargo, en Estados Unidos viven más de 6 millones de musulmanes que se han caracterizado por ser más pacifistas que el Ku-Klux-Klan o los milicianos supremacistas blancos que se preparan para librar la apocalíptica batalla de Armagedón. El gran atentado de Oklahoma, a mediados de los años 90, fue obra de un blanco ultraderechista llamado Timothy Veigh. Lo que llama la atención es que James Woods no es un actor "de segunda". Graduado en Ciencias Políticas en el Instituto Tecnológico de Massachussets, ha trabajado con directores de primera línea (Richard Attenborough, Olivier Stone, Sydney Pollak) en grandes películas de aliento crítico. No obstante, junto con otros grandes, fue reclutado por un grupo de directores y realizadores sionistas residentes en Hollywood para firmar un desplegado que apareció en Los Angeles Times el 16 de agosto pasado. El documento (pagado por Ehud Danoch, cónsul general de Israel en Los Angeles), dice así: "Nosotros, los firmantes, sentimos pesar por las víctimas civiles que provocan en Israel y el Líbano los actos terroristas perpetrados por organizaciones terroristas como Hezbollah y Hamas. Si no logramos parar el terrorismo en todo el mundo, reinará el caos y continuarán las muertes de inocentes. Tenemos que apoyar a las sociedades democráticas y parar el terrorismo por todos los medios". Entre las 84 personalidades figuraban los actores Nicole Kidman, Michael Douglas, Dennis Hopper, Dany De Vito, Bruce Willis, Silvester Stallone, William Hurt y realizadores como Ridley Scott, Michael Mann, directores de los estudios Paramount y el magnate Ruppert Murdoch, dueño de la cadena Fox que sirve de caja de resonancia de la política terrorista de George W. Bush y la Casa Blanca en su guerra contra los pueblos del Islam. En Contra el enemigo, Bruce Willis cerca de los terroristas árabes y con un megáfono les dice: "¡Esta es la tierra de las oportunidades; les brindo la oportunidad de rendirse!" A no dudarlo: en la próxima película, él solito le partirá la madre a todos los guerrilleros de Hezbollah y Hamas juntos. Cualquier semejanza con la realidad sería... ¿paranoia?

La tiranía del miedo

Bob Herbert. Semanario El Espectador, Colombia. El autor es columnista habitual de "The New York Times", ganador del premio de escritura notable de la American Society of Newspaper Editors.

Abdalá higazy estaba al teléfono desde El Cairo, Egipto. "Describirlo como frustrante sería muy poco", me dijo, "porque uno sabe que está diciendo la verdad. Y sabe que la gente que le habla tiene información incorrecta sobre uno". La mañana del 11 de septiembre de 2001, Higazy, hijo de un ex diplomático egipcio, estaba en una sala del piso 51 del Hotel Millenium Hilton, justo al otro lado de la calle del World Trade Center. En esa época era estudiante, tras haber obtenido una beca para estudiar ingeniería informática en la Universidad Politécnica de Brooklyn. El Instituto de Educación Internacional había dispuesto que se hospedara en dicho hotel mientras buscaba un alojamiento permanente. Al igual que todos los demás, Higazy salió corriendo del hotel cuando los aviones impactaron las torres. Dejó abandonados su pasaporte y otros artículos personales. Cuando regresó a recoger sus pertenencias tres meses después, fue detenido por el FBI. Un guardia de seguridad alegó que había encontrado un radio de aviación, el cual podía ser usado para comunicarse con pilotos en el aire, dentro de la caja de seguridad de la habitación de Higazy. "Eso es imposible", dijo Higazy. Es un hecho, dijo el FBI. Higazy fue esposado, desvestido para someterlo a una revisión y lanzado a una prisión, como testigo material. Nadie sabía de qué acusarlo. Tan sólo sabían que deseaban mantenerlo bajo custodia. Higazy estaba casi totalmente abrumado por el temor que sentía. "No dormí esa primera noche", me contó. "Estuve temblando, y no de frío". Como una bruja acusada en Salem, Higazy estuvo peligrosamente cerca de ser sacrificado sobre el altar de la histeria. Siguió diciéndoles a las autoridades que él no sabía nada con respecto al radio mencionado. Sin embargo, asumían que estaba mintiendo. Como no había pruebas de que hubiera cometido algún crimen, se consideró que era importante sacarle una confesión. Higazy relató que un agente del FBI, Michael Templeton, le dijo en una de sus entrevistas que si él no cooperaba, su familia en El Cairo sería puesta a merced de la seguridad egipcia, de la cual Templeton reconoció posteriormente que tiene reputación de practicar la tortura. Asimismo, dijo que Templeton amenazó con reportar que, en su "opinión experta", Higazy era un terrorista. El temor se convirtió en pánico. Higazy comenzó a buscar frenéticamente una historia que pudiera satisfacer a Templeton. Sus primeros intentos fueron absurdos. Contó que había encontrado la radio afuera de la tienda J&R Music en el sur de Manhattan. Después, dijo que se la había encontrado del otro lado del Puente de Brooklyn. La historia finalmente se aceptó cuando dijo que había robado el radio a la Fuerza Aérea de Egipto. Entonces fue acusado de mentirles a los agentes federales, siendo la mentira su alegato inicial de que el radio no era de su propiedad. Los fiscales ante la corte, sin ninguna idea al respecto, hicieron énfasis en que Higazy debería ser sometido a más de 20 años de cárcel. Un mes después que Higazy fuera detenido ocurrió un milagro, en la forma de un piloto que entró caminando al Hotel Millenium Hilton en busca de su radio. El piloto era un ciudadano estadounidense, y por tanto tenía credibilidad. Él había dejado el radio en su habitación, en el piso 50, una planta abajo de la habitación de Higazy. Higazy había estado diciendo la verdad desde el principio. Después, resultó que el guardia de seguridad, Ronald Ferry, había estado mintiendo: no había encontrado el radio en la caja de seguridad de Higazy. Había inventado esa historia con la esperanza de robarse una minúscula participación en una de las mayores investigaciones de la historia. Todo parece indicar que fue un colega suyo quien efectivamente encontró el radio, sobre una mesa en algún sitio. Ferry fue acusado de verter declaraciones falsas al FBI y condenado a pasar seis meses en prisión, durante los fines de semana. Higazy entabló una querella en contra de Templeton, alegando que el agente había forzado su confesión. Sin embargo, una investigación interna por parte del FBI no consideró que existiera evidencia de fechoría alguna, y un juez federal —si bien reconoció que la confesión había sido extraída bajo coerción— sobreseyó la demanda. Todo lo que tienen que hacer hoy en día las autoridades es alegar que un caso se relaciona con el terrorismo y pueden salirse con la suya con respecto a casi cualquier cosa. El estado de derecho está sucumbiendo a la tiranía del temor. (No hay forma de saber cuántos Abdalá Higazy han sido capturados en el mal llamado combate al terror y encarcelados o cosas peores.) Jonathan Abady, uno de los abogados de Higazy, informó que ya se entabló una apelación en su nombre. Higazy, quien desde entonces ya contrajo matrimonio y actualmente es un profesor en El Cairo, me dijo que está enojado con Ferry y con Templeton, pero que no alberga amargura. Asimismo, ofreció su agradecimiento a los estadounidenses "que me defendieron y creyeron en mi inocencia".