Pensamiento Crítico

Bush y el plan de ocupación de Cuba

Jorge Lezcano Pérez | Diario Granma, Cuba. | 17 Septiembre 2006
Los antecedentes más cercanos del Plan Bush datan de una fecha tan próxima como la de octubre del 2003, momento en el que el Presidente norteamericano estableció la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, presidida por el entonces secretario de Estado, Collin Powell. El informe elaborado por dicha Comisión fue presentado a George W. Bush el 6 de mayo del 2004. En tan pomposa ocasión el señor Powell, a pesar de que pretendía ocultar el verdadero objetivo del Plan con edulcoradas palabras, "hacer más fácil la transición de Cuba a la democracia", no lo logró al tener que expresar también sus pretensiones de "ayudar al pueblo cubano y dejar atrás para siempre a Castro y al castrismo. Cualquier régimen sucesor de Castro que perpetúe el control del poder del régimen sería totalmente contrario al compromiso que tiene el hemisferio con la libertad". Ese mismo propósito sería confirmado inmediatamente por Bush, cuando al recibir el informe declaró: "Es un informe de la Comisión que constituí en mi gobierno para precipitar el día en que Cuba sea un país libre". Aunque su siguiente afirmación es mucho más clara: "Es una estrategia que dice que no estamos esperando el día de la libertad cubana, estamos trabajando por el día de la libertad cubana, encargada, por tanto, para identificar medios adicionales para poner fin rápidamente al régimen de Castro". Si hurgáramos un poco más en la historia de la política de los Estados Unidos dirigida a destruir la Revolución, nos resultará fácil identificar esos mismos propósitos en la Ley Torrcelli de 1992 y, especialmente, en la Ley Helms-Burton de 1996. Así, por ejemplo, en la Sección 3 de la Ley Helms-Burton se define que los propósitos de esta Ley son, entre otros: "ayudar al pueblo cubano a recuperar su libertad"... "Proporcionar un marco de política para el apoyo de los Estados Unidos al pueblo cubano a la formación de un gobierno de transición". Mientras que en la Sección 109 se autoriza al Presidente a prestar asistencia y otros tipos de apoyo a personas y organizaciones no gubernamentales independientes a favor de los esfuerzos de democratización en Cuba, incluido... "apoyo a los grupos democráticos y de derechos humanos de Cuba".

La política anexionista de Cuba

No debemos olvidar que antes de que las administraciones de los presidentes William Clinton (demócrata), y George Bush (republicano), decidieran hacer pública la política anexionista de siempre practicada por el imperio contra nuestro país, esta se proyectaba con igual propósito, pero de manera confidencial y secreta. Así quedó demostrado en el "Programa de Operaciones Encubiertas, aprobado por el Gobierno de Estados Unidos para derrocar al Gobierno cubano, de 16 de marzo de 1960". En él se expone: "(...) Objetivo: El propósito del Programa que se esboza es lograr la sustitución del régimen de Castro por uno que se dedique más a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para los Estados Unidos". "(...) en esencia, el método que se adoptará con vistas a la ejecución de este objetivo será inducir y apoyar en lo posible la acción directa, tanto dentro como fuera de Cuba, por parte de grupos cubanos seleccionados quienes, de acuerdo con lo previsto, pudieran actuar por iniciativa propia". "(...) no se escatimarán esfuerzos para llevarlo a cabo de manera tal que la capacidad de los Estados Unidos para actuar en una crisis aumente de manera progresiva". Otro tanto se demuestra en el documento oficial suscrito por L. D. Mallory, importante funcionario del Departamento de Estado, el 6 de abril de 1960, donde después de reconocer que "la mayoría de los cubanos apoyan a Castro" y que "no existe una oposición política efectiva", exponía que "el único medio previsible para enajenar el apoyo interno es a través del desencanto y el desaliento, basados en la insatisfacción y las dificultades económicas". "(...) Debe utilizarse prontamente cualquier medio conocible para debilitar la vida económica de Cuba". "(...) una línea de acción que tuviera el mayor impacto es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los salarios reales y monetarios a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno". Este memorando fue aprobado por Roy Rubotton, vicesecretario del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos, con un rotundo Sí que estampó en dicho documento. Si las afirmaciones que aparecen en estos documentos secretos (desclasificados 25 ó 30 años después) y las medidas previstas en el Capítulo 1 del Plan Bush: "(...) La piedra angular de nuestra política para acelerar y poner fin al régimen de Castro es fortalecer las políticas de apoyo activo a los grupos que respaldamos dentro de Cuba". "(...)Y socavar las estrategias de sucesión del régimen de Fidel Castro a Raúl Castro y más allá", pudieran interpretarse como pura coincidencia, no lo crea, ello obedece, nada más y nada menos que a la política de siempre de las diferentes administraciones norteamericanas, obsesionadas y coherentes, de absorber nuestra nación para convertirla en un estado más del territorio estadounidense. Muchos historiadores coinciden en señalar como fecha del inicio de esa política anexionista el año 1805, cuando en nota al Ministro de Inglaterra en Washington, el presidente Thomas Jefferson escribió: "En caso de guerra entre Inglaterra y España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba por necesidades estratégicas para la defensa de Louisiana y de la Florida". Posteriormente, en 1823, reiterando sus pretensiones sobre nuestra Isla expresó: "Confieso plenamente haber sido siempre de la opinión que Cuba sería la adición más interesante que pudiera hacerse en nuestro sistema de estados". En ese propio año (28 abril de 1823) el secretario de Estado, John Quincy Adams (posteriormente Presidente de los Estados Unidos en 1825 y principal exponente de la teoría de la "fruta madura"), enviaba instrucciones escritas al Ministro de Estados Unidos en España en las que expresaba: "Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos 50 años, casi es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad". Apenas habían transcurrido 22 años de esta descarada declaración anexionista, cuando en el año 1845, el senador Yulec, de Florida, se convierte en el primero en proponer la compra de Cuba, presentándola en forma de proyecto de resolución del Senado de los Estados Unidos. Pero fue acuerdo general, entonces, que no era aquel el momento adecuado para llevar adelante el asunto, y Yulec retiró su proyecto. Pero no pasó mucho tiempo para que tres presidentes norteamericanos retomaran ese proyecto. James Polk, en el propio año de 1848; Franklin Pierce, en 1853; y James Buchanan, en 1857. En demostración fehaciente de su decisión de llevar adelante su propuesta, James Buchanan desarrolló su campaña electoral a partir de 1854, incorporando la compra de Cuba como principal argumento de su plataforma. En su Manifiesto de Ostende, quedó expresada su propuesta de la manera siguiente: "(...) Los Estados Unidos deben comprar a Cuba por su proximidad a nuestras costas, porque pertenecía naturalmente a ese grupo de estados de los cuales la Unión era la providencial Casa de Maternidad... (...) y porque la Unión no podría nunca gozar de reposo hasta que Cuba estuviese dentro de su frontera". Muchísimos otros ejemplos, entre ellos la Enmienda Platt, pudieran agregarse para demostrar que los antecedentes del Plan Bush, incluyendo la actual ampliación y su anexo secreto, tienen más de 200 años de enfermiza política anexionista, pero atendiendo a la brevedad de estas líneas nos limitaremos a citar la transcripción del folleto publicado en Washington en 1903 sobre la discusión en el Senado norteamericano dirigida a que se modificara el voto del Senado sobre la Resolución Conjunta presentada por el señor Newland, a la cual dio lectura el Secretario: "Resolución Conjunta (Resolución Conjunta del Senado, num.15), invitando a Cuba a convertirse en un Estado de la Unión Americana". "Por cuanto la República de Cuba desea obtener la unión comercial con los Estados Unidos; y "Por cuanto la mejor unión comercial puede obtenerse por medio de la unión política mediante la admisión de la República de Cuba como un Estado soberano en la Unión: Por tanto, "Se resuelve, etc.: Que la República de Cuba se invite, como se hace por la presente, a que se convierta en un Estado de los Estados Unidos en términos de igualdad respecto de todos los demás estados de la Unión, y a propósito de esto se hacen las siguientes sugestiones: "Primera: Que la Isla de Puerto Rico se convierta en un condado o provincia de Cuba y una parte del Estado de Cuba. "Segunda: Que el Presidente y Vicepresidente de la República de Cuba sean el Gobernador y el Teniente Gobernador, respectivamente, del Estado de Cuba, hasta que sus términos de empleo se venzan, y que todos los demás funcionarios ejecutivos, legislativos y judiciales que en la actualidad ejercen cargos en la República de Cuba, continúen en posesión de ellos en el Estado de Cuba, hasta que se venzan sus términos presentes, con la excepción de los oficiales de la aduana y del correo, quienes serán incorporados al servicio de aduana y postal de los Estados Unidos, y la Guardia Rural, cuyos oficiales y subalternos serán incorporados en el Ejército de los Estados Unidos".

Actualización de viejos planes

En octubre del 2002, Adolfo Franco, un norteamericano de origen cubano, que ejerce el cargo de subadministrador de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), al hablar en el seminario sobre la transición en Cuba, organizado por la Universidad de Miami, diría: "(...) Deseo proponer maneras en las que todos podemos trabajar juntos como estadounidenses para apoyar al Presidente George Bush, al Secretario de Estado Colin Powell, al subsecretario Otto Reich, al administrador de la USAID Andrew Natsio y al resto del equipo estadounidense encargado de ayudar a planificar una transición pacífica en Cuba". Este sujeto, al hablar sobre el mismo tema expresaría públicamente el 4 de octubre del 2003: "(...) Queremos que ese cambio sea pacífico y ocurra pronto. Como podemos observar, en esta oportunidad, de manera sutil, agregaría a la idea del cambio pacífico, la necesidad que `ocurra pronto"'. El carácter "pacífico" quedaría como engañosa retórica, cuando el señor Colin Powell explicó en la presentación del Plan: "El Presidente Bush formó la Comisión estadounidense de Ayuda a una Cuba Libre con el fin de analizar formas de ayudar a acelerar y hacer más fácil la transición de Cuba a la democracia". El propio Bush se encargaría, en ese mismo acto, de precisar claramente la esencia de la estrategia que realmente se escondía en la cortina de humo de la propaganda que hasta ese momento estuvieron utilizando, al expresar: "Es una estrategia que dice que no estamos esperando el día de la libertad cubana; estamos trabajando por el día de la libertad de Cuba". Otro de los halcones del equipo fundamentalista de la administración norteamericana, Roger Noriega, secretario asistente de Estado para el Hemisferio Occidental, confirmaría lo dicho por Bush al declarar en marzo del 2005 "(...) Estamos proporcionando ayuda activa, robusta y sin precedentes para una expansión dramática". Recordemos que este mismo señor ya había dicho en enero del 2004 que este proceso (el de la transición) debía hacerse de "manera ágil y decisiva para evitar que los compinches de Castro puedan llevar a cabo la sucesión". Esta burda maniobra de tratar de ocultar los planes de una agresión militar a nuestro país tras la máscara de una gran campaña de desinformación sobre el contenido del plan de la Comisión para Asistir a una Cuba Libre, fue enjuiciada por un grupo de expertos norteamericanos integrantes de Diálogo Interamericano en Carta abierta dirigida al Secretario de Estado Colin Powell, en septiembre del 2004: "(...) Muchas secciones del informe incluso parecen prever que habrá violencia"... "(...) Algunas de las recomendaciones contenidas en el informe, de llevarse a cabo, bien podrían incrementar la posibilidad de la violencia y disturbios sociales en Cuba durante un período de transición"... "(...) El capítulo `Establecimiento de las Instituciones Democráticas' contempla una larga lista de funcionarios que deben ser castigados, o, en las propias palabras del informe, contra quienes se buscará `venganza' entre ellos `altos oficiales del Partido Comunista, el gobierno, las organizaciones de masas, y especialmente la policía y los servicios de seguridad'. El mismo informe reconoce que estas acciones pueden resultar difíciles y aun desestabilizadoras". Uno de los firmantes de la carta, William D. Rogers, ex alto funcionario del Departamento de Estado de los Estados Unidos, señaló que las recomendaciones de la Comisión son "aterradoras"... "Pero la omisión de la palabra `pacífico' tanto en la introducción de Powell como en el documento de la Casa Blanca, es el aspecto `más explosivo de todo"'. Al señalar que eran correctas las preocupaciones expresadas por los autores de la carta, Wayne Smith, ex jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, declaró: "No creo que Estados Unidos se esté preparando para invadir a Cuba... Pero la manera en que está escrito el informe, es un anteproyecto para una ocupación estadounidense".

Una historia llena de mentiras

La historia de la política de Estados Unidos hacia Cuba está llena de falsedades y mentiras. En 1848, en sesión del Senado norteamericano, John C. Calhoun, quien fuera Secretario de Estado, declaró: "Hay casos de interposición en que yo acudiría al recurso de la guerra con todas sus calamidades. ¿Si me pregunta cuál es uno de ellos? Pues responderé. Designo el caso de Cuba". Otro Senador estadounidense, Pierre Soulé, durante el debate en el Congreso sobre el Compromiso de 1850, propugnó la anexión de Cuba. El argumento que expuso fue: "(...) puesto que era imposible comprarle Cuba a España, se hacía necesario su anexión por medio de la conquista, aunque esto implicara una guerra con España". Quizás una de las acciones más encubridoras y engañadoras para ocultar las verdaderas intenciones de su política anexionista sobre Cuba haya sido la Resolución Conjunta aprobada por el Congreso de los Estados Unidos el 19 de abril de 1898. En su libro La Expansión Territorial de los Estados Unidos, Ramiro Guerra pone al desnudo el maquiavélico plan que se escondía en esta aparente noble Resolución, y lo explica de esta manera: "(...) A finales de 1899, los planes de la Administración de McKinley comenzaron a revelarse"... "(...) En su mensaje anual del 5 de diciembre del mismo año, McKinley alarmó a los cubanos partidarios de la absoluta independencia, con la declaración de que `la nueva Cuba que se levanta de la ruinas del pasado, debe necesariamente, estar unida a nosotros por lazos de singular intimidad y fuerza'" ... "(...) Los lazos de unión —decía el Presidente— serán orgánicos o convencionales, pero los destinos de Cuba están de forma y manera legítimas irrevocablemente unidos a los nuestros"... Estos planes de apoderarse de Cuba, aun al costo de muerte y destrucción, continuaron fraguándose por diferentes administraciones norteamericanas desde los primeros años del triunfo de la Revolución, aunque ahora de manera más secreta, como el "Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro —ya desclasificado— aprobado por el presidente Dwight D. Eisenhower, y el conocido como `Proyecto Cuba', presentado el 18 de enero de 1962 por el general de brigada Edgard Lansdale a las más altas autoridades del gobierno de Estados Unidos y al Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional de ese país, conteniendo 32 tareas de guerra encubierta que debían ser efectuadas por los departamentos y agencias participantes en la llamada Operación Mangosta. En ese propio año 1962, bajo el título de "Pretextos para Justificar la Intervención Militar de los Estados Unidos en Cuba", la Oficina del Secretario de Defensa sometió a la consideración de la Junta de Jefes de Estado Mayor un paquete de medidas de hostigamiento que tenía por objetivo crear las condiciones para justificar la intervención militar en nuestro país. Entre las más de 20 medidas consideradas estaban las siguientes: • "Pudiéramos hacer volar un barco norteamericano en la bahía de Guantánamo y culpar a Cuba". • "Pudiéramos desarrollar una campaña terrorista cubano-comunista en el área de Miami, en otras ciudades de la Florida y en Washington. La campaña de terror podía estar encaminada contra los refugiados cubanos que buscan asilo en los Estados Unidos". • "Pudiera simularse una expedición `desde territorio cubano y apoyada por Castro' `contra una nación caribeña vecina de Cuba'". • "Es posible crear un incidente que demuestre de manera convincente que un avión cubano atacó y derribó a un avión civil arrendado que volaba desde los Estados Unidos a Jamaica, Guatemala, Panamá o Venezuela". • "Los pasajeros pudieran ser un grupo de estudiantes universitarios o cualquier otro grupo de personas con intereses comunes como para arrendar un vuelo". • "Es posible fabricar un incidente en el que aparezca que aviones Mig cubano-comunistas han derribado un avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos sobre aguas internacionales producto de un ataque no provocado". Estos hechos históricos, del pasado y del presente, en relación con Cuba y los falsos pretextos utilizados para agredir a otros países del mundo como los latinoamericanos, Viet Nam, Afganistán e Iraq, demuestran que cuando los gobernantes de Estados Unidos hablan de paz están realmente preparando o ejecutando acciones de guerra.

El gobierno de ocupación y sus planes

No resulta necesario ser un especialista en estrategia militar y de acciones de guerra para reconocer que todas las medidas detalladas en el Plan Bush solo pueden ser ejecutadas por un gobierno de ocupación, después de haber destruido el país con su gran poderío bélico. De qué otra manera pueden lograr los siguientes objetivos: • "Como prioridad inmediata, el gobierno de Estados Unidos ayudará a establecer una fuerza policial civil realmente profesional y ofrecerá asistencia para su entrenamiento técnico por parte del Departamento de Estado, quien tendrá la responsabilidad de su total organización y dirección política". • "Procesar a los ex funcionarios y miembros del gobierno, del partido, de las fuerzas de seguridad, de las organizaciones de masas y otros ciudadanos progubernamentales, quizás también a muchos miembros de los Comités de Defensa de la Revolución. La lista pudiera ser larga". • "El gobierno de Estados Unidos establecerá una estructura para dirigir la devolución de las propiedades, la Comisión para la Restitución de los Derechos de Propiedad, para acelerar este proceso". Pero si aún quedaran dudas al respecto, estas se despajarían de inmediato al examinar con sentido lógico tan solo algunas interrogantes. Digamos, si el Plan Bush está previendo abrir escuelas que hoy no están cerradas, traer a Cuba maestros voluntarios que no se necesitan, organizar programas para recapacitar a maestros y profesores que poseen una altísima calificación para ejercer el magisterio, lo es, sin duda, porque el gobierno norteamericano está convencido de que sus agresiones militares producirán tal desastre en el sistema educacional que requerirán de esas medidas para remediarlo. ¿Por qué se necesitará de un servicio central para adoptar niños? Por la evidente razón de que miles de ellos perderán a sus padres como consecuencia de las acciones de guerra del ejército norteamericano. Igualmente, se puede deducir que solo un Procónsul militar, al frente de un gobierno de transición, impuesto por tropas norteamericanas de ocupación, se plantearía la necesidad de vacunar a niños que ya lo están, y tendría la facultad de ejecutar las decisiones de Washington sobre las reclamaciones de viviendas, escuelas, hospitales, fábricas, etc., que hoy son propiedades del pueblo y del Estado cubanos. Cuando se trata de poner al descubierto la manera en que la Administración de Bush pretende encubrir sus planes de guerra contra Cuba es importante recordar que el principal pretexto para agredir e invadir a Iraq fue que el país poseía armas de destrucción masiva. Además de utilizar ese mismo argumento contra nuestro país, ha agregado muchos otros, por ejemplo: que damos refugio a terroristas y promovemos el terrorismo, colaboramos con el narcotráfico, auspiciamos la emigración masiva e ilegal, toleramos el turismo sexual de menores, ejercemos la discriminación religiosa y violamos sistemáticamente los derechos humanos, todos los cuales son considerados hechos que afectan la seguridad nacional de los Estados Unidos y, por tanto, suficiente uno solo de ellos para justificar y desencadenar una guerra contra nuestro país. Al analizar recientemente las medidas adicionales al Plan Bush, contenidas en el informe presentado en esta ocasión por la secretaria de Estado Condolezza Rice, y el secretario de Comercio Carlos Gutiérrez, el presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón, señaló: "(...) El texto publicado ahora no se aparta ni un milímetro del Plan Bush"... "(...) Antes de exponer las `medidas adicionales', las que hace públicas, el informe dice que existen otros contenidos en un anexo que permanece secreto por `razones de seguridad nacional' y para asegurar su `efectiva realización'. Y el Presidente de la Asamblea Nacional se pregunta: "(...) ¿qué es lo que a estas alturas tienen que ocultar con el máximo secreto? ¿Qué esconden por razones de seguridad nacional y efectiva realización? "(...) ¿Más ataques terroristas? ¿Nuevos intentos de asesinato contra Fidel? ¿La agresión militar? Tratándose de Bush y sus compinches cualquier cosa es posible".

Las verdaderas intenciones del Plan Bush

Es conocido por nuestro pueblo que el Plan Bush contempla, como mínimo, tres importantes medidas para aplicar en el área de la salud de nuestro país, ya sea directamente por autoridades norteamericanas o mediante un gobierno títere de transición. Estas son: 1. Privatizar los servicios de salud. 2. Las agencias del gobierno de los Estados Unidos y asociados internacionales evaluarán las fortalezas y debilidades del sistema de salud cubano para determinar las necesidades de su restauración y/o, modernización. 3. Inmunizar inmediatamente a todos los niños menores de cinco años que estén aún por vacunarse contra las principales enfermedades infantiles en el sistema actual de sanidad. Si el emperador lee los libros al revés, no puede saber nada de nada. Como todos sabemos que el señor W. Bush se ufana de la incultura que padece y de no practicar jamás el buen hábito de la lectura y de estar informado de lo que ocurre en el mundo, es factible creer que no conozca el derecho constitucional de los cubanos de recibir gratuitamente todos los servicios de salud, ni que el sistema de salud de Cuba es reconocido internacionalmente como uno de los mejores de todos cuantos existen en este planeta, y mucho menos que el ciento por ciento de los niños de nuestro país, desde que nacen, reciben el beneficio de la inmunización contra 13 enfermedades. Lo que sí resulta muy difícil pensar es que esas realidades sean desconocidas también por sus asesores, por los que elaboraron el informe de la Comisión para Asistir a una Cuba Libre, por los politólogos cubanos que cobran buenos salarios para hacer propuestas de cómo derrotar al "régimen de Castro", y menos creíbles aún es que las decenas de agencias de inteligencias norteamericanas no conozcan con exactitud las excelencias de los servicios de salud de Cuba, tras el objetivo de intentar matar por hambre y enfermedades a nuestro pueblo. La historia de la agresión yanki es bien conocida y padecida en carne propia por los ciudadanos de nuestro país, citaremos tan solo la evaluación que al respecto ha hecho una organización estadounidense. La Asociación Norteamericana para la Salud Mundial (AAWH), tras estudiar en 1997 las consecuencias del bloqueo, en esa esfera, concluyó: "(...) El embargo de los Estados Unidos contra Cuba ha dañado dramáticamente la salud y la nutrición de un gran número de ciudadanos cubanos. (...) Es nuestra conclusión que el embargo de Estados Unidos ha aumentado significativamente el sufrimiento en Cuba, y hasta ha ocasionado muertes".

Las consecuencias para el pueblo cubano

Teniendo claro los verdaderos propósitos del Plan Bush para el sector de la salud, examinaremos ahora las consecuencias que tendría para el pueblo cubano si se cumplieran las propuestas yankis de trasladar a Cuba las "bondades" de su sistema. En el artículo de Nicanor León Cotayo, publicado en el periódico Granma, el 21 de abril del 2005, se dice: "En los Estados Unidos se dio a conocer que la salud de miles de niños corre peligro debido a la no existencia de un conjunto de vacunas en algún lugar del país". Un artículo del periódico The Washington Post, firmado por David Brown, dijo hace unas semanas atrás: "(...) La reserva de vacunas para niños del Gobierno federal, concebida como protección contra escasez futura, ha sido vaciada casi completamente y no existen perspectivas inmediatas de que sea repuesta". De dos de esos productos, que protegen contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, agregó el Post, "no existen en los almacenes de compañía alguna en ninguna otra parte. Simplemente no existen". La reserva de vacunas del gobierno de Estados Unidos fue creada en el año 1983 con el objetivo de tener suficientes para satisfacer las necesidades del país durante seis meses. Su derrumbe virtual, apuntó Brown, es una vergüenza indecible para el Departamento (Ministerio) de Salud y Servicios Humanos, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades y los fabricantes Según el presidente de la Academia Americana de Pediatría, doctor Carden Johnston, "nosotros estamos dejando a nuestros niños expuestos a serias enfermedades e incluso a la muerte si no los vacunamos". "Añadió que de acuerdo con investigaciones, alrededor del 20% de los niños estadounidenses entre 19 y 35 meses de edad están atrasados con sus inmunizaciones, sobre todo los del sector más pobre". A su vez, en información de Lindsey Tanner, transmitida por la agencia AP, el 10 de mayo del 2006, se afirma que Estados Unidos está entre los últimos de los países más desarrollados del mundo en cuanto a la supervivencia de los recién nacidos. Cinco de cada 1 000 bebés mueren antes del primer mes de vida. En el informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre Estados Unidos aparecen los datos siguientes: "Niños de 0-4 años: Casi una quinta parte de los niños menores de 6 años vivían en pobreza en 1999. En 1998, la mortalidad infantil fue de 7,2 defunciones por 1 000 nacidos vivos. Las cinco causas principales de la mortalidad infantil en 1998 fueron las malformaciones congénitas (22% del total de defunciones infantiles), trastornos relacionados con un periodo de gestación corto y el bajo peso no especificado al nacer (15%), síndrome de muerte súbita del lactante (10%), las complicaciones maternas del embarazo (5%) y el síndrome de dificultad respiratoria (4%). Washington, D.C., la capital de los Estados Unidos, tuvo una tasa de mortalidad infantil de 15,0 defunciones infantiles por 1 000 nacidos vivos. "En 1999 se notificaron 1 666 casos de malaria, representando un 8% más que 1997. "En el año 2000 se reportaron 16 377 casos nuevos de tuberculosis. "Desde 1991 al 2000 aumentó 49% la proporción de personas diabéticas. Se calcula que casi el 10% del total de adultos del país tienen diabetes". Un informe de la Oficina del Censo Norteamericano da cuenta que en octubre de 1998 existían en el país 15 millones de niños que vivían en la pobreza, 11,1 millones no tenían garantizada la protección de su salud, sobre todo los menores de 6 años. A su vez, informaciones estadísticas oficiales de Estados Unidos demuestran que 7 000 niños mueren anualmente víctimas de disparos de armas de fuego, lo que representa la mayor cifra entre los 28 países más ricos del mundo. El 12% de la población norteamericana (unos 30 millones) es afectada por el hambre desde 1990. Otro 19% vive por debajo de los límites de pobreza y 45 millones de ciudadanos carecen de cobertura médica. Sobre estos mismos temas, una información de la agencia de noticias Associated Press (AP), escrita por Genera C. Armas, el 26 de agosto del 2004, señalaba que "el número de estadounidenses que viven en la pobreza y sin cobertura médica aumentó por tercer año consecutivo. (Á) El año pasado había 35,5 millones de personas viviendo en la pobreza, o el 12,5% de la población. Eso equivale a 1,3 millones más que en el 2002. Los niños representaron más de la mitad del incremento, con aproximadamente 800 000. La tasa de pobreza infantil aumentó del 16,7% en el 2002 al 17,6. Asimismo, más personas carecieron de seguro médico: unos 45 millones el año pasado, o 15,6%, comparado con 43,5 millones o 15,2%". En lugar de seguir elaborando planes para Cuba, el señor W. Bush debiera evaluar las fortalezas y debilidades del sistema de salud norteamericano para determinar las necesidades de su reestructuración y/o modernización, e inmunizar inmediatamente a todos los niños estadounidenses menores de cinco años que estén aún por vacunarse contra las principales enfermedades infantiles. Claro está que, para ello, habría que exigirle que restituya los 143,000 millones de dólares que suprimió de los programas de desarrollo social en el presupuesto del 2006. (*) El autor es miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.