Pensamiento Crítico

Washington sigue haciendo de las suyas

Federico Casaletti | En Defensa de la Humanidad.<br>www.defensahumanidad.cult.cu/artic.php?item=877 | 17 Septiembre 2006
Bush anunció la existencia de cárceles secretas de la CIA alrededor del mundo, justo cuando Amnistía Internacional reveló la reclusión de "prisioneros fantasmas" en Guantánamo y la continuación de "entregas extraordinarias". Desde que Estados Unidos inició su "guerra contra el terror" luego del ataque contra el Word Trade Center el 11 de septiembre de 2001, las violaciones a los derechos humanos perpetradas por ese país no han cesado. En palabras de su presidente, George W. Bush, Estados Unidos se presenta al mundo como una nación comprometida con la libertad, la democracia y el respeto a la vida y a los derechos humanos. Luego de estos casi cinco años de conmoción debido a las guerras y a las constantes amenazas de caos global, el discurso del mandatario norteamericano puede resultar prácticamente una provocación. Si a estas alturas Bush tiene la posibilidad de expresarse de esa manera cuando es inquirido respecto a la situación de su gobierno frente a los derechos humanos, es porque las prácticas ilegales de detención de personas en el marco de la guerra todavía "gozan" de ciertos silencios y complicidades. Bush reconoció por primera vez que la CIA tiene cárceles secretas en distintos lugares del mundo, en las que los servicios secretos interrogaron a importantes sospechosos de terrorismo. Según el presidente, ``fue necesario trasladar a esos terroristas a un ambiente en el que pudieran ser mantenidos en secreto, interrogados por expertos y, cuando resultase apropiado, perseguidos por sus actos terroristas``. Ante esta situación, organizaciones no gubernamentales están empeñadas y decididas no solo a que algunos de estos actos ilegítimos queden expuestos ante la opinión pública internacional sino que también se establezca un cese de estas actividades. Amnistía Internacional (AI), pionera de estos movimientos en defensa de los derechos humanos en todo el mundo, sin distinción de bandera, raza, credo o política, estableció una serie de denuncias este último mes con respecto al rol de Estados Unidos y su política de derechos humanos tanto dentro como fuera de su territorio. En uno de sus últimos comunicados, Amnistía declaró que "la desaparición forzada de personas es una práctica actualmente vigente en varias regiones del mundo. A pesar de la presión internacional, el centro de Guantánamo sigue funcionando y Estados Unidos no ha reconocido la existencia de centros secretos de detención donde prisioneros fantasma han sido detenidos de forma arbitraria, desaparecidos y expuestos a sufrir tortura y otros abusos". La ONG destaca los casos particulares de Sami al-Haj, Abdul Malik Abdul Wahab y Mustafa Ait Idir. Estos son actualmente prisioneros fantasmas de Estados Unidos y se encuentran recluidos en la base de Guantánamo. Asimismo, AI apuntó a que "el gobierno estadounidense debe reconocer que no cumple una serie de obligaciones fundamentales en el ámbito de los derechos humanos ni dentro ni fuera de sus fronteras. Mientras el gobierno norteamericano sigue declarándose paladín de los derechos humanos en el mundo, las deficiencias señaladas por el Comité de Derechos Humanos muestran lo injustificado de este título a juzgar por su forma de actuar. Al mismo tiempo, Estados Unidos tiene ahora la oportunidad de mostrarse a la altura de sus afirmaciones aplicando plenamente y de buena fe las recomendaciones del Comité de Derechos Humanos". ¿A qué se refiere AI con las "deficiencias y recomendaciones señaladas por el Comité de Derechos Humanos"? La Organización de la Naciones Unidas (ONU) cuenta entre los instrumentos internacionales en materia de Derechos Humanos con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Este pacto fue ratificado por Estados Unidos el 8 de Junio de 1992. Desde entonces, sólo dos veces Norteamérica ha envido un informe al Comité notificando sobre los Derechos Civiles y Políticos de ese país, y sólo una vez desde los ataques del 11 de septiembre. El Comité se mostró muy preocupado frente al informe presentado por Washington, ya que afirma que las prácticas ilegales tanto dentro como fuera del país son de lo más variadas, y van desde las detenciones secretas mencionadas hasta el empleo de torturas, tratos inhumanos, abusos policiales, discriminación, utilización de armas de electrochoque y políticas de "entregas extraordinarias". Esta última es otra de las graves denuncias. De 2001 a la fecha, los servicios secretos norteamericanos han aprehendido ilegalmente a un indeterminado número de supuestos "terroristas" en territorio europeo. Luego de secuestrarlos, los derivaron y torturaron en cárceles secretas de Europa Oriental en un primer momento y ahora están siendo derivados a Oriente Próximo, Asia Central, norte de Africa y Guantánamo. En un principio, la CIA se manejó impunemente por Europa para luego trasladar sus movimientos a países donde la tortura está permitida. Ejemplo de ello son Angola, Emiratos Arabes Unidos, Singapur, Irak, Malasia y Tailandia entre otros. Al respecto, Dick Marty, encargado de una investigación en nombre del Consejo de Europa, informó que "hay gente en Europa que fue secuestrada, privada de su libertad, transferida a un número de países, sin derechos ni asistencia. Varias de estas personas están alojadas en campos de detención, en Afganistán y Guantánamo, sin ninguna protección legal fuera de cualquier sistema legal". Marty agregó que "otros individuos que fueron secuestrados en Europa han sido `cedidos` a países donde sabemos muy bien que serían objeto de tratamientos inaceptables". El encargado de la investigación está haciendo referencia a los países donde la tortura es permitida. Sin embargo, Marty hace foco en el papel europeo: "Es muy improbable que los gobiernos europeos, o al menos sus servicios de inteligencia, lo desconocieran", en referencia a los movimientos de la CIA en ese continente. En efecto, son numerosas las pruebas documentadas de la participación europea en este escándalo. Y no solo de países de la Europa Oriental. Diversas investigaciones dan pauta de la participación de miembros de la Unión Europea, tales los casos de Italia, Alemania, Suecia y Reino Unido. Entre 2001 y 2005, Amnistía Internacional analizó 17 aviones donde se registraron 2.238 movimientos en 270 aeropuertos de 62 países y territorios, incluidos más de 800 vuelos dentro y fuera de Europa y de la U.E. Estos aviones han aterrizado en Alemania, Azerbaiján, Bélgica, Croacia, Chipre, Dinamarca, España, Estonia, Finlandia, Francia, Georgia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Macedonia, Malta, Noruega, los Países Bajos, Portugal, el Reino Unido, la República Checa, la República de Irlanda, Rumania, Rusia, Suiza, Turquía y Uzbekistán. Según el informe de la ONG, "aunque la mayoría de estos vuelos no guarda relación con las entregas, no hay ningún mecanismo seguro por el que los gobiernos europeos puedan garantizar que no se utilizan sus aeropuertos ni su espacio aéreo para apoyar y facilitar las múltiples violaciones de derechos humanos que abarcan las entregas, que a menudo implican secuestros, detenciones arbitraria y traslados ilegales. Los Estados tienen la obligación absoluta de no trasladar a ninguna persona a un país donde pueda correr un riesgo significativo de ser sometida a tortura". Sin embargo, Claudio Cordone, Director General de Programas Regionales de AI, denunció que "las alegaciones de que existieron en Europa centros de detención secretos (...) proceden de fuentes variadas y creíbles. Ni siquiera el gobierno estadounidense ha negado su existencia. La cuestión ahora es qué se hará al respecto". Amnistía pide encarecidamente que los gobiernos europeos y sus respectivos servicios de inteligencia colaboren abierta y enérgicamente con la investigación del Consejo de Europa. España, Suecia e Islandia han emprendido sus respectivas indagaciones, para averiguar si había o no conocimiento sobre estos hechos. Las múltiples detenciones extrajudiciales de la agencia norteamericana de inteligencia, que no son menos de cien, se habrían efectuado en un número de países aún por especificar. No obstante, según las fuentes citadas, los aviones de la CIA habrían estado usando los aeropuertos de casi todos los países europeos. La falta de cooperación y de investigación por parte de los países europeos involucrados en estas acusaciones no haría más que dejar impune estos abusos. A todo esto, el gobierno estadounidense se defendió argumentando que el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos no es aplicable extraterritorialmente, es decir, que el tratado no se aplica a las personas recluidas por Estados Unidos fuera de su territorio, lo que incluye a todos los prisioneros ilegalmente retenidos a los cuales se ha estado haciendo referencia. El Comité de la ONU, como otros órganos y expertos internacionales, rechaza esta interpretación de Estados Unidos de sus obligaciones en virtud del Pacto, y concluyó que el país aplica una inaceptable interpretación restrictiva de sus obligaciones, que incluye su negación a aceptar que el tratado es aplicable a sus operaciones en el extranjero. "Es lamentable que las autoridades estadounidenses se nieguen a aplicar salvaguardias fundamentales de derechos humanos del Pacto a las personas recluidas fuera de sus fronteras", dijo AI. "Tras más de cuatro años de "guerra contra el terror", las violaciones de derechos humanos sistémicas por parte de las fuerzas estadounidenses demuestran claramente la necesidad de poner fin a esta inaceptable faceta de excepcionalidad estadounidense", agregó. Con George W. Bush a la cabeza, los abusos norteamericanos fueron y son moneda corriente. En Junio de este año, el Tribunal Supremo de su propio país declaró ilegales las cortes militares creadas para juzgar a los presos de Guantánamo. El presidente cree que su rol de comandante en jefe durante una guerra le otorga facultades especiales, como la de establecer estas cortes que suprimen los derechos de cualquier persona. A Bush le dejaron en claro, desde su propio entorno, que se estaba excediendo. En esta confrontación cotidiana entre el mito y la realidad a la que nos expone el poder hegemónico estadounidense, es donde se deben centrar los esfuerzos para desenmascarar, en este caso, la realidad plasmada de graves y documentadas violaciones a los derechos humanos detrás del mito del pleno ejercicio de la libertad, la paz y la democracia.