Pensamiento Crítico

Fascismo viejo, fascismo nuevo

Por Francisco Arias Fernández | Diario Granma, Cuba | 11 Diciembre 2018

Joseph Goebbels, ministro de Ilustración Popular y Propaganda de la Alemania de Adolfo Hitler, es considerado uno de los mayores manipuladores de la historia al ser el encargado de expandir, enardecer y gestionar la genocida ideología nazi y la información sobre sus crímenes.

Utilizó los medios de comunicación para ofrecer información sesgada que facilitó el control y dominio del régimen fascista sobre la población de las diferentes zonas en las que se estableció durante la Segunda Guerra Mundial, además de fomentar el miedo y alentar a la población contra colectivos concretos, para lo que apeló indistintamente a la radio, los periódicos o el cine.

Entre los métodos predilectos de Goebbels: sobresalen la individualización y agrupación de los adversarios bajo la idea de que se trata de un único enemigo, la generación de elementos inventados, pero verosímiles, para confundir y centrar la atención en aspectos ajenos a las noticias reales (como cuando se perdía una batalla), la exageración de situaciones para transformarlas en amenazas y el silenciamiento de aquellas noticias que favorecieran opiniones contrarias a lo estipulado, la pretensión de comunicar la opinión mayoritaria para favorecer la adscripción a la información transmitida o la adaptación de las informaciones al nivel popular.

El precedente nazi es lo más parecido al fascismo o terrorismo mediático de hoy en cuanto a métodos, con la ventaja actual de la velocidad o inmediatez, diversidad de medios, capacidad de multiplicación, movilización, interacción, concertación y subordinación global a los dictados del imperio hegemónico, dueño del monopolio de los medios (radio, prensa plana, televisión e internet), repartidos en un puñado de empresas estadounidenses con socios multimillonarios de países aliados.

Desde principios de la actual década, la información y el entretenimiento en el planeta están controlados por diez supergrupos mediáticos estadounidenses, que en los últimos tiempos tienden a compactarse aún más en las denominadas megafusiones que dominan el mundo editorial, la música, el cine, la producción y distribución de contenidos de televisión, salas de teatro, internet y parques de diversiones tipos Disney World.

De acuerdo con el ranking de las 50 empresas mediáticas que más facturan en el mundo, hoy el consumo informativo y de entretenimiento diario se genera en las cinco corporaciones más grandes y con mayor impacto y dominio del mercado global que son estadounidenses: Comcast, The Walt Disney Company, News Corp Ltd. /21st Century Fox, Direct tv-llc y Time Warner Inc.

Washington es el rector del andamiaje tecnológico, político-diplomático, económico, militar y de la comunidad de inteligencia que conduce los hilos del entramado global de operaciones encubiertas, influencias hostiles y fabricación de mentiras, que luego devienen crímenes consumados, hechos y noticias que desbordan la prensa mercantil de nuestros días.

Coincidencias de los manipuladores

Otra semejanza entre los fascismos viejos y nuevos radica en las características de los personajes que han encabezado la manipulación de la información y la repetición de la mentira ayer y hoy, aunque la historia los ubique en cargos y países diferentes.

La Alemania hitleriana del siglo XX y el imperio hegemónico del "nuevo momento americano" del XXI tienen en común el ejercicio de la mentira como arma de primera línea en sus propósitos de dominación global, en ambos casos guiados por fanáticos inescrupulosos, practicantes de la mentira prefabricada para el posterior castigo con las armas.

En el caso de EEUU, para esa misión Donald Trump necesitaba a alguien más retrógrado que él, e incondicional a la vez, como lo fue Goebbels respecto a Hitler. En el caso de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, la señal más reciente es que se ha puesto a su lado cuando han estallado los reiterados conflictos internos y públicos con otros asesores.

Investigadores del perfil sicológico de Goebbels señalan que situaciones difíciles de su infancia y problemas físicos lo convirtieron en una persona que interiorizaba una mala imagen de sí mismo, denominándose en ocasiones "repugnante" o "pobre diablo". Pura coincidencia, Bolton en sus memorias se ha definido a sí mismo como un bicho raro, un "alienígena" desde sus días de estudiante universitario, cuando en las aulas de Yale todos menos él estaban en contra de la guerra de Vietnam.

La prensa estadounidense también ha remarcado la peculiaridad del superasesor, al definirlo como el "más antipático" embajador de EEUU ante la onu. Cabe aclarar que los epítetos llegaron antes del nombramiento de la saliente embajadora Nikki Haley, protagonista de espectáculos fascistoides y antidiplomáticos contra Venezuela, Nicaragua, Irán, República Popular Democrática de Corea, Rusia, China, Cuba y muchos otros, en los cuales ha salido a relucir su estrecha amistad con los congresistas de la mafia antilatinoamericana de la Florida, sus capos terroristas y mercenarios.

¿El regreso del Cóndor?

Con la llegada de Bolton al Consejo de Seguridad Nacional, el comportamiento desastroso del Presidente, la integración de un gabinete de guerra y un Consejo de Seguridad Nacional con practicantes de la tortura, la mentira, el racismo, el chantaje y la agresión, con un partido republicano acusado de poner en venta sus principios, la propia "gran prensa" del país ha denunciado que los estadounidenses nunca habían sido "gobernados por personas menos confiables en toda la historia de nuestra nación", como ha reiterado el influyente The New York Times, que forma parte del arsenal imperial en su guerra de dominación global.

Preocupados por la marea de intolerancia, xenofobia y populismo que se extiende por distintos rincones del planeta, que ha desatado la política del centro imperial y sus gobernantes, algunos se preguntan en Europa si Donald Trump, Jair Bolsonaro o la derecha radical europea serán capaces de reeditar el fascismo, el racismo y la homofobia que afectaron hasta no hace mucho al Viejo Continente, basados en los denominadores comunes y la utilización de medios de propaganda desde el poder, que encuentran analogías con los que puso en marcha Joseph Goebbels.

La ola mediática de la extrema derecha neofascista, denunciada internamente en EEUU y todos los continentes, arremete contra personalidades y partidos de sus propios países, gobiernos socialistas, defienden políticas antinmigrantes y se declaran abiertamente anticomunistas enfermizos, e incluso promueven nuevas alianzas extremistas con gobiernos propensos al autoritarismo y el servilismo a Washington, como la reciente Cumbre Conservadora de las "gusaneras", organizada por Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente electo brasileño.

Desde su cama, cual trono del dictador que viene, el capitán Jair Bolsonaro, animado por terroristas de origen venezolano, nicaragüense y cubanoamericano, procedentes de Miami, nos recordó a Augusto Pinochet, Alfredo Stroessner, Anastasio Somoza y a muchos otros, con un llamado a "sumar esfuerzos para combatir el comunismo en la región" y enfrentar "los objetivos del Foro de Sao Paulo". Recientemente en un error histórico, dijo que Brasil no sabía lo que es la dictadura.