Pensamiento Crítico

Otoño turbulento: recesión global en el radar

Alfredo Jalife-Rahme | Diario La Jornada, México. | 17 Septiembre 2006
El concepto "economía de guerra" no es muy apreciado por los economistas –lo cual no significa que no exista–, pero sí cuenta con la entusiasta aprobación de los historiadores de conflictos bélicos. Durante una conferencia magistral ante el solvente Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México acabamos de exponer los cuatro escenarios de la recesión global en ciernes. Primer escenario: frente al estallido de la burbuja de los bienes raíces y el declive de los precios de las materias primas, Stephen Roach, economista en jefe de la banca de inversiones Morgan Stanley, dejó atrás su previo pesimismo para tornarse optimista a carta cabal, para vaticinar que, inclusive, podría dejar de escenificarse la tan temida estagnaflación (28.8.06) que auguran los otros tres escenarios que varían en profundidad y duración. El segundo escenario, de "recesión benigna", que parece gozar de mayor número de adeptos, considera que se asemejará a la de 2001, año en que ocurrieron los atentados del 11/9 cuando Estados Unidos se transformó en una teocracia bélica unilateral y cuya "economía de guerra" posterior consiguió sacar al régimen bushiano de su letargo. El concepto "economía de guerra" no es muy apreciado por los economistas -lo cual no significa que no exista-, pero sí cuenta con la entusiasta aprobación de los historiadores de conflictos bélicos. Una recesión benigna representaría una magnífica noticia para el mundo, ya que la economía de Estados Unidos es el principal sostén de la economía global del lado de la demanda cuando China se sitúa como el superlativo motor del lado de la oferta. El defecto del escenario benigno es que tiene en su contra tres factores: la Reserva Federal no puede disminuir las tasas de interés y la teocracia bushiana tampoco puede abatir los impuestos a las clases pudientes en detrimento de los desposeídos, mientras queda la duda si optará por la "economía de guerra" contra Irán, que en estos momentos ha amainado con la visita del ex presidente Jatami a Estados Unidos. Cabe recordar que la "nueva economía" de Alan Greenspan -que ni fue nueva ni fue economía, sino una vulgar "burbuja.com" que luego se permutó en otra burbuja de los bienes raíces- aseguraba el fin de la inflación y el desempleo, en similitud con el vicepresidente Richard Bruce Dick Cheney, quien había afirmado en forma insensata el "fin de los déficit". Por cierto, Cheney, anterior director de la putrefacta petrolera texana Halliburton, cesó de creer en el dólar y prefiere tener sus inversiones en instrumentos sólidos fuera de la órbita del país que gobierna. El tercer escenario, quizá el más probable, si es que no se le escapan las variables a la Reserva Federal en la etapa compleja de Ben Shalom Bernanke (alias Helicóptero, porque pretende lanzar desde los cielos toda la masa monetaria posible para impedir una depresión), sería la repetición de la estagnaflación, una mezcla de estancamiento con inflación de la década de los 70. Su defecto es que no contempla la medición de la masa monetaria conocida como M3 que cesó de ser publicada esta primavera, ni la realidad contable, totalmente opaca, de los ominosos "hedge funds" ("fondos de cobertura riesgo"), que pueden arrastrar al planeta a un Armagedón financiero que correspondería al tercer escenario, similar o peor a la depresión de la década de los 30, cuya visión es apadrinada por un minúsculo número de analistas, lo cual no significa que sea improbable. El banco británico HSBC acaba de alertar sobre el riesgo de una "plena" (sic) recesión debido a la crisis de la oferta inmobiliaria (Reuters, 8.9.06): "Mientras los ingresos de las trasnacionales han permanecido en la estratosfera, los ingresos de la mayoría de estadounidenses ha declinado en los pasados 18 meses", lo que puede significar, según los economistas Stephen King y Ian Morris, una "receta para duros tiempos en una economía que depende de los consumidores en tres cuartas partes de su fuerza", lo cual podría llevar a una recesión "más prolongada" cuando el gobierno ha perdido su margen de maniobra debido a sus déficit monumentales. Gordon Brown, encargado de las finanzas británicas, publicó una declaración en la que advertía los "riesgos que enfrenta la economía global" cuando planea un "otoño incierto" (The Financial Times, 26.8.06), postura que refleja las inquietudes de Ben Shalom Bernanke (alias Helicóptero) un día antes en Jackson Hole, donde alertó sobre la "búsqueda de mayor proteccionismo en el mundo", mientras "se expande el antiamericanismo, la antiglobalización y el aislacionismo". Es curioso que lo que en economía corresponde a los ciclos del binomio auge/recesión, en política se traduzca en el binomio expansionismo/aislacionismo que ha marcado nítidamente la conducta del imperio estadounidense desde el siglo 19, sobre todo desde 1898. En las ciencias sociales nadie ha podido superar la teoría de los ciclos recurrentes ("ricorso") de Giambattista Vico, insigne historiador napolitano humanista del siglo 17. Nouriel Roubini, profesor de economía en la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York, además de jefe de Roubini Global Economics, advierte que "el mundo se debe preparar para la recesión de Estados Unidos", en una colaboración para The Financial Times (9.8.06): "La Reserva Federal esperaba un aterrizaje suave, pero enfrenta una recesión" cuyas "implicaciones serán globales". Aduce que las "tres fuerzas imparables" que la desencadenarán son "la desaceleración inmobiliaria, los altos precios del petróleo y mayores tasas de interés" que golpearán al "consumidor estadounidense, de por sí endeudado y con salarios reales a la baja". A su juicio, el estallido de la burbuja de los bienes raíces será peor que la implosión de la burbuja de las telecomunicaciones de 2001 y vaticina que las "implicaciones para la economía global serán muy serias: caída del dólar en medio de la desaceleración de Estados Unidos que desembocará en fuerzas deflacionarias en Europa y Asia, donde no existe mayor margen de maniobra para la facilitación monetaria y/o fiscal". Cuando la recesión asiente sus reales "los mercados de valores globales se desplomarán con las divisas y los bonos de los mercados emergentes", y concluye que "el dólar corre el riesgo de una caída desordenada conforme el déficit de cuenta corriente se torne insostenible con la consecuencia del éxodo de inversiones extranjeras de Estados Unidos en medio de mayores presiones comerciales proteccionistas". El "escenario Roubini" se encontraría a medio camino entre el tercero y el cuarto enunciados, con mayor proclividad a este último. Hasta el displicente cuan agónico Fondo Monetario Internacional, en su reporte de Estabilidad (sic) Financiera Global, admite que "el mayor riesgo en los mercados financieros globales" lo constituye "un desplome desordenado del dólar, por lo que conminó a los hacedores de las políticas financieras a prepararse y a actuar rápidamente (sic) cuando caigan los precios de las acciones" (Bloomberg, 12.9.06). ¿Se prepara el G-7 para el "efecto Islandia" (ver Bajo la Lupa 29.3.06 y 5.4.06) a escala global, lo cual se asemejaría más al cuarto escenario maligno? En este sentido se sitúa Mike Whitney (El día de la verdad de la pulverización de la economía de Estados Unidos"; ICH, 9.9.06) que merece un análisis especial.

¿Inició el derrumbe de las "materias primas" (incluyendo el petróleo)?

De aquí al 7 de noviembre, fecha de las cruciales elecciones de "medio término" en EU, cuando se juega el destino del "presidente del terror", Baby Bush, la "mano invisible" ya muy vista de la banca israelí anglosajona operará en los "mercados" durante 51 días para impedir una humillación del Partido Republicano en las urnas Stephen Roach (SR), jefe de economistas de Morgan Stanley (15-09-06), oficia las exequias de las materias primas, "incluyendo el petróleo", que "sufren fuertes presiones de venta". Luego de ridiculizar la teoría de los "superciclos de las materias primas", afirma que "los precios de materiales industriales no-energéticos como económicamente sensibles a la energía vivieron su pico en este ciclo". En las pasadas semanas, "la mayoría de los amplios índices han disminuido", que llegan hasta 14 por ciento en las mediciones de Goldman Sachs, mientras "los precios del petróleo se han abatido 17 por ciento de su máximo de hace dos meses". En efecto, en esta coyuntura, el descenso del petróleo ha sido mayor al de níquel (12 por ciento), zinc (10), aluminio (9) y cobre (7). Sin llegar a vaticinar un "desplome brutal", asevera que los descensos son mínimos cuando se comparan a su disparo previo, pero pueden significar el inicio del fin del auge de las materias primas, postura economicista a ultranza que muchos geopolitólogos teóricos de la multipolaridad no apreciarán. Puntualiza que el descenso comporta tres puntales: "el productor chino, el mercado de los bienes raíces en Estados Unidos (EU), y el vencimiento de asignaciones de los activos bursátiles". Asienta que el "factor China es, de lejos, el más importante elemento en el lado de la demanda de la ecuación de las materias primas". La insaciabilidad china (un mercado que conoce bastante bien SR), que en el periodo 2002-05 consumió 113 por ciento del zinc y 30 por ciento de petróleo, "ha cambiado ahora" debido al enfriamiento que han operado los planificadores a su economía supercalentada. El estallido de la burbuja de los bienes raíces afectará la demanda de EU, en particular del cobre, mientras los activos bursátiles de las materias primas representan una pequeña porción (70 mil millones de dólares) del total. En síntesis: China detenta la llave económica de las materias primas, mientras EU posee su picaporte financiero. SR, quien conoce las entrañas de la Reserva Federal, donde laboró, se equivocó en cinco años en su cronograma de los requilibrios globales. En realidad no se equivocó, sino que su escenario se atrasó. Más bien fue Alan Greenspan quien profundizó en ese lapso las burbujas financieras con el fin de acoplarse en la etapa bushiana a sus aliados bélicos del unilateralismo de la teocracia de los "cristianos sionistas". La opinión de SR peca de reduccionista y carece del abordaje multidimensional que incorpora las herramientas geopolíticas y geofinancieras que, a nuestro humilde entender, en términos de magnitud, pueden desacoplar en su caída a las materias primas en tres subsegmentos: la mayoría, el petróleo y el gas, y el oro y la plata. No existe equivalente a la Organización de Países Exportadores de Petróleo para las otras materias primas cuyas cotizaciones se pueden desplomar en la misma forma artificial en que fueron elevadas, apuntaladas por la especulación financiera de la banca israelí-anglosajona mediante los ominosos hedge funds ("fondos de cobertura de riesgos"). No es el caso del oro negro, cuya baja, ostensiblemente forzada por las "fuerzas del mercado" que controla la banca israelí-anglosajona, puede ser contrarrestada por el cártel petrolero que busca un precio más estable y menos volátil (que beneficia la especulación financiera), alrededor de 50 dólares el barril. Además, la reunión del Grupo de los Siete en Singapur ha dejado destilar el trueque de una disminución de los precios de las materias primas en general, cuya alza perjudica a China, a cambio de la revaluación del yuan, con el fin de impedir el desplome del dólar. De aquí al 7 de noviembre, fecha de las cruciales elecciones de "medio término" en EU, cuando se juega el destino del "presidente del terror", Baby Bush, la "mano invisible" ya muy vista de la banca israelí-anglosajona operará en los "mercados" durante 51 días para impedir una humillación del Partido Republicano en las urnas, lo que solamente pospone los inevitables plazos perentorios de la quebrada economía de EU en plena decadencia. En lugar de elevar las tasas de interés, la Reserva Federal ha optado por la "pausa" que da tiempo a que la inflación sea yugulada por la vía de la baja precipitada del petróleo ("La baja del petróleo disminuye la inflación"; Financial Times, 15-09-06), mientras se anuncian rimbombantemente descubrimientos mágicos de Chevron-Texaco en el Golfo de México. La teocracia chiíta iraní también ha descubierto que el cierre del estrecho de Ormuz, que elevaría el oro negro a la estratosfera, representa en esta fase delicada una de las mayúsculas vulnerabilidades de la teocracia bushiana obligada a morderse la lengua para sentarse a negociar con uno de los integrantes del "eje del mal" que le tiene tomada la medida. Mucho más que el petróleo, que comporta consideraciones geopolíticas que no comparte con el resto de las materias primas denominadas genéricamente commodities por la vulgaridad bursátil de la fauna especulativa global, es más probable un desacoplamiento nítido del oro, el cual, inclusive, en relación inversamente proporcional con el desplome del dólar, podría revaluarse en forma espectacular en lo que queda del año, si resultan correctas las apreciaciones del británico Ambrose Evans-Pritchard (AEP), connotado analista vinculado al Olimpo bursátil anglosajón: "el oro tendrá que decidir pronto si es una materia prima como las demás, o si es una moneda de refugio seguro que brilla en los malos tiempos" y sirve de enchufe de "protección en la inflación como en la deflación" (The Daily Telegraph; 4-09-06). "¿Qué pasará con la economía global cuando los estadounidenses cesen de retirar 600 mil millones de dólares al año (nota: un poco menos que el PIB de México) de dinero de bolsillo de sus bienes raíces, o cuando 2.7 millones de millones de dólares (nota: 3.8 veces el PIB de México) en tasas hipotecarias flotantes se ajusten a mayores tasas de interés?", pregunta acuciosamente AEP, quien cita algunas operaciones a futuro de "gente muy rica" que compra oro en hasta 2 mil 500 dólares (¡así, con cuatro dígitos!) la onza, situación incomprensible para las mentes ultramontanas en el escenario de una nada improbable "guerra de devaluaciones competitivas" entre EU, Europa y Asia. Señala que sin mucho ruido Rusia compra oro y sus reservas foráneas han alcanzado 258 mil millones de dólares que "pronto equivaldrán a las de la eurozona". Muy sofisticado, AEP no pone en tela de juicio lo consabido sobre las materias primas cuando el "ciclo de los recursos se ha correlacionado durante medio siglo con la política monetaria de EU, que llega a su pico conforme la tasa de los fondos de la Reserva Federal también llega a su pico". Afirma que para las materias primas la "campana sonó en julio", pero tañe en forma diferente respecto del oro. Hubiera sido interesante que especificara más su posición referente al oro negro: si su campana tañe como la mayoría de las materias primas o también es susceptible de desacoplarse como el oro. Quizá los tañidos del petróleo se ubiquen en una fase intermedia y equidistante a ambos sonidos metálicos entre los dos extremos: el de las materias primas en general y el del oro desacoplado.