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Pensamiento Crítico

«Hay que vivir la Revolución Cubana como un proyecto de futuro»

Por Randy Perdomo García | Contexto Latinoamericano | 15 Enero 2019

Entrevista a Frei Betto, fraile dominico brasileño (Belo Horizonte, Minas Gerais, 25 de agosto de 1944) teólogo de la liberación. Es autor de más de 50 libros de diversos géneros literarios y de temas religiosos. Entre muchos otros reconocimientos, recibió en 2013 el Premio Internacional José Martí de la Unesco.

A su juicio, ¿cuál sería el legado del siglo XX para el sentido de existencia del siglo XXI?

El siglo XX estuvo signado por grandes tragedias, como las dos grandes guerras y las bombas atómicas lanzadas sobre las poblaciones pacíficas de Hiroshima y Nagasaki. También fue un siglo de admirables avances en las ciencias y la tecnología. Ese contraste entre tantos sufrimientos –agravados por la proliferación del hambre en los países periféricos, sobre todo de África– y los avances tecnocientíficos, condujeron al siglo XX a buscar una vida mejor y más digna. Esa búsqueda se reflejó en dos movimientos significativos: las revoluciones de orientación socialista, como las de Rusia, China y Cuba, y el Estado de bienestar social, en especial en los Estados Unidos de Roosevelt y en Europa Occidental.

El bienestar social de la población de los países ricos no fue resultado de un gesto de bondad de sus élites. Fue resultado del miedo a la «amenaza comunista». Las élites del mundo capitalista prefirieron sacrificar un dedo a perder la mano... Pero con la caída del Muro de Berlín, esas élites se arrancaron la máscara. Y el legado que recibió el siglo XXI es el de un planeta hegemonizado por el capitalismo financiero, concentrador y excluyente, depredador del medio ambiente, centrado en la riqueza piramidal: el llamado neoliberalismo. De modo que el siglo XXI perdió el sentido histórico. Desaparecieron los grandes relatos. A las nuevas generaciones las mueve más la búsqueda de comodidad personal y familiar que la solidaridad con las víctimas de la opresión.

Lula y Fidel, son dos grandes amigos en su vida. ¿Qué diferencias y qué similitudes establecería entre ambos?

Fidel y Lula se parecen en muchas cosas, como el carisma político, la empatía con las grandes masas, la aguda intuición frente a los desafíos, la simpatía que emana de ellos hacia sus interlocutores, la opción por los más pobres. No obstante, difieren en algunos aspectos. Por ejemplo, en sus orígenes: Fidel, hijo de latifundista y educado en escuelas burguesas; Lula, nacido en la miseria y sin diploma universitario. Fidel, revolucionario y marxista; Lula, reformista de izquierda y cristiano.

Usted ha citado hermosas descripciones e intercambios con el General de Ejército Raúl Castro Ruz. En su biografía –que le hicieran a usted recientemente, publicada en Cuba por la Editorial José Martí– llega a sensibilizar, acercándonos más a la personalidad humana de Raúl. Hemos presenciado también la asistencia del actual Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, a varias de las conferencias que usted ha impartido y a intercambios con jóvenes universitarios en la Isla. A su consideración, ¿qué trascendencia para la revolución socialista tendrá el nuevo liderazgo de las generaciones más jóvenes? ¿Qué sentimientos y principios valora en ellos?

A Raúl Castro lo conozco desde hace muchos años, cuando inicié mi trabajo de reaproximación entre el Estado y la Iglesia Católica en Cuba, en la década de 1980. Tiene la misma inteligencia política que Fidel, pero es más reservado; prefiere el despacho mientras que Fidel prefería la plaza.

Díaz-Canel tiene un perfil muy diferente al de los hermanos Castro: no participó en la lucha revolucionaria, tiene una formación tecnocientífica y tuvo poco contacto con el legado soviético de la Revolución Cubana. Considero que esos son aspectos positivos de un proceso revolucionario que se atreve a innovar y a abrirle espacio a las nuevas generaciones, aunque algunos líderes históricos estén vivos y saludables.

De mi contacto personal con los tres resalto dos virtudes que son raras en jefes de Estado: siempre han sabido distinguir entre relaciones políticas y amistades personales, como demuestra el hecho de que me han acogido sin que yo sea sacerdote, obispo, cardenal, empresario, ministro, diputado o líder de partido. Y los tres saben oír.

La Teología de la Liberación llegará a su medio siglo de fundada. ¿Cómo definirla hoy? ¿Qué elementos la renuevan, la refuerzan?

La Teología de la Liberación siempre trata de adecuarse a la coyuntura del momento. Si en las décadas de 1980 y 1990 centró su atención en las luchas revolucionarias y en la relación entre fe cristiana y análisis marxista de la realidad, en las décadas siguientes prestó atención a la relación entre fe y política y a los fundamentos motivadores de los movimientos populares, como la pedagogía de Paulo Freire y la crítica al neoliberalismo. En los últimos tiempos incluye en su agenda temas como la ecoteología, la revolución genética, la biotecnología, la nanotecnología y cuestiones de género y sexualidad.

¿Cómo se imagina a esta Isla del Caribe cuando se cumpla el centenario de la Revolución Cubana?

Imagino a Cuba libre del bloqueo de Estados Unidos, al territorio de la base naval de Guantánamo integrado a la soberanía del país, y al pueblo cubano disfrutando de una calidad de vida que demuestre que valió la pena luchar por una sociedad poscapitalista.

A los jóvenes lectores, ¿qué mensaje les pudiera transmitir?

Que guarden el pesimismo para días mejores; que vivan la Revolución Cubana como un proyecto de futuro; y que sientan el saludable orgullo de vivir en Cuba socialista, sin discriminaciones, prejuicios ni desigualdades sociales.

Revolución nuestra, amor nuestro

Por Roberto Fernández Retamar (**)

 

El primer año, después del deslumbramiento y la certidumbre de la patria,

Ya sabíamos que los fuegos apagados en la Sierra

Volverían a encenderse, para que la isla se conservara

Como la habíamos soñado, como la habíamos conquistado.

El segundo año nos encontró con las armas en la mano, felices

De poder compartir el riesgo y la gloria

Que conocieran apenas ayer los hombres mejores,

Los de la barba y la esperanza en medio de la noche oscura.

Al tercer año estábamos enriquecidos con una gran victoria

Y llenos de más letras, más armas y más decisiones.

En el cuarto año, Revolución nuestra, amor nuestro,

Ya hemos muerto y renacido muchas veces,

Y ya sabemos del todo que eres inmortal, que eres hermosa y dura

Como los astros. Mejor aún: como el pueblo

Que te ha ido haciendo y que tú has ido haciendo,

Revolución nuestra, amor nuestro.

(**) Revista Casa de las Américas, No. 254, enero-marzo de 2009, pp. 133-139

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