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Pensamiento Crítico

América Latina está en llamas

Por Edgar Isch L., Pamela Dávila Falconí, Aram Aharonian y Emir Sader | Varias fuentes | 09 Octubre 2019

No ganaron las elecciones, el pueblo no los convocó, pero los técnicos del Fondo Monetario Internacional ordenan hoy el Ecuador en plena alianza con el gobierno de los empresarios. Pocos días antes del paquetazo de medidas económicas y laborales anunciadas por el presidente Lenin Moreno, ya la prensa comercial anunció que el FMI no daría el nuevo desembolso del crédito contratado si no se hacían las reformas desde el gobierno. Y, una vez tomada la decisión, el FMI salió a dar su "apoyo" a la decisión gubernamental, como si la bendición del organismo multilateral la santificara.

Pero las medidas tienen el carácter de las recetas neoliberales: debilitar el Estado y fortalecer las grandes empresas; obligar a los pobres a pagar la crisis que causaron los poderosos y los benefició; hambrear a un pueblo entero para garantizar el pago de la deuda externa. Ello se enmascara en discursos de transparentar las finanzas, de "poner la casa en orden" y, por supuesto, de sacrificarnos "todos" para lograr días mejores. Los gobiernos neoliberales en el momento de tomar medidas de este tipo dicen que hay que apretarse los cinturones por un tiempo, pero que a la vuelta está el paraíso. Este, pretende que no hay que apretarse los cinturones, que el incremento del precio de gasolinas y del transporte de alimentos y personas, no afectará a la población.

En medio de fuerte protestas contra las políticas de ajuste del gobierno, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno,  trasladó la capital de Quito a Guayaquil y decretó un toque de queda, entre las ocho de la noche y las cinco de la mañana en las cercanías de los edificios gubernamentales. El decreto se firmó luego de que cientos de manifestantes tomaran este martes el edificio de la Asamblea Nacional (Parlamento) de Ecuador al grito de "¡Fuera Moreno!", Luego de una hora, policías y militares pudieron desalojar a los manifestantes con gases lacrimógenos y detonaciones. Unos 10 mil miembros de colectivos indígenas procedentes de distintas regiones de Ecuador llegaron hasta Quito en la víspera de la huelga general del miércoles. Ante la masiva llegada de manifestantes y frente al riesgo de incidentes, Moreno había decidido trasladar la sede de Gobierno a Guayaquil el lunes por la noche.

La crisis en Ecuador

Por Pamela Dávila Falconí, Muro de Facebook

El presidente Lenín Moreno fue elegido libre y democráticamente en 2017, por la ciudadanía ecuatoriana pues, según se presumía, representaba la continuación de la Revolución Ciudadana, del ex presidente Rafael Correa Delgado y que debido a las importantes conquistas económicas y sociales logradas durante su período de gestión, se la denominó "la década ganada". En ese momento, lejos estábamos de sospechar que el giro neoliberal que daría Lenín Moreno nos llevaría a afrontar una de las etapas más nefastas de la historia del Ecuador.

Moreno se encargó, desde un inicio, de desprestigiar descaradamente a la Revolución Ciudadana y al ex presidente Correa, al punto de acusarlos de corruptos, logrando, a fuerza de repetir esa mentira de forma permanente, crear un ambiente de odio enfermizo entre la sociedad desinformada.

Los medios de comunicación locales, pagados por el gobierno ecuatoriano, ocultan flagrantemente las noticias reales y por supuesto la severa crisis que afronta en estos días el pueblo ecuatoriano, luego de que el presidente Moreno anunciara un paquete de medidas económicas que afectan directamente al sector más pobre del país.

Mientras el gobierno, a órdenes del FMI, ha beneficiado descaradamente a empresarios, banqueros y oligarcas, a su vez ha desfavorecido a la mayoría de los ciudadanos precarizando su situación socio–económica, provocando despidos masivos en el sector público, incrementando los impuestos, privatizando bienes y servicios estatales, quitando los subsidios a los productos esenciales, lo que obviamente encarece el costo de la vida, descuidando el tema educativo, así como la creación de infraestructuras y, lo más grave aun endeudando al país con el FMI, lo que finalmente ha dado como resultado esta impresionante reacción social, en medio de la cual, es necesario tomar en cuenta que el problema no está solo en las medidas económicas, sino que hay un tema que resulta imprescindible mencionar: la reforma laboral que violenta derechos históricos, precariza el trabajo y flexibiliza la jornada laboral.

Sabemos con certeza que el neoliberalismo, como ideología acogida y ajustada a los intereses de las élites empresariales de América Latina, no ha generado ningún beneficio económico, sino un conjunto de recetas que se repiten como consignas para forzar a los gobiernos a que las cumplan.

Ecuador es un país que se ha caracterizado por su decisión y capacidad de botar presidentes cuando los casos extremos lo han requerido. Las movilizaciones sociales masivas que vivimos en estos días, especialmente por parte de las comunidades indígenas, son el resultado de la indignación y la exacerbación de un pueblo digno y valiente, de un pueblo empobrecido y explotado por un gobierno que nos ha traicionado y que no soporta más abusos.

Cabe destacar que estas manifestaciones populares, desafortunadamente han estado marcadas por una muy fuerte represión armada de parte de policías y militares, dejando como saldo varios muertos y heridos, agresión frontal y descarada a periodistas independientes, el corte de energía eléctrica de radios comunitarias y medios alternativos de comunicación. Con la violencia y prepotencia de los líderes de derecha que están detrás del poder de este gobierno, han demostrado su lado más oscuro y deleznable.

Tenemos el palacio de gobierno completamente rodeado y blindado por tanques, alambres de púas, con la presencia de militares y policías como en las épocas más nefastas de las dictaduras. Las calles llenas de fuerzas opresoras que agreden y encarcelan sin ninguna razón coherente a los manifestantes. Es un ambiente de caos al que ya no estábamos acostumbrados, peor aún después de haber disfrutado en nuestra Patria Grande de una década progresista, de paz y de justicia y que nos permitió soñar con un futuro mejor para nuestros pueblos.

Esperamos de corazón que el desenlace de este dramático episodio sea el lograr un país libre, justo y soberano, el país que todos los pueblos del mundo merecemos.

Estallidos sociales, realidad y realidad virtual

Por Aram Aharonian, Rebelión

Las políticas neoliberales de varios gobiernos de derecha en nuestra región despertaron la protesta y efervescencia social. Las protestas callejeras en Ecuador, Perú, Argentina, Brasil, entre otras naciones tienen en común el rechazo a las políticas económicas neoliberales, impulsadas por Washington y el Fondo Monetario Internacional, el repudio a la corrupción de las dirigencias políticas y los abusos empresariales.

Son los pueblos los que vienen haciendo el balance de la enorme desigualdad social, la alta concentración de la riqueza en cada vez menos manos, la profundización de la inequidad social y la consolidación de lacras como el narcotráfico, la corrupción y la delincuencia común como corolario del crecimiento de la pobreza, los procesos migratorios, la pérdida de soberanía y la desvergüenza de los gobiernos y parlamentos, o sea la elite política, el poder fáctico.

Mientras, las grandes trasnacionales se han ido apropiando de nuestros yacimientos, bosques y fuentes acuíferas, favorecidos por privatizaciones y licitaciones a dedo de empresas nacionales. Son ellas las que van dictando las decisiones políticas, sobornando trasnacionalmente a nuestros gobernantes, amparados por tratados de libre comercio depredadores de nuestras economías y de nuestras soberanías

Pero ellas también controlan los grandes medios de comunicación y las redes sociales. Por eso no es de extrañar que los principales medios (diarios, portales, televisoras) de nuestro continente se hayan abstenido de informar lo que realmente sucede en Ecuador hoy, como tampoco lo hacen con las matanzas y el narcotráfico y paramilitarismo en Colombia, la corrupción parlamentaria en Perú, y también la calamitosa situación en Haití que ocultan.

La información hoy nos llega directamente a través de los protagonistas, de aquellos que en las calles se juegan el futuro de sus patrias, salteándose la censura de las llamadas redes sociales. Nuevamente la realidad virtual fabricada por los medios hegemónicos –siguiendo las directivas del Departamento de Estado estadounidense y del Comando Sur– se debate contra la realidad real: los pueblos en las calles, los estallidos sociales.

Y desde las usinas de la desinformación salen lastimosos esfuerzos por imponer sus imaginarios colectivos. Como que la Secretaría General de la OEA "condena enérgicamente los actos de violencia registrados en los últimos días en Quito. Es totalmente inaceptable el secuestro de policías y militares, así como el destrozo y saqueo de bienes públicos, el incendio de patrulleros y ataques a ambulancias". El pueblo no existe para ellos.

Y, paradojalmente, considera fundamental que todas las partes respeten el término constitucional por el que fue electo el Presidente Lenin Moreno y reitera su rechazo a cualquier forma de interrupción de su gobierno. ¿Por qué no sostienen el mismo discurso para con Venezuela?

La culpa la tienen los otros, para la derecha. Lenín Moreno responsabilizó a Rafael Correa y Nicolás Maduro de querer dar un golpe de Estado en su país, y la prensa hegemónica quiso imponerlo como imaginario colectivo.

Sin ningún pudor, Moreno dijo que "hay individuos externos pagados y organizados para utilizar la movilización de los indígenas con fines de saqueo y desestabilización", denunció el mandatario. Quizá estos elementos extraños lograron disfrazarse de milllones de ciudadanos, de campesinos, trabajadores, estudiantes, indígenas.

La derecha incendia la región

Hagamos un cuadro de situación de la región:

● Donald Trump enfrenta un juicio político, Iván Duque viene de hacer el ridículo en Naciones Unidas al presentar un dossier para atacar a Venezuela mientras en su país siguen los asesinatos de líderes sociales, campesinos, indígenas y hasta de candidatos a las elecciones regionales.

● Y hay que recordar que Colombia sigue siendo el principal exportador de cocaína del mundo, con destino a asegurar el abastecimiento del mercado estadounidense. Jair Bollsonaro viene de haber protagonizado uno de los más vergonzosos discursos en la ONU. La élite política del Perú hace aguas por todos lados, mientras el pueblo en la calle exige que se vayan tos (los políticos, claro) en medio de una corrupción generalizada que incluyó nada menos que a los últimos cinco presidentes.

● Perú es también sede del vociferante Grupo de Lima, armado por Washington para agredir a Venezuela.

● Mauricio Macri está en su cuenta regresiva tras con una crisis económico, financiera y social sin precedentes, tras sumir al país en la pobreza, el desempleo y la fuga estrepitosa de capitales.

● El presidente de Honduras Juan Orlando Hernández, instalado con fraudes electorales por Washington, quedó al descubierto como otro narcopolítico: recibió millones de dólares de quizá el narcotraficante más mediático de los últimos tiempos, el Chapo Guzmán.

● Mientras, el (¿aún?) presidente ecuatoriano Lenín Moreno, entró en la vorágine de los paquetazos fondomonetaristas h logró que se levantara el pueblo exigiendo su renuncia inmediata. Moreno, quien llegó a la presidencia bajo el ala del expresidente Rafael Correa optó por lo que hacen todos los gobiernos de derecha: la brutal represión y la imposición del estado de excepción, que incluye la censura de prensa, mientras huía a Guayaquil.

Trump y los gobiernos aliados–cómplices de la derecha regional, están experimentando –en distintas magnitudes– crisis simultáneas, pero siempre obviando hablar de sus temas internos, de sus problemas, de su desprecio por los pueblos y haciendo lo que siempre: echarle la culpa de su corrupción y mal gobierno a los de afuera. Es mucho más fácil y para ello cuentan no solo con el apoyo estadounidense, de la triste Organización de Estados Americanos (OEA) y de los medios cartelizados, trasnacionales y nacionales.

En los últimos tiempos, la culpa de todo lo que les sucedía se las endosaban al gobierno venezolano, al que no han logrado derrocar pese a todos sus esfuerzos, amenazas, bloqueos, campañas de desinformación, fake–news... Pero las realidades de sus países, de las que ninguno de estos presidentes habló en la ONU, van explotando, van incendiando la región.

Este incendio no lo pueden apagar y quizá apelen a algún tipo de agresión mayor a Venezuela, a través del alicaído Grupo de Lima, la OEA o el belicista Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Una –otra– forma de desviar la atención de los problemas internos de sus países, de las masacres, del irrespeto a los derechos humanos, del hambre y la miseria en que sumieron a sus pueblos.

También ha quedado el publicitado combate a las drogas y al narcotráfico, bandera de Washington adoptada por estos gobiernos genuflexos. Más allá del vergonzoso discurso de Duque en la ONU, el autoproclamo presidente interino de Venezuela, Juna Guaidó, apareció en videos y fotos amparado y protegido por grupos paramilitares y narcotraficantes colombianos. Súmelo a ello el escándalo del narcopresidente hondureño.

No es casual que el pedido de juicio político a Trump sobreviniera tras el discurso del mandatario estadounidense en la ONU, donde una vez más restó su responsabilidad en los errores y horrores de sus políticas –y de todos los males del mundo– y se los endosó a aquellos países que considera sus enemigos, como China, Rusia, Irán, Corea del Norte Nicaragua, Venezuela.

Los gobiernos neoliberales están incendiando nuevamente la región. ¿Es hora del regreso de gobiernos progresistas?

La derecha latinoamericana se corroe

Por Emir Sader, diario Página/12, Argentina

El retorno eufórico de la derecha a los gobiernos latinoamericanos produjo la derrota espectacular de Mauricio Macri, el estado de excepción de Lenín Moreno en Ecuador para intentar contener la ira popular en contra de su paquete neoliberal y la proyección de Bolsonaro como el más ridículo y grotesco jefe de Estado del mundo. Esos eran los personajes que iban supuestamente a sanear las finanzas públicas, recuperar el prestigio internacional de nuestros países, terminar con la corrupción, superar a los gobiernos populistas y lograr estabilidad, desarrollo y bienestar social.

Han pasado pocos años, no muchos meses, para que los heroicos personajes de la restauración neoliberal sean personajes ridiculizados –Macri, Lenín Moreno, Bolsonaro. ¿Quién da algo por ellos? Quien cree que Macri va a dar vuelta las elecciones argentinas? Quién cree que Moreno va a lograr salir indemne de la crisis ecuatoriana actual? Quién cree que Bolsonaro es el futuro de Brasil?

La derecha llegó al poder en países que habían vuelto a crecer, habían disminuido la desigualdad y tenían buenas relaciones de cooperación con sus vecinos. Países que lograron estabilidad política, convivencia pacífica y democrática entre las fuerzas políticas, sociales y culturales, con un Estado garante de los derechos de todos.

Basta mirar cuál es la situación de países como Argentina, Brasil y Ecuador, entregados a la recesión, al desempleo, a la miseria, a la pérdida de apoyo y de legitimidad de sus gobiernos. La derecha ha hecho todos sus esfuerzos, legales e ilegales, para frenar a los gobiernos de izquierda y volver a la presidencia de esos países.

Lo que era Ecuador de Rafael Correa y lo que se ha vuelto en manos de alguien elegido en base al éxito de aquél, para luego traicionar todo para lo que fue elegido, hacer lo que la derecha planteaba y tirar al pais al borde del caos, con ocupación militar de las calles de Ecuador!

Lo que era Brasil de Lula, país respetado a escala mundial, con un presidente que ha dejado su mandato con el 80 por ciento de referencias negativas en los medios, pero con el 87 por ciento de apoyo de la población. Brasil crecía y distribuía renta, saliendo del Mapa del hambre. Y lo que es en manos de un presidente que nadie respeta, que ha tirado el país a la miseria y a la violencia desenfrenada.

Néstor y Cristina rescataron a Argentina de la peor crisis de su historia, logrando que el país vuelva a desarrollarse y a generar empleos. Lograron superar el endeudamiento con el FMI y que el país vuelva a ser respetado en el mundo. En comparaciín con el país que Macri no tiene vergüenza de entregar de vuelta a las fuerzas democráticas, un país que cumple tres años de estanflación, con el pueblo sufriendo miseria y hambre.

Pero hay una lógica en la locura de lo que la derecha hace en esos países y quiere hacer en otros. Su rol es, antes que nada, buscar quitar legitimidad y apoyo popular a los liderazgos populares más importantes que esos países han tenido. Esos líderes han sido transformados en los principales enemigos de las oligarquías locales y de la política norteamericana, porque con sus politicas han conquistado la confianza de sus pueblos y el prestigio internacional, privilegiando los procesos de integración regional y no los tratado de libre comercio con EE.UU.

En segundo lugar, buscaron sustituir políticas económicas que han privilegiado el desarrollo del mercado interno con el retorno de las políticas de ajuste fiscal, que promueven los intereses del capital financiero. Retoman el modelo neoliberal, vigente en el capitalismo mundial, a pesar de que ha llevado a las grandes potencias a una profunda y prolongada recesión. Sacar el modelo antineoliberal es terminar con un ejemplo de política económica alternativa, que prueba que no hay un solo camino, como el Consenso de Washington y el pensamiento único tratan de imponer.

La derecha latinoamericana retomó los gobiernos de países como Argentina, Brasil, Ecuador, y ha demostrado que no han aprendido nada de su fracaso anterior y del éxito de los gobiernos progresistas. Fracasan de nuevo, fracasan más, son y serán derrotados de nuevo.

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