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Pensamiento Crítico

La historia demuestra que los banqueros estorban la recuperación económica

Por Eric Toussaint | Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (CADTM). Traducido por Griselda Pinero | 10 Julio 2020

Tendrá consecuencias fundamentales para la historia de un país lo que un gobierno haga o deje de hacer con la banca.

La Comuna de París cometió el error de no tomar el control del Banco de Francia. Se trata del período insurreccional de la historia de París que duró un poco más de dos meses, del 18 de marzo de 1871 a la "semana sangrienta" del 21 al 28 de mayo de 1871. Negándose a aceptar la capitulación de la burguesía francesa ante el ejército alemán que había alcanzado Versalles, el pueblo de París proclamó la Comuna de París, apoyado por la guardia nacional. Se tomaron medidas sociales radicales, en particular bajo el impulso popular. Se trata de una de las primeras revoluciones proletarias de la historia, sobre la cual Carlos Marx escribió una de sus obras.

La sede del Banco de Francia, sus principales reservas y su órgano dirigente estaban situados en el territorio de la Comuna de París. Erróneamente, la dirección de la Comuna de París renunció a tomar el control del Banco de Francia, aunque habría sido totalmente necesario. En 1876, Prosper-Olivier Lissagaray, un intelectual militante que participó en el combate de los Comuneros, denunció, en su libro Historia de la Comuna 1871, la actitud de la dirección de la Comuna "que se quedó en éxtasis ante la caja de la alta burguesía que tenía en sus manos", al referirse al Banco de Francia. Y precisó: "Todas las insurrecciones serias comenzaron por hacerse con el nervio del enemigo, la caja. La Comuna es la única que se negó a hacerlo".

La única exigencia de la Comuna al Banco de Francia fue la obtención de adelantos financieros que le permitieron mantener el equilibrio presupuestario sin tener que interrumpir el pago de sueldos a los guardias nacionales (la Guardia Nacional de París fue una milicia ciudadana encargada de mantener el orden y la defensa militar). "Por ese motivo, durante los 72 días de su existencia, la Comuna recibe 16,7 millones de francos: los 9,4 millones de haberes que la Ciudad tenía en cuenta y los 7,3 millones realmente prestados por el Banco de Francia, En el mismo momento, los de Versalles recibían 315 millones de francos de la red de 74 sucursales del Banco de Francia", o sea cerca de 20 veces más.

Karl Marx por su parte, en una correspondencia a propósito de la Comuna de París en 1981, diez años después de su derrota, comparte la opinión de Lissagaray. Considera que la Comuna cometió el error de no tomar el control del Banco de Francia: "Con solo la requisa de Banco de Francia, se habría acabado con las bravuconerías de Versalles". Y precisa que con la requisa del banco: "Con un poco de sentido común, hubiera (…) podido obtener de Versalles un compromiso favorable a todo el pueblo del país, único objetivo realizable en esa época".

Como escribía Lissagaray: "La Comuna no veía los verdaderos rehenes que tenía en sus manos; la Banca, el Catastro, la Caja de depósitos y consignaciones, etc".

En 1891, Friedrich Engels opinaba en la misma línea que Lissagaray: "Lo más difícil de comprender es ciertamente el santo respeto con el que se detuvo ante las puertas del Banco de Francia. Y eso fue un grave error político. El Banco en manos de la Comuna valía más que diez mil rehenes. Eso significaba toda la burguesía francesa haciendo presión al gobierno de Versalles para firmar la paz con la Comuna".

En resumen, la Comuna de París, en 1871, dejó al Banco de Francia financiar a sus enemigos, al gobierno conservador de Thiers instalado en Versalles y al ejército a su servicio. Los representantes de los grandes bancos de negocios de París que dirigían el Banco de Francia festejaron la derrota de la Comuna, concediendo a sus accionistas un dividendo de 300 francos por acción, contra los 80 francos de 1870

La revolución rusa, la nacionalización de los bancos y la anulación de la deuda de los campesinos rusos en 1917.

Entre las primeras medidas tomadas por el gobierno de los sóviets, después de la revolución de octubre de 1917, figura la nacionalización de los bancos. Esa nacionalización permitió, especialmente, la anulación de las deudas que tenían los campesinos con los bancos. Un tercio del capital de los bancos estaba en manos de capitalistas extranjeros, principalmente franceses y alemanes. Siete bancos tenían una posición dominante y fueron expropiados con prioridad. Todas las acciones bancarias fueron anuladas. La transferencia de los bancos privados al sector público progresaba en paralelo con el repudio de deudas extranjeras consideradas ilegítimas y odiosas. La combinación de la expropiación de bancos y el repudio de las deudas constituyó un avance fundamental del poder revolucionario.

Roosevelt tomó en 1933 fuertes medidas

En Estados Unidos, en marzo de 1933, estalló una enorme crisis bancaria que continuaba la onda de choque del crash de Wall Street de octubre de 1929. El presidente Franklin D. Roosevelt, recién elegido, cerró los bancos durante una semana en marzo de 1933 e hizo adoptar, ese mismo año, la ley bancaria que imponía la separación entre los bancos de depósito y los bancos de inversiones (Banking Act conocida también como Glass Steagall Act).

El gobierno de Franklin D. Roosevelt redujo, por lo tanto, la libertad de la que gozaban los medios financieros y bancarios. Siguiendo ese ejemplo y bajo la presión de las movilizaciones populares en Europa, durante y después de la Liberación, los gobiernos del viejo continente impusieron un límite a la libertad de maniobra del capital. Consecuencia: durante los treinta años que siguieron al final de la Segunda Guerra Mundial, el número de crisis bancarias fue mínima. Es lo que muestran dos economistas neoliberales estadounidenses, Carmen M. Reinhart y Kenneth S. Rogoff, en un libro publicado en 2009, titulado Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera. Kenneth Rogoff fue economista jefe del FMI y Carmen Reinhart, profesora de universidad, fue asesora del FMI y economista jefe del Consejo consultivo del Banco Mundial. Según estos dos economistas, que no son precisamente favorables a un cuestionamiento del capitalismo, el escaso número de crisis bancarias se explica principalmente "por la represión de los mercados financieros interiores (en diversos grados) y luego por un recurso masivo a los controles de capitales durante muchos años después de la Segunda Guerra Mundial".

Efectivamente, durante los "treinta gloriosos", los gobiernos de la mayoría de los países más industrializados aplicaron políticas que reglamentaban los movimientos de capitales que entraban y salían de sus países. También obligaron a los bancos a adoptar un comportamiento prudente e hicieron pasar al sector público una parte del sector financiero. Según Reinhart y Rogoff, con el fin de evitar el riesgo de quiebras bancarias, los gobiernos impusieron "a los bancos un nivel elevado de reservas obligatorias, sin mencionar otros dispositivos como el crédito dirigido o la obligación, para las cajas de jubilación o para los bancos comerciales, de poseer un determinado nivel de empréstitos del estado".

Francia 1945: el gobierno nacionaliza los bancos

En Francia, las nacionalizaciones de los bancos después de la Segunda Guerra Mundial deben "ser situadas, en el contexto de la Resistencia, con «un movimiento llegado desde abajo» (...) la Liberación dio lugar a la puesta en marcha de comités obreros de gestión en algunas empresas, comités de fábrica en el origen de «socializaciones espontáneas»". Como nos lo recuerda Patrick Saurin, el 2 de diciembre de 1945, el Banco de Francia y cuatro bancos de depósitos son nacionalizados. Al año siguiente, el 25 de abril de 1946, es el turno para la nacionalización de algunas sociedades de seguros.

Benjamin Lemoine escribió, con toda razón, en su libro L’ordre de la dette: "Al salir de la Segunda Guerra Mundial y durante una veintena de años, el aparato del Estado, por medio del circuito del Tesoro, recogía recursos financieros en cantidades suficientes para, la mayor parte del tiempo, escapar a la presión de los acreedores. Y dominaba la actividad de los bancos y de las finanzas, y acoplaba sus propios instrumentos de tesorería a esas reglamentaciones. Así mismo, su financiación estaba coordinada con las políticas nacionales que determinaban la cantidad de moneda y orientaban los créditos afectados a la economía". Esta política permitió a Francia financiarse durante cerca de cuarenta años sin depender de la buena voluntad de los mercados financieros, dominada por los bancos privados y otras sociedades financieras. Y eso también permitió evitar las crisis bancarias.

Cuba en 1959: Ché Guevara presidente del Banco Central

Poner a uno de los principales dirigentes revolucionarios a la cabeza del Banco Central indicaba claramente la importancia que representaba el control de la política monetaria y financiera del país para la consolidación de la victoria del pueblo cubano sobre el régimen dictatorial de Batista. Los revolucionarios cubanos querían evitar que se repitiera el error de la Comuna de París. El control de la banca ayudó a la realización de una serie de profundas reformas sociales que, apoyadas por potentes movilizaciones sociales, marcaron positivamente los comienzos de la revolución cubana.

Francia, 1982: nacionalización de los bancos

El plan de nacionalización figuraba en el "programa común de gobierno" firmado el 27 de junio de 1972 por el Partido socialista (PS), el Partido comunista y los radicales de izquierda. Y fue retomado entre las "110 propuestas" del candidato Mitterrand en 1980-81 (fue la 21º propuesta). La ley de nacionalización del 13 de febrero de 1982 fue votada durante el primer septenio del presidente François Mitterrand y promulgada por el gobierno de primer ministro Mauroy. Fueron nacionalizados treinta y nueve bancos así como sociedades industriales y financieras. Esa ola de nacionalizaciones fue seguida rápidamente por un cambio hacia la derecha de Mitterrand y de su gobierno. La ley bancaria del 24 de enero de 1984 inauguraría un nuevo sistema bancario construido sobre el modelo de banca universal que puso fin a la separación entre bancos de depósitos y bancos de inversiones, y que abrió plenamente la vía a la desregulación. En 1986, los bancos estaban nuevamente privatizados.

Europa y Estados Unidos de América

A partir de 2008, y tras la crisis de los bancos privados que estalló en 2007-2008, muchos Estados, y no de los menores, procedieron a la nacionalización de grandes bancos privados con el fin de evitar su quiebra y ayudar a los grandes accionistas. Grandes bancos como Royal Bank of Scotland (Reino Unido), Hypo Real State (Alemania), ABN-Amro (Países Bajos), Fortis, Dexia y Belfius (Bélgica), Bankia (España), Banco Espirito Santo (Portugal) fueron nacionalizados. En ninguno de estos casos, los gobiernos reorientaron las actividades de las entidades nacionalizadas para que fueran útiles a la población. A menudo, incluso no ejercen poder en estas instituciones, dejando que las dirijan los representantes privados. Ninguno de estos bancos fue transformado en un instrumento que permita financiar las inversiones del Estado. Los gastos de nacionalización se cargaron a las finanzas públicas y así aumentaron la deuda pública. La próxima fase, tal como la desean los gobiernos al servicio del capital, consistirá en reprivatizar esos bancos puesto que sus finanzas han sido saneadas y de nuevo son atractivas para el sector privado. El CADTM y otras organizaciones pusieron de relieve otras maneras de responder a la crisis bancaria: negarse a rescatar a los banqueros responsables de la crisis, expropiar los bancos sin indemnizar a los grandes accionistas y transferirlos al sector público con control ciudadano.

Grecia 2015

Desde el momento en que Tsipras y su equipo asumieron el gobierno, habría sido necesario actuar sobre los bancos. Mientras que el BCE tomaba la iniciativa para agudizar la crisis bancaria griega, habría sido necesario actuar a ese nivel aplicando el programa de Tesalónica, sobre la base del cual Syriza fue elegida el 25 de enero de 2015, que anunciaba: "Con Syriza en el gobierno, el sector público retoma el control del Fondo Helénico de Estabilidad Financiera y ejerce todos sus derechos sobre los bancos recapitalizados. Eso significa que toma las decisiones que conciernen a su administración".

Se debe saber que el Estado griego, por medio del Fondo Helénico de Estabilidad Financiera, era, en 2015, el accionista principal de los cuatro bancos principales del país, que representaban más del 85 % de todo el sector bancario griego. El problema es que, a pesar de las numerosas recapitalizaciones de los bancos griegos que se sucedieron desde octubre de 2008, el Estado no tenía ningún peso real en las decisiones bancarias ya que las acciones que poseía no le otorgaban derecho a voto. Ese problema podría haberse subsanado por medio de una decisión política que los gobiernos anteriores habrían debido tomar. Por lo tanto, era necesario que el parlamento, conforme a los compromisos de Syriza, transformase esas acciones llamadas preferenciales (que no dan derecho a voto), que estaban en manos de los poderes públicos, en acciones ordinarias que otorgan derecho a voto. Por consiguiente, de manera perfectamente normal y legal, el Estado habría podido ejercer sus responsabilidades y aportar una solución a la crisis bancaria.

Finalmente, se habrían tenido que tomar otras tres medidas importantes. En primer lugar, para hacer frente a la crisis bancaria y financiera agudizada por la actitud de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) que, desde diciembre de 2014, clamaban contra la quiebra de los bancos y por la decisión del BCE del 4 de febrero de 2015, el gobierno habría debido decretar el control de movimientos de capitales con el fin de poner fin a su fuga al exterior. En segundo lugar, era necesario reemplazar a Stournaras a la cabeza del Banco Central griego. En tercer lugar, el gobierno debería haber establecido un sistema de pagos paralelo.

La decisión de Tsipras y Varoufakis de no tocar a los bancos y de no suspender el pago de la deuda tuvo consecuencias funestas para el pueblo griego. Una ocasión histórica perdida. Y hay que evitar que ese fracaso se reproduzca.

(*) Eric Toussaint, doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

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