Pensamiento Crítico

Perjurio, pasión y Posada

None | 06 Septiembre 2005

Luis Posada Carriles se levantó obligatoriamente cuando fue llamado como testigo para caminar hacia el estrado de testimonio en la incómoda salita de la corte. Pero el juez Willim Abbott detuvo a Posada y lo mandó sentar, diciéndole que podía testificar en su lugar sin necesidad del problema de moverse. La atmósfera en la corte era sorprendentemente informal y relajada, inclusive mientras el terrorista y ex operativo de la CIA se preparaba para testificar sobre temas concernientes a sus casi cinco décadas como explosivista, intrigante y mula de carga para la política estadounidense en América Latina.

La voz de Posada es extraña y apenas inteligible ya que parte su cara y su lengua fue volada por pistoleros en 1990, y el intérprete de la corte tuvo dificultad para lograr sentido de lo que decía. Así como la gente se arquea para escuchar un murmullo a través de la sala, la galería se adelantó para intentarlo con las palabras de Posada. Cuando no hablaba, su quijada se sacudía, como mascando chicle, un hábito desarrollado para hacer espacio en su boca donde el resto de su lengua debería estar. Entregando trozos densos de su vida que provocaban más preguntas de las que respondían, Posada solamente dio información sobre su historia laboral y sus varios oficios al servicio del gobierno venezolano.

Cuando el intérprete se quejó de que no podía entender a Posada, él explicó el fallido intento de asesinato, y su abogado le pidió dar los particulares del ataque. “Es una vieja historia que se remonta a Venezuela”, dijo Posada. “Cuba”, continuó, “envió gente a tomar el poder en Venezuela, y luché contra esto y tuvimos éxito –Cuba perdió. Esa es la razón por la que Cuba”, levantó la voz, “desde ese momento trató de lastimarme y me persigue”.

Luego de preguntas inocuas que no tenían fundamento real y llevaban solamente al confuso recuento de eventos disparatados, Matthew Archambeault dejó al testigo para el interrogatorio cruzado. Curiosamente, la primera pregunta que hizo la abogada en jefe Gina Garrett-Jackson para el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) fue “¿No es verdad que entró la última vez a Estados Unidos por México en marzo de 2005?”, que fue objetada por Archambeault, aunque Posada admitió haber viajado a Miami, Florida, desde Houston, Texas, por autobús. Esta fue la primera de una cascada de objeciones hechas a las preguntas del gobierno, objeciones uniformemente aceptadas y hechas sobre la base del derecho de Posada contra la autoincriminación.

Garrett-Jackson pasó luego a una lista de alias usada por Posada, incluyendo el nombre de Ramón Medina. Probablemente el más notorio de sus alias. Posada dijo en algún momento que no recordaba haber usado ese nombre. Como Ramón Medina, Posada fue el segundo al mando de la ilegal operación Contra llevada adelante por el Presidente Ronald Reagan y el Vicepresidente George H. W. Bush a mediados de los años ochenta.

Es ahora claro que la Contra metían drogas a los Estados Unidos, una reivindicación de los reportajes de Gary Webb sobre el tema en 1996. A cada pregunta sobre sus alias, el abogado de Posada invocaba el derecho contra la autoincriminación, y Posada estaba poniéndose claramente molesto en el proceso. Solamente tenía una memoria limitada de sus numerosos alias y antes del comienzo de la audiencia alcanzamos a escucharle decir a sus abogado asistente “Tanto nombre, tengo confusión con los nombres”.

Al ser preguntado si alguna vez estuvo preso por un crimen, Posada dijo que solamente en Panamá. Explicó los cargos en su contra y luego afirmó que fue relevado de todos menos del de “representar un peligro para la sociedad”. La abogada del DSN pregunto seguidamente de dónde vino la condena panameña por “falsificación de documentos”, y el abogado de Posada de nuevo invocó el derecho a no dar respuesta.

Esta vez el derecho fue invocado para prevenir que Posada confirmara esencialmente la mentira que había hecho hacía algunos minutos al decir que solamente había sido condenado por un cargo en Panamá. Y así fue la cosa, pregunta seguida de objeción. Finalmente, Posada dijo con frustración: “Su señoría, quisiera hacer una declaració sobre los nombres, si me lo permite”. Pero el juez cortó rápidamente a Posada, refiriéndolo a su abogado y diciendo que eso era un tema que tenía que discutir con sus defensores.

La corte entró en receso, y aunque trataron de disminuirlo, había un claro conflicto entre la señorita Soto y el señor Archambeault. Soto, la sobrina de Eduardo Soto, cuyo bufete jurídico en Miami está manejando el caso de Posada sin cargos, actúa como la principal interlocutora de Posada. Archambeault aparentemente no habla español y se apoya en Soto para entender los deseos de Posada, y parecía que Soto estaba argumentando los deseos de Posada con él.

Luego del receso, había una atmósfera diferente en la corte, y no hubo virtualmente objeciones durante el resto del día. Posada respondió preguntas libremente, pero no con la verdad. Al explicar que había tomado el alias de Ramón Medina para trabajar para los Estados Unidos luego de escapar de Venezuela, donde había esta preso por el bombazo al vuelo de Cubana, dijo: “En El Salvador había una guerra y aquellos de nosotros que peleábamos esa guerra usábamos helicópteros contra los castristas o comunistas… no podíamos usar nuestros nombres porque los comunistas nos matarían”.

Y cuando le preguntaron sobre su arresto en Panamá por el intento de asesinato de Fidel Castro en 2000, Posada fabricó una historia fantástica que inclusive la persona más crédula habría tenido problemas para creer.

La abogada del DSN comenzó a preguntar a Posada: “Según la condena en Panamá, usted y sus coacusados estaban en posesión de 33 libras de explosivo C4…”, pero Posada la cortó diciendo: “No, eso no es correcto… los explosivos fueron plantados por el gobierno cubano”.

Afirmó que estaba en Panamá para recoger a un general cubano que desertaba, y que cuando Fidel Castro descubrió que él estaba ahí hizo la falsa afirmación a la policía de que estaba ahí para un intento de asesinato. “Fuimos arrestados por la queja o denuncia hecha por Fidel Castro… cuando supo que estaba en Panamá, Fidel Castro hizo seguidamente la afirmación”. Cuando le preguntaron dónde había sido arrestado, Posada dijo “En un hotel… si fuera a matar a Fidel no habría estado en un hotel”. Posada negó “categóricamente” que estuviera en posesión de explosivos, pero no es ciertamente ajeno a esas sustancias, habiendo previamente atrapado en posesión de explosivos, mechas, morteros, ametralladoras, bazukas y lanza cohetes.

Sus historias de persecución no pararon con su arresto en Panamá, y afirmó que fue engañado en la entrevista de 1998 con el New York Times, ya que sus declaraciones fueron cambiadas, que no dijo realmente lo que dijo en una entrevista de televisión donde reconocía su responsabilidad en la serie de bombazos en Cuba en 1997, y que es el indefenso peón de astutos reporteros que lo usaron para sus propios fines. Claramente avergonzado por la contradicción, el único momento de luz ocurrió cuando le preguntaron dónde tuvo lugar la entrevista con el reportero del New York Times. Dijo que fue en una isla del Caribe que no “diría dónde”, rechazando revelar Aruba como la ubicación de la entrevista. Cuando le preguntaron por que no, respondió “Porque sí”.

Cuando la corte se reunió de nuevo en la tarde, los abogados de Posada y del DSN inmediatamente se retiraron al cuarto de conferencias para negociar. Luego de su regreso, Archambeault anunció que Posada retiraba su pedido de asilo y que procedería solamente bajo las provisiones de la Convención contra la Tortura (CCT) para luchar contra su extradición a Venezuela. La razón esgrimida para esta concesión fue que para poder perseguir el pedido de asilo, Posada “debería revelar información sensible acerca del gobierno de Estados Unidos y no quiere hacerlo”.

Una claramente infeliz Garrett-Jackson respondió que el gobierno suspendería su oposición a la afirmación de Posada de que su extradición a Venezuela significaría su tortura. El juez Abbott preguntó entonces si el gobierno creía que Posada sería en realidad torturado si volvía a Venezuela, y Garrett-Jackson dijo entre dientes que “no tenemos opinión” sobre el punto. El sentimiento era que tal vez la oficina central había intervenido e instruido a Garrett-Jackson sobre cómo proceder.

El juez dijo entonces que ya que Posada había dado evidencia testimonial ayer con su amigo Joaquín Chaffardet y que el gobierno no había dado evidencia para refutarla, creía que “el señor Posada ha hecho un caso de prima facie bajo la CCT sobre Venezuela”, y que podría verse forzado a dictaminar en favor de Posada y negar la extradición. Garrett-Jackson respondió que mientras los Estados Unidos estaba listo para conceder que Posada no fuera extraditado a Cuba, pero se reservaba el derecho para proveer evidencia contraria como para solicitar la extradición pedida por Venezuela. “Todavía necesitamos tiempo para conseguir información y consultar con otras agencias”, dijo Garrett-Jackson. Pero dijo: “Quiero enfatizar que esperamos resolver esto luego de consultar al Departamento de Justicia y al de Estado”.

Al marcar una audiencia en caso de que ambas partes no pudieran resolver sus diferencias pendientes, el juez Abbott inicialmente seleccionó la semana de noviembre 7, pero Posada gritó “¡Noviembre 7!”, aparentemente molesta por la lejanía de la fecha. Eventualmente, se acordó septiembre 26 como el día para el reinicio. Posada obviamente desea tener todo hecho y sabe como todos que es poco probable que sea extraditado a Venezuela. Parece disfrutar su confinamiento, mientras lo alcanzamos a escuchar quejándose solamente por los costos de sus llamadas: “16 centavos el minuto con la tarjeta”, y había algo mal con sus pantalones y la camisa de la prisión irritaba su cuello. Anotó con satisfacción que tiene “dos horas en el patio” y “sólo me ponen un guardia”.

Mientras la galería charlaba antes de dejar la sala, lo escuchamos decir: “Yo soy un héroe para. . .”, pero no pudimos captar para quién es un héroe. Ciertamente no para las familias de las víctimas del vuelo 455 de Cubana de Aviación, y tampoco para las miradas de gente que llevó a la miseria con sus crímenes sin fin contra los desfavorecidos por el poder.