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El ejército secreto de mercenarios privados

Por Manlio Dinucci y John A. Manisco | Revista SinPermiso. | 25 diciembre del 2006

Son cerca de 100.000 (el cuádruple de lo que hasta ahora se había estimado) los contratistas del gobierno de EEUU que operan en Irak, a los que se agrega un número indeterminado de subcontratados: un total que se acerca al de la fuerza militar estadounidense en su conjunto en Irak. Este es el resultado de un censo efectuado por el Comando central de EEUU, a pedido de las agencias gubernamentales que suministran los fondos (The Washington Post, 5 de diciembre).

Por Manlio Dinucci, Revista SinPermiso

Los contratistas desempeñan toda una serie de tareas antes reservadas a los soldados: no sólo construcciones de bases militares y provisión de servicios logísticos al ejército, sino también «suministro de seguridad» e «interrogatorio de prisioneros». En países como Irak y Afganistán no sólo adiestran a las fuerzas armadas locales sino también, aunque no se diga, participan en acciones de combate. Los contratistas, estadounidenses y de otras nacionalidades, son reclutados por compañías «proveedoras de seguridad», cuyas casas matrices se hallan sobre todo en EEUU y Gran Bretaña. Muchos provienen de fuerzas especiales y servicios secretos, a los que dejan para ganar más: un comando de una compañía privada puede ganar más de 300.000 euros al año, cinco veces lo que gana un comando del Sas británico.

Entre las empresas «contratistas militares privadas» que operan en Irak y Afganistán, la mayor es la estadounidense Blackwater: fundada en 1997 por un ex comando de los Navy Seals, y compuesta por cinco compañías especializadas. Se autodefine «la más completa compañía militar profesional del mundo» y entre sus clientes cuentan, además de empresas multinacionales, el Pentágono y el Departamento de Estado. Se especializa en la «imposición de la ley, peacekeeping y operaciones de estabilidad». A tal fin, dispone en los Estados Unidos de un campo de adiestramiento de 25 kilómetros cuadrados, en el que formó a más de 50.000 especialistas de la guerra y de la represión. Ya sobre el teatro de operaciones, ellos tienen prácticamente licencia para matar: un documento del comando de EEUU, hecho público por el New York Times (abril de 2004), autoriza a las compañías militares privadas en Irak a usar «fuerza letal» no sólo para la autodefensa sino también para «defender la propiedad», y también para «detener y requisar civiles». El trabajo, obviamente, es riesgoso: según estadísticas del Departamento de trabajo de los EEUU, desde el 2003 han sido asesinados en Irak 650 contractors. Pero seguramente el número es más alto, dado que la mayor parte de las muertes no son registradas.

Otra importante compañía militar privada es la DynCorp International, que se autodefine como una «empresa global multiforme». Nadie lo duda. Con un personal de decenas de miles de especialistas, la DynCorp opera sobre todo en Medio Oriente, en los Balcanes y en América Latina, por cuenta del Pentágono, de la CIA, del FBI y del Departamento de Estado. En Omán, Bahrein y Qatar, por ejemplo, se ocupa de la «reserva bélica preposicionada» de la aeronáutica de los EEUU. También está especializada en tecnologías de la información, tanto que el Pentágono, la CIA y el FBI le han confiado la gestión de sus archivos informáticos.

La importancia de la empresa ha crecido desde cuando, en el 2003, fue adquirida por la californiana Computer Sciences Corporation, especializada en tecnologías de la información, muy bien posicionada frente al Pentágono. Así, la DynCorp desempeña su misión, que consiste en ayudar «al gobierno de EEUU a instaurar la estabilidad social a través de un estilo democrático de gobierno». Una foto emblemática, difundida el pasado agosto, muestra al líder afgano Hamid Karzai pronunciando el discurso del «día de la independencia afgana», circundado por guardaespaldas de la DynCorp, elegantes y armados con poderosas ametralladoras.

Pero hay otro sector, no muy reclamado, en el que la DynCorp sobresale: el de las operaciones secretas confiadas por la CIA y por otras agencias federales. En Colombia, Bolivia y Perú participa de las operaciones militares dirigidas formalmente contra los traficantes de droga. Un campo en el que esta sociedad anónima de la guerra ha acumulado una rica experiencia, desde cuando en los años 80 ayudó por encargo de la CIA a Oliver North a suministrar armas a los contras. En los años 90, siempre para la CIA, adiestró y armó al UCK en Kosovo.

Por supuesto que hoy la DynCorp, como la Blackwater y las otras, también llevan a cabo en Irak y Afganistán operaciones secretas. La guerra es, en efecto, desarrollada sobre dos planos: uno a la luz del día, con bombardeos y rastrillajes efectuados por las fuerzas estadounidenses y aliadas; otro secreto, con operaciones llevadas a cabo no sólo por las fuerzas especiales, también por el ejército de las sombras de los contratistas. Este último es sin duda usado en Irak desarrollar una «exit strategy» favorable a los intereses estadounidenses: la división del país en tres partes (chiíta, kurda y sunnita) o hasta en más partes todavía. Aun cuando la Casa Blanca oficialmente lo niegue, tal estrategia, ya efectuada en los Balcanes, es cada vez más vista por Washington como única alternativa para que los EEUU, mediante acuerdos con los jefes locales, puedan controlar el área y en particular sus recursos petrolíferos. El modo más eficaz para dividir Irak es alimentar el choque entre las facciones internas: cuando explota una bomba en un mercado, no está, por lo tanto, descartado que sea la mano de algún oscuro trabajador contratado.

(***) Manlio Dinucci es un periodista italiano que escribe regularmente en el cotidiano comunista Il Manifesto. Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo González-Bertomeu

Guerras privatizadas

Por John A. Manisco, Revista SinPermiso

Halliburton, etc. Investigación de la empresa de Dick Cheney. Salvada la investigación en Irak: Bush quería cerrar el expediente. El caso Abu Ghraib: torturas en concesión.

Sumado todo esto. El privatizar la guerra para evitar los controles de los políticos escogidos democráticamente por los ciudadanos. Los mismos ciudadanos que financian la privatización de los servicios militares con sus impuestos. El privatizar las operaciones militares fuera de la ley para proteger a los responsables políticos de posibles repercusiones. El sistema de "puertas giratorias" que permite que los directivos del Pentágono puedan ser contratados, el día después de presentar sus dimisiones, como altos cargos y consultores de las sociedades que venden sus servicios a las fuerzas armadas. ¿Qué se obtiene? Un sistema perfecto. O casi. El único problema es la arrogancia, la corrupción y la avidez demostrada por los beneficiarios de las adjudicaciones estadounidenses en Irak.

A lo largo de los últimos tres años y medio todas las supervisiones políticas o administrativas sobre los gastos de los receptores de las adjudicaciones públicas en Irak se ha realizado desde el Pentágono; con la única supervisión de la mayoría republicana en el parlamento. Por el contrario, los demócratas que ocuparán sus asientos en el congreso y en el senado a partir de enero no tendrán problemas para iniciar investigaciones sobre las compañías receptoras de adjudicaciones. El fraude y la corrupción que se intuye resultan molestos incluso para las fuerzas armadas. Los "mercaderes de la guerra" han obtenido beneficios a sacrificio de la salud y la vida de los soldados americanos. El director de documentales Robert Greenwald acaba de producir un documental titulado "Irak en venta", basándose en las investigaciones del diputado Henry Waxman, que a partir de enero dirigirá una Comisión de Investigación sobre el gasto público en Irak, y en las declaraciones de numerosos testigos que se han sentido decepcionados por la falta de patriotismo de las empresas para las que han trabajado.

El listado de denuncias es enorme. Algunas se remiten al principio de la guerra. Para comprender la amplitud del escándalo es necesario recordar que desde el principio de la ocupación en Irak, la Casa Blanca ha impuesto contratos sin concurso público. Los más importantes eran contratos "cost-plus", que permitían directamente que le fuese devuelto a la compañía el total de sus gastos sumándole a esta cantidad un porcentaje de beneficios. El incentivo a la hora de maximizar el gasto es evidente: paga el contribuyente.

¿Ejemplos? Halliburton, la empresa que dirigía el vicepresidente Dick Cheney antes de entrar en la Casa Blanca ha sido acusada de haber suministrado agua contaminada a las tropas estadounidenses para uso potable. También de haberse embolsado 200 millones de dólares para alimentos que jamás llegaron a las tropas en el terreno. Ha transportado carburante a las fuerzas armadas por valor de 2,64 dólares por galón mientras el Departamentote Defensa de los EEUU ofrecía el mimo servicio a la mitad de precio. En un contrato, consiguió embolsarse 617.000 dólares para ofrecer bebidas no alcohólicas a 2.500 soldados. Una rápida división arroja 247 dólares por cabeza. Se acusa a Halliburton de mover por Irak camiones vacíos. Por todo el territorio Iraquí. Cuando se les pincha una rueda o tienen que pararse al embozarse el filtro del aceite, Halliburton ordena a los conductores que quemen el camión. Cada uno cuesta 75.000 dólares.

Las adjudicaciones para la reconstrucción han generado una situación todavía más grave. Stewart Bowen es el Director de Inspecciones designado especialmente para Irak. Se trata de una Oficina creada en el año 2004 para frenar las protestas que generaron los primeros escándalos. El testimonio que ofreció en octubre pasado frente a una Comisión del Partido Demócrata revelaba que una sucursal de Halliburton, la "Kellog, Brown & Root", suministraba sus documentos contables, requeridos para realizar los controles, con un sello que indicaba que eran "derechos de propiedad reservada". Al tratarse de una compañía privada, todos los documentos referentes al número de camiones utilizados o a los sueldos pagados, se convertían, de inmediato, en secretos comerciales. Así Bowen no podía transmitirlos a las Agencias Estatales competentes para ejercer los controles.

Poco después de los testimonios de Bowen, una nota en la ley para la financiación de los gastos militares, firmada por Bush en octubre, ha eliminado su oficina. Solo la reciente victoria electoral de los demócratas ha permitido salvar la Oficina de Inspección para Irak. El 8 de diciembre el Congreso aprobó que se mantenga hasta octubre de 2007. Esta Oficina es la encargada de controlar adjudicaciones por valor de 32.000 millones de dólares. Hasta hoy, ha llevado a la luz pública hasta 25 casos de fraude, señalándolos al ministerio de justicia. Cuatro de ellos ya han generado arrestos.

En Irak, incluso la tortura ha generado dividendos. Tras el escándalo de Abu Ghraib, el informe redactado por el general Taguba para el Pentágono reveló la existencia de adjudicaciones, otorgadas a la compañía Caci, para ejercer interrogatorios. El contrato no obliga a Caci a asumir personal con experiencia o entrenamiento específico para ejercer estas tareas. 11 de los 31 empleados no tienen ninguna experiencia. Los militares implicados en los casos de tortura, como la soldado Lynndie England o la única general mujer del ejército estadounidense, Janis Karpinski, han sido condenados y han perdido sus puestos. Por el contrario, nadie puede imputar cargos o penas al personal de Caci. Gracias a una ley que dictó el ex Vicerey de Irak, el americano Paul Bremer, los beneficiarios de las adjudicaciones estadounidenses no están sujetos al código militar americano ni a las leyes de Irak.

(***) John A. Manisco es colaborador del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Traducción para www.sinpermiso.info: Luca Gervasoni

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