La historia de Soledad López, madre del poeta y héroe Rigoberto López Pérez

17 Mayo 2013
La historia de Soledad López, madre del poeta y héroe Rigoberto López Pérez

Por Neyda Zamora de Palma*.

"Una bala me ha alcanzado
He caído al suelo con una oración
Estoy solo y abandonado
En el sueño hago esta confesión"
(Fragmento del poema
Confesión de un soldado,
de Rigoberto López Pérez)

A propósito de la celebración del día de la madre nicaragüense, me dediqué a investigar y escribir este artículo con el único fin de dar a conocer una realidad histórica que muchos desconocen en mi querida Nicaragua. Según Tiara Sánchez fue Anastasio Somoza quien decretó en 1940 que el 30 de mayo fuera el día de la madre nicaragüense para congraciarse con su suegra, Casimira Sacasa de Debayle, madre de la primera dama doña Salvadora Debayle de Somoza, debido que ese día era su cumpleaños. Nicaragua, sometida a este decreto, comenzó a celebrar cada 30 de mayo a las madrecitas. Treinta y seis años después, Anastacio Somoza Debayle en 1976 decretó que el día de la madre en Nicaragua se celebrara el último domingo del mes de mayo. Sin embargo, tal decreto se hizo omiso debido a que siempre se celebró los 30 de mayo.

En 1980, después de la revolución, historiadores pidieron que se revocara el 30 de mayo como fecha de celebración del día de la madre debido a que fue una fecha impuesta por la dictadura somocista y que se debiera de celebrar los 10 de mayo como se hace en todos los países. Según mi opinión se debería reconsiderar esta última petición, ya que hay historias tan lindas en la Nicaragua libre del General Sandino, de madres heroicas que sufrieron injustamente vejámenes, torturas, violaciones, por parte de la dictadura somocista.

Sigue escribiendo Tiara Sánchez respecto a esta petición que comerciantes alegaron que ya se había hecho tradición la fecha y que se tenía que mantener el ritmo de ventas bajo el cuento de que todo el mes de mayo sería para celebrar a la madre nicaragüense. Considero a manera personal que esta opinión demuestra una cultura consumista y capitalista de los comerciantes en un país donde surgió una revolución del pueblo y para el pueblo.

Rindiendo un homenaje a la madre nicaragüense heroica, este artículo sobre la muerte del tirano Anastasio Somoza García y los vejámenes que sufrió doña Soledad López madre del poeta y héroe Rigoberto López Pérez demuestra que como esta historia hay otras que nos dejan un mensaje de reflexión para reconsiderar el valor que se le debe dar a todas aquellas madres heroínas de la revolución.

Rigoberto López Pérez nació el 13 de mayo de 1929 en León, Nicaragua, hijo de doña Soledad López y don Francisco Pérez, fue bautizado en la catedral de León con el nombre de Pascual Rigoberto. Siendo todavía un infante, su padrino de bautismo, el Reverendo Agustín Hernández lo internó en el Hospicio de San Juan de Dios donde estudió la primaria y el oficio de sastre con el que empezó a obtener sus primeros ingresos que compartía en el alivio de la pobreza familiar y en el costo de sus estudios de Redacción y Taquimecanografía en la Escuela de Comercio Silviano Matamoros. (Manfut Eduardo, 2009)

De 17 años, en 1946 Rigoberto publicó su poema "Confesión de un soldado", premonitorio de los acontecimientos que lo colocarían como principal protagonista diez años después.

Desde su juventud evidenció su gran patriotismo y condición revolucionaria. Trabajó como tipógrafo en el periódico "El cronista", en León, hasta que marchó a El Salvador como exiliado político por su participación en la lucha revolucionaria contra Somoza

La ejecución de la acción revolucionaria, a sabiendas de que el precio sería su propia vida, demostró que como revolucionario no vaciló en improvisar para cumplir su misión. La carta dirigida a su madre, fechada el 4 de septiembre de 1956, hacía un análisis objetivo de lo riesgoso de la acción con una previsión de revolucionario combatiente y no como suicida. Enfrentó el peligro con coraje y pagó con el altísimo precio de su vida, cumpliendo con el objetivo previsto de eliminar al dictador, en un acto que solo héroes son capaces de realizar.

El ajusticiamiento de Anastasio Somoza García el 21 de septiembre de 1956, fue planificado por Rigoberto López Pérez, Edwin Castro Rodríguez, Cornelio Silva Arguello Y Ausberto Narváez Parajón, y se llevó a cabo en una fiesta celebrada en la denominada "Casa del Obrero", en la ciudad de León, donde tradicionalmente se reunían liberales somocistas. En esta ocasión para festejar el nombramiento del tirano para un nuevo periodo presidencial.

Para efectuar la acción Rigoberto se sometió a un riguroso entrenamiento que le permitiera un pleno dominio de las distintas formas de tiro (de pie, de rodilla y de tendido), además se estudió el comportamiento o actuación del tirano en recepciones, fiestas o actividades del partido que encabezaba.

La audaz acción fue perfectamente concebida, analizada y organizada en El Salvador. La última etapa de esta consistía en el ajusticiamiento y la realización de un sabotaje, de forma simultánea, para garantizar la salida de Rigoberto, lo cual no se pudo cumplir porque en medio del festejo, y de forma inesperada, Somoza anunció que se retiraría, pues tenía que cumplir con otros compromisos, lo cual obligó a Rigoberto a adelantar el ajusticiamiento, por lo que se dirigió a la mesa presidencial y cumplió su misión sin titubeos. El tirano recibió los dos primeros impactos de bala en el brazo y en el pecho, los últimos disparos le perforaron la ingle. Inmediatamente Rigoberto fue asesinado por los miembros de la escolta del tirano.

Anastasio Somoza fue trasladado a un hospital en la Zona del canal de Panamá controlada por los norteamericanos, pero no pudieron salvarlo y murió el 29 de septiembre de 1956.

Don José Cabrera (maestro de Jazz) recuerda el 21 de septiembre de 1956, cuando mataron al poeta Rigoberto López Pérez. Mientras unos militares sacaban cargando a Somoza hacia el Hospital San Vicente, otros prohibían la salida del local, enfilaban a los asistentes hacia el Parque Central, donde serían investigados sus nombres, fotografiados y quedaban bajo las órdenes del jefe de la Plaza, el coronel Lizandro Delgadillo. (Manfut Eduardo, 2009).

Don José Cabrera menciona que fueron reprimidos entre otros los periodistas Armando Zelaya, Sofonías Mayorga, Luis Aragón, sospechosos de haber conversado con Rigoberto tras su regreso de El Salvador. Don Juan Sandoval Parajón, tipógrafo, sindicalista y en aquel momento directivo de la casa del obrero sufrió torturas y cárcel por el supuesto de haber participado en la planificación del acto. Lo capturaron junto a Hérmogenes Zapata, Juan Somarriba y Carlos Nuñez. A don Juan Sandoval Parajón lo condujeron esposado y amordazado a la loma de Tiscapa donde encontró al dr Pedro Joaquín Chamorro, Enoc Aguado, Tomás Olivas, Hildebrando Morales y otros: todos ellos fueron torturados ( Manfut Eduardo, 2009).

En León poco después que Rigoberto López Pérez mató al fundador de la dinastía somocista, inició el calvario de una familia ajena al hecho. ( Cruz, Eduardo, 2013).

Ese día viernes, Soledad, muy conocida en el barrio El Calvario, de León, como doña Chola, se fue a dormir tranquila teniendo en la casa a sus hijos menores Salvador y Margarita. A su hijo mayor, Rigoberto, lo hacía en Managua, pues él mismo le había dicho ese día que se iba a la capital para realizar unos trámites migratorios porque iba a viajar a El Salvador y su segundo hijo, José Efraín, estaba en ese momento estudiando en México ( Cruz, Eduardo, 2013). La tarde del 21 de septiembre de 1956 refería doña Soledad que Rigoberto le leyó el poema "Confesion de un soldado". Se vistió con un pantalón azul y una camisa blanca. Ella diría después que posiblemente su hijo quería morir con los colores de la bandera nacional en su cuerpo. (Manfut, Eduardo, 2009).

A Leandro Marín Abaunza, entonces un muchacho de 24 años que iniciaba su vida diplomática como cónsul y consejero de la Embajada de Nicaragua en Panamá, le tocó atender y cuidar la vida del hasta entonces hombre más poderoso de Nicaragua, y fue así que por ocho días conoció las interioridades del desenlace de un hecho que hace 50 años marcó el destino de Nicaragua a sangre y fuego. (Silva Jose, sf). Según la entrevista realizada, el nunca supo donde quedó el cadáver de Rigoberto Lopez Perez, sin embargo si supo que el gobierno de Somoza, continuo pagando durante algunos años mas una beca de estudios a Efrén( de quien mencionamos en el párrafo anterior como José Efrain), quien cada mes llegaba a la embajada en México a retirar el cheque de sus estudios. Era muy inteligente y muy aplicado, afirma Leandro Marin Abaunza.

Ese viernes 21 de septiembre de 1956, Soledad y sus dos hijos fueron despertados por los fuertes golpes que le daban a la puerta de la casa un grupo de guardias, bajo el mando del mayor de infantería, Anastasio Ortiz. Una vez abierta la casa, los guardias sacaron a Soledad y a sus hijos a empujones y se los llevaron detenidos a Managua, a la cárcel conocida como El Hormiguero. (Cruz, Eduardo, 2013)

Ese 21 de septiembre de 1956, Rigoberto López Pérez murió para iniciar lo que él llamó "el principio del fin" de la dinastía de los Somoza, pero también dejó a su familia en una situación muy difícil, escribe Eduardo Cruz.

Mientras el cuerpo de Rigoberto, con 54 perforaciones de bala, era llevado a la Policía de León y luego a la acera del teatro González, donde los guardias y simpatizantes somocistas lo "velaban" propinándole "patadas" y arrojándole escupitajos y cigarros encendidos, Soledad y sus hijos Salvador y Margarita Meléndez López eran interrogados porque la Guardia pensaba que en la casa de ellos había armas ocultas, y además les atribuían ser parte de la conspiración contra Somoza García. A Salvador, un guardia al que apodaban "Pipilacha", le propinó un "culatazo" que le dejó una lesión de por vida en la columna. (Cruz, Eduardo, 2013)

La hermana de Rigoberto Lopez Perez, doña Margarita Meléndez López, fallecida en el 2009, le contaba a sus hijos, Eduardo y María Margarita Romero, que los guardias ponían a su hermano Salvador con los pies descalzos dentro de una pana de agua, a la cual luego introducían "chuzos" eléctricos y Salvador sufría la descarga eléctrica ante los ojos de su madre Soledad, quien era torturada de esa manera, viendo todo lo que le hacían a sus hijos. A Margarita la sacaban a un predio al cual luego entraba un camión lleno de guardias. Mientras los guardias bajaban del camión, otros guardias le decían a Margarita que todos ellos la iban a violar, pero al final no la violaban (Cruz, Eduardo, 2009).

Margarita relató a Pablo Emilio Barreto que su madre Soledad fue llevada varias veces a la Oficina de Seguridad somocista, en la cárcel de la Loma de Tiscapa, donde fue interrogada y torturada. Soledad regresaba bañada en sudor a El Hormiguero, recuerda Margarita. Sus hijos le preguntaban por los interrogatorios, pero no respondía nada.

Mientras tanto en Panamá el dictador Anastasio Somoza García, a pesar del dolor en su columna, tuvo tiempo para elogiar las manos delicadas de una enfermera panameña, para afeitarse la barba y confesar sus pecados ante un capellán del hospital militar Gorgas de Panamá, a donde lo llevaron el 22 de septiembre de 1956, un día después del atentado contra su vida según Leandro Marin Abaunza (Silva Jose, 2006).

Eran las 5:00 a.m. del 22 de septiembre, cuando el coronel Carlos Tellería Orozco, quien era el Embajador de Nicaragua en Panamá, me llamó por teléfono para comunicarme que el general Somoza venía en un avión Constellation de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, al aeropuerto Albrook Field, para ser atendido en el hospital como consecuencia de las heridas que sufrió en el atentado que le hiciera Rigoberto López Pérez en la ciudad de León relata Leandro Marin Abaunza. Él no llegó con elementos de la seguridad de Nicaragua, sino que fue custodiado por elementos militares panameños y por agentes del FBI. Lo acompañó su esposa, doña Salvadora; el embajador Guillermo Sevilla Sacasa en Washington, su hija Lilliam, su cuñado el doctor Luis Manuel Debayle; venían también el mayor Luis Ocón, su jefe del Estado Mayor Presidencial, y el doctor José María Castillo Quant, quien era secretario comercial de la Embajada de Nicaragua en Washington, que acompañaba al doctor Sevilla Sacasa. (Silva, Jose 2006).

No estaba mal, estaba muy calmo y simplemente de lo único que se quejaba cuando lo movían era de la bala en la columna. La permanencia de él en la sala de operaciones duró como seis horas. Cuando lo regresaron a la habitación, los médicos creían que la operación había sido un éxito, y se esperó a que él despertara de la anestesia, cosa que nunca pasó. Los médicos dijeron que Somoza tenía una reacción que ellos llamaban un trauma postoperatorio, causado por anestesia, como consecuencia de una permanencia larga en la mesa de operaciones, ya que en vez de extraerle las balas que tenía una a una, se las extrajeron las tres, incluyendo la de la columna que no era mortal, estuvo en coma y murió como a las 2:30 ó 3:00 a.m. del 29 de septiembre de 1956. (Silva Jose, 2006)

El nombramiento de Luis Somoza Debayle como Presidente sucesor del general Anastasio Somoza García no se decidió en el Congreso a como dice la historia. El diplomático Leandro Marín Abaunza revela que fue una decisión matriarcal la que definió los roles del poder: Luis para Presidente y Anastasio para jefe de la Guardia Nacional. (Silva Jose, 2006),

Eduardo Romero, nieto de Soledad y sobrino de Rigoberto, recuerda que su madre Margarita le relataba que el presidente Luis Somoza dio la orden de que los liberaran y que nunca más los volvieran a molestar, porque se había llegado a la conclusión de que no tenían nada que ver con el asesinato de su padre. Soledad, Salvador y Margarita fueron puestos en libertad el 10 de noviembre del mismo año 1956, según escribió Barreto. (Cruz, Eduardo, 2013).

Como madre nicaragüense contribuyo a la memoria histórica de mi país y rindo en este pequeño trabajo un homenaje a doña Soledad Isolina López Calero quien murió el 2 de marzo de 1970, madre del Héroe y Poeta Rigoberto López Pérez.

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Neyda del Rosario Zamora de Palma

Licenciada en Pedagogía

Estudiante de la Maestría en Demografía y Desarrollo de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.

Escribió el libro Cobijados en el silencio.

Autora de varios artículos sobre: Educación, Sociedad y Desarrollo.

Miembro activo de ANDEN. En Honduras Colegio de Profesores de Educación Media.

BIBLOGRAFIA

Sanchez Tiara ( 27 mayo 2011), Celebración del día de la madre gracias a Casimira Sacasa de Debayle, El nuevo diario, recuperado de: http://www.elnuevodiario.com.ni/especialmadres/103294

Cruz, Eduardo. (28 de abril 2013), La familia de Rigoberto López Pérez, La Prensa, pp 8 – 11, Recuperado de: http://www.laprensa.com.ni/2013/04/28/seccion-domingo/144384-familia-rigoberto-lopez-perez

Silva, José (2006). Los últimos días de Somoza en Panamá, Nicaragua Actual, Revista informativa de la comunidad nicaragüense en Costa Rica, Recuperado de: http://www.nicaragua-actual.info/somozapty.html

Manfut Eduardo (11 de junio 2009) Monumento a Rigoberto Lopez Pérez en MAnagua Nicaragua manfut, recuperado de: http://www.youtube.com/watch?v=YjJ5jye7-is

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