Los peregrinos de Sandino

26 Junio 2013

Por Edwin Sánchez.

Ni las plazas ni las avenidas se llenan por decretos como tampoco las urnas de votos en años electorales. Es más, ninguna convicción nace de las órdenes. Y cuando las calles son colmadas, transmiten mensajes vivos, no obediencias.

Estos espacios públicos parecen ser el privilegio de dos considerables fuerzas, cada quien con sus motivaciones propias y casi siempre, entrelazadas por las experiencias vitales de sus componentes.

La fe cristiana, evangélica y católica, anima a la gente a salir de sus casas. Indudable. Un pueblo emigrado del otro, con la fe en un solo Dios, más allá de sus divergencias doctrinales. Y el Frente Sandinista que sale de los dos, para hacerse uno en los deberes temporales en este peregrinar por la Tierra.

Quizá haya alguno que sin la experiencia trascendente de la fe, sospeche incluso de los estandartes de la piedad y le pondrá su propio rótulo, el que más se arrime a lo que cargue y descargue su corazón: "si todo ese gentillal está ahí es porque temen ir a parar al infierno". Otro dirá: "son unos fanáticos".

Si ya se puede pensar mal de la gente que expresamente cree en Dios y están ahí en una cruzada evangelística con Omar Duarte o una misa campal con Salvador Gómez, cuánto más no se dirá de aquel mar de gente que marchando por conciencia cívica, como fue en la demostración del lunes, exponen a la luz del día las claras coordenadas de la solidaridad con los adultos mayores.

Y aun así, se puede sospechar incluso de un discurso, pero no de toda la expresión social que genera ese discurso, o mejor dicho, esa narración propia donde el pueblo escribe en las calles sus páginas, donde las palabras cuentan con el peso mismo de su multitud.

Estas monumentales puestas en escenas no son para cualquiera y no se puede hablar con menosprecio, para minimizarlo, de que el Frente está en el poder, pues las experiencias masivas se repitieron durante 16 julios, sin gobierno de por medio. El Repliegue es una evidencia en alto relieve en el mural de la historia.

No se puede inventar una multitud. Si las muchedumbres fueran obras de magos con dinero, los adinerados metidos a políticos hubieran alguna vez demostrado su "poder de convocatoria". Pero una cosa es la realidad y otra la "fuerza" mediática; una es la verdad plena de un partido de carne y hueso, y otra la fantasía plana de un partido impreso.

"Raza procesional"

Pablo Antonio Cuadra, hablando de otro poeta que no nombra, habla de los nicaragüenses como "raza procesional". Diríamos nosotros, una raza pegada a sus sentimientos. En su escrito sobre "El Barco", durante las fiestas de Santo Domingo, da sus referencias sobre esta expresión de desborde agostino y lo irradia en otros acontecimientos de la vida cotidiana. Y así lo menciona, sin ponerle sospecha de ningún tipo a los soportes de estas contundentes celebraciones a voces vivas, de promesantes o comprometidos. Procesiones reales, palpables.

Cuando un pueblo sale, sale con certezas y sale bajo el sol, como el sol, con su propia luz, oliendo a sol. Y no se compara con el engaño de las portátiles, los trucos de la publicidad o por el ángulo de una foto. Son demostraciones auténticas desde sus motivaciones, sean ancestrales, religiosas o políticas, o una síntesis nicaraguana de todo eso.

"Pero también la política nicaragüense es procesional. Más que mitines celebramos procesiones políticas. Lo esencial de nuestras manifestaciones en su movimiento. Las caballerías y los ríos de gente que van a topar "el hombre". Es desfile en multitud. El ir y el volver en plural". (El Nicaragüense. Pablo Antonio Cuadra, Ensayos 1)

Dice PAC que este movimiento nos viene por doble vía: el del español que va en peregrinaje a Compostela y de los chorotegas a Masaya, a "implorar al dios-volcán". Aquí citaríamos mejor a los náhuatl que viniendo de México, únicamente se detendrían cuando lograran atisbar dos volcanes en medio de un lago, y así lo hicieron en el año 1200 después de Cristo: su larga procesión de fondo mítico los llevó a Ome: dos y Tepetl: cerros. Y ahí los encontraron los peninsulares: instalados en el dominio de sus mejores sueños, en el istmo de Rivas.

Los únicos raudales de gente vistos antes de la Revolución de 1979, son las que acompañaban al finado Fernando Agüero, que encaja en la descripción del poeta Pablo Antonio. Hablamos de 1966 al 22 de enero de 1967, el último día que aquel pueblo cantó "con Fernando ando, con Agüero muero". Después la masacre y la decepción.

Atisbos de esperanza surgieron cuando los ocupantes de un bus del desaparecido colegio Primero de Febrero, eran saludados efusivamente por un pueblo que empezó a aparecer en las calles y la Carretera Norte, el 31 de diciembre de 1974, sin importarle las patrullas de la Guardia Nacional. Eran los guerrilleros del Comando Juan José Quezada, cuando iban rumbo al aeropuerto, en la operación que rescató entre otros, al hoy presidente Daniel Ortega y al diputado Jacinto Suárez.

Después no se volvió a ver el tamaño del pueblo sino en 1978, con sus manifestaciones en las calles de las principales ciudades, y en Monimbó, previo a la insurrección popular. Y por supuesto, el 20 de julio de 1979.

Lo que más mueve

El dinero no moviliza a los pueblos. Lo mueven sus esperanzas, sus sentimientos. Si fuera por caballos, buses y motos, cualquier organización podría llenar de bote en bote la Plaza de la Fe. Sin embargo, darle a las ideas contenidos de muchedumbres no es para cualquier "líder" de portada.

Es que este es "un pueblo que sabe a dónde va", dijo la intelectual Rosario Murillo. Un pueblo que desfila "con tranquilidad", donde no se ve "un solo rostro que tuviese amargura, que tuviese rencor", sino "vemos un pueblo alegre porque va marchando, construyendo el futuro por un modelo de alianza, de diálogo, que hace fuerte a Nicaragua".

Son esos convencimientos los que ponen las ideas en pie para hacerlas andar. Ningún artificio, ninguna mentira, moviliza banderas multitudinarias, ni los siglos se mueven a punta de siglas.

La última vez, unas cuantas organizaciones que dicen representar al pueblo intentaron mostrar su "músculo" contra el Gobierno Sandinista: de 6 millones de habitantes convocados --- porque hablaron de "defender la soberanía"---- llegaron unas 200 personas.

El poder de la soledad también es irrefutable.

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